Adviento es ad-venir, prepararse para la llegada de algo único, de un hecho trascendente… El tiempo de Adviento son cuatro semanas de preparación para la Navidad, que inicia para éste 2025, el próximo domingo 30 de Noviembre. Una época para irse adentrando en uno mismo, para encontrar la Luz espiritual que cada ser humano alberga dentro de sí, hasta llegar al nacimiento de Jesús, quién representa el nacimiento de esa luz interior, el encuentro con la propia luz del Alma.
A continuación publicamos un artículo escrito por el antropósofo italiano Giorgio Tarditi Spagnoli, el cual contiene las indicaciones dadas por Rudolf Steiner a Herbert Hahn como guía de ejercitación interior para cada una de las semanas del Adviento, seguidas de un comentario por el autor.
“El Adviento es el período de prueba del alma antes de que el despertar del Yo pueda realizarse: el alma sufre los dolores del parto esperando el nacimiento del niño divino, el Yo.(….) . El Adviento predispone al alma del ser humano a experimentar con mayor conciencia las Doce Noches Santas”[1].
Introducción
A continuación se presenta una traducción de las instrucciones que dió Rudolf Steiner a su alumno Herbert Hahn[2] para las Cuatro Semanas de Adviento[3]. Le siguen mis comentarios esotéricos sobre las instrucciones, así como un comentario sobre las Imaginaciones para los Ángeles del Adviento, según Soline y Pierre Lienhard.
Estas reflexiones son fruto de las meditaciones realizadas durante las cuatro semanas de Adviento y las Doce Noches Santas. También se las conoce como las Trece Noches Santas, y veremos por qué.
Preparándonos para el Adviento
Durante el Adviento, es importante prepararnos en nuestra vida diaria para la llegada de la Nochebuena, la Navidad y las Noches Santas en general. Esto se hace encendiendo las velas de Adviento. El orden de las cuatro velas depende del color de los ángeles del Adviento, de los cuales son símbolos. Las velas se encienden cada mañana y se apagan cada noche hasta la Nochebuena. Suelen colocarse en una bandeja o una corona de abeto, adornada con otros símbolos navideños (adornos rojos y blancos, etc.).
- Primera semana de Adviento: Vela azul
- Segunda semana de Adviento: Vela Roja
- Tercera semana de Adviento: Vela Blanca
- Cuarta semana de Adviento: Vela Violeta
Los ángeles del Adviento se alternan, uno tras otro, sumándose el ángel anterior al de la semana siguiente, de modo que al comienzo de la cuarta semana de Adviento, las cuatro velas estarán encendidas simultáneamente. Las cuatro velas del Adviento pueden estar ya presentes, pero deben encenderse en orden. Se pueden colocar cuando se decora el árbol de Navidad y se monta el pesebre, idealmente durante la primera semana completa de diciembre (que en la tradición católica corresponde a la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, el 8 de diciembre).
Se anotan brevemente, en un diario ordenado cronológicamente, todas las impresiones recibidas durante las cuatro semanas de Adviento.
Para la temporada de Adviento
Para el buscador de la luz, las resistencias que encuentra en la vida deben ser una piedra de toque especial en el tiempo de Adviento. Él tiene siempre que esforzarse en conseguir desligar la persona de la cosa, pues el sufrimiento y las dificultades son enviadas como pruebas, y las personas a través de las cuales nos acontecen las dificultades, son sólo herramientas para ello.
Debemos involucrarnos en cada situación con tranquilidad y permanecer serenos, sin perdernos en éstas. El contenido del gran anhelo de éste tiempo es incorporar lo Divino (estado de nacimiento), y no experimentar lo Divino sólo en condiciones excepcionales.
Todo lo que está unido con eso que constituye la personalidad temporal (terrena), debemos apartarlo. Tenemos que estar frente a los otros con la completa apertura del niño, completamente relajados (distendidos, despejados).
Tenemos que dejar fuera todo lo que es murmurado y opinado, discusión, enojo (irritación), todos estos lastres.
Antes de cada gran celebración existe la ocasión de vencer algo dentro de uno mismo. El Sacrificio!
Rudolf Steiner
Comentario[4]
El sacrificio, la «acción sagrada», es eso que el impulso espiritual antroposófico realiza según el método científico-espiritual: la comprensión del Mal, su transmutación y redención. Esto se relaciona directamente con el impulso rosacruz, así como con el impulso maniqueo. El impulso rosacruz, que opera en la transición entre la Cuarta Época del Alma Racional-Emotiva y la Quinta Época del Alma Consciente, alrededor del año 1400, trabaja en la espiritualización de la voluntad y, por ende, en la redención de la materia, mediante la alquimia; mientras que el impulso maniqueo operará en la transición entre la Quinta Época del Alma Consciente y la Sexta Época del Yo Espiritual, trabajando en la comprensión del Mal, que es también el Camino del Grial. El impulso antroposófico abarca el impulso rosacruz y anticipa el maniqueo.
Quien desee adoptar una actitud de introspección propia del Adviento debe dejar de lado temporalmente su propia personalidad para descubrirse nuevamente como niño. «Dejad que los niños vengan a mi y no se lo impidáis; porque de los que son como éstos es el Reino de Dios» (Lucas 18:16)[5], en cuanto La Luz que brillará en la noche más oscura es también la Estrella de los Reyes Magos, el Yo de Zaratustra, que se revelará en el Jesús del Evangelio de Mateo en su nacimiento en el Templo el 6 de enero hasta la Epifanía, cuando se completará el ciclo de las Doce Noches Santas en la decimotercera noche. En el solsticio de invierno, el 21 de diciembre, tiene lugar el día más corto del año, cuando las fuerzas del Sol físico están en su punto más bajo, mientras que las de la oscuridad, es decir, de la materia, están en su punto más alto. Este día se anuncia ya el 13 de diciembre, cuando se celebra a Santa Lucía “el día más oscuro que existe”, dado que la percepción de la oscuridad se agudiza del 13 al 21 de diciembre.
Sin embargo, mientras el Sol físico se encuentra en su punto más bajo, es el Sol Espiritual el que está en su apogeo, brillando en el corazón de la Tierra, es decir, en el corazón mismo de la materia. En virtud del axioma hermético «como es arriba, es abajo», el elemento divino, la Luz del Sol Espiritual que brilla en la hora más oscura, viene a habitar el alma humana encerrada en el cuerpo físico. «Os aseguro que si no cambiáis y os haceis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos» (Mateo 18:3)[6]. El hacernos como niños nos predispone a captar el destello espiritual que se enciende durante este tiempo de Adviento. Cuanto mayor es el Mal, más densa es la oscuridad material, y más filtrará la luz del Sol físico, traduciéndose paradójicamente en un pulso de la Luz más poderosa del Sol Espiritual. El Adviento predispone al alma humana a experimentar las Doce Noches Santas con mayor consciencia.
Instrucciones para Navidad
Gracia. Adviento, la luz que llega para iluminar a todos en la oscuridad de la noche. La tierra se ha vaciado por completo, la vida se ha retirado. La tierra es como una cáscara vacía. Toda la savia del reino vegetal se ha retirado. Todo se prepara para recibir lo Divino.
Rudolf Steiner
Comentario
El estado al que el esoterista debe aspirar durante este período es la «Gracia». La oscuridad profunda lleva a la Tierra a un estado en el que su alma, el Anima Mundi, se concentra hacia el Centro Terrestre. La respiración de la Tierra se encuentra ahora en el punto álgido de su fase de inhalación; la Tierra contiene la respiración. Esta respiración se exhalará por completo durante la estación polar, en el solsticio de verano. El resultado es que la Naturaleza yace como muerta bajo un manto de nieve misericordiosa, es decir, luz estelar solidificada (nótese el arquetipo del Hexagrama tanto en la luz estelar como en el copo de nieve). Esta respiración de la Tierra, su Alma, se concentra enteramente alrededor del Centro Terrestre, donde reside el Ser Crístico. Los jugos vegetales, portadores de la fuerza vital, lo etérico, se concentran hacia las raíces y, por lo tanto, también hacia el centro de la Tierra.
Los yo grupales de las especies vegetales también residen en la Tierra, hacia su centro, de modo que los cuerpos etéreos de la Tierra y de la humanidad se encuentran en un estado de gracia, listos para recibir las impresiones del Sol Espiritual. Esta quietud fisiológica, presente en toda la naturaleza con sus seres vivos, deriva de la quietud del cuerpo etérico de la Tierra, del reino vegetal y, por extensión, de los reinos animal y humano. Se traduce en una quietud expectante, propia del Adviento. El cuerpo etérico se ve menos estimulado por las impresiones físicas, y así los sentidos físicos se retraen. Los seres humanos se vuelven capaces de percibir el mundo espiritual con mayor intensidad, a partir de Halloween (31 de octubre), el Día de Todos los Santos (1 de noviembre) y el Día de los Fieles Difuntos (2 de noviembre). Sin embargo, es solo en el punto más frío y oscuro del invierno cuando se difumina la frontera entre los mundos suprasensibles y el mundo físico.
Primera semana de Adviento
En la primera semana de Adviento, debe el ser humano, tras una larga lucha interior, madurar, para estar dispuesto al sacrificio, a servir y amar. Debe observarse a si mismo con la mirada interior y vivir cada día como la celebración del anhelo del nacimiento. La consagración de la celebración es: «Me dedico al ministerio del Espíritu que ha de nacer en mí». Los pensamientos se dirigen a Cristo que nace en el hombre.
Rudolf Steiner
Comentario
En este día, la Luz Espiritual desciende de las alturas cósmicas para morar entre la humanidad: la Luz Espiritual anhela nacer y adoptar forma humana, proceso que solo se consumará con el Bautismo en el Jordán, celebrado el primer domingo después de la Epifanía, el 6 de enero. El ojo interior se abre con mayor facilidad. Así como el cuerpo etérico de la Tierra se prepara para recibir el Sol Espiritual, el cuerpo etérico humano puede experimentar percepciones clarividentes del Mundo Etérico durante la vigilia y sueños más intensos al sumergirse en el Mundo Astral durante el sueño. Esta experiencia de los mundos suprasensibles, sin embargo, no debe entenderse como algo que se deba retener egoístamente, sino que debe convertirse en un «Ministerio del Espíritu», para que el esoterista se convierta progresivamente en un representante más fiel de la fuerza crística que sana y vivifica el alma humana.
El sentimiento de esperanza que surge en el alma del esoterista anuncia la transformación del cuerpo físico en un cuerpo de esperanza, la virtud de la Esperanza. La primera semana de Adviento está, por lo tanto, ligada a la Voluntad y las fuerzas del Padre.
Ángel Azul
El Ángel Azul es el ángel asociado a la imaginación de la Primera semana de Adviento: es el ángel del Silencio. El recogimiento en silencio, tanto interno como externo, permite que el bullicio del mundo físico se aquiete y predispone al cuerpo etérico a un estado de mayor receptividad. Esta imaginación encierra el secreto del Iniciado en los Misterios, quien debe guardar silencio sobre su experiencia individual para continuar en el camino iniciático, pudiendo compartir únicamente sus frutos, es decir, los efectos anímicos de aquella que es la verdadera y propia causa espiritual.
El azul es el color del elemento tierra en el plano espiritual; se asocia con Saturno y, por lo tanto, con el Antiguo Saturno[7], donde el Sacrificio de los Tronos dio origen a la semilla del cuerpo físico. Es también el color de las profundidades cósmicas.
Segunda semana de Adviento
El ser humano comienza a buscar y, en su búsqueda, siente que es incapaz de hacer nada solo. Así pues, prepara su corazón para que lo Divino more en él, pues al prescindir de lo negativo, hay espacio para lo Divino.
Rudolf Steiner
Comentario
El esoterista siente que sus fuerzas anímicas y espirituales, por muy entrenadas que estén, pueden alcanzar cierto nivel de comprensión y clarividencia, pero que, llegado a un punto, para poder avanzar, debe entrar en un estado de devoción necesario para recibir la Luz Espiritual. Podemos imaginar el Mal como una cristalización de la personalidad, del yo inferior, que ocupa el espacio que debería albergar lo Divino en el ser humano. Cuando logramos disolver estas concreciones egoístas, creamos un espacio vacío. Iluminar la oscuridad significa crear un vacío de lo que está adherido a la materia, de lo que está oscurecido por ella, en nuestra alma. La materia no es sino luz condensada en oscuridad. Esta oscuridad puede ser explorada por el esoterista, pero solo hasta cierto punto: durante este período, la oscuridad que llena el espacio proviene del Cosmos mismo, de modo que el mundo viviente, especialmente el mundo vegetal, se concentra hacia el Centro de la Tierra, formando el vacío necesario para que la Luz Espiritual se manifieste.
Cuando todo es perdonado, el cuerpo etérico se convierte en el cuerpo del amor, la virtud omniabarcante del Amor (o Caridad). El esoterista debe seguir este proceso para que el cuerpo etérico pueda, en el futuro, convertirse en el cuerpo del amor. La Segunda Venida está, por lo tanto, vinculada con el Sentiry las fuerzas del Hijo.
Ángel Rojo
El Ángel Rojo es el ángel asociado a la imaginación de la Segunda semana de Adviento: es el ángel del Amor. Él recoge el amor en una cesta tejida con rayos de sol, depositando solo ese amor puro, que luego es transformado en luz estelar por ángeles y las almas de los difuntos. Esta imaginación alude al Misterio del Mercurio, que en las condiciones ambientales actuales se encuentra en estado líquido. Así como el oro se solidificó cuando la sabiduría se hizo posible para los seres humanos, el mercurio se solidificará cuando el amor desinteresado llegue a ser una posibilidad real para el ser humano. Cristo hará posible esta poderosa transmutación alquímica, para que la Tierra pueda convertirse en una Estrella.
El rojo es el color del elemento sangre, vehículo del Yo, que es la fuente tanto del egoísmo como del amor. El rojo es, por tanto, la individualidad. Esta esencia animal, una vez purificada mediante el sacrificio del egoísmo personal, se torna como una esencia vegetal, es decir, perfectamente transparente. Es en el Antiguo Sol[8] donde surge el reino vegetal, del mismo modo que el Sacrificio de las Dominaciones plasma el germen del cuerpo etérico.
Tercera semana de Adviento
El ser humano busca la verdadera realidad que reside en el Espíritu. La clave del Espíritu y de todo conocimiento espiritual es el sacrificio. La Voz del Silencio dice: «No quiero herir a nadie, quiero perdonarlo todo».
Rudolf Steiner
Comentario
Aquí se revela aquello que el hombre anhela, y que solo quienes han recorrido los senderos angostos del sacrificio pueden encontrar: el Espíritu. Hacer lo sagrado es crear espíritu, incluso donde aparentemente no lo hay. Cristo exhorta a sus discípulos a admirar el cadáver del perro al borde del camino porque sus dientes, perfectamente blancos, resplandecen en su mandíbula. De este modo, incluso aquello que nos ofende, como el cadáver del perro, se convierte en fuente de transmutación. Sacrifico mi dolor, aquello que hace especial a mi alma, para perdonar a quien me ha causado mal.
El ser humano puede ahora contemplar el fruto del Silencio que penetra desde el mundo exterior hasta su alma, así como la disposición a dar. Se contempla sobre los efectos de las dos primeras semanas. El esoterista percibe cómo el cuerpo astral se impregna de la virtud de la Fe, prefigurando el cuerpo de la fe. La tercera semana de Adviento se vincula, por tanto, con el Pensar y las fuerzas del Espíritu Santo.
Ángel Blanco
El Ángel Blanco es el ángel asociado a la Imaginación de la Tercera semana de Adviento: es el ángel de la Iluminación. Quienes habían entregado su amor al Ángel Rojo ahora reciben la calidez de un rayo de sol que el Ángel Blanco porta como una lanza. La Iluminación de este ángel trae consigo una visión interior del niño que ha de nacer. Ahora, todos aquellos cuyo amor se había transformado en luz estelar lo reciben de nuevo en forma de calor del alma.
El blanco es el color del cuerpo astral purificado. Es en la Antigua luna[9] donde el Sacrificio de las Virtudes forma la semilla del cuerpo astral del hombre. La Luna Llena, con su color plateado, es el espejo del cosmos que permite que la luz del Sol llegue a la Tierra incluso de noche: su blancura indica el grado de imitación del Sol, que en el hombre equivale, para el alma, a la Imitatio Christi. Así como la Luna se convierte en un espejo puro, el alma se dispone a acoger al Sol del Espíritu.
Cuarta semana de Adviento
El ser humano ha encontrado el camino y se prepara para recorrerlo. Esto requiere dominio del cuerpo terrenal. Solo entonces podrá el Hijo de Dios despertar en su interior. La aspiración en este tiempo es hacer visible el Reino de Dios a través de nosotros mismos, mediante nuestra actitud y nuestro trabajo en el mundo. Somos portadores de este eterno Reino Espiritual. Las etapas del Adviento son niveles de conciencia del alma.
Rudolf Steiner
Comentario
Para lograr el dominio consciente[10] del cuerpo terrenal, es decir, el cuerpo físico repleto de materia elemental, es necesario que todos los cuerpos hayan sido dominados en las semanas previas. Solo así es posible acercarse a las Doce Noches Santas con una conciencia elevada del Ser. De este modo, se preparan las condiciones para la manifestación de las fuerzas de Cristo: es el ser humano, y solo el ser humano, quien puede convertirse en el portador consciente de Cristo en la Tierra, «Cristóforo[11]», transmutando la Tierra, incluso en su componente material y oscuro, redimiendo el Mal, transmutando la materia, en el futuro Reino espiritual. Así, el tiempo de Adviento se convierte en la evolución del alma humana hacia la conciencia espiritual.
El esoterista ha sentado ahora las bases para la comprensión consciente de lo que está por venir, y es así como el Yo finalmente abre los ojos al mundo espiritual.
Ángel Violeta
El Ángel Violeta es el ángel asociado a la Imaginación de la Cuarta semana de Adviento: es el ángel de la Paz. El Ángel Violeta toca una lira, con la cual canta el mensaje de Dios, que puede traducirse como el Gloria in Excelsis Deo, «Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad», es decir, paz para aquellos que han emprendido activamente el camino espiritual que conduce a la plena conciencia del Yo. Quienes han tenido ojos para ver (conocimiento imaginativo) ahora tendrán oídos para oír (conocimiento inspirativo), lo que les permitirá percibir también lo que se revela durante las Doce Noches Santas en forma de mensajes del mundo espiritual. El canto es una promesa del retorno de la Tierra al estado de Paraíso, que tendrá lugar en el futuro Júpiter.
El violeta es el color de la devoción: es la unión del rojo de la individualidad humana, el microcosmos, con el azul del cosmos, el macrocosmos. Hemos llegado a la última semana de Adviento, situándonos así en el umbral del Gran Misterio que se recapitula en la Tierra cada año. Recordamos que el Espíritu Solar desciende del espacio cósmico y viene a morar entre los hombres. Jesús de Nazaret nace y se prepara para convertirse en Cristo en el Bautismo del Jordán. El Ser individual nace en el hombre, su conciencia se agudiza. Los hombres de buena voluntad son los más dispuestos a acoger esta expansión de la conciencia y, superando el sufrimiento, ver la Luz que yace oculta en su interior.
Esquema general de las cuatro semanas de Adviento
Conclusión
Pero si antes de la Nochebuena, el 24 de diciembre, era posible para el esoterista trabajar con la ayuda de los Maestros de la Sabiduría, ahora, durante las Trece Noches Santas, esto ya no es posible. Las grandes almas (Mahatmas) de los Maestros de la Sabiduría se retiran al Oriente, regresando solo a partir del 7 de enero. Este «Oriente» no tiene nada que ver con el mundo oriental, sino que significa que los Maestros regresan al Oriente Eterno, esa fuente espiritual de la que brotan todas las manifestaciones del Día Cósmico (Manvatara), o se retiran a la Noche Cósmica (Pralaya). Es en éste sentido que los Reyes Magos, los Tres Sabios, parten siguiendo la Estrella de Oriente: siendo los Magos iniciados por Zaratustra, siguen mediante la clarividencia al Yo de su maestro, quien desde el Oriente Eterno regresa para morar entre los hombres, encarnándose en el Jesús del Evangelio de Mateo, o el Jesús Salomónico.
Esta es, en cambio, la época del año propicia para la oración y la meditación, recordando el camino de Abel. De hecho, en la comunidad de cristianos[12], el Acto de Consagración del Hombre[13] se celebra en cada una de las Noches Santas. Si, por alguna circunstancia absurda, invocáramos a los Maestros en una de las Doce Noches Santas, nuestro sacrificio sería en vano y, paradójicamente, tendría el efecto contrario. Esto se debe a que los Maestros no pueden delegar el acto de servicio a los Arcángeles. Steiner, de hecho, no impartió clases en la Escuela Esotérica durante este período. El cosmos entero está en suspenso, aguardando su venida.
Veremos que las Doce Noches Santas representan tanto el período posterior a la muerte (del 24 al 31 de diciembre), como el descenso del Ser a una nueva encarnación (del 1 al 6 de enero), y una Decimotercera Noche que anticipa todo el año. Así, las Cuatro Semanas de Adviento representan, de forma condensada, la vida del hombre, encarnación tras encarnación, en su desarrollo desde los cuerpos físico, etérico y astral hasta alcanzar el Yo, un acontecimiento que se consumará tan solo una semana después de la Epifanía, con la recapitulación del Bautismo en el Jordán. El 24 de diciembre, día en que se celebra a Santa Eva y San Adán, nos encontramos, por tanto, en el umbral de la Muerte a manos de Ahriman, que sigue a la Expulsión del Paraíso a manos de Lucifer.
Notas al texto
[1] De la conferencia dada por el autor el 28 de Noviembre de 2020. El video de la conferencia puede encontrarse en Youtube en el enlace a continuación:
https://www.youtube.com/watch?v=3cjyKMzFGyI
[2] Herbert Hahn (1890-1970). Fue miembro del círculo esotérico juvenil, el cual fue fundado en el año de 1922 con el acompañamiento de Rudolf Steiner. Desde el año 1919 en adelante fue docente en varias asignaturas de la primera escuela Waldorf
[3] N.T. En el original el autor aclara que se trata de una primera traducción al italiano de estas indicaciones dadas a Herbert Hahn.
[4] Todos los comentarios a continuación por Giorgio Tarditi Spagnoli.
[5] Biblia de Jerusalén. Nueva edición manual. Desclee de Brouwer
[6] Ibid
[7] Según Rudolf Steiner, el principio de la reencarnación es universal y se aplica no solo a los individuos, sino también a mundos enteros. En su libro Ciencia Oculta, Steiner describe las fases evolutivas de la tierra, en un total de siete encarnaciones planetarias secuenciales, que se separan por periodos denominados Pralayas. Tres encarnaciones planetarias ya pertenecen al pasado y las denomina Antiguo Saturno, Antiguo Sol y Antigua Luna. Nuestra Tierra actual es la cuarta etapa en este desarrollo. En el futuro seguirán tres encarnaciones más: el Nuevo Júpiter, la Nueva Venus y el llamado Vulcano. El “Antiguo Saturno” es la primera etapa de la evolución de la Tierra, una fase puramente calórica donde nuestro sistema planetario consistía en una esfera de calor. En esta etapa, se formó la base del cuerpo físico humano y se sentaron las bases para el desarrollo de la consciencia, con la actividad de jerarquías espirituales llamadas Espiritus de la voluntad o Tronos.
[8] Ver nota anterior. Segunda fase evolutiva de la tierra.
[9] Ver nota anterior.
[10] Padronanza en el original italiano.
[11] Hace referencia a la leyenda de San Cristóbal de Licia, un hombre corpulento y robusto, quién se había convertido al cristianismo gracias a la enseñanza de un ermitaño, y que tenía como oficio, después de su conversión, el ayudar a la gente a cruzar un rio sobre sus hombros. Un día un niño misterioso le pidió que lo ayudara a cruzar. Lo hizo, pero a medida que se adelntraba en la corriente, el niño se hacía cada vez más pesado. Cristobal preguntó: “¿Quién eres, Niño, que pesas tanto que parece que llevo el mundo entero sobre mis hombros?”, a lo que le contestó el niño: “Has encontrado al rey que creó el mundo y mantiene el cosmos, me has servido en las obras piadosas, cuando ayudabas a los pobres a pasar el río, porque cuando los ayudabas a ellos me ayudabas a mí. Peso más que el mundo entero, pues soy el creador del mundo. Yo soy Cristo. Me buscabas y me has encontrado. Desde ahora te llamarás Cristóforo, Cristóbal, el portador de Cristo”.
[12] La Comunidad de Cristianos es un movimiento de renovación religiosa fundado en el año 1922 por estudiantes de teología con la ayuda de Rudolf Steiner. Es un movimiento independiente de la antroposofía, y también libre de afiliaciones de otras iglesias. Su objetivo es ofrecer un espacio para la búsqueda espiritual y la renovación de la vida religiosa, reconociendo la libertad individual y la validez de las diferentes formas de entender la vida espiritual, sin imponer dogmas ni una única fe
[13] El Acto de Consagración del Hombre o “la misa renovada” es el Sacramento que se realiza con más regularidad dentro de la Comunidad de Cristianos.
Traducido del texto original en italiano con el permiso expreso del autor, Giorgio Tarditi Spagnoli:
Le 4 Settimane d’Avvento (Hacer click sobre el título para ir al artículo original)
Traductor: Carlos Andrés Guío
Acerca del autor
Giorgio Tarditi Spagnoli
Es un investigador independiente que trabaja en el campo de la antroposofía. Nació en 1982 en Sestri Levante, Italia. Se graduó en Ciencias Naturales en la Universidad de Génova, y obtuvo un máster en Paleobiología en la Universidad de Milán y en Biología Evolutiva en el Imperial College de Londres. Realizó un doctorado en Ciencias de la Educación en la Universidad de Milán-Bicocca y se graduó en Naturopatía y Counselling en la Asociación Europea de Medicina Tradicional de Turín. Trabaja como naturópata, terapeuta floral y asesor biográfico, y da charlas sobre antroposofía y esoterismo occidental.
Entre los aspectos centrales de su trabajo esotérico se encuentran el Servicio de Misraim, con sus rituales y su historia; la Rosacruz; las jerarquías espirituales; la sanación esotérica; y el trabajo biográfico..
Es el fundador del proyecto «Pleroma Antroposofia», con el que realiza difusión de los conocimientos esotéricos de diversas formas.
Entre sus libros se encuentran: Cabala e antroposofía, Il libro di Gaia, Le Tredici Notti Sante e il Natale Antroposofico, Indicazioni per la meditazione del Padre Nostro, Viatico della meditazione, Diario del discepolo, L’Osservazione Goethiana.