El Nacimiento de Venus
Alexander Cabanel
Museo de Orsay, Paris
1863
A continuación se presentan las dos primeras secciones del texto: “La sexualidad y la constitución del Ser Humano: un esfuerzo de comprensión desde una mirada antroposófica”, del médico y antropósofo norteamericano Paul W. Scharff.
A lo largo del año estaremos presentando avances de la traducción de éste texto, que constituye un esfuerzo por parte del autor, de presentar perspectivas y comprensiones sobre la sexualidad en nuestra sociedad contemporanea, desde una mirada ampliada por la antroposofía de Rudolf Steiner.
1 – Introducción
Existe una relación directa entre el alma y la sexualidad. En los últimos años ha habido un enorme impulso por convertir lo sexual en el centro de la vida anímica. Esta tendencia moderna se deriva de la perspectiva propuesta por Sigmund Freud [1] a comienzos del siglo XX. La omnipresente centralidad de lo sexual, nacida con la visión freudiana, difícilmente puede ser exagerada, pero puede entenderse como un reflejo de los tiempos egipcios, con los Misterios de Isis, Osiris y Horus. Incluso quienes se oponen a esta concepción y sostienen una visión más amplia, a menudo siguen utilizando nociones psicoanalíticas. El hecho de que lo sexual se haya convertido en la base de las relaciones humanas se evidencia cuando todos los vínculos adquieren un tinte sexual. Este es el caso de las relaciones entre padres, entre padres e hijos, y con cualquier otra persona. Los significados de maternidad, paternidad, hermandad, amistad, esposo o esposa se han sexualizado debido a la preocupación moderna con el sexo. Frente a esta situación, quisiera hacer un pequeño esfuerzo por ampliar la perspectiva y aportar una visión diferente.
Según Freud, es la sexualidad la que yace en la base de la relación entre padres e hijos. Todo se origina a partir de esta forma primigenia de sexualidad. Desde allí, Freud extiende lo sexual a todas las relaciones humanas, como si nada más fuera significativo, y todas las demás formas de vínculo fueran meras sublimaciones. Todo lo que no sea relación sexual no sería más que una sublimación del impulso sexual. Desde esta perspectiva, incluso los vínculos hereditarios se sexualizan. Los instintos, impulsos y deseos sexuales generan una tendencia en las niñas a buscar una relación con el padre y en los niños a buscarla con la madre, basadas en lo sexual.
El mito de Edipo es fundamental, según Freud. El impulso incestuoso subyace a todas las relaciones. Solo los tabúes del incesto logran mantener bajo control todos los impulsos naturales, desde su punto de vista. Desde la perspectiva de Rudolf Steiner [2], el mito de Edipo también es significativo, pero con una orientación totalmente distinta. Esta orientación puede descubrirse en el curso de sus conferencias sobre el Evangelio de San Juan[3]. Allí comenta que, si el Misterio del Gólgota no hubiera tenido lugar, el mito de Edipo se habría convertido en una realidad para toda la humanidad. El fratricidio y el incesto se habrían convertido en un impulso dominante en los seres humanos. Según las investigaciones de Rudolf Steiner, lo que ha actuado en la humanidad no han sido los tabúes, sino los Actos de Amor realizados por el Cristo. Volveremos a este Amor al final de este ensayo. Sin embargo, aquí al comienzo se plantea la posibilidad de una mirada distinta, radicalmente opuesta a la orientación sexual de los tiempos modernos, como dirección para el resto de éste ensayo.
En los últimos años, el enfoque en los abusos sexuales en la infancia no es sino otra manifestación del mismo énfasis excesivo en el elemento sexual. Esto no quiere decir que no existan abusos, pero lo que ocurre es que todo se sexualiza, cuando el abuso tiene muchas otras causas más allá de la sexualidad. No solo la psicología está impregnada de esta tonalidad sexual, sino que las inclinaciones sexuales son explotadas por la publicidad y los medios de comunicación. Después de la violencia, las referencias y exhibiciones sexuales abiertas son la esencia del entretenimiento actual. Se dice que el uso más frecuente de Internet es para enviar correos electrónicos, y que el segundo uso más común es para buscar pornografía. La industria farmacéutica, con los nuevos medicamentos contra la impotencia, ha irrumpido en este campo de forma poderosa y determinante. No cabe duda entonces de que vivimos rodeados por un mundo saturado de estímulos y referencias sexuales.
Desde este enfoque, el ámbito de la Voluntad se convierte en instinto, impulso y deseo, cuyo origen es sexual. Los sentimientos son sustituidos por la satisfacción de impulsos sexuales. Los sentimientos más sutiles, como los estéticos, y toda la complejidad de la vida anímica humana, se reducen a la simple satisfacción de impulsos y deseos sexuales. El elemento del amor—ya sea el amor por la sabiduría como primer peldaño, o el amor hacia otros seres humanos—queda sustituido por el impulso de gratificación personal a través del encuentro sexual.
Así, si uno parte de la voluntad hacia el sentimiento, el pensamiento reduccionista de la psicología analítica conduce a una especie de fijación singular en un solo aspecto de la constitución humana. La posibilidad de que el ideal sea fuente de acción está ausente en muchas formas del razonamiento psicológico. Que la religión pueda tener un papel en el ámbito de lo sexual está totalmente fuera de consideración, a menos que se trate de una religión de origen o matiz sexual. Gran parte de la experiencia humana se convierte en una búsqueda de lo orgiástico.
El materialismo de nuestros días asegura a cada persona que no es más que un recipiente calórico, cuyas energías provienen de la combustión de combustible interno: carbohidratos, grasas y proteínas. Así como solo el agua puede apagar un fuego externo, el fuego interior del ser humano —energía derivada de las rutas metabólicas— solo puede extinguirse mediante el encuentro sexual y su satisfacción. Resulta sorprendente hasta qué punto esta perspectiva simplista forma parte de nuestra cultura. Incluso el impulso por el poder económico se reduce a una expresión del deseo sexual, lo que da lugar al conflicto de géneros tan evidente en el ámbito laboral actual. La base de las orientaciones sexuales y de género es el proceso energético-metabólico-calórico. Incluso la energía se convierte en energía sexual.
Desde la perspectiva antroposófica, Rudolf Steiner ofreció un ciclo de conferencias a la Comunidad de Dornach en 1915[4]. Esto fue necesario porque algunos miembros del movimiento psicoanalítico llegaron a Dornach e infundieron este tipo de pensamiento en los acontecimientos que allí se desarrollaban, donde se trabajaba en la creación de una comunidad fundada en lo espiritual, mediante actividades surgidas del esfuerzo humano por dirigirse conscientemente hacia el mundo espiritual. El origen de los problemas provino del esfuerzo de Rudolf Steiner por inaugurar una actividad esotérica espiritual dentro de una sociedad de personas interesadas en la antroposofía. Este esfuerzo de fundar una escuela esotérica está documentado en una pequeña publicación llamada la Stiftung (la Dotación). Una de las mujeres que colaboraban con Steiner fue invitada a desempeñar un papel en la fundación de esta escuela esotérica, basada en la Stiftung, es decir, un don del mundo espiritual. Las escuelas esotéricas verdaderas y buenas se basan en la voluntad y en un don espiritual. Esta mujer en particular, una entre varias que colaboraban de forma similar con Rudolf Steiner, desarrolló el delirio de que él iba a casarse con ella. Steiner ya estaba casado. Esta persona delirante cayó en manos de un psicoanalista, quien luego introdujo su perspectiva en la comunidad de Dornach durante 1914 y 1915, generando caos por un breve periodo de tiempo.
Cito esta situación únicamente para señalar que Rudolf Steiner se enfrentó de manera directa con el movimiento psicoanalítico, evidenciando el impacto de esta perspectiva en su trabajo, lo que derivó en importantes consecuencias sociales. Steiner se opuso con firmeza a este movimiento psicoanalítico, pero si se siguen sus críticas, también se puede ver que reconocía cierto valor en el enfoque psicoanalítico cuando se trataba del trabajo terapéutico médico. Para Steiner, la cuestión siempre era en qué contexto y con qué propósito una perspectiva podía ser válida. En el diagnóstico—entendido como diagnóstico físico con base en los problemas del alma—consideraba que el enfoque analítico podía ser válido. Según sus investigaciones, muchas luchas del alma tienen un origen físico. En este contexto, el método sintomatológico de orientación psicoanalítica puede tener gran validez diagnóstica.
Lo que surgió de esta lucha comunitaria en Dornach, Suiza, puede verse bajo una luz muy positiva. El intento de la Stiftung, aunque fallido dentro de una comunidad viva, dio lugar a lo que se conoce como el Congreso de Navidad [5]. Esta reunión buscó inaugurar una forma de asociación humana basada en lo anímico-espiritual en el mundo físico, para el tiempo presente, de modo que pudiera fundarse una Escuela Libre de Ciencia Espiritual. Desde entonces, ésta comunidad humana se ha llamado Sociedad Antroposófica, una sociedad basada en la libre asociación entre seres humanos sobre fundamentos exclusivamente anímico-espirituales. El esfuerzo por fundar una sociedad así, fue un intento de dar nacimiento a relaciones humanas no basadas en el género, la raza, la nación ni la escolaridad. Es una asociación que, por así decirlo, surgió de un fracaso aparente, en el que uno de los componentes involucrados fue el énfasis desmedido en el mismo elemento que abordamos aquí. Es significativo para nuestra reflexión que Rudolf Steiner haya ofrecido un verso, un verso meditativo, para aquellos que desean vincularse dentro de una sociedad basada en fundamentos anímico-espirituales. Este verso está incluido al final para quien desee meditarlo. Puede hablar por sí mismo, ya que se dirige a lo más elevado: redimir aquello que necesita redención por el bien de lo “Plenamente humano” que existe.
Así, la perspectiva materialista sobre la constitución del ser humano, junto con la orientación sexual, fueron factores en el surgimiento de la Sociedad Antroposófica tal como fue refundada en 1923 y 1924. La Sociedad Antroposófica nació de una verdadera y creativa oposición a una visión según la cual el núcleo espiritual de cada persona no es más que una sexualidad primigenia, una concepción que sitúa al ser humano bajo la luz de un sistema energético altamente complejo. Desde fundamentos antroposóficos, es posible buscar una perspectiva más anímico-espiritual, que pueda transformar, complementar o incluso superar la orientación puramente sexual que ha surgido de la psicología y la psiquiatría analíticas. Esto fue y sigue siendo posible sin fundar un movimiento basado en el ascetismo. Por esta razón se escribe este ensayo. Una segunda razón es que se reclama una visión antroposófica por parte de quienes educan a niños pequeños. Este ensayo se presenta como un primer intento, el cual necesita ser continuado y transformado en aras de un equilibrio, una profundidad y una amplitud cada vez mayores.
También es notable que la psicología analítica de Freud —con marcadas modificaciones por parte de Jung— haya nacido en Viena. Podría decirse que buena parte de la antroposofía también surgió de esta ciudad, situada entre el Este y el Oeste de Europa. Esta posición estratégica de Viena se menciona aquí no solo por su importancia geográfica, sino porque en esta ciudad pueden verse converger lo antiguo del Oriente y lo nuevo del Occidente.
Si se hace una revisión cuidadosa de la vida de Freud, mi tesis es que es posible descubrir cómo perspectivas muy antiguas se han insinuado en la psicología y la psiquiatría analíticas a través de Freud. Una de esas antiguas visiones, que tiene que ver tanto con el Oriente como con el Sur, se relaciona con los misterios del nacimiento. Los Misterios del Nacimiento de Egipto, los cultos de Isis y Osiris, son significativos, al igual que los misterios semi-orientales de la antigua Grecia. Basta con observar la sala donde Freud realizaba su labor terapéutica analítica: está poblada de estatuaria antigua de tiempos egipcios. En contraste con esta antigüedad presente en la Viena de Freud, aparece Rudolf Steiner, quien —con ciencia, profundidad y amplitud— parece caminar por las calles de Viena en dirección exactamente opuesta a la de Freud. Resta aún que la civilización moderna descubra cuán moderno ha sido Rudolf Steiner con sus “investigaciones científico-espirituales”.
Rudolf Steiner trató de asumir el legado de la civilización occidental con su ciencia, y transformar esta ciencia materialista en aras de una ciencia del alma y del espíritu. Reconoció la necesidad de investigar el alma y el espíritu, lo cual era —y sigue siendo— algo muy distinto de lo que es requerido por la ciencia materialista. Sentía un profundo respeto por la ciencia materialista auténtica. Esto significa que estuvo muy comprometido con la ciencia de su tiempo, buscando una forma de extenderla, ampliarla o incluso sustituirla por una ciencia del alma y del espíritu adecuada. Su vasta labor investigativa ha despertado el interés de muchos científicos en nuestros días, aunque no se trate de una mayoría abrumadora.
En contraste con los métodos de investigación bastante estrictos de la ciencia actual, se encuentra la investigación de los psicólogos asociacionistas[6], quienes se dedican tanto a la investigación como a la psicoterapia. Es el método asociativo[7] de Freud el que se ha convertido en un factor de gran peso en la psicología contemporánea. Este método ha sido considerado muy poco, tanto para reconocer su aplicabilidad válida como para señalar sus limitaciones. Con algo de investigación, puede constatarse que la “asociación libre” constituye, de hecho, la base significativa de gran parte de la sintomatología del paciente. Para quienes trabajan con la enfermedad, basta con observar para notar que no todos los síntomas tienen un origen sexual, como lo afirman quienes adoptan un paradigma exclusivamente sexual. En polaridad con la “asociación libre” se encuentra la actividad exacta del pensar, propia de quien cultiva una “actividad espiritual libre”, tal como fue inaugurada por Rudolf Steiner.
Una especie de no-ciencia vive en el método asociativo —es decir, cuando se permite que la mente y el alma humanas dejen aflorar a la superficie “lo que surja” de sus profundidades interiores. Hoy en día, no se cuestiona que instintos, impulsos, deseos y urgencias habitan en las regiones profundas del alma; pero el inconsciente apenas comenzaba a emerger hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando Freud y Rudolf Steiner caminaban sobre la Tierra. En una persona saludable, puede considerarse que la creatividad del artista reside en las vivencias más asociativas del alma, especialmente si ese artista aspira a una vida anímico-espiritual superior y no vive simplemente desde los impulsos, las urgencias y los deseos.
El método de Rudolf Steiner fue —y lo sigue siendo— llevar el impulso de la iniciación, es decir, el entrenamiento anímico-espiritual, al encuentro de aquello que habita en las profundidades del ser humano. A través de su investigación científica espiritual, Rudolf Steiner pudo revelar que el deseo, el juicio, el motivo, la intención y la resolución representan el aspecto más consciente de la voluntad humana, en contraste con el instinto, el impulso, la urgencia y el deseo. Además, Rudolf Steiner buscó desarrollar otras regiones del alma que pudieran conducir a la vivencia directa del espíritu, ya sea en forma de ideas o por medio de una percepción espiritual clara. A esta actividad anímico-espiritual ejercitada la denominó “actividad espiritual libre”, como ya se ha mencionado. Lo que se requiere es la capacidad de pensar en forma de ideas puras y vivencias: el “pensar puro”.
Como resultado de este pensar puro, Rudolf Steiner pudo desarrollar las Sofías, que solo lentamente han comenzado a ser reconocidas. Elaboró una Antroposofía, inició una Psicosofía y sembró las bases de una Pneumatosofía[8]. Estas Sofías las fundamentó en un amor, un amor profundo: el amor por la sabiduría, o Filosofía. Estas Sofías contrastan con la orientación metabólico-sexual del ser humano en los tiempos modernos. Al mismo tiempo, Rudolf Steiner no negó ni minimizó lo metabólico-sexual, sino que lo contextualizó. Él aportó otras dimensiones. En lo que sigue, se intentará trabajar con esas “otras” perspectivas.
Quizás el resultado más significativo de la investigación de Rudolf Steiner ha sido mostrar que el alma y el espíritu humanos se hallan dentro de los instintos, impulsos, urgencias y deseos, pero están allí como adormecidos, por así decirlo. Cuando se profundiza en estas regiones, lo que sale a la superficie son aquellas realidades que desde tiempos antiguos se han denominado Karma (como expresión del alma) y Reencarnación (como expresión del espíritu), y no simplemente la sexualidad.
Así, desde el ámbito de la investigación científico espiritual, la sexualidad no se niega. Los instintos, impulsos, urgencias y deseos son, por supuesto, parte fundamental de la vida, pero lo que no resulta evidente es que el alma y el espíritu se hallan ocultos en esas profundidades. Rudolf Steiner señaló una y otra vez que existe cierta mirada diletante en la perspectiva puramente sexual. Cuando el alma y el espíritu se reconocen como agentes independientes en la constitución del ser humano, entonces la psicología profunda se convierte en base para una revelación más profunda: la del karma y la reencarnación.
Un verdadero desafío que surge de las indicaciones dadas por Rudolf Steiner —considerando la orientación esencialmente sexual de nuestra época— es que el karma hoy se presenta bajo la forma del instinto. Aquí se requiere una gran capacidad de discernimiento para poder diferenciar los instintos. Mucho se nos exige si hemos de hacer tales distinciones, de modo que lo sexual propio de nuestro tiempo pueda ser atravesado en su apariencia, y la verdadera esencia del núcleo humano pueda revelarse a través del karma y la reencarnación.
Así, desde una perspectiva científico-espiritual, desde una perspectiva antroposófica, la psicología profunda psicoanalítica contiene un componente oculto que no es evidente a primera vista. Este componente oculto es que las profundidades de la constitución humana son el alma y el espíritu. Estos se revelan como el núcleo del ser humano y pueden emerger desde lo profundo bajo la forma de instinto relacionado con el karma y la reencarnación. La sexualidad puede estar oculta, pero en general no lo está, y de ningún modo constituye el núcleo real del ser humano. La sexualidad es solo una dimensión dentro de la multidimensionalidad del ser humano.
Las teorías sexuales actuales ocultan la profundidad potencial del ser humano, y por ello necesitan ser penetradas desde una perspectiva espiritual. Lo que ahora se intentará es justamente eso: un primer esfuerzo, un primer paso, por así decirlo.
2 – La configuración múltiple del ser humano
Lo que puede aprenderse desde una perspectiva profunda —no solo desde una psicología, sino también desde una psicosofía— es que la mirada, las ideas, la perspectiva o el paradigma sobre la constitución del ser humano pueden determinar la manera en que intentamos comprender las actividades humanas. Si contemplamos al ser humano desde una orientación materialista y monista, entonces, por supuesto, el sistema metabólico impulsado por energía calórica se considera el origen de los instintos y los impulsos, de las urgencias y los deseos. Este monismo reduce todo el funcionamiento humano a energías resultantes de transformaciones de la sustancia. Desde esta perspectiva, no hay necesidad de designar una realidad anímica. Quienes son monistas materialistas luchan desesperadamente por mantener esta forma de monismo, y afirman con franqueza que no necesitan hablar de un alma.
Si, por otro lado, uno toma el elemento anímico como un monismo, como la única orientación significativa, entonces lo puramente físico queda relegado a un segundo plano, es negado, y solo el contenido anímico adquiere importancia. Desde esta perspectiva, los impulsos sexuales pueden verse como importantes y significativos, y, desde un punto de vista reduccionista, pueden llegar a convertirse en el único aspecto relevante de la constitución y el funcionamiento del alma. Tal es el caso de la psicología analítica y profunda de los psicoanalistas —o de algunos de ellos.
Conviene señalar que las escuelas de pensamiento (visiones filosóficas) y las escuelas de psicología a menudo no son conscientes de su propia orientación, ya que tienden a presentar su perspectiva particular como la única válida. Una vez se comienza a buscar diferentes miradas y perspectivas, se vuelve posible una orientación más abierta. Lo que se necesita es un método que permita validar las distintas perspectivas, una manera de reconocer en qué medida una visión es válida.
Hoy en día, ese enfoque centrado en lo anímico[9] (soulness) —con sus muchas perspectivas distintas— comienza a consumir a la humanidad, junto con la orientación puramente materialista mencionada anteriormente. Se espera que este ensayo señale un aspecto de esa realidad anímica sin cerrar la puerta a la apreciación de las vastas dimensiones del alma humana.
Otro tipo de monismo es aquel que tiene que ver con lo espiritual. Este monismo elimina las dimensiones multiples del alma, así como el papel, muchas veces determinante, del cuerpo. En lo que concierne a lo espiritual, es precisamente aquí donde deben considerarse las escuelas de pensamiento y las orientaciones ideológicas. Las escuelas de pensamiento existen como realidades espirituales para los seres humanos, pero esta realidad no es reconocida. La idea, en sí misma, no es vista por lo que realmente es. O bien, el contenido de la idea puede ser reemplazado por el dogma, donde la repetición de clichés sustituye al pensar activo. Cuando el dogma reemplaza la búsqueda viva de ideas, entonces las ideas fijas se convierten en una especie de religión. Las ideas dogmáticas se transforman en la base para comprender al ser humano, así como su actividad anímica y espiritual. Para el pensador dogmático de tipo semi-religioso, se dictan directrices de comportamiento que quedan establecidas de antemano. Con ello, no se cultiva una búsqueda ética, y el comportamiento moral se guía por mandamientos. Esta falta de búsqueda ética y esta conducta dirigida por mandatos pueden ser mucho más comunes de lo que se cree. Se buscan visiones autoritarias por todos lados. El pensador relativamente independiente y libre no es bien tolerado, ni siquiera en nuestro tiempo, en el que se cree que existe una abundante libertad en el ámbito de las ideas.
No obstante, si se consideran las visiones filosóficas como una posibilidad, entonces el pensador intelectual puede vivir en las múltiples experiencias que ofrece la actividad de las ideas —y las concepciones sobre la constitución del ser humano pueden formar parte de ello. La ideación, el pensar, es una preocupación central para quienes trabajan con cosmovisiones, y el ser humano suele estar incluido en dichas visiones. Cuando las ideas contenidas en distintas cosmovisiones se aplican a la constitución del ser humano, puede surgir una riqueza y una profundidad en relación con las múltiples experiencias que vivimos como seres humanos.
Sin embargo, las experiencias del espíritu pensante pueden parecer demasiado limitadas para algunos, y una profundización interior exige una vivencia íntima que abra la puerta a experiencias místicas. Aquí puede aparecer un nuevo tipo de monismo: el del misticismo, donde toda la existencia busca una experiencia profunda a través de sensaciones místicas difusas que llenan el alma. Con frecuencia, quienes transitan este camino dan testimonio de la profundidad del alma, pero pueden articular poco más allá de afirmar que cada persona tiene sentimientos y que estos sentimientos deben ser respetados. Algunos místicos son más pensantes, otros más sensibles, y otros más intuitivo-instintivos. Estos últimos buscan la profundidad de la experiencia mística en la acción, en la vida, en el fluir de los acontecimientos vitales. O bien, ese mismo espíritu pensante puede buscar una profundidad de manera exterior. Esta búsqueda externa de experiencias profundas conduce a una especie de búsqueda empírica que puede culminar en el banco de trabajo del laboratorio o en la celebración cultica de una religión específica. Con el místico y el empirista, los monismos —es decir, las visiones que buscan una única explicación de la existencia— comienzan gradualmente a disolverse.
Así podemos reconocer la tendencia de los tiempos modernos, que surge de un monismo materialista, incluso cuando quienes sostienen esa visión no son conscientes de su propia orientación. En este contexto, hemos considerado al ser humano impulsado por una voluntad corporal. Tales personas —y hay un número considerable que incluso se quejan de estar dominadas por estos impulsos— son aquellas que caen con facilidad en las redes de nuestra publicidad orientada sexualmente y de nuestra civilización saturada de sexualidad. Los periódicos informan continuamente sobre hombres que no pueden mantener las manos alejadas de las mujeres, o sobre mujeres que seducen constantemente a los hombres, sin aparente conciencia de las posibles consecuencias, más allá de la satisfacción sexual. La seducción femenina tiene lugar a través de la vestimenta, el maquillaje y el énfasis interminable en las capacidades seductoras de la mujer.
El monismo de lo anímico se busca por todas partes, como lo evidencian los múltiples enfoques existentes en la psicología, especialmente en las escuelas de psicología profunda. Hoy se lleva a cabo un constante escudriñamiento del alma, de modo que se encuentra satisfacción en las experiencias anímicas sin una verdadera conciencia de hacia dónde puede conducir esa orientación. El énfasis en lo anímico a menudo desemboca en un ensimismamiento que dificulta cada vez más las relaciones sociales. No pocas psicoterapias terminan alejando al ser humano de su lugar en la vida social, en lugar de ayudarle a integrarse como parte de un organismo social. La capacidad de relacionarse— forma parte esencial de la búsqueda anímica actual, en un tiempo en que cada vez más personas experimentan la soledad y todos la temen. En este camino del alma, puede fácilmente parecer que, a medida que se busca lo anímico, este se va perdiendo.
Por último, una vez más, el monismo de lo espiritual también puede buscarse en el culto religioso exterior. Que exista un monismo basado en la omnipresencia del espíritu es algo que la mayoría no considera. El monismo que se manifiesta en la práctica religiosa y en los cultos tiende a separar al ser humano del curso de la vida diaria y de la acción concreta. Se idean múltiples formas de retiro con este propósito, cuando el servicio dominical habitual no resulta suficiente. Son pocos los que reconocen que el espíritu humano puede ser abordado a través de la transformación superior del intelecto, mediante una disciplina y un método de entrenamiento superior a través de experiencias de pensamiento, y que no se necesitan retiros, sino una participación activa en la vida. Un pensar espiritual que se apropie de la vida y no se retraiga de ella parece ser una necesidad urgente.
Cuerpo, alma y espíritu están, por así decirlo, a prueba, cada uno amenazando con eliminar al otro. Tal como la ciencia aborda hoy el cuerpo humano, poco puede hallarse allí que respalde la existencia del alma. Para el materialista consecuente, el espíritu no existe. Resulta difícil concebir que exista algo más allá de las funciones corporales, aunque cada vez más seres humanos comienzan a hablar de experiencias de carácter más anímico y espiritual. En nuestros tiempos materialistas, es el cuerpo el que se convierte en un obstáculo. Otra perspectiva posible es que, con el auxilio de la antroposofía, justamente este cuerpo humano —maravilloso, complejo y desconcertante— pueda ser abordado de tal manera que se abran nuevas concepciones distintas a las actualmente dominantes. Esto es lo que me gustaría intentar, y lo utilizaré como vía de acceso al problema de la sexualidad y al problema del sexo en nuestro tiempo.
Notas al texto
[1] Sigmund Freud (1856-1939) fue un neurólogo austriaco, considerado el padre del psicoanálisis. Estudió medicina en la Universidad de Viena y desarrolló teorías sobre el inconsciente, la represión y la importancia de los sueños. Su obra más influyente incluye La interpretación de los sueños (1900). Freud revolucionó la comprensión de la mente humana y dejó un legado duradero en psicología, literatura y cultura.
[2] Rudolf Steiner (1861-1925) fue un filósofo, educador y esoterista austriaco, fundador de la antroposofía. Estudió en el Instituto Técnico de Viena. Editó entre los años 1884-1897 las obras científicas de Goethe. Steiner impulsó movimientos como la pedagogía Waldorf, la agricultura biodinámica, la medicina antroposófica, la pedagogía curativa, la Euritmia, entre otros. Su pensamiento buscó crear un puente entre ciencia natural y espiritualidad.
[3] Steiner, Rudolf. El Evangelio según San Juan. 12 Conferencias dadas en Hamburgo. GA 103
[4] Steiner, Rudolf. Problemas de convivencia en la Sociedad Antroposófica. En torno a la crisis de Dornach del año 1915. GA 253.
[5] Steiner, Rudolf. El congreso de Navidad. Fundación de la Sociedad Antroposófica General. GA 260. Editorial Antroposófica Argentina.
[6] El asociacionismo en psicología es una teoría que sostiene que los procesos mentales funcionan mediante la asociación de ideas, sensaciones o recuerdos. Consiste en que la mente une elementos simples (como imágenes o pensamientos) a través de principios como la contigüidad, la semejanza o el contraste.
[7] El asociacionismo influyó indirectamente en el psicoanálisis freudiano y jungiano, principalmente a través de la técnica de asociación libre. Freud adaptó la idea de que las ideas se conectan entre sí (propuesta básica del asociacionismo) para desarrollar su método, donde el paciente dice cualquier cosa que le venga a la mente sin censura, permitiendo revelar asociaciones inconscientes. Jung también usó técnicas de asociación, como sus experimentos con palabras estímulo, para detectar complejos inconscientes, aunque más enfocado en procesos simbólicos y colectivos que Freud.
[8] Steiner, Rudolf. Psicosofía. GA 115. Editorial Antroposófica Argentina.
[9] El término utilizado por Paul Scharff es soulness. El término “soulness” es inusual en inglés y no tiene una traducción directa en español, por lo que su interpretación debe ser contextual. Paul Scharff lo usa para referirse a la vivencia, atmósfera o perspectiva centrada exclusivamente en lo anímico. Puede ser un enfoque legítimo (por ejemplo, en la terapia o en la pedagogía), pero también puede volverse problemático si reduce toda la visión del ser humano a lo anímico.
Título del artículo original: “Sexuality And The Human Makeup. An Effort At An Anthroposophical View”.
Puede ser consultado en su versión original en el siguiente enlace: https://www.paulwscharffarchive.com/sexuality-and-the-human-makeup/
El texto se encuentra bajo Creative Commons License CCBY-NC-ND 4.0
La traducción se hizo con la autorización expresa de Ann Scharff y Harold Bush, administradores del legado de Paul W. Scharff.
Traducción al español: Carlos Andrés Guío
Acerca del autor
Paul W. Scharff
Paul W. Scharff (1930-2014) fue un médico norteamericano especializado en medicina antroposófica. Se formó en la Universidad de Harvard y en la Facultad de Medicina de Columbia, y posteriormente realizó estudios de especialización en medicina antroposófica. Fundó el Instituto de Investigación Médica Arlesheim y cofundó Mercury Press, enfocándose en la integración de la medicina convencional con enfoques espirituales. También desarrolló importantes contribuciones en medicina organizativa y comunitaria dentro del movimiento antroposófico.
Uno de sus principales aportes fue el desarrollo de una visión orgánica y social de las organizaciones, especialmente en el ámbito de la medicina comunitaria. Aplicando principios antroposóficos, propuso que las clínicas, hospitales y comunidades médicas debían funcionar como organismos vivos, donde las relaciones humanas, la estructura organizativa y la práctica médica se integraran de manera consciente y ética. Además, trabajó para adaptar la medicina antroposófica a las necesidades culturales y sociales de Norteamérica, enfocándose en el desarrollo individual y en la salud comunitaria como procesos interrelacionados.
Algunos de sus libros son: “Organizational Integrity: How to Apply the Wisdom of the Body to Develop Healthy Organizations”y “Healing the Social Organism: Essays on Social Health”.
Es igualmente autor de numerosos artículos, lo cuales pueden consultarse en la página web: https://www.paulwscharffarchive.com