Los tres Reyes Magos, de rodillas con sus regalos
Joseph Christian Leyendecker (1900)
Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona
A continuación publicamos la segunda parte del texto “Las Trece noches Santas” del antropósofo italiano Giorgio Tarditi Spagnoli, el cual contiene las indicaciones dadas por Rudolf Steiner a Herbert Hahn como guía de ejercitación interior para cada una de las Noches Santas, seguidas de un comentario por el autor.
Esta segunda parte abarca las noches del 1ro al 6 de enero.
Después de haber visto las Cuatro semanas de Adviento (ver publicación) y la Primera parte de las Noches Santas (ver publicación), continuamos ahora con las siguientes Noches Santas, desde el primero del año hasta la Epifanía.
Debemos comprender estas últimas cinco Noches Santas de una manera completamente distinta. Las primeras cuatro están incluidas en las Doce Noches Santas iniciales; la última, la Decimotercera, es una Noche Santa muy singular que se erige como el centro y la culminación de todo el período de las Noches Santas. Aquí, la corriente del Pasado, activa con el Recordación en el Espíritu de los Pastores, se agota a medida que las fuerzas cósmicas del Macrocosmos (Hexagrama o Sello de David) se transforman en las fuerzas individualizadas del Microcosmos (Pentagrama o Sello de Salomón).
A medianoche en la víspera de Año Nuevo, nos separamos del Espíritu del Pueblo (Arcángel): esto significa que nuestro cuerpo astral se libera temporalmente del karma del Pueblo, introduciendo así un nuevo impulso evolutivo en todos aquellos Hombres de Buena Voluntad, es decir, aquellos en el camino esotérico, que son capaces de comprenderlo. Al cortar el cordón umbilical que nos une al Espíritu del Pueblo, recibimos el impulso directo de las Jerarquías Superiores, la Segunda e incluso la Tercera a través de la Segunda. Por eso, en la tradición popular, se pide un deseo a medianoche: el «deseo», lo «sideral» que proviene de las regiones celestiales más elevadas debe tener un propósito evolutivo, tanto para el mundo interior como para el mundo exterior.
No solo eso, sino que en ese instante el fluir del tiempo también se suspende. Llegamos al punto en que el «aliento de la Tierra» se ve tan restringido que el éter terrestre, en cuyo flujo se forma el tiempo, se detiene. Como en un relevo cósmico, el Espíritu del año pasado pasa al del año venidero (Archai). El tiempo es, en efecto, el despliegue de la constitución oculta de un Archai (o Principado), en cuyo flujo viven los seres encarnados en un cuerpo físico. El cambio de las estaciones a lo largo del año se debe a los Espíritus de los Períodos Cíclicos, seres descendientes de la Primera Jerarquía, que regulan la actividad tanto de las almas de los grupos de plantas y animales como de los seres elementales.
En ese momento, podemos tener la percepción del Eterno Presente, es decir, la dimensión en la que el Yo individual se alinea con el Yo Superior, dándose la posibilidad de recibir inspiraciones. La atmósfera aquí es lo que la Meditación de la Piedra Fundamental llama Contemplación en el Espíritu (o Reflexión[1]), que solo se puede alcanzar mediante el desapego del Alma del Pueblo y del Espíritu del Tiempo. Tanto el desapego del Espíritu del Pueblo (Arcángel) como del Espíritu del Tiempo (Archai) nos permiten insertar nuevos impulsos en la continuidad del espacio-tiempo donde tiene lugar la evolución del Yo, que se encarna en un cuerpo físico humano. De otro modo, cada año no sería más que la eterna recapitulación del precedente.
Este momento es la Fiesta de la Inspiración, que en la Cuarta Época de la Cultura Grecorromana estaba dedicada al dios del umbral, Jano Bifronte, de quien deriva el nombre del primer mes del año, «enero». “Januarius”, “Janua” significa “Puerta”. Las dos caras de Jano representan a los Archai del año anterior, la que mira hacia la primera serie de Noches Santas, y a los Archai del año venidero, la que mira hacia la segunda serie de Noches Santas. Según el mito, fue el dios Saturno quien le otorgó a Jano la capacidad de ver simultáneamente el pasado y el futuro. Esto lo confirma la ciencia espiritual, ya que los Espíritus del Tiempo (Archai) eran humanos en el antiguo Saturno y recibieron su existencia temporal gracias a los Tronos, los Espíritus de la Voluntad, mediante su propio sacrificio. Jano es el dios de la iniciativa inspirada, ese gesto que, inspirado por los mundos superiores, se materializa en amor por la acción misma, la cual puede ser aceptada (o rechazada) por la humanidad. Asimismo, está vinculado al Principio y al Fin de los Tiempos, lo que también se denomina Alfa y Omega en las instrucciones de Steiner al comienzo de las Noches Santas.
Ahora bien, si consideramos que las cuatro semanas de Adviento son la recapitulación de las existencias terrenales previas hasta llegar a la actual en la Vigilia de Navidad, la Expulsión del Paraíso es una muerte en el plano espiritual y un nacimiento en el físico, redimido posteriormente por el Nacimiento de Jesús de Nazaret. Dado que el período de las Noches Santas es externamente tranquilo pero internamente activo, puede decirse que equivale al período de ascensión del alma humana a las esferas celestiales después de la muerte. Así, tenemos esta correspondencia:
Noches Santas del 24 al 31 de diciembre, formación del Hexagrama, representado por las tres Noches del Lirio Blanco:
- Primera Noche Santa = Luna
- Segunda Noche Santa = Mercurio
- Tercera Noche Santa = Venus
- Cuarta Noche Santa = Sol
- Quinta Noche Santa = Júpiter
- Sexta Noche Santa = Marte
- Séptima Noche Santa = Saturno
- Octava Noche Santa = Medianoche Cósmica
La octava Noche Santa de Leo-Leo (tanto para Hahn como para Prokofiev) vincula el proceso de excarnación e incarnación; es el corazón mismo de las Noches Santas, el corazón del Adam Kadmón, que se revelará en su totalidad solo en la decimotercera Noche Santa. La medianoche del 31 de diciembre y la transición al 1 de enero corresponden a la Medianoche Cósmica, y por lo tanto, las Noches Santas subsiguientes corresponden a una nueva encarnación con la formación de los cuerpos respectivos; mientras que la decimotercera Noche Santa complementará el proceso de las Noches Santas que aguardan el Bautismo en el Jordán, el domingo siguiente al 6 de enero. Por lo tanto, tendremos esta correspondencia:
Noches Santas del 1 al 6 de enero, formación del Pentagrama, representada por las tres Noches de la Corona:
- Novena Noche Santa = Fuego: Yo
- Décima Noche Santa = Aire: cuerpo astral
- Undécima Noche Santa = Agua: cuerpo etérico
- Duodécima Noche Santa = Tierra: cuerpo físico
- Décimo tercera Noche Santa = Espíritu: revelación del Cristo al Yo
Al concluir el comentario sobre las Trece Noches Santas veremos cómo estos dos procesos de excarnación y nueva encarnación forman los dos sellos principales de la tradición oculta: el Hexagrama, que mencionamos anteriormente al hablar de las Noches del Lirio Blanco, y el Pentagrama, que concierne a estas últimas noches.
Retomamos aquí tanto el esquema de las Virtudes Zodiacales en orden de Signo, como el de las dos secuencias zodiacales de las Noches Santas, a fin de tenerlos a ambos al alcance de la mano:
1/2 de enero – 9° Noche Santa – Septiembre – Virgo
Indicación para la Novena Noche Santa
Ahora, las tres Noches de la Corona. El desapego del intelecto frío, o la separación del intelecto de las limitaciones y metas terrenales. Esta es la triple Noche Santa, en la que el yo inferior se rinde y solo permanece el deseo de servir y dar.
Comentario
Las próximas tres Noches Santas son las Tres Noches de la Corona. Así como forjamos una Espada, que se convirtió en una Cruz, ahora forjamos una Corona, que representa la realeza del Espíritu sobre la materia de los Cuatro Elementos. El yo inferior es, de hecho, producto de la personalidad cuádruple que deriva de los elementos y seres elementales que nos componen. Dentro de nosotros existe un hombre de Tierra, un hombre de Agua, un hombre de Aire y un hombre de Calor, pero el verdadero ser humano es solo el Hombre-Espíritu (Atma), que hoy yace oculto en estado embrionario en el Yo Superior, el cual participa de la triple esencia espiritual del ser humano (Yo Espiritu, Espíritu de Vida y Hombre-Espíritu: Manas, Buddhi y Atma). El Espíritu no está tanto por encima de los elementos como más allá de ellos, pues el Espíritu es la causa de los elementos, que son meros efectos de éste.
Poner la Corona sobre el yo inferior o ego astral significa dominar los elementos que componen nuestros cuerpos, así como los seres elementales que habitan la materia que llena nuestro cuerpo físico. Por esta razón, el Mago posee una Corona sobre la cual hay cinco Pentagramas: cada punta del pentagrama corresponde a un elemento, siendo la punta superior la del Espíritu. El Mago no puede tener un intelecto frío; lo ha desvinculado de los elementos fríos del Agua y la Tierra (el polo Ahrimánico). Del mismo modo, no puede tener un ánimo incendiario, en cuanto lo ha desvinculado de los elementos calientes del Aire y el Fuego (el polo Luciferino). El Mago puede llamarse a si mismo verdaderamente Yo.
Su inversión es la Caída del Espíritu, como en el caso de Lucifer, quien al caer perdió una esmeralda de su corona, con la cual se forjó posteriormente el Grial en la leyenda de Parzival de Wolfram von Eschenbach. De ello se deduce que existe una estrecha conexión entre el dominio de los elementos y la forja del Grial en el alma humana, esa copa del alma que esta en condiciones de acoger el Espíritu del Sol, Cristo. Esta imagen aparecerá entonces en el cielo durante la Pascua, cuando la luna creciente iluminada, el alma del Grial, recibirá el círculo de la luna en sombras, la hostia del Sol Espiritual.
El ser humano al principio de los Tiempos, antes de encarnarse, es un espíritu sublime, un Espíritu Virgen que viene a la Tierra para conocer el dualismo del Bien y el Mal y así aprender la moral, que, al igual que el Espíritu esta más alla de los Elementos, está mas alla del Bien y del Mal. Cristo no está por encima de Lucifer y Ahriman; está más allá de ellos, pero a la vez en su centro, trayendo equilibrio. La verdadera moralidad es, por lo tanto, una «fantasía moral» que se adapta a la situación de cada momento, trayendo equilibrio, en lugar de elegir arbitrariamente entre la idea abstracta del Bien y el Mal, o entre Lucifer y Ahriman. En ese momento, el Espíritu Virgen, que se había encantado en la Tierra, habrá recuperado su Virginidad Espiritual, tal como María la recuperó al ser iluminada por Sofía. La Virtud de la Virgen es la Cortesía, que brota del corazón, que da el Tacto del Corazón, es decir, el toque capaz de poner el Corazón en las cosas del mundo.
Adam Kadmon: Cáncer
Los Querubines, los Espíritus de la Armonía, están relacionados con la Región de Cáncer. Las pinzas del cangrejo alzadas al cielo dan una imagen del símbolo de Cáncer, que a su vez deriva de la doble espiral, observada clarividentemente en el Cosmos de los Siete Santos Rishi[2], la espiral macrocósmica del pasado se pliega hacia adentro, de modo que en cierto punto invierte su sentido de rotación, convirtiéndose en la espiral microcósmica del futuro. El encuentro de ambas espirales es un hiato, una interrupción, que corresponde al momento cercano a la medianoche de la víspera de Año Nuevo, cuando el Arca del año pasado cede el testigo al Arca del año futuro, el momento en que lo nuevo entra por la puerta del Presente Eterno, insertándose como un impulso evolutivo para el futuro. Esta Ley de la Recapitulación Cósmica[3] También permite tanto la recapitulación (espiral del pasado) como la anticipación (espiral del futuro) según un proceso evolutivo descrito matemáticamente como «fractal»: cada etapa individual del proceso repite la forma general del mismo. Este proceso evolutivo, tanto espiritual como material, tanto cósmico como humano, es la impronta divina en toda la Creación.
La doble espiral, y también la espiral misma, representa la Sabiduría Cósmica. Los Querubines armonizan las partes distintas y diferenciadas en un todo orgánico según la Sabiduría Cósmica. Los Querubines tienen constantemente ante su conciencia intuitiva lo que nosotros estudiamos mediante diagramas y tablas de correspondencias analógicas en la ciencia espiritual. Para estos Espíritus de Armonía, lo que para nosotros es una abstracción intelectual con fines de comprensión es la realidad viva del ser. Los Querubines son responsables de orquestar la transición entre la Noche Cósmica (Pralaya) y el Día Cósmico (Manvatara), entre la condición de Paz en la Duración y aquel de Actividad en la Manifestación. La espiral, con sus giros, corresponde a la secuencia de los Anillos Cósmicos en las 7 Metamorfosis de la Tierra, de las 7 Condiciones de la Vida y 7 de la Forma[4]. El espacio entre las dos espirales corresponde a una Noche Cósmica. Los Espíritus de los Periodos Cíclicos son sus descendientes, quienes se ocupan del flujo armonioso de ciclos jerárquicamente inferiores, como el ciclo de las estaciones y la reproducción de las plantas y los animales. En la vida vegetal, el Manvatara es la planta desde la germinación hasta la floración; mientras que la semilla es su Pralaya.
Los Serafines reciben el plan de la Mente de Dios y lo hacen inteligible a los Querubines, quienes lo armonizan, impartiéndoles el impulso del Alfa y el Omega, Principio y Fin, para que los Tronos puedan entonces implementarlo mediante su Sacrificio. Algunos Querubines que rechazaron la ofrenda sacrificial de los Tronos en tiempos del Sol Antiguo son responsables de una espiral de un nuevo orden, que se manifiesta repetidamente a lo largo de las eras: esta nueva espiral se inserta para armonizar aquello que, por su naturaleza, de otro modo no sería posible armonizar, es decir, Lucifer y Ahriman. Esta posibilidad surge del hecho de que, así como los Querubines que colaboraron con los Tronos armonizaron la Creación, los Querubines del gran rechazo armonizan, mediante la Destrucción, los diversos cataclismos que han azotado la Tierra y la azotarán en el futuro. A ellos se debe la destrucción de Lemuria, por completo corrupta, con Fuego, o la de la Atlántida con Agua; y también la de la Guerra de Todos Contra Todos y la subsiguiente Catástrofe del Aire que pondrá fin a la Séptima Época de la Cultura Americana y dará lugar a la Sexta Era de los 7 Sellos, o el Apocalipsis.
Los Querubines son también los Espíritus del Zodíaco, aquellos que, durante el Antiguo Saturno y luego durante el Antiguo Sol, infundieron el espíritu en las mismas Regiones a las cuales las Jerarquías son asignadas (el Zodíaco del Antiguo Saturno se compone de nueve Signos, mientras que el del Antiguo Sol se compone de doce signos). Los Querubines supervisan la esfera del Zodíaco, así como las precedentes Jerarquías supervisan las esferas planetarias. El signo de Cáncer se opone al de Capricornio, desde cuya Región operan los Arcángeles: así, en el Antiguo Sol, los Querubines consolidan el Zodíaco irradiando desde las Regiones Zodiacales desde lo alto hacia lo bajo, mientras que los Arcángeles, de abajo hacia arriba, crean la Luz. Del mismo modo que en el Cosmos forman el Zodíaco, en el ser humano forman la caja torácica de doce pares de costillas durante el Antiguo Sol, cuya forma primordial fue establecida ya por el corazón, formado en el antiguo Saturno por los Tronos, actuando desde la Región de Leo.
La polaridad puesta en armonía entre Oriente y Occidente es Amor-Consciencia: así como en Oriente el camino hacia el Amor de Cristo se preparó a través de Zaratustra y Buda, en Occidente, entre los pueblos germánicos y del norte de Europa, la Conciencia se preparó bajo el nombre de Wotan-Odín, el Bodhisattva que más tarde se convirtió en Buda. Juan el Bautista, como último profeta judío (esenio) y precursor del cristianismo, establece una relación especial con los Querubines y su fuerza espiral. Juan el Bautista, además de ser la reencarnación de Elías, es también la reencarnación de Adán, cuya última imagen del Paraíso Terrenal es precisamente el Querubín que, con su espada flamígera, impide el retorno de Adán y Eva. Este recuerdo permitió que la individualidad de Adán-Elías-Bautista se encontrara por primera vez con Cristo: la advertencia de los Querubines ante la Puerta del Edén fue lo que se convirtió en la «Voz de la Conciencia» en Occidente, ese elemento moral que opera incluso en medio de los anhelos del alma sensible. El Bautista, único entre los judíos de su época, podía oír la Voz de la Conciencia, una fuerza que los judíos, en virtud de su sangre, solo podían contemplar externamente, en el mundo como Jehová y la Ley escrita por Moisés.
Así como en su encarnación como Elías él sirvió como la Voz de la Conciencia para todo el pueblo judío, como Bautista pudo percibir la Voz de la Conciencia en su interior, la misma Voz que lo condujo a Cristo o Kyrios, «Señor», la contraparte interior de Adonai o Jehová. Fue su conexión con los Querubines lo que le permitió reconocer a Jesús Cristo como el Cordero de Dios, el que procede de la región de Aries. Tras su decapitación, el Bautista se convirtió en el Alma Grupal de los Doce Discípulos, y más tarde, en el momento del Misterio del Gólgota, él se unió al otro Juan, Lázaro, llevando de esta forma a cumplimiento el Misterio de los Dos Juanes.
2/3 de enero – 10.ª Noche Santa – octubre – Libra
Indicación para la Décima Noche Santa
Es la noche en que el mayor Sacrificio se desarrolla y crece a través del servicio (y la entrega). Aprender a escuchar con obediencia la Voz Interior y las Señales de lo Divino.
Misterio: la Voz dentro de nosotros que nos llama a través de diversas encarnaciones; su claridad aumenta con el sacrificio y la determinación.
Comentario
La Voz Interior es la Voz de la Conciencia, que proviene del alma; las señales de lo Divino son aquellas que provienen del mundo. Aquí alcanzamos un equilibrio entre interioridad y exterioridad. El servicio que ofrece el alma humana, en su evolución hacia el Espíritu, es el de darse, es decir, aquel de entregarse. El encuentro con el Espíritu, de hecho, se produce en el encuentro entre dos o más almas humanas: «Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos» (Mateo 18:20)[5]. La evolución espiritual no puede ignorar, en cierto punto, la entrega como fuerza sanadora para toda la sociedad humana, puesto que el Adán de Luz, el Adam Kadmón de la Era Hiperbórea, no era sino la suma de la humanidad antes de la división en seres individuales. Por lo tanto, es en los demás donde uno reconoce su propio Yo, y es en el Yo donde uno reconoce el Cosmos entero. El mayor sacrificio es el que realiza el alma humana al expandir sus límites para abrazar el Espíritu, trascendiendo el límite individual hasta alcanzar los límites del Cosmos, Saturno y la Medianoche Cósmica, más allá de los cuales se encuentra el Anllo de No-pasar de esta cuarta Metamorfosis Terrenal.
La unión de la Voz Interior, la misma que guió a Juan el Bautista hacia Cristo, y el reconocimiento sincrónico de las Señales Divinas, fuera del ser humano, nos permite saber que estamos en el camino correcto. Al abrirnos a los impulsos futuros de lo Divino, nos abrimos a todas las posibilidades, que entonces son reconocidas por la Conciencia, que de otro modo permanecería ciega. La Voz de la Conciencia se ha formado gradualmente a través de diversas encarnaciones; es la voz de la Sabiduría Cósmica que proviene del pasado. La Voz Interior es, por lo tanto, el fruto de toda la evolución pasada, mientras que las Señales Divinas son las semillas de toda la evolución futura. El equilibrio entre el pasado —la Voz Interior— y el futuro —las Señales Divinas— constituye el punto en el que el ser humano toma conciencia de su misión en la Tierra.
La virtud de Libra es la Satisfacción, es decir, la plenitud de la Sabiduría que conduce a lo Divino y que otorga el Desapego de las circunstancias contingentes de la vida. La única realidad interior se reconoce como la causa de la multifacética ilusión externa; reconocer el plano de las causas, distinguiéndolo del de los efectos, permite ordenar la Conciencia. Se forma un polo de equilibrio que conecta lo superior con lo inferior, y el pasado con el futuro, convergiendo en el centro, en el trono del alma humana, donde reside la conciencia individual del Yo. El equilibrio se da, por lo tanto, entre el alma y el Yo. Es la Segunda Noche de la Corona, la noche en que la Corona se adorna con su joya: el alma es la esmeralda que cayó de la Corona de Lucifer, de la cual se forjará el Grial.
Adam Kadmon: Géminis
Los Espíritus del Amor, el coro angélico más cercano a la Trinidad, son los Serafines. Están vinculados a la región de Géminis. Los Gemelos son los Dioscuros, como ya se mencionó en la secuencia de Hahn[6]. Cástor representa el cuerpo físico, mientras que Pólux representa el Yo. Su conexión proviene de la sensibilidad griega hacia el cuerpo físico, cuya forma se percibía como moldeada por el Yo. Cástor y Pólux fueron argonautas, en busca del Vellocino de Oro, el cuerpo etérico inmortalizado, o alquímicamente, el Elixir de la Vida. Ambos poseían una conciencia perfecta para su época, al igual que su forma física. De ahí que los Dioscuros fueran los patronos de los Juegos Olímpicos y de los juegos atléticos en general. Para los antiguos griegos, la destrucción del cuerpo tras la muerte evocaba el temor a la destrucción del Yo, y por lo tanto, la perfección del cuerpo era la perfección del Yo. La inmortalidad era el valor supremo del amor griego. En consecuencia, Pólux, que cede su inmortalidad a Cástor, realiza el mayor sacrificio imaginable en aquel momento, uniendo a ambos en la amistad inmortal del signo de Géminis.
Los Dioscuros aún representan el vínculo de sangre, siendo hermanos por parte materna, Leda. Cristo viene a poner fin a la importancia de los lazos de sangre para comenzar a tejer lazos del espíritu. El Amor de Cristo trae consigo una nueva concepción del amor mismo, anteponiendo el alma humana, el Yo, a la inmortalidad que lleva dentro. «No yo, sino Cristo en mí» es la máxima de los Misterios Cristianos pronunciada por Pablo, según la cual entregar el Yo para que Cristo more en nosotros se convierte en el camino para recuperar el Paraíso. « Este es mi precepto: que os améis unos a otros, como Yo os he amado. Nadie tiene amor mayor que éste de dar uno la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando» (Juan 15:12-14)[7]. En esto consiste la amistad de Cristo. Entre los discípulos, Juan Lázaro será quien se convierta en el amigo más entrañable de Cristo, el «discípulo a quien Jesucristo amó». Tal es el amor cósmico de los Serafines. Así como el Maestro Zaratustra-Jesús sacrificó su Yo por Cristo en el Bautismo en el Jordán, así también Cristo mismo sacrificó su Yo por el Padre en el Misterio del Gólgota.
En el ser humano, los brazos son la parte del cuerpo formada a partir de la región de Géminis. Son las extremidades que nos permiten realizar acciones kármicas que nos vinculan, correcta o incorrectamente, con los demás. Este gesto, realizado principalmente con los brazos y las manos, permite que el karma se cumpla. Esta capacidad para relacionarse es un mero reflejo de la capacidad de los Serafines para relacionarse, quienes alinean amorosamente los sistemas planetarios entre sí, formando así el Cosmos a partir del Caos, «Ordo ab Chao». Cada Estrella Fija habla a las otras estrellas fijas, y el mensaje es Amor, «el Amor que mueve el Sol y las demás estrellas» (Paraíso XXXIII, 145), la esencia misma de los Serafines. Y fue bajo la apariencia de un Serafín que Cristo se apareció a Francisco, en el momento en que imprimió en él los estigmas con fuego por primera vez en la historia de la humanidad.
3/4 de enero – 11° Noche Santa – Escorpio
Indicación para la Undécima Noche Santa
La Undécima Noche: La lucha con el Guardián del Umbral.
Misterio: Construir el Castillo del Grial dentro de nosotros mismos. Profesar una lealtad cada vez mayor hacia el Todopoderoso.
Comentario
Es desde el signo de Escorpio que procede el adversario, la Muerte. En el antiguo Saturno, es en la región de Escorpio donde se disuelven los huevos de calor saturninos. Este «aguijón del escorpión» es eso que se opone a la evolución espiritual, y si bien originalmente servía para controlar el Caos que se esconde en un exceso de vida, se convertirá más tarde con la triple Caída de los Espíritus de las Tinieblas, en la fuente misma del Mal. Aquello que los Tronos ofrecían en sacrificio formaba parte de su propia sustancia; lo que aceptaban los Querubines se convertía en la sustancia para la formación de las Jerarquías regulares, como los Arcai y el ser humano. Pero la parte que no fue acogida se convirtió en la sustancia para la manifestación de los Espíritus Obstaculizadores, en todas las precedentes Metamorfosis de la Tierra. Este «rechazo cósmico» engendró en los Tronos lo que ahora llamamos soledad. La soledad conduce a la división, y la división conduce al egoísmo. Se puede decir que los Asuras crearon las condiciones para la rebelión de Ahriman, del mismo modo que éste las creó para Lucifer.
En el Antiguo Saturno quedaron rezagados algunos Archai que liderados por un Eloah también rezagado, formaron los Asuras, quienes destruyen el cuerpo físico. Los Asuras utilizaron la sustancia de calor de los Tronos, que fue rechazada por los Querubines. En el Antiguo Sol, algunos Arcángeles quedaron rezagados., que liderados por un Archai ya rezagado, Ahriman, formaron los espíritus ahrimánicos, quienes paralizan el cuerpo etérico. Para manifestarse, los espíritus ahrimánicos utilizaron tanto la sustancia física en descomposición de los Tronos como la sustancia etérica de las Dominaciones. Finalmente, en la Antigua Luna, algunos Ángeles quedaron rezagados, que liderados por un Arcángel ya entonces rezadado, Lucifer, formaron los espíritus luciféricos, quienes corrompen el cuerpo astral. Para manifestarse, los espíritus luciféricos finalmente utilizaron la sustancia física de los Tronos, la sustancia etérica de las Dominaciones y la sustancia astral de las Virtudes.
Tal «Aguijón del Escorpión» aparecerá más tarde en la tentación de Ahriman a los Atlantes, quienes fueron corrompidos y utilizaron las fuerzas etéricas para fines egoístas. Posteriormente, en el Punto de Inflexión, fue el llamado «Aguijón Ahrimánico» el que Jesucristo no pudo erradicar durante las tentaciones en el desierto. «No solo de pan vive el hombre» (Lucas y Mateo 4:4) significa que, en el curso actual de la evolución, el pan es esencial para la vida humana, y no puede ser de otra manera, ya que, de lo contrario, el hombre caería presa de Lucifer. Este aguijón es el mismo que causó la enfermedad del Rey del Grial, Amfortas, que solo Parsifal pudo curar. El apego a lo material, es decir, la huida ante la luz de Escorpio, resulta fatal para el alma y el Yo del hombre, quienes corren el riesgo de quedar atrapados en esta.
Las tentaciones de Ahriman en el cuerpo etérico y de Lucifer en el cuerpo astral se acumulan en el hombre como sombra de la luz del Yo. Todo lo que es No-Yo se convierte en la Sombra o Doble (Doppelgänger). El Doble es, por su naturaleza, doble: posee una parte superior luciferica y una parte inferior ahrimanica. A través del Doble Luciferico, nos sentimos atraídos por el pasado y las fuerzas animales y colectivas de la sangre, es decir, por las encarnaciones pasadas y el legado familiar de los lazos de sangre. A través del Doble Ahrimánico, en cambio, nos sentimos atraídos por el futuro, las fuerzas del materialismo, anticipando las condiciones de vida futuras de una manera completamente materialista. Desde otra perspectiva, podemos ver a este Doble como un ser triple, ya que posee un pensar-sombra, un sentir-sombra y una voluntad-sombra. Todo lo que “no somos” es como una multitud. ” Y le preguntó: ¿Cuál es tu nombre? El dijo: Legión es mi nombre, porque somos muchos.” (Marcos 5:9)[8].
El Guardián del Umbral es aquel ser que, posee bajo su dominio al Doble, en sus diversas manifestaciones,. Sin embargo, su naturaleza aterradora no es sin embargo equivalente a ser malvado, como sí ocurre con el Doble. El Guardián, de hecho, custodia el Umbral del Mundo Astral, impidiendo que el discípulo del esoterismo, aún no preparado para afrontar los peligros del Mundo Astral, prosiga en el Sendero de la Iniciación. El Guardián se asegura de que el discípulo no enloquezca al ser arrojado al mar de Luz Astral, donde todas las imágenes cobran vida. Así, practicando la Virtud de Escorpio, la Paciencia, se alcanza la Intuición, es decir, la capacidad de penetrar las cosas por medio del espíritu, del mismo modo que el aguijón de Escorpio se transforma en la punta de la flecha de Sagitario.
El número 11 corresponde al Caos, el fin de un orden antiguo (1) y el comienzo de uno nuevo (1). En la Cábala judía, la undécima Sefirá es Daat, la Gnosis, la esfera que corresponde tanto a la máxima elevación del adepto como a la posible caída al Abismo que separa la Tríada Suprema (Kether, Chokmah y Binah) de las Sefirot inferiores. Así como en la undécima Noche Santa se libra la lucha con el Guardián del Umbral, en la undécima Sefirá se encuentra el encuentro con lo que Steiner denominó el Guardián Mayor del Umbral. De la misma manera que el Guardián Menor del Umbral custodia el Umbral del Mundo Astral, el Guardián Mayor custodia el Umbral del Mundo Espiritual superior (Devachan Superior o, cabalísticamente, Atziluth). La verdadera esencia de este ser es Cristo, quien, sin embargo, debe ser reconocido en la devoción. El adepto debe renunciar a la condición que ha alcanzado hasta ese momento, para reconocer que sin Cristo no podría haber llegado a ser él mismo.
Esta es la Tercera Noche de la Corona, en la que la corona de Lucifer se convierte en la Corona de Espinas de Cristo mediante el Sacrificio: los nervios craneales se sensibilizan a la luz que irradia un halo. Así como Daath es la emanación directa de la Corona, Kether; la Corona de Espinas es la corona de aquel que ha reconocido a Cristo como su Yo.
Adam Kadmon: Tauro
El Espíritu Santo está vinculado a la región de Tauro, por consiguiente hemos llegado, pues, más alla de las jerarquías para tocar la Tercera Persona de la Santísima Trinidad[9]. La imagen de la Paloma del Espíritu Santo está profundamente ligada a la del Toro. La Paloma es, de hecho, la sublimación del Toro: Steiner afirmaba que lo que ocurre en los intestinos de la vaca, con su compleja digestión, equivale al cuerpo astral de las aves, con su compleja vida migratoria. Esta conexión entre rumiantes y aves también se representa en diversas mitologías del mundo, con el toro alado (Shedu) de Babilonia, o con los cuernos de dioses egipcios alados, como Ra. Durante el Bautismo en el Jordán, el Yo de Zaratustra abandona el cuerpo de Jesús de Nazaret para que Cristo pueda entrar en él, y al mismo tiempo la imagen de la Paloma del Espíritu Santo descendiendo sobre la cabeza de Jesús se abre a la visión espiritual. El Yo de Zaratustra asciende y el Espíritu Santo desciende.
Toda la Metamorfosis de la Antigua Luna estuvo bajo el control del Espíritu Santo, así como lo está la Imaginación. El Espíritu Santo, en su emanación en la Creación, es también la Shekinah o Sofía, el rostro femenino de la Trinidad que se erige como una suerte de Cuarta Persona entre las tres. La imagen de Isis-Sofía proviene de la unión de las imaginaciones de Tauro y Virgo. Como Tauro, la cornuda Isis se relaciona con el Espíritu del Cosmos, es decir, Osiris, el Padre que la fecunda. Como Virgo, es el Alma del Mundo, que lleva en su vientre al Hijo Horus, vengador del Padre Osiris.
En las imágenes que representan tanto a Isis como a Osiris, pueden aparecer los cuernos del Toro: como órganos para percibir el Espíritu Cósmico, simbolizan la transición de la Era de Tauro (era cultural egipcio-caldea) a la de Aries (era cultural grecorromana), una imagen poderosa, especialmente representada en los Misterios de Mitra: el dios solar mata al Toro Cósmico Abudad, dando así comienzo a la Era de Aries, en la que el Espíritu Solar de Cristo viene a consumar el Misterio del Gólgota. El propio Osiris, en su forma final, se fusiona completamente con Apis, convirtiéndose primero en Osarapis y luego en Serapis, de tal manera que el mito de la muerte y resurrección de Osiris y Serapis constituye una anticipación profética del Misterio del Gólgota y de la Resurrección. Tanto Serapis como Mitra marcan el paso de Mikael de Espíritu del Pueblo Judío (Arcángel), por lo tanto bajo la égida de Jehová, al de Espíritu del Tiempo (Archai) bajo la égida de Cristo.
Desde el momento en que el Cristo se aproxima a la esfera terrestre, la imagen del Toro pasa a ser también la del espíritu que se opone a la futura venida del Cristo como Espíritu de la Tierra, volviendo la mirada hacia la antigua Edad de Oro: él es Lucifer. Este es el Becerro de Oro adorado por aquella parte del pueblo hebreo que no quiere aceptar los Mandamientos de Moisés durante la permanencia en el Sinaí. El pecado es aún más grave porque Jehová es el Dios lunar, y en la esfera de la Luna actúa el Espíritu Santo. Por lo tanto, es un «pecado contra el Espíritu Santo». Jehová debía ser internalizado por el pueblo judío, hasta el punto de desarrollar el Yo, de modo que toda representación externa de él solo podía ser luciferica, a diferencia de la imagen interior de la Paloma.
Despúes del Misterio del Gólgota, la relación entre Isis y Osiris se transmite de forma metamorfoseada en el cristianismo esotérico, donde el cuerpo astral purificado adopta el nombre de Sofía y se llena de la Sabiduría Cósmica del Espíritu Santo, mediante la cual alcanza la Iluminación. El mismo Lucifer, que inicia su redención a través del Buen Ladrón en la Crucifixión, se convertirá en el futuro Espíritu Santo, el Consolador, aquel que conduce a la Sabiduría del Hombre, Antropos-Sofía. Él es el guía en la vida después de la muerte, más allá de la esfera solar: es en la Esfera del Sol donde encontramos a Cristo, pero desde esta esfera en adelante, es Lucifer quien nos guiará hasta la Esfera de Saturno y a la Medianoche Cósmica.
Es de la Región de Tauro de donde emanan las fuerzas que formaron la laringe humana en la Antigua Luna. El habla, y por ende el lenguaje, comenzó a expresarse a mediados de la Era Lemuriana, cuando, en la Era de Tauro, la laringe se separó de las gónadas (órganos sexuales), lo que le permitió expresar tonos correspondientes a estados de ánimo, o mejor dicho, al germen del Yo recibido de los Elohim. En el futuro, la laringe se convertirá en el órgano de la reproducción, reemplazando a las gónadas, que se atrofiarán: tal será la condición del Sol incrustado en la Luna Creciente, la humanidad del Grial; y es esta humanidad la que actualmente se está preparando en las Órdenes Esotéricas Occidentales.
4/5 de enero – 12° Noche Santa – Sagitario
Indicación para la duodécima Noche Santa
En la Duodécima Noche, la Corona que hemos obtenido se deposita a los pies de lo Divino, porque, si bien hemos luchado para ganarla, fue la Gracia, la ley divina, quien nos la concedió. Pues la Gracia es el fluir de una fuente que el hombre, con solo fuerzas humanas, es incapaz de alcanzar. Ahora el Principio y el Fin son uno. Tiempo sin espacio y Espacio sin tiempo. ¡Todo es eterno y sagrado ahora! Las fuerzas concentradas y resueltas de Sagitario deben activarse para que puedan acoger el bien espiritual.
Comentario
Comenzamos las Doce Noches Santas iluminados por la Gracia y las concluimos aún en la Gracia. La Corona que hemos forjado no es solo fruto de nuestro esfuerzo individual; es Cristo quien nos dio la Corona de Espinas, reemplazándola por la de Lucifer. En el momento de la Crucifixión, Lucifer está presente en el Buen Ladrón, así como el Mal Ladrón es Ahrimán: « Uno de los malhechores crucificados le insultaba, diciendo: ¿No eres tú el Mesías? Sálvate, pues, a ti mismo y a nosotros. Pero el otro, tomando la palabra, le reprendía, diciendo: ¿Ni tú, que estás sufriendo el mismo suplicio, temes a Dios? En nosotros se cumple la justicia, pues recibimos el digno castigo de nuestras obras; pero éste nada malo ha hecho.’ Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino. El le dijo: En verdad te digo, hoy serás conmigo en el paraíso.» (Lucas 23 39-43)[10].
La relación entre Lucifer y Cristo es la nueva relación establecida entre el cuerpo astral y el Yo, que en Sagitario se representa mediante el cuerpo de un caballo y el torso y la cabeza de un arquero. El cuerpo astral debe reconocer que el Yo es el principio espiritual que preside el Reino Celestial del Paraíso. Cuando Lucifer reconoce sus malas acciones, se ennoblece y sus actos se unen verdaderamente a los de Cristo, pudiendo redimir las obras del Príncipe de Este Mundo, Ahriman.
Cabalísticamente, la Corona, la primera Sefirá, es inalcanzable para el ser humano durante una encarnación física; solo su reflejo, Daath, la Gnosis, puede lograrla. Quien desee alcanzar Kether solo puede hacerlo a costa de perder su cuerpo físico. El adepto debe reconocer con humildad la Gracia como intercesora de toda la obra de las Noches Santas. En Daath reside el Gran Guardián del Umbral, quien al principio se presenta como un juez impasible, pero que, reconocido como el Cristo, corona al adepto con la verdadera Gnosis, convirtiéndose en Maestro. Hemos llegado al momento en que el Principio y el Fin coinciden, son Uno, al igual que la Sefirah Kether. Ahora estamos más allá del espacio y del tiempo, en lo Eterno, donde residen los Arquetipos, antes de dar forma a la Creación. « Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el último, el Principio y el Fin» (Apocalipsis 22:13)[11]. Esta es la Noche Santa que proféticamente anticipa todo el período de Adviento del nuevo año.
Según las indicaciones recibidas por Hahn, la Duodécima Noche Santa marca la llegada de los Reyes Magos para adorar al Mesías del pueblo judío, el Jesús salomónico del Evangelio de Mateo. La Estrella guía a los Reyes Magos ante la presencia del Maestro Zaratustra reencarnado; en su visión clarividente, el Ser se manifiesta como una Estrella que desciende gradualmente hacia la Tierra. Steiner remonta el origen de los Reyes Magos a toda la evolución que precede al Cambio de los Tiempos, indicando que ha llegado el momento de la ascensión espiritual. Gaspar es el mago originario de África y representa la Era Lemuriana; Baltasar proviene de Asia y representa la Era Atlante; y Melchor, de Europa, representa la Quinta Era Post-Atlante. Los regalos de los Reyes Magos representan también las fuerzas del alma de las Eras, así como aquellas que Zaratustra llevará a su plenitud en esta encarnación como el Jesús salomónico: Gaspar trae mirra, que representa la vida espiritual más allá de la muerte, ya que se usa para el embalsamamiento —no es casualidad que los egipcios recapitularan la Era Lemuriana—; Baltasar trae incienso, que representa el sentimiento que asciende a las alturas, ya que los atlantes fueron los primeros en establecer el Culto Solar; Melchor trae oro, que simboliza la inteligencia en el pensamiento, ya que la Quinta Era tiene la misión de desarrollar la mente. Los Reyes Magos, en la consagración de la voluntad, el sentir y el pensar, rinden homenaje a Jesús de Nazaret, quien los guiará a través de la Quinta Era hacia la Sexta, donde todas las acciones serán un acto sacramental.
La virtud de Sagitario es el Control de la Palabra que otorga el Sentido de la Verdad. En este sentido, los Tres Reyes Magos siguen el Sentido de la Verdad, cabalgando desde Oriente sobre dromedarios, siguiendo la senda trazada por el Maestro, el Sabio del Fuego Zaratustra. Así, hemos transitado del Sendero de los Pastores, prefigurado por el Buda Nirmanakaya, de la Recordación del Espíritu, al de los Tres Reyes Magos, de la Visión del Espíritu. Podemos también ver la flecha de Sagitario ascendiendo hacia las alturas celestiales del Monte Capricornio (Primera Noche Sagrada), es decir, el Monte de la Iniciación. En este punto, la Iniciación en las Doce Noches Sagradas se completa; los resultados pueden contemplarse proféticamente en la Decimotercera Noche Sagrada.
Adam Kadmon: Aries
La región de Aries es la fuente del impulso para la formación de la cabeza humana, y en particular de la frente, cuya característica distintiva es la Cruz que cada uno lleva impresa en su rostro. Así como Cristo, en las etapas de la Pasión, cargó su propia cruz hasta el Gólgota, «cada uno tiene su propia Cruz», y esto es lo que se presenta a cualquiera que tenga ojos para ver cuando nos encontramos con los demás, con nuestro prójimo. «Ama a tu prójimo como a ti mismo» significa «Ama la Cruz de tu prójimo como si fuera la tuya», como Simón de Cirene, quien, en la Quinta Estación de la Pasión, cargó la Cruz de Cristo, reconociéndolo inmediatamente por quien Él era.
Desde la región de Aries, los Serafines representan el sacrificio supremo: Metatrón, el Arcángel de Kether, es quien impide que Abraham sacrifique a su hijo Isaac, entregándole en su lugar un carnero cuyos cuernos estaban atrapados en una zarza. Esta imagen prefigura la zarza ardiente que vio Moisés, ya que Aries también es «Agnus», cuya raíz es «Ignis» en latín, o «Agni» en sánscrito, el heroico dios del fuego que cabalga sobre un carnero, mediador entre el hombre y el mundo espiritual.
El Adam Kadmon finalmente se completa. Hemos llegado a la Región de Aries, conectada con el Principio Crístico, el Cordero de Dios. Es en esta Región donde el Cristo entra en el Zodiaco en el momento del bautismo en el Jordán, desde la esfera del Primum Mobile, y aún antes del Nirvana o Ain Soph, donde el Cristo era todavía uno con la Segunda Persona del Hijo. «Este es mi Hijo amado; hoy lo he engendrado», son las palabras de la Voz del Cielo que anuncian el nacimiento del Hijo. La Trinidad, que mora en la Eternidad, genera al Hijo en las esferas de la Manifestación, comenzando por el Primum Mobile, descendiendo luego al Zodíaco, donde Cristo entra en la corriente de la evolución en el espacio y posteriormente en la de los planetas, o del tiempo. La Era de Aries es la Cuarta época cultural Grecorromana, en cuyo punto medio Cristo viene a consumar el Misterio del Gólgota y llevar a la Tierra a una nueva etapa de evolución.
En este sentido, la Epifanía puede considerarse el Bautismo en el Jordán, mientras que en la secuencia de Hahn representa la llegada de los Reyes Magos al Jesús del Evangelio de Mateo. Según el calendario católico, el Bautismo en el Jordán se celebra el primer domingo después de la Epifanía. En la comprensión de Prokofiev y del Adam Kadmon, esta es la Vigilia de la decimotercera Noche Santa, en la cual el Adam Kadmon se completa y la Trinidad está a punto de manifestarse en su totalidad en el ser de Jesús de Nazaret y, a través de Ël, a toda la humanidad con su obra sobre el triple espíritu: Yo Espiritu, Espíritu de Vida y Hombre-Espíritu. El Misterio de la Trinidad se extiende desde la undécima hasta la decimotercera Noche Santa, donde encontramos sucesivamente al Toro/Paloma-Espíritu Santo, al Carnero-Hijo y, finalmente, a la Voz del Cielo-Padre. Es, por lo tanto, en estas tres últimas Noches Santas donde la Trinidad se completa. Por esta razón, después de la duodécima Noche Santa, surge la necesidad de una última decimotercera Noche.
5-6 de enero – 13ª Noche Santa – Año Futuro – Adam Kadmon – Epifanía
Indicación de cierre para las Noches Santas
Lo que hemos comprendido y recibido en las Doce Noches Santas, debemos ahora llevarlo a la práctica y espiritualizarlo, tanto en la materia como en el alma. Las Doce Noches Santas son importantes para la vida y el destino de todo el año. Pueden sembrar una semilla de buena voluntad.
Comentario
La decimotercera Noche Santa demuestra cómo la totalidad de todas las Noches Santas es mayor que la suma de sus partes individuales, un hecho espiritual ya evidente en la existencia de dos secuencias zodiacales: la temporal y la arquetípica. Como principio general, puede decirse que en la ciencia espiritual, el número 13, expresado como 12 + 1, representa la suma de posibles puntos de vista. El número 12 está claramente vinculado al Zodíaco y, por lo tanto, a los sentidos y al cuerpo físico, como expresión de la actividad del Zodíaco en el Antiguo Saturno. Siempre que Steiner menciona el número 12, implica un decimotercero en el centro: en el caso del Zodíaco, se trata del Sol Espiritual, Cristo; pero esto también se aplica al Cristo en el centro de los doce apóstoles, así como al niño que se encarnó como Christian Rosenkreutz, iniciado por los doce místicos.
Estas indicaciones finales se añadieron en la tercera página de las notas de Herbert Hahn. Si bien no señalan una decimotercera Noche Santa, esta nos ha sido transmitida por la tradición del movimiento antroposófico, al igual que el nombre de Noche del Adam Kadmon. Además, las notas finales aluden a una recapitulación general de las Doce Noches Santas, que se presentan como un decimotercer Símbolo-Misterio.
Esta es la Noche del Padre, que corresponde al Nirvana o Ain Soph más allá del Zodíaco, más allá de la Región de Aries, y que en el centro del Zodíaco corresponde al Sol Espiritual, es decir, a Cristo, en quien todos los Signos, siendo la periferia del Cosmos, tienen su centro. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo que procede de ambos forman el Centro Vertical del Cosmos, así como el Yo es el Centro Vertical del hombre, conectándolo con el espíritu trino. En esto consiste la suma de las Doce Noches Santas: la espiritualización de la materia, es decir, el Reino de Ahriman, y del alma, es decir, el Reino de Lucifer. Los buenos propósitos formulados durante estas Doce Noches se manifestarán en el año venidero, como una semilla de la que la evolución espiritual del discípulo en el sendero esotérico puede cultivarse hasta dar fruto. Esto es la Buena Voluntad.
Esta decimotercera Noche Santa, culminación de las doce precedentes, consiste en la Visión Espiritual mencionada en la Piedra Fundamental y, por ende, en el Futuro, cuando el hombre en la Sexta Época Cultural Ruso-Eslava haya alcanzado la Visión Etérica, tal es la Corona de Espinas la cual habiamos ya mencionado, resultado de la victoria sobre la serpiente Luciferica, la Kundalini, a través de la intercesión de Sofía, la Mujer Vestida del Sol, quien aplasta la cabeza de la Serpiente bajo la Luna. A esto le seguirá una visión aún más elevada: la clarividencia del Yo Espiritual, la Imaginación, que se completará únicamente al final, en la Quinta Metamorfosis del Júpiter del Futuro.
Formación del hexagrama y del pentagrama
Finalmente, veamos cómo se forman los dos sellos de las Doce Noches Santas. Así como el Hexagrama es la Estrella del Macrocosmos, es decir, la estrella del alma paradisíaca de Adán, el Jesús nataniano del Evangelio de Lucas, el Pentagrama es la Estrella del Microcosmos, es decir, la estrella de los Reyes Magos, el Ser de Zaratustra encarnado en el Jesús salomónico del Evangelio de Mateo. En efecto, el último día de las Noches Santas, la Epifanía, los Reyes Magos llegan para traer regalos de Oriente, Persia, al Maestro Zaratustra reencarnado. La evolución del Macrocosmos al Microcosmos se completará precisamente en la decimotercera Noche Santa, que es la culminación de ambas series de las Doce Noches Santas. Steiner utilizará el Hexagrama como ejercicio para percibir el cuerpo astral, mientras que el Pentagrama lo utilizará como ejercicio para percibir el cuerpo etérico.
En la biografía, las fuerzas del Macrocosmos, o las fuerzas de los Siete Planetas, se unen sucesivamente para formar los cuerpos físico, etérico y astral del ser humano, en la secuencia que se encuentra en los ciclos de siete años de la biografía humana: Luna, Mercurio, Venus, Sol, Júpiter, Marte, Saturno. Donde la Luna es el planeta más cercano a la Tierra y Saturno el más lejano, según el modelo geocéntrico del Cosmos, o secuencia planetaria oculta. Esta misma secuencia se repite en la vida post mortem del alma, que asciende desde el Mundo Físico-Etérico (Tierra) al Astral (Luna, Mercurio, Venus), al Plano Espiritual Inferior (Sol) y al Plano Espiritual Superior (Marte, Júpiter, Saturno). Una vez formado el Microcosmos, es decir, el ser humano, este debe crecer conscientemente hacia el Macrocosmos, anhelando en su Yo el conocimiento esotérico. Al hacerlo, el Microcosmos se expande nuevamente para abarcar el Macrocosmos, esta vez en un estado consciente.
Al alcanzar la Medianoche Cósmica, el Yo, en consonancia con las Jerarquías, planifica una nueva encarnación, según las experiencias previas de los cuerpos físico, etérico y astral inscritas en el Yo mismo. Estos son los cuadros de vida que quedarán grabados en el futuro de la nueva encarnación. Tras alcanzar el Mundo Astral, el Yo se envuelve en el cuerpo astral; posteriormente, al alcanzar la Región Etérica de la Tierra, se envuelve en el cuerpo etérico; y finalmente, tras elegir a sus padres en el plano físico, establece las condiciones para su propio cuerpo físico.
Cada Adviento, se recapitulan todas las vidas anteriores, junto con todos los proyectos trazados por el Yo durante la vida post-mortem, de modo que, al llegar la Octava Noche Santa de Leo, se pueda infundir un nuevo impulso a la evolución. Esta es la semilla de las Doce Noches Santas, que señalan el camino tanto después de la muerte como en la próxima encarnación.
Notas al texto
[1] En la traducción italiana de la Piedra Fundamental, el verso de la segunda parte dice:
Anima umana!/Tu vivi nel battito del cuore e dei polmoni, /che col ritmo del tempo / guida te a sentire la tua anima:/esercita riflettere in spirito/ nell’equilibrio dell’anima, /dove le fluttuanti/ azioni del divenire universale / il proprio io / all’io del cosmo /riuniscono;/e veramente tu sentirai / nell’operare dell’anima umana.
En la versión en español es traducido como Contemplar o contemplación
[2] Ver artículo del autor: I sette grandi Rishi. https://www.pleroma.uno/post/i-7-santi-rishi
[3] Ver articulo del autor: La legge di ricapitolazione cosmica. https://www.pleroma.uno/post/la-legge-di-ricapitolazione-cosmica
[4] Ver artículo del autor: Le 7 Metamorfosi della Terra. https://www.pleroma.uno/post/le-7-metamorfosi-della-terra
[5] Sagrada Biblia, versión Nacar-Colunga
[6] Ver Sexta Noche Santa
[7] Sagrada Biblia, versión Nacar-Colunga
[8] Sagrada Biblia, versión Nacar-Colunga
[9] Ver artículo del autor: I 3 Logoi della Santissima Trinità. https://www.pleroma.uno/post/i-3-logoi-della-santissima-trinit%C3%A0
[10] Sagrada Biblia, versión Nacar-Colunga
[11] Sagrada Biblia, versión Nacar-Colunga
Traducido del texto original en italiano con el permiso expreso del autor, Giorgio Tarditi Spagnoli:
Le 13 Notti Santi. Seconda Parte: 1–6 gennaio
(Hacer click sobre el título para ir al artículo original)
Traductor: Carlos Andrés Guío
Acerca del autor
Giorgio Tarditi Spagnoli
Es un investigador independiente que trabaja en el campo de la antroposofía. Nació en 1982 en Sestri Levante, Italia. Se graduó en Ciencias Naturales en la Universidad de Génova, y obtuvo un máster en Paleobiología en la Universidad de Milán y en Biología Evolutiva en el Imperial College de Londres. Realizó un doctorado en Ciencias de la Educación en la Universidad de Milán-Bicocca y se graduó en Naturopatía y Counselling en la Asociación Europea de Medicina Tradicional de Turín. Trabaja como naturópata, terapeuta floral y asesor biográfico, y da charlas sobre antroposofía y esoterismo occidental.
Entre los aspectos centrales de su trabajo esotérico se encuentran el Servicio de Misraim, con sus rituales y su historia; la Rosacruz; las jerarquías espirituales; la sanación esotérica; y el trabajo biográfico..
Es el fundador del proyecto «Pleroma Antroposofia», con el que realiza difusión de los conocimientos esotéricos de diversas formas.
Entre sus libros se encuentran: Cabala e antroposofía, Il libro di Gaia, Le Tredici Notti Sante e il Natale Antroposofico, Indicazioni per la meditazione del Padre Nostro, Viatico della meditazione, Diario del discepolo, L’Osservazione Goethiana.