Las Trece Noches Santas – Primera parte

La Luz del Mundo

William Holman Hunt (1851–1853)

A continuación publicamos la primera parte del texto “Las Trece noches Santas” del antropósofo italiano Giorgio Tarditi Spagnoli, el cual contiene las indicaciones dadas por Rudolf Steiner a Herbert Hahn como guía de ejercitación interior para cada una de las Noches Santas, seguidas de un comentario por el autor.

Esta primera parte abarca las noches del 24 al 31 de diciembre.

Introducción

A continuación de las instrucciones relativas a las Cuatro semanas de Adviento (ver publicación anterior) le siguen las indicaciones que Rudolf Steiner dio a su alumno Herbert Hahn para trabajar esotéricamente durante las Doce Noches Santas[1].

Existen esencialmente dos versiones de las secuencias de meditaciones zodiacales que se practican actualmente en el movimiento antroposófico durante las Noches Santas: 1. La versión de Herbert Hahn, que proviene directamente de una conversación esotérica sostenida por éste con Rudolf Steiner; 2. La versión de Sergei O. Prokofieff, resultado de una reelaboración de las indicaciones cristológicas de Steiner.

Ambas secuencias poseen un profundo significado, que se revela especialmente al compararlas. No son mutuamente excluyentes, sino que describen el proceso desde dos perspectivas complementarias.

En general, podemos decir que la versión de Hahn sigue la secuencia zodiacal de la anticipación del año por venir, es decir, desde Capricornio en enero hasta Sagitario en diciembre. Esta es esencialmente la secuencia de la encarnación, que comienza en Capricornio y concluye en Sagitario; mientras que la versión de Prokofiev sigue la secuencia zodiacal de la corriente de la excarnación, es decir, desde Piscis hasta Aries. En esencia, la secuencia de Hahn está vinculada al ciclo del año vivido como una experiencia iniciática, es decir, a la sacralidad del Tiempo; mientras que la de Prokofiev está vinculada a la constitución oculta de doce miembros, que comprende las diez Jerarquías Espirituales, ascendiendo desde el hombre hasta los Serafines, culminando en la Trinidad, con el Espíritu Santo y el Hijo, siendo el Padre el decimotercero. La descripción de la anatomía celestial del Adam Kadmon, la melodía zodiacal, sigue de cerca las meditaciones de Prokofiev.

Cuando Prokofiev escribió su libro sobre las Noches Santas (1986), desconocía las indicaciones dadas a Hahn (redescubiertas recién en el año 2013) y se basó en la secuencia cósmica de la constitución oculta del Adam Kadmon, la cual, sin embargo, no guarda relación con la predicción del año siguiente. Esto solo es posible con la secuencia directa de Steiner a Hahn. La secuencia de Prokofiev tiene valor cósmico; la de Hahn, valor temporal.

Herbert Hahn era maestro en una escuela Waldorf y discípulo esotérico de Steiner, miembro del Círculo de Jóvenes. Steiner le encomendó la tarea de introducir las “Lecciones de Educación religiosa cristiana libre”  en la escuela Waldorf para niños sin afiliación religiosa, así como el Servicio Dominical, que consistía en una liturgia renovada y adaptada para la escuela. Hoy en día, muchos lectores de las “Indicaciones Esotéricas para Navidad” no reconocen las palabras y expresiones habituales de Steiner. En cierto sentido, esto es cierto. En efecto, debemos tener en cuenta que estas indicaciones se dieron en el contexto de una conversación esotérica: es bien sabido que Steiner no permitía a sus discípulos esotéricos tomar notas durante las conversaciones y lecciones, sino solo escribir lo que recordaban. Por consiguiente, las indicaciones que leemos no son las palabras textuales de Steiner, sino las de Hahn, las palabras que recordaba de aquella conversación alrededor de 1920.

Ahora bien, no debemos caer en la tentación de excluir una u otra secuencia, etiquetando una como «correcta» y la otra como «incorrecta». Los caminos del mundo espiritual son infinitos. Es necesario comprender que el esoterismo es una enseñanza viva que no puede reducirse a un sistema rígido e inerte. En el esoterismo, coexisten todos los puntos de vista: este es el mensaje de Steiner y de la ciencia espiritual. Las perspectivas de Hahn y Prokofiev, por lo tanto, tienen funciones diferentes y pueden contemplarse simultáneamente en distintos niveles.

En cualquier caso, si uno quiere referirse directamente a la obra de Steiner o si está interesado en los sueños proféticos, entonces puede concentrar sus meditaciones únicamente en la secuencia transcrita por Hahn, que comienza con Capricornio como predicción para el mes de enero del año siguiente, hasta la noche de Sagitario con el mes de diciembre.

Por “noche” entendemos desde la puesta del sol del día anterior hasta el amanecer del día siguiente, comenzando a partir de la Noche Santa del 24/25 de diciembre, cuyo umbral se habrá alcanzado en la conciencia a través del proceso descrito en el texto sobre las Cuatro semanas de Adviento.  Cada noche trae consigo un Símbolo y un Misterio, que son la clave para la meditación de la Noche Santa en cuestión.

A las Doce Noches Santas se añade una decimotercera noche, que, aunque no está presente en los escritos originales de Hahn, ha llegado al movimiento antroposófico a través de la tradición oral, si bien con diferentes matices y, en cierto sentido, también implícita en la versión de Prokofiev.

Esquema general de las dos secuencias de las Noches Santas

También meditaremos sobre las Virtudes Zodiacales descritas por Madame Blavatsky y posteriormente confirmadas por Steiner, junto con los poderes que resultan de la práctica de cada Virtud. Cabe señalar, sin embargo, que las Virtudes no son cualidades innatas del signo zodiacal, sino aquellas cualidades del alma que surgen de la sublimación de los rasgos de carácter típicos del signo. Estas Virtudes Zodiacales están conectadas con la secuencia zodiacal de Hahn, y las indicaciones de Steiner están íntimamente ligadas a la secuencia temporal del ritmo anual, con la sucesión de los meses.

Las virtudes del zodíaco en orden de signo

Lo que soñamos durante las Noches Santas representa el significado espiritual de lo que ocurrirá en nuestra vida diaria durante el mes correspondiente del año siguiente, a partir de enero (Capricornio). Por lo tanto, es importante estar plenamente despiertos durante el día para prepararnos para la Noche Santa y, al mismo tiempo, acoger el impulso espiritual en las Imaginaciones tejidas por las Jerarquías Espirituales durante la noche.   Tiziano Bellucci[2] señala que Steiner aborda un tema similar al hablar de los leños que los druidas quemaban durante las Noches Santas, formando imágenes en el fuego que proporcionaban pistas adivinatorias sobre el año venidero.

Cómo meditar en las Noches Santas

En virtud de lo dicho, las Trece Noches Santas (12 + 1) ofrecen a quienes siguen el camino esotérico de la ciencia espiritual la oportunidad de experimentar proféticamente los acontecimientos del próximo año. Estas revelaciones pueden llegar de dos maneras: inconscientemente, a través de los sueños, o conscientemente, mediante la meditación. Solo quienes siguen el camino esotérico tienen permitido experimentar ambas modalidades: sueños y meditación.

En cuanto al estado inconsciente, dado que la actividad del cuerpo etérico se ve menos perturbada por las impresiones sensoriales a principios de este invierno, al momento de conciliar el sueño, el polo inferior del cuerpo físico-etérico se abre a las impresiones de las Jerarquías. Por lo tanto, los sueños durante estas Noches Santas se considerarán sueños con, al menos en parte, contenido premonitorio.

En cuanto a la modalidad meditativa, es necesario prepararse durante el día, con la conciencia plenamente despierta y enfocada en la atmósfera de la Noche Santa que se experimentará, siguiendo las instrucciones de Steiner. La vigilia previa a la Noche Santa representa el inicio de la Noche Santa individual. Una vez junto a la puesta del sol o antes de conciliar el sueño, se debe crear el espacio y el tiempo suficientes para meditar, según las fases:

  1. Concentración, a través de la liberación del espacio interior de las instancias anímicas (pensamientos errantes, emociones conflictivas, deseos, etc.);
  2. Meditación imaginativa sobre el Símbolo y el Misterio de la Noche Santa;
  3. Retirar conscientemente la imaginación así constituida y contemplación del espacio vacío creado  con sus propias fuerzas;
  4. Salida de la meditación.

La meditación se realiza sentado, con el cuerpo relajado, respirando de forma constante en cuatro fases (inhalación, pausa, exhalación, pausa). La habitación debe ser cálida y lo suficientemente silenciosa para que el cuerpo sirva de apoyo a la meditación, sin que las sensaciones sean abrumadoras. Los pies deben estar apoyados en el suelo, preferiblemente con calzado cómodo (incluso solo medias), y todo el cuerpo debe estar relajado. Los antebrazos deben descansar sobre los muslos, con las manos ligeramente abiertas sobre las rodillas. El respaldo de la silla, aunque esté ligeramente acolchado, debe ayudar a mantener la espalda recta y la cabeza erguida. Los ojos deben estar entrecerrados. La iluminación debe ser similar a la luz natural.

Un consejo: enciende una vela al comenzar la meditación para marcar el inicio del acto, creando así el espacio y el tiempo para la iluminación de la consciencia. La vela encendida puede colocarse frente a los ojos del meditador, de modo que sea lo primero y lo último que vea. Al salir de la meditación, abre lentamente los ojos y permanece en la postura del meditador hasta que te sientas listo para deshacerla apagando la vela (con un apagavelas o con los dedos húmedos, nunca soplando).

Se anotan brevemente, en un diario ordenado cronológicamente, todas las imágenes y palabras que vengan a la mente durante o después de la meditación. Lo mismo se aplica a las imágenes oníricas, así como a cualquier señal o sincronicidad que se presente durante la vigilia en las Noches Santas.

Indicación general para las Doce Noches Santas

El 24 de diciembre marca el inicio de las Doce Noches Santas. Estas simbolizan las doce fuerzas espirituales que viven en nosotros. Esta indicación es válida para siempre, no solamente para las Doce Noches Santas.

 El 1 de enero, al mediodía, el Sol está más cerca de la Tierra, por lo que hay exactamente cinco días y medio antes y cinco días y medio después de las Doce Noches Santas. En estas noches, las más oscuras del año, estamos más cerca del Espíritu del Sol, lo que significa que el Sol Espiritual, brillando desde el interior de la Tierra, lo hace todo transparente e ilumina desde dentro, a diferencia de más adelante, cuando el Sol ilumina la Tierra desde lo alto, desde el exterior.

Estas Doce Noches Santas deben vivirse con plena vigilia y con plena consciencia. Es importante permanecer despierto hasta la una o las dos de la madrugada la primera noche (24 de diciembre). Las demás noches, si es posible, acostarse regularmente, a la misma hora.

Es fundamental mantener un ritmo regular durante este tiempo. Si esto no es posible en nuestra vida cotidiana, debemos esforzarnos por lograrlo internamente. Quienes no pueden permanecer en silencio en su vida exterior deben esforzarse constantemente por ser conscientes internamente de la sacralidad de ésta época.

Sobretodo hay que cumplir conscientemente las obligaciones cotidianas, sin perder de vista que las realizamos en un tiempo sagrado, sin permitir que nada malsano, desagradable, amenazante o preocupante penetre en nuestra alma, manteniéndonos siempre vigilantes y rigurosos con nosotros mismos en este sentido.

Durante la experiencia de la Navidad, con sus Doce Noches Santas, sembramos la semilla para los próximos doce meses. Por lo tanto, estos doce días son importantes. Por ejemplo, si cometemos errores el primer día, plantamos una semilla que, en el primer mes, germinará negativamente en nuestra sangre (como vehículo portador del yo).

Debemos esforzarnos por vivir los doce días santos correctamente, según la ley, porque cada año necesitamos trabajar en nuestro renacimiento y no podemos desperdiciar un año.

Comentario

Cabe destacar que este período del año, marcado por las Doce Noches Santas, es muy especial. Marca la diferencia entre el año solar y el año lunar:

  1. El año solar se compone de 365 días, que encierran el ritmo físico del hombre;
  2. El año lunar consta de 354 días, que encierran el ritmo físico de la mujer;
  3. 365 – 354 = 11

Esto resulta en una diferencia de 11 días, 12 si consideramos un año bisiesto. Esto significa que las Doce Noches Santas se sitúan en un limbo temporal, donde tanto el tiempo como el espacio adoptan un estado de quietud que se refleja en la quietud del cuerpo etérico de la Tierra y, por ende, de la humanidad. La Tierra «contiene la respiración», y así el cuerpo etérico humano permanece en un estado de quietud. El alma de la Tierra se dirige ahora hacia el Centro de la Tierra misma, donde reside el Ser Crístico.

Dado que el cuerpo del ritmo es también el cuerpo del tiempo, una ralentización del ritmo etérico se corresponde con una disminución de la actividad del cuerpo físico, que, por tanto, tiende menos a imprimir percepciones físicas en los sentidos. Esto protege al cuerpo etérico al refinar su percepción, que entonces se vuelve hacia el interior, hacia lo suprasensible. El cuerpo etérico, de este modo, se vuelve capaz de experimentar el proceso que propició la transición «de Jesús a Cristo», tal como se recapitula a lo largo del año según el calendario de festividades. Esta experiencia de las fuerzas de Cristo cambia la composición de la sangre, que se impregna progresivamente de las fuerzas crísticas.

Durante las Noches Santas, no puede haber clases de la Escuela Esotérica ni reuniones rituales de las diversas órdenes esotéricas occidentales, ya que los Maestros se retiran al Eterno Oriente, el Sol Espiritual, y solo regresan a partir del 7 de enero. En palabras de Steiner:

La razón por la cual no se puede celebrar ninguna ceremonia en las reuniones de nuestras fraternidades esotéricas durante los días de la aparición de Cristo, entre el 24 de diciembre y el 6 de enero, es que aquellos a quienes llamamos los Sabios Maestros de Oriente se retiran durante este período a su santuario para reunir allí las fuerzas que luego infundirán con mayor poder a toda la humanidad, así como a nuestras fraternidades esotéricas[3].

Si, por alguna absurda razón, se celebrara una ceremonia ritual en una de las Doce Noches Santas, el sacrificio realizado sería en vano y, paradójicamente, tendría el efecto contrario. Esto se debe a que los Maestros no están presentes y no pueden transmitir el acto de servicio a los Arcángeles. Sin embargo, esta es la época del año propicia para la oración y la meditación, recordando el camino de Abel. De hecho, en la comunidad de cristianos, el Acto de Consagración del Hombre se celebra cada uno de los días de las Doce Noches Santas.

 

24/25 de diciembre – Primera Noche Santa – Enero – Capricornio

Indicación para la Primera Noche Santa

En Nochebuena, cuando Cristo nace en el alma, ésta pregunta: ¿puedo yo ser escuchada con todas mis debilidades, defectos y pasiones?

Símbolo: El establo de Belén, en cuya humildad y pobreza nació la Luz del Mundo. La Voz del Silencio penetra el alma y nos enseña a afirmar con alegría el bien en nosotros mismos y en los demás.

 Capricornio. El Espíritu Divino nace en la Materia. Espíritu y Materia. El Alfa y la Omega se tocan y nace la vida.

Misterio: El alma anhelando en la oscuridad de un bosque sin senderos.

 

 

Comentario

El 24 de diciembre, Nochebuena, es la Navidad de la humanidad, con Adán y Eva en el Jardín del Edén. Tradicionalmente, esta noche se celebra a Santa Eva y San Adán. Esta celebración tradicional nos recuerda que el “pecado original” no solo se conmemora por la expulsión del Paraíso, sino también por el momento en que la humanidad obtuvo la independencia de los dioses, los Elohim, a través del influjo Luciferico. Lucifer es el “Portador de la Luz” al abrir los ojos al ser humano, un acto que se convierte en “pecado original” cuando esta Luz es retenida en el ser humano por su egoísmo, confundiendo así al mensajero con el mensaje, es decir, al Portador con la Luz, con la Luz de Cristo, “Christus verus Lucifer”[4] de los Rosacruces. Mientras que Lucifer quiere traer la Luz para que nos desencarnemos, ignorando la materia, Cristo viene con su Luz a la materia, precisamente en la hora más oscura, cuando toda la materia es más sólida, más oscura.

El invierno es la solidificación del ser del año; es el tiempo en que el mundo físico se encuentra más aislado del Paraíso Terrenal. Esto es lo que se indica en el Misterio. Es el mismo sentimiento que Dante: «A mitad del camino de la vida, me encontré en una selva oscura, pues el sendero recto se había perdido». Es la hora en que el mundo físico se revela en toda su desnudez, dejando al descubierto todas las imperfecciones antes cubiertas por el magnífico manto de las creaciones de la Madre Naturaleza. Ahora la Naturaleza agoniza, vagando como una vieja bruja (a quien veremos más tarde en La Befana[5]). El hombre se encuentra desnudo ante la cruda realidad del invierno. Incluso las estrellas han caído en forma de nieve. Y así, cuando todo parece perdido para el hombre, la Luz del Mundo nace en el establo de Belén.

Capricornio es un ser dividido y no obstante unido: terrestre en su parte caprina, acuático en su parte pisciforme. Su dualismo no es una limitación, sino la expresión de una conquista de lo sublime y lo terrenal, cuyo punto de unión es la conciencia individual. Es el ser que, solo, asciende la Montaña de la Iniciación, elevándose al tiempo que desciende a las profundidades del océano. El espíritu toca la materia, que es espíritu condensado, y de su unión nace una nueva vida: el niño. Capricornio se asocia con la virtud del coraje, pues es necesario afrontar tanto las alturas como los abismos. Perseverando en el coraje, se obtiene el poder de la redención, es decir, la capacidad de espiritualizar la materia.

Adam Kadmon: Piscis

Desde la perspectiva de la constitución oculta de doce miembros del Adam Kadmon[6], el ser humano, la futura Décima Jerarquía, porta las fuerzas de la Región de Piscis. Cristo es el Ichthys, el pez que convierte a los discípulos en apóstoles, los «pescadores de almas», refiriéndose en particular a Pedro y a su hermano Andrés. Cuando el Sol se separó de la Tierra en la Era Hiperbórea, Cristo se separó de ella: era la Era de Piscis. La Tierra se se vuelve la mitad oscura irradiada por la mitad luminosa, el Sol. Cuando el Espíritu Solar de Cristo se unió a la Tierra, convirtiéndose en su Yo, en ese momento se sembró en el Sol mismo la semilla de la futura evolución de la Tierra. Esto se cumplirá cuando regrese la Era de Piscis. El Misterio del Gólgota anticipa la Era de Piscis, que comenzó en el año 1400 y en la que aún nos encontramos hoy (hasta aproximadamente el año 3500).

La Iniciación de Piscis consiste en comprender esta conexión entre el Sol y la Tierra en la Era de Piscis pasada, presente y futura. Zaratustra fue el Maestro de la Sabiduría que recibió esta iniciación en la Época Persa, la cual despertó cuando el Yo de Zaratustra experimentó la misma iniciación como Jesús de Nazaret de manos de Juan el Bautista. La humanidad se convertirá en la Décima Jerarquía, superior a los Serafines, los Espíritus de la Libertad, en el momento en que Cristo, el Pez, nazca plenamente en el océano del alma humana. El alejamiento del Sol tuvo como consecuencia  la polarización vertical del organismo humano, el cual, permeado primero por el Yo y luego por Cristo, ha permitido al hombre convertirse en un ser erguido: Piscis, en la melotesia[7] del Adam Kadmón, corresponde a los pies y, por lo tanto, a la posibilidad de establecer una relación vertical con la Tierra.

 

 

25/26 de diciembre – Segunda Noche Santa – Febrero – Acuario

Indicación para la Segunda Noche Santa

La noche de Juan. El águila del alma se eleva con sus alas, contemplando su vida desde lo alto. Ahora el hombre reconoce las leyes del karma.

Misterio: elegir el camino angosto y difícil o el camino ancho y sencillo. Para quien nace de la carne, es difícil encontrar el camino del espíritu. El Bhagavad Gita: ¿una vida egoísta o una vida dedicada a la humanidad?

 

Comentario

El 25 de diciembre se celebra el nacimiento de Jesús de la estirpe de Natán, del cual se narra en el Evangelio de Lucas. Él es el alma paradisíaca de Adán que, intacta tras la Expulsión del Paraíso, se encarna por primera vez en la Tierra. Es el niño Jesús, visitado por los Pastores, rodeado de ángeles, manifestaciones del cuerpo de las transformaciones del Buda, el Buda Nirmanakaya. Los ángeles son los antiguos dioses paganos que han venido a celebrar la llegada de Adán, todavía en forma de ángel, a la Tierra. La atmósfera es aquella que en la Meditación de la Piedra Fundamental[8] se denomina Recordación del Espíritu: los Pastores, con profunda humildad, se acercan al niño Jesús, adorándolo. Son las fuerzas animales del pasado, la realidad astral purificada que reconoce en el Jesús natánico al Segundo Adán, venido a la Tierra para redimir a la humanidad de su privación del Paraíso Terrenal.

Los Pastores también representan la comprensión de las leyes del Karma, inscritas en el cuerpo astral, que deben cumplirse superando las pasiones, es decir, el rebaño de ovejas que pastorean. También se la conoce como la Noche de Juan el Evangelista, representada por el Águila, ya que es desde las alturas espirituales que se pueden contemplar las encarnaciones pasadas. Juan es Lázaro, quien se inicia bajo el signo de la muerte, Escorpio, pero es iniciado por Cristo mismo, quien lo resucita, transformando así el estancamiento del signo de Escorpio en ese del aire puro del Águila.

Este significado se conserva también en el mito de Ganímedes, el copero de los dioses, raptado por Zeus bajo la forma del Águila. El copero es quien reúne a todos los dioses en un banquete, compartiendo el vino, símbolo de la vida; los dioses son las fuerzas planetarias que actuan en el tema natal y en la sucesión de los septenios en la biografía.  Ganímedes ve a Zeus en su forma divina y muere, pero es inmortalizado en la constelación de Acuario. Acuario se asocia con la virtud de la Discreción, es decir, la comprensión de las limitaciones externas, que, al ser interiorizada, se convierte en el Poder de la Meditación, o la disolución de las limitaciones internas.

Adam Kadmon: Acuario

Los Ángeles son la Jerarquía iluminada por la Región de Acuario. Encontrándose ahora en la condición que la humanidad solo experimentará en el Futuro Júpiter[9], cuyo cuerpo inferior es el cuerpo etérico, que en los elementos corresponde al agua. En el Mundo Físico, los Ángeles pueden adoptar formas por voluntad propia a través del agua. Dado que el éter es la sede de la vida, a los Ángeles se les llama Hijos de la Vida. Tanto la Antigua Luna como el futuro Júpiter se desarrollarán en el agua etérica. En la Antigua Luna, donde el estado más denso era el agua del mundo etérico, los Ángeles atravesaron su etapa humana. Los humanos, que en aquel entonces se encontraban en un estadio de desarrollo animal, recibieron de los Ángeles los fluidos corporales: sangre y linfa. El cuerpo etérico es también la sede de la memoria, por lo que los Ángeles Guardianes son los portadores de la memoria futura de cada ser humano.

Fue Juan el Bautista quien recibió la iniciación de Acuario, siendo él mismo acuariano. Podía percibir la Tierra como transparente, viendo así la realidad de Cristo. El bautismo permitía a los hombres experimentar una momentánea separación de lo etérico de lo físico, para que también ellos pudieran contemplar el Sol que vendría al mundo. El Bautista solía permanecer de pie con las pantorrillas en el agua: las pantorrillas son la parte del cuerpo humano asociada con Acuario, las dos columnas que se elevan, separando al hombre de la Tierra.

El Ángel Guardián es Dios a los ojos de los profanos. En realidad, es el parangón de lo que la humanidad llegará a ser en el Futuro Júpiter: el Ángel es la imagen del Yo Espiritual (Manas) reflejada en el cuerpo astral. Tal es la imagen de Acuario. La Era de Acuario (que comenzará alrededor del año 3500 d. C.) será el momento en que el Yo Espiritual arribará a la humanidad, como antes de éste tiempo le llegó a los iniciados,  a través del coro de ángeles que enviarán imaginaciones al Yo Espiritual de la humanidad en la Sexta Época Ruso-Eslava. El primer paso hacia esta «cultura del Manas» es la vivificación del pensar, el paso del cerebro físico muerto al etérico. Esta es la condición necesaria a fin de que  la humanidad perciba las señales enviadas como sincronicidades por el Ángel Guardián.

 

26/27 de diciembre – Tercera Noche Santa – Marzo – Piscis

Indicación para la Tercera Noche Santa

Ahora siguen las Tres Noches del Lirio Blanco.

El alma reconoce que no puede permanecer en lo alto y que de nuevo es arrastrada de vuelta a la tierra, pues aún lleva dentro de sí mucho peso terrenal. El alma comienza conscientemente a purificar el cuerpo terrenal, considerando todo alimento como «Viático Sagrado».

«Yo soy el Pan…, venimos del Pan, vivimos del Pan (en el camino de evolución) y al Pan volvemos».

Misterio: Jamás olvides la Meta suprema en los amplios senderos del Reino Terrenal.

Comentario

Esta es la primera noche del Lirio Blanco. El Lirio Blanco, una flor de seis pétalos, es el símbolo que define esta primera parte de las Noches Santas, que se celebran del 24 al 31 de diciembre. En efecto, veremos que, en conjunto, estas 7 noches + 1 forman el Hexagrama, símbolo del macrocosmos y, por lo tanto, del alma paradisíaca de Adán antes de la formación de la individualidad espiritual, el Yo, representado en cambio por el Pentagrama, símbolo del microcosmos. La Octava Noche representa la culminación y el fin del proceso de formación del Hexagrama. La pureza del Lirio, es decir, del alma antes de la encarnación, cuando aún se encuentra dispersa por el espacio cósmico, es también el símbolo que describe el cuerpo astral y, por consiguiente, a los Pastores.

Desde otro punto de vista, las Noches Santas del 24 al 31 de diciembre representan el período Post Mortem: si las Cuatro Semanas de Adviento son la recapitulación de las vidas pasadas, contempladas en la Primera Noche Santa, el 24 representa la muerte (la Expulsión del Paraíso Terrenal) y, por lo tanto, las Noches Santas subsiguientes no son otra cosa que el ascenso de los Planetas a las esferas celestes en la vida post mortem: Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter y Saturno, para llegar a la Medianoche Cósmica que corresponde a la medianoche del 31 de diciembre, la víspera de Año Nuevo[10].

El pez esta asociado al pan como alimento en los Evangelios: basta pensar en el milagro de la multiplicación de los panes y los peces. En la Noche de Piscis, el alimento debe consumirse como un acto sagrado. «No solo de pan vive el hombre»: así es como Cristo vence parcialmente la tentación de Ahriman de transformar las piedras en pan. Sin embargo, si es cierto que el hombre vive «también del espíritu», mientras tenga un cuerpo físico, debe alimentarse de pan. Este es el aguijón ahrimanico, que permanece y ata el cuerpo humano a la materia terrenal y, por lo tanto, al materialismo. Es necesario, pues, apelar al sentido de lo sagrado para sacralizar también el alimento, aquello que nos une a la esfera terrenal. El Cristo-Pez viene a transmutar incluso el pan en un sacramento: «Este es mi cuerpo, entregado por vosotros en sacrificio»; es materia llena de vida y transmutada por las fuerzas solares en alimento. Una vez nutrido el cuerpo, se puede cultivar el espíritu.

La virtud de Piscis es la Magnanimidad, que, al practicarse, se convierte en Amor, el cual redescubriremos en la noche sucesiva. Zaratustra, como Maestro de la Sabiduría o Mahatma «Gran Alma», sacrifica su Yo para que los vehículos de Jesús de Nazaret sean habitados por Cristo. Cristo, como Pez, se entrega a la humanidad, siendo él mismo Amor en la Persona de la Trinidad.

Adam Kadmon: Capricornio

La región de Capricornio esta ligada a aquellos que alcanzaron la condición humana  en el Antiguo Sol, los Arcángeles. Por ello, se les llama Espíritus del Fuego. Su ser mismo se tejió a partir de la Luz del Sol que se separó de la masa de Saturno y de Júpiter. Si inicialmente tejieron la luz exterior, ahora tejen la luz interior. El Sol de Medianoche, que se contempla clarividentemente durante la Navidad, está rodeado por una corona dorada compuesta por los doce Arcángeles, los Amesha spentas de Zaratustra, cuyos rayos posteriormente se solidificaron en los doce nervios craneales del cuerpo humano.

Son los Arcángeles mismos quienes inspiran las Doce Noches Santas, habiendo acogido por primera vez el impulso crístico en la Era Persa. En el Evangelio de Lucas, María recibió la anunciación del Arcángel Gabriel. El Arcángel Mikael, en cuya era vivimos, inspira la universalidad y el cosmopolitismo, así como ayuda al ser humano a alcanzar el pensar viviente. Capricornio forma las rodillas en la melotesia: son la bóveda craneal de las extremidades, de modo que cuando el ser humano sea un Arcángel en el Futuro Venus, la cabeza se formará a partir de ellas.

Cristo tiene una conexión especial con los Arcángeles, en cuanto entra en el cuerpo de Jesús de Nazaret a través de su Región de Capricornio: así, Cristo no viene a bautizar con agua, sino con fuego. El fuego es, de hecho, el elemento con el que el Arcángel forma su vehículo más bajo en el mundo físico. Inspiran el lenguaje y, por tanto, dan forma al espíritu de los pueblos de la Tierra: la espiritualización del lenguaje conduce a la comprensión del lenguaje inspirado del Arcángel. Los Guías de la Humanidad en la Sexta Época Ruso-Eslava son Arcángeles y comunicarán acerca de Cristo con inspiraciones al Espíritu de Vida.

En el ciclo del año, es en este periodo cuando las Tinieblas Naturales alcanzan su apogeo: Ahriman, el Príncipe de este Mundo, actúa desde la esfera terrestre con la vana esperanza de triunfar cada diciembre sobre el Sol Espiritual. Pero cada año es Mikael quien vence al Dragón de la Materia, permitiendo que el Sol Espiritual se manifieste precisamente en la hora más oscura. El propio Ahriman, habiendo quedadoo rezagado durante el Antiguo Sol, se opone a los Arcángeles, que en ese entonces eran humanos. Ahriman se representa entonces como Satanás, el Macho Cabrío del Maligno, un aspecto de Capricornio. La Séptima Época Cultural, la Americana, será la Era de Capricornio, en la cual se tendrá la máxima oposición entre las Tinieblas naturales y la Luz Espiritual, culminando en la Guerra de Todos contra Todos.

 

27/28 de diciembre – Cuarta Noche Santa – Abril – Aries

Indicación para la Cuarta Noche Santa

Purificar conscientemente el cuerpo astral: la antipatía y la simpatía se transforman en Amor. Las pasiones y los deseos se aquietan. La Fuerza de Cristo penetra con su luz y con su fuerza en lo luciférico que reside en nosotros.

Misterio: trabajar en nosotros mismos contribuye al bienestar de todos. El Arcángel Uriel nos coloca ante un espejo en el que nos vemos tal como somos.

Comentario

El arcángel Uriel, aquel que dispensa la iniciación, nos coloca delante de nuestro doble luciférico, que reside en el cuerpo astral. Sin reconocer nuestros propios defectos, no podemos proceder en la purificación del cuerpo astral, y por lo tanto las pasiones subjetivas jamás se aproximarán al amor objetivo con el que debemos acercarnos a Cristo. Más allá del placer y el displacer, existe la necesidad (karma) o la libertad (libre albedrío), que el iniciado reconoce y se esfuerza por conquistar. «El reino de los cielos padece fuerza, y los que usan la fuerza se apoderan de él» (Mateo 11:12)[11]. El egoísmo en sí mismo existe innegablemente; la única manera de vencer el egoísmo luciferico es extender sus límites para abarcar a los demás en círculos cada vez más amplios, hasta que, al expandir sus propios límites, se transmuta en su opuesto, el altruismo, la virtud que redescubriremos en la noche de Cáncer.

Uriel o Auriel significa “Luz de Dios”. Los Dioses de la Luz tienen una conexión especial con los finales de marzo y principios de abril. Durante este período, deidades solares, como el Mitra persa, renacían en las fuerzas vegetales de la primavera. La Pascua coincide con este período, por lo que el Espíritu Solar mismo renace. Uriel es el Iniciador, quien inicia al discípulo del esoterismo, guiándolo al Umbral del Mundo Espiritual. Es en la caverna de la interioridad donde tiene lugar tanto la iniciación, como en los Misterios de Mitra, como en el nacimiento del alma paradisíaca del Jesús Natánico. Platón utiliza la metáfora de la caverna para ilustrar la diferencia entre quienes creen que el mundo de las sombras, la Maya del Mundo Físico, es la realidad, y quienes, en cambio, rastrean sus orígenes hasta la fuente original de la Luz, las ideas que habitan el mundo arquetípico. Tal es la diferencia entre el profano y el iniciado.

Lucifer también es el Gran Iniciador de la humanidad, pero es preciso comprenderlo correctamente. Si Uriel nos muestra un espejo con nuestros propios defectos, revelando la sombra luciferica, Lucifer nos ha abierto los ojos solo para vivir a costas de nuestro cuerpo astral. Es Cristo quien redime al Gran Iniciador, sustrayendo el dominio luciférico sobre aquello que fue expresado en los Antiguos Misterios e iluminándolos con los Nuevos Misterios de la Antroposofía.

Aries es el signo de los Inicios, al igual que Uriel dispensa la iniciación. El objetivo iniciático de Aries es romper las limitaciones, expandiendo continuamente los límites de la conciencia mediante la introducción de lo nuevo. Sin embargo, esto debe ser proporcional a las capacidades reales del candidato, quien será iniciado cuando sea capaz de sacrificarse, del «hacer sacro»[12]. La virtud de Aries es la devoción, que, practicada, conduce al sacrificio. Esta es la iniciación de Aries: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo».

Adam Kadmon: Sagitario

Sagitario, como Centauro, representa la naturaleza dual de la humanidad, cuya naturaleza inferior aún es bestial. El infante gatea a cuatro patas, pero debe vencer la gravedad para erguirse sobre dos piernas. Las fuerzas animales y lunares son horizontales; las humanas y solares, verticales. Cada ser humano, en el curso de su evolución individual y colectiva, lucha constantemente por alcanzar su plenitud, poniendo las fuerzas lunares al servicio de las solares. Los Archai, o Principados, obtienen su fuerza de la región de Sagitario y son responsables de la formación tanto del Tiempo (Espíritus del Tiempo), en el que se desarrolla la evolución, como de la Personalidad (Espíritus de la Personalidad). Es la personalidad humana la que, al expresar la individualidad espiritual, nos hace humanos, hombres cuya postura erguida es expresión de nuestro origen solar. Los Elohim moldean el Yo que permite al hombre ascender al mundo espiritual; los Archai donan una personalidad para relacionarse con el mundo físico.

La flecha de Sagitario solo puede dispararse cuando el hombre alcanza finalmente la posición erguida. La flecha es el pensar que penetra en el mundo. Al tensar el arco, este se dobla, como un animal bajo la influencia de las fuerzas lunares. Cuando la flecha es disparada, el pensamiento se objetiva y el arco se endereza. Los Archai fueron humanos en el antiguo Saturno, cuya actividad de pensamiento  es donada al ser humano como pensamiento. La flecha es análogicamente el rayo, el relámpago, que es el estado de la materia que los Archai pueden usar para manifestarse. La flecha, como pensamiento del Antiguo Saturno, se convierte en voluntad en el Futuro Vulcano, cuando el hombre mismo será un Archai.

Los muslos son la parte del cuerpo humano que corresponde a Sagitario, conectando la zona media con la inferior. En la Era de Sagitario, la Séptima Época Cultural Americana, serán los Arcai quienes envíen impulsos a la humanidad. Entonces, la humanidad se dividirá como un centauro, en una raza egoísta, animal y lunar, y otra altruista, humana y solar. Estas dos razas humanas conducirán a la Guerra de Todos contra Todos, en la que solo Cristo, manifestado a través de los Guías Archai de la Humanidad, podrá indicar el camino. Tales guías prefigurarán al Hombre-Espíritu en intuiciones.

 

28/29 de diciembre – Quinta Noche Santa – Mayo – Tauro

Indicación para la Quinta Noche Santa

Purificar conscientemente el cuerpo del pensamiento. Disciplinar el pensamiento. Concentración sobre las cosas positivas Transformar las palomas negras del pensamiento en palomas blancas.  Porque nuestro pensamiento, mientras no se halle disciplinado conscientemente, puede ser comparado a un palomar,. Debemos cerrar este palomar a los pensamientos negativos y extraños.

Misterio:  La purificación del Templo a través de Jesús-Cristo.

 

Comentario

El cuerpo del pensamiento es el alma racional, un alma que surge por mediación del cuerpo etérico. Es responsable de nuestro pensamiento, cuyas rigideces se disuelven mediante el ejercicio de la positividad: el cuervo de la putrefacción esconde a la paloma de la Buena Nueva. El templo de la cabeza humana debe purificarse de todo lo que le es ajeno. El pensamiento del cerebro material es electricidad, luz desintegrada que muere en la compresión de la materia. Sin embargo, este no es el pensar que pertenece al ser humano; es simplemente su reflejo deteriorado, que caracteriza particularmente la decadencia de las civilizaciones, desde mediados de la Cuarta Época Cultural grecorromana hasta nuestra Quinta Época Cultural  europea.

El pensar del ser humano, en su origen, es viviente, en cuanto tiene su matriz en el cerebro etérico, tejido a su vez del éter cósmico del que se formó durante el descenso del alma humana en encarnación. Mientras que el pensamiento material razona en oposiciones, dualistamente, el pensamiento vivo es capaz de reconocer la identidad en la diversidad, la unidad en la multiplicidad, en un holos armonioso, la totalidad. He aquí el pensamiento holístico como prefiguración de este pensamiento que, al adquirir la percepción del Mundo Etérico, cobra vida nuevamente. Si en la Cuarta Época, especialmente entre los griegos, persistió una visión etérica atávica que concebía el mundo poblado por dioses (ángeles) y semidioses (seres elementales), la nueva visión etérica será plenamente consciente.

El pensar viviente estará en condiciones de redimir el materialismo desenfrenado en la cultura. Será la humanidad, con la ayuda del Arcángel Mikael, quien derrotará definitivamente al Dragón Ahriman. De la relación entre Mikael y el ser humano dependerá la redención o no de Ahriman, la cual se consumará en el fatídico año 666, la Sexta Metamorfosis del Futuro Venus, en la Sexta Condición de Vida y la Sexta Condición de Forma. Mikael es el Arcángel del Sol, el “Rostro de Dios”, lo que significa que comparte su Rostro con Cristo, la Segunda Persona del Hijo. Mikael es el heraldo del pensar cósmico, entretejido en el éter cósmico que conecta en una matriz a todos los seres que habitan el Cosmos. Mikael respeta a los seres humanos con sus capacidades; por lo tanto, no impone su presencia, sino que aguarda la llegada del ser humano que desea elevar nuevamente su pensar  y hacerlo vivo.

La virtud de Tauro es el equilibrio, que, al practicarse, conduce al progreso. El equilibrio, en todo dualismo, permite escapar tanto de Lucifer como de Ahriman. El encuentro con Mikael, y por ende con el Cristo, se produce únicamente entre los dos pilares, Jakín y Boaz. De éste modo, lo que parece fijo es en realidad un equilibrio dinámico que permite la ascensión progresiva a esferas cada vez más elevadas.

Adam Kadmon: Escorpio

En el Adam Kadmon, se alcanza la Región de Escorpio, a la cual están ligados los Elohim, o Potestades o Exusiai, los Espíritus de los Planetas. Son los Espíritus de la Forma que dan identidad a todo lo existente. En el Antiguo Saturno, los Elohim custodiaban todo lo que había sido elaborado por las Jerarquías superiores. Lo que los Tronos envían del centro a la periferia, y viceversa, lo que las Virtudes envían de la periferia al centro, es mediado por los Espíritus de la Forma. Son los creadores libres del Cosmos en la Metamorfosis de la Tierra actual, a la cual han dado una forma completa. Las fuerzas de Escorpio son, de hecho, fuerzas paralizantes. Los Elohim están tejidos de la Luz creada por el Espíritu Vital de los Arcángeles, pero su esencia reside en la Luz Espiritual del Sol Espiritual.

Dichas fuerzas son también las que concretan la identidad. Fueron los Elohim quienes donaron parte de su sustancia para formar el Yo del ser humano a mediados de la Época Lemúrica. Poco después, la humanidad andrógina, Adán-Eva, se dividió en dos sexos: Adán (masculino) y Eva (femenina). Al mismo tiempo, parte de la fuerza reproductiva se internalizó, estructurando el cerebro en dos hemisferios: masculino y femenino. El amor espiritual (Ágape) y el amor sensual (Eros) son ambos expresiones de los Elohim, quienes, sin embargo, se han visto confundidos por la intervención de los espíritus lucifericos. La mezcla de estos dos aspectos mediante métodos ocultistas somete al Yo, que ha penetrado prematuramente en el Mundo Astral, a los Elohim lucifericos, responsables de la diferenciación de la humanidad en razas. Tales prácticas oscurecen la autoconciencia. En la mitad de la Era Atlante, en la Era de Escorpio, el hombre adquirió sustancias minerales en su cuerpo físico, lo que lo endureció y le permitió pisar tierra firme.

El signo de Escorpio se transforma en el Águila cuando sublima su naturaleza egoísta. Escorpio rehúye la luz, suicidándose al exponerse a ella sin posibilidad de escapar; el Águila, en cambio, anhela la luz, siendo capaz de contemplar el sol con sus ojos. Ambas naturalezas están presentes en el Ser humano: consustancial con la naturaleza espiritual de los Elohim, se encuentra, sin embargo, confinado a un cuerpo con forma individual, donde, fusionándose con la personalidad, actúa egoístamente. El Águila es el Yo que reconoce conscientemente su naturaleza espiritual; Escorpio, por otro lado, es el Yo que, atrapado en la personalidad, realiza actos egoístas. En la Expulsión del Jardín del Edén, el Yo no solo adquirió la libertad, sino que fue envuelto en un cuerpo astral luciferico que le permitió aferrarse a la naturaleza transitoria e ilusoria de las cosas.

Así como la muerte reina en el mundo de Escorpio, la vida reina en la del Águila. Escorpio mata la vida espiritual para generar formas físicas; el Águila es una forma física en la que renace la vida espiritual. Escorpio se suicida porque se siente arrepentido de su traición, como Judas Iscariote, mientras que en el polo opuesto encontramos a Juan-Lázaro, resucitado por Jesucristo mismo. Entre ambos se alza Pedro, capaz de negar a Cristo tres veces ante el canto del gallo y de ser la roca de la Iglesia. El canto del gallo alude al regreso de Hermes-Mercurio, heraldo del Sol y, por tanto, de la sabiduría de Lucifer redimida por Cristo. La Iglesia de Pedro, la Iglesia Católica, ve a Lucifer como el Mal, identificado y mezclado con Ahriman-Satanás. Al no comprender el papel ambivalente de Lucifer, ni el del Buen Ladrón Dimas, redimido en la cruz, la Iglesia de Pedro está destinada a disolverse en la Iglesia de la futura Era de Acuario, es decir, la Iglesia de Juan. La Cruz dará paso a la Rosa+cruz. Christian Rosenkreutz, Juan reencarnado, de hecho recibió la iniciación de Escorpio que le permitió espiritualizar el cristianismo de la época (1250) convirtiéndolo en rosacrucismo.

29/30 de diciembre – 6ª Noche Santa – Junio ​​– Géminis

Indicación para la Sexta Noche Santa

Ahora siguen las tres Noches de la Espada. La Noche de Pedro. La Noche de la Consagración de la Espada. Cada uno de nosotros debe forjar su propia espada de discernimiento. Cada uno de nosotros debe unir, con la mayor fuerza de voluntad, las dos partes: lo Inmortal, lo Eterno con lo perecedero, para reconocer la verdad.

Misterio: ¡unir al Hijo de Dios con el Hijo del Hombre! ¡Unidad!

Comentario

Las tres Noches de la Espada representan el Yo humano: en su dualismo, se describe en el Apocalipsis como una espada de doble filo que brota de la boca de un Hijo del Hombre del Primer Sello Apocalíptico (correspondiente al Antiguo Saturno). El Yo, como hemos visto, es a la vez el mayor mal y el mayor bien, el Escorpión-Águila. Lucifer actuó sobre esta ambivalencia a través de la sustancia astral, haciendo que el Yo se identificara una y otra vez con el placer o con el displacer, y sus matices transitorios. La primera noche de la Consagración de la Espada representa la fundación de la Iglesia sobre Pedro: «Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. A ti daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares sobre la tierra, estará atado en los cielos, lo que desatares sobre la tierra, estará desatado en los cielos» (Mateo 16:18-19)[13].

El esoterista consagra la espada de doble filo de su Yo a Cristo, para que sea un instrumento de discernimiento del bien y del mal, en lugar de una mezcla de ambos. Pero el bien y el mal deben comprenderse correctamente: el mal es la identificación con la realidad material que cristaliza el yo inferior de naturaleza astral, la personalidad, en detrimento de la individualidad. El bien, en cambio, es la relación correcta entre individualidad y personalidad, de modo que el Yo ilumina el  astral, precisamente discerniendo las pasiones contradictorias que agitan el astral habitado por espíritus lucifericos. La personalidad es mortal mientras se mantiene ensimismada y solo experimenta la realidad material ilusoria y efímera, Maya, creyendo que es la verdad. La individualidad es inmortal por nacimiento, pero puede ser eclipsada por la personalidad, permaneciendo completamente pasiva.

El dualismo bien/mal, tal como se entiende normalmente, no es la influencia de Lucifer, identificado con el bien, y de Ahriman, identificado con el mal. La Verdad que nos libera reside en el punto medio, Cristo, entre Lucifer y Ahriman. Solo la sinergia de la personalidad y la individualidad permite al ser humano cumplir su misión cósmica como ser espiritual encarnado en un cuerpo humano en la Tierra. Solo aquí, en la Tierra, a través del sufrimiento de la encarnación, es posible conocer y vencer el secreto de la Muerte, aprendiendo a discernir moralmente el Bien del Mal. En esto, el ser humano es su propio gemelo. El mito griego de los Dioscuros[14], nacidos del huevo de Leda, narra cómo uno era mortal, Cástor, y el otro inmortal, Pólux. Cástor era hijo de Tindáreo, rey de Esparta, mientras que Pólux era hijo de Zeus, transformado en cisne. Cástor muere, pero Pólux se sacrifica para concederles la inmortalidad a ambos, eternizándose, por medio de Zeus, en la constelación de Géminis.

El signo de Géminis es también el signo de los dos niños Jesús, el Jesús del Evangelio de Lucas y el del Evangelio de Mateo: el Jesús natánico es el alma paradisíaca de Adán, el Jesús salomónico es la reencarnación de Zaratustra. El Misterio de los Dos Niños Jesús representa la fusión del alma paradisíaca de Adán con el yo de Zaratustra, uniendo a los dos Jesús en la Presentación en el Templo a los doce años, dando origen a Jesús de Nazaret. Este Misterio se sublima aún más en una fusión posterior, la que conduce de Jesús a Cristo: fue, de hecho, este gemelo de sí mismo, Jesús de Nazaret, el iniciado supremo, quien recibió a su divino «gemelo», el Hijo, la Segunda Persona de la Trinidad, Cristo, en el momento de su Bautismo en el Jordán. Solo Jesús de Nazaret pudo haber acogido a un ser tan divino sin desintegrar sus propios cuerpos.

El Hijo de Dios es eso que en el ser humano fue formado por las Jerarquías antes del Misterio del Gólgota: los tres cuerpos con su evolución cósmica: físico, etérico y astral. El Hijo del Hombre emerge a través del Yo-Cristo como un espíritu eterno triple: Manas (Yo Espíritu), Buddhi (Espíritu de la Vida) y Atma (el Hombre Espiritu). La unidad es el estado que la Naturaleza, en su diferenciación, gobernada por los Dioses Planetarios y Zodiacales, pudo encontrar en el Espíritu del Sol, que ilumina todo y a todos con la misma intensidad amorosa. Así, el hombre, dividido en su naturaleza humana y bestial, encuentra la unidad en el Espíritu Crístico.

La virtud de Géminis es la perseverancia, que, al practicarse, conduce a la confianza. La inestabilidad de la relación entre la personalidad mortal y la individualidad eterna, innata e inmortal solo es posible mediante la perseverancia. Esta constancia de propósito, la espada consagrada, permite tener confianza, es decir, tener Fe.

Adam Kadmon: Libra

Los Espíritus del Movimiento, las Dynamis o Virtudes, obtienen su fuerza de Libra. De su fuerza surge el movimiento. Son las Virtudes las que confieren dinamismo interno a todo el Cosmos, que mantiene su equilibrio precisamente mediante el movimiento recíproco de los planetas en el sistema solar. Los Espíritus del Movimiento en la Antigua Luna equilibraron al Sol y a la Luna, los dos astros principales, creando así un equilibrio cósmico. Son los regentes de la Antigua Luna, pero su influencia se extiende a la Tierra, donde Libra surge como un instrumento creado por el hombre, único en el Zodíaco, ocupando una posición central, dividiendo a Virgo y Escorpio, que antaño fueron adyacentes. Las garras de Escorpio se han transformado en los platos de la balanza de Libra gracias a la acción de las Virtudes.

El equilibrio, por lo tanto, es movimiento, no quietud. En los seres humanos, la pelvis nos permite mantenernos erguidos sobre dos piernas mientras impulsamos simultáneamente la parte superior del cuerpo hacia nuestro destino. Las Virtudes colaboran con los Espíritus de la Voluntad, los Tronos, quienes confieren el movimiento externo de los planetas. Los Tronos irradian desde el centro hacia la periferia, las Virtudes desde la periferia hacia el centro, generando así la dinámica de la Tierra, el movimiento de continentes enteros. Los Querubines, o Espíritus de la Armonía, coordinan el movimiento interno y externo del todo. Es en las Virtudes donde comenzamos a percibir la diferenciación en el Cosmos, un proceso que se profundiza con los Elohim y luego con la Tercera Jerarquía. La Primera Jerarquía y los Espíritus de la Sabiduría, las Dominaciones, confieren homogeneidad al Cosmos; mientras que, a partir de los Espíritus del Movimiento, el Cosmos se torna heterogéneo.

En efecto, no es de la igualdad que surge  la armonía, sino de la diversidad. Cuando la diversidad se reconoce a si misma en su potencial, cumple su misión y, así, realiza su gesto eurítmico en la coreografía cósmica. Son los Espíritus del Movimiento quienes permiten la existencia de la Música de las Esferas, al irradiar la posibilidad de que la orquesta cósmica esté compuesta por múltiples instrumentos musicales, y no de uno solo; mientras que los Querubines son los directores de esta orquesta. La Armonía del Cosmos se refleja sobre la Tierra en los delicados equilibrios dinámicos de los ecosistemas: donde el éter químico regula dichos equilibrios. Es también el éter del número y del sonido. La ecología es la «ciencia del hogar», la Tierra, que se convertirá en una «ecosofía» cuando esté impregnada por la relación entre el Espíritu de Cristo y Gaia, la Tierra como ser viviente.

 

30/31 de diciembre – Séptima Noche Santa – Julio – Cáncer

Indicación para la Séptima Noche Santa

La serpiente en la empuñadura de la espada. Sabiduría. Dedícate a la lectura profunda. Es la noche del Gran Mandamiento.

Misterio de la actividad: ¿Quién gobierna nuestra alma? ¿Quién es el Señor de nuestra alma, el autor de nuestros actos?

Tenemos la libertad de fortalecer nuestra buena voluntad.

Comentario

En la segunda Noche de la Espada, las fuerzas lucifericas de la Serpiente, las corrientes de la Luz Astral, deben transformarse en Sabiduría. El Buscador de Luz, el esoterista, debe ser un Guerrero guiado por Mikael para derrotar a Lucifer. El Gran Arcano de la Magia es la imagen de Lucifer y al mismo tiempo de la Sofía, que para el profano están tan entrelazados que resultan indistinguibles. Cuando el ser humano sea capaz de distinguir a Lucifer de Sofía, podrá practicar la Magia Blanca destinada a liberar el espíritu humano. Ahora el guerrero es un Mago.

La Sofía se sumerge en la materia porque desea conservar algo para sí misma del Pleroma, el recuerdo del Padre Inefable antes de la Manifestación. Al hacerlo, engendra al falso dios Yaldabaoth, quien, lleno de soberbia, se autoproclama Creador. Un falso dios que crea a los Siete Arcontes, ángeles caídos, que aprisionan las chispas de luz, las almas de los hombres. Cristo, hermano y esposo de la Sofía, viene a redimir su condición, otorgando a la vez la Gnosis a la humanidad. Solo con la Gnosis, el conocimiento espiritual, es posible encontrar la llave que abre las puertas de la prisión espiritual en la que ha caído el alma humana.

Cuando el hombre entra en contacto con la Gnosis, puede liberar su chispa del dominio de los Arcontes, reuniéndose con Sofía, la Sabiduría, y liberándose por completo de su naturaleza caída. Sin embargo, no puede hacerlo a menos que reconozca que la Gnosis proviene de Cristo. El amor es el Gran Mandamiento: «Mi Mandamiento es que os ameis unos a otros como yo os he amado» (Juan 15:12)[15]. El Evangelio de Juan es el Evangelio de la Gnosis, al igual que su Iglesia. Y es Juan, reencarnado como Christian Rosenkreutz, quien trae al hombre el camino de la iniciación rosacruz, practicable hoy, cuyo primer paso es el estudio de las ciencias naturales, de la Naturaleza, y por lo tanto, el reconocimiento de que «todo en la Naturaleza es un símbolo», como dijo Goethe. Desde la ciencia natural, entendida en su sentido viviente, la ciencia goetheana, llegamos a la percepción interna de los fenómenos naturales, al Mundo Etérico y desde allí al Umbral de la Sabiduría del Hombre, el Antropos-Sophía.

La virtud de Cáncer es el altruismo, es decir lo opuesto al egoísmo luciférico, que, al practicarse, conduce a la purificación, condición necesaria para la manifestación de la Sofía en el cuerpo astral. A partir de la relación con el Ser Antroposofía, el esoterista comprende que «el amor no es sino la Sabiduría renacida en el Yo», como dijo Steiner, donde la sabiduría, la Sofía, no es sino Lucifer redimido, el futuro Espíritu Santo o Paráclito[16], el Consolador. En el Apocalipsis, en el Quinto Sello, esto aparece con la imagen de la Mujer Vestida del Sol que, con la cabeza coronada de estrellas, aplasta la cabeza de la serpiente bajo la Luna, al dar a luz al Hijo del Sol. Esta es la Antropos-Sophía. Sofía está embarazada de Cristo. En la constelación de Cáncer hay un cúmulo estelar conocido como Praesepe, que es la imagen de la natividad cósmica. Y es en la Era de Cáncer, la Antigua Época India, cuando la humanidad nace como un ser propiamente físico sobre la Madre Tierra.

Adam Kadmon: Virgo

Los Espíritus de la Sabiduría, los Kyriotetes o Dominaciones, están vinculados a la Región de Virgo. Las Dominaciones son los regentes del Antiguo Sol, pero su influencia se extiende a la Antigua Luna, y por ello se simbolizan con Virgo, el lado luminoso de la Luna. En los seres humanos, forman las vísceras, cuya actividad metabólica sustenta todo el organismo, recibiendo y procesando los nutrientes.

Aquí, la Divina Sofía se relaciona con el espíritu más elevado del ser humano, el Hombre-Espíritu. El metabolismo es, de hecho, voluntad interiorizada. En su imagen apocalíptica, su cabeza adornada con doce estrellas indica la actividad de las Dominaciones desde el Zodíaco hacia el centro de la masa térmica del Antiguo Saturno. El Sol en el vientre de Sofía indica la actividad de las Dominaciones cuando, durante el Antiguo Sol, dieron la semilla del cuerpo etérico-vital del ser humano. La Luna bajo los pies de Sofía, por otro lado, indica la actividad de las Dominaciones durante la Antigua Luna, de la cual formaron la Plata, cuyo poder reflectante simboliza cómo la Luna fue purificada para reflejar con pureza los rayos del Sol.

Sofía tiene una encarnación terrenal en María, la Madre de Jesús en el Evangelio de Lucas, aquella que concebirá al Jesús Natánico, el alma paradisíaca de Adán, concebido virginalmente como fruto de una unión sagrada (hierogamia). La Sofía así incorporada era la mitad del alma paradisíaca de Adán, siendo el alma paradisíaca de Eva, antes de la tentación. Ella, como Virgen, nunca antes encarnada, vino a unirse con la otra María, la anciana esposa en el Evangelio de Mateo, en el momento del Bautismo en el Jordán.Y he así, como rejuvenecida, María se encuentra ahora como María-Sofía, la nueva Isis-Sofía, Esposa y Virgen. De este modo, María se convierte en «Inmaculada», el paradigma de la Virtud, como partícipe de la Sabiduría Divina, presente en la eternidad (el Eterno Femenino de Goethe). Se convierte en la mediadora entre la humanidad y la divinidad del Hijo.

Cuando las Dominaciones contemplaron el Sacrificio de los Tronos realizado en el Antiguo Sol y ofrecido a los Querubines, se entregaron en su sustancia de Sabiduría: de la contemplación de este sacrificio cósmico es de donde María obtiene su Virtud, que Cristo realiza de manera aún más sublime en el momento del Misterio del Gólgota.

31 de diciembre/1 de enero – 8° Noche Santa – Leo

Indicación para la Octava Noche Santa

La Cruz en la Empuñadura de la Espada. Sacrificio. La lengua, ceñida con la espada de la Fuerza Crística, habla la verdad sin herir. Es la noche que disipa el terror.

Misterio: el caballero, el guerrero con la lanza de la voluntad y la espada del conocimiento. A su lado el perro como símbolo de obediencia. Tras él, la Muerte y el Diablo.

En cierto nivel de conocimiento, cualquier paso en falso conduce rápidamente a la perdición. La victoria se alcanza mediante la Plenitud de Dios y la fidelidad incansable ante las tareas del León.

Comentario

Ahora la Espada puede transformarse, revelando su verdadera esencia al ser invertida: se convierte en la Cruz del Sacrificio. La lucha cósmica entre Lucifer y Ahriman por el alma del hombre la gana el Guerrero-Mago, aquel que domina tanto el plano astral como el etérico, tanto la esfera celestial como la material. Si antes la punta de la espada apuntaba al cielo, donde Lucifer debía ser derrotado, ahora apunta a la Tierra, colocando al yo astral inferior en su lugar. La figura es la del Caballero Místico, el Templario que une la Espada y la Cruz. Aquí la Palabra recobra su poder, capaz de convertirse en la Espada del Yo, igual que el Primer Sello del Apocalipsis: «Tenía en su mano derecha siete estrellas, y de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su aspecto era como el sol cuando brilla en toda su fuerza». (Apocalipsis 1:16)[17]

Quizás genere curiosidad la mención repentina del perro como símbolo de obediencia, pero esta noche, al ser el paso entre el fin del año viejo y el comienzo del nuevo, se relaciona con el Misterio del Alfa y la Omega, indicado en la Primera Noche. Este Misterio es el Misterio del Tarot, particularmente del Tarot de Marsella. El Caballero Místico, el Caballero de Espadas (la última carta de la Corte en los Arcanos Menores), montado en un corcel blanco, se convierte en el Loco (Arcano 0), quien sufre diversas metamorfosis a lo largo de los Arcanos Mayores, guiado por el perro (Sirio), convirtiéndose ante todo en el Mago (Arcano I).Este misterio del Tarot, relacionado con la Navidad, ha sido ilustrado varias veces por Rudolf Steiner.  Si todo el recorrido por el Zodíaco se recapitula en las Noches Santas, es en el Tarot donde se despliegan las imágenes del Libro de la Vida, de Alfa a Omega. El Mago, con la posición de su cuerpo, forma un Aleph, o Alfa, mientras que El Mundo, el último Arcano Mayor (Arcano XXI), forma una Omega.

Tras el Loco, que recorre la secuencia de los Arcanos hasta la Torre o Casa de Dios (Arcano XVI), se encuentran la Muerte (Arcano XIII) y el Diablo (Arcano XV). La Muerte es Ahriman, el Mal Ladrón, mientras que el Diablo es Lucifer, el Buen Ladrón, el Colgado (Arcano XII); aquel que aparece invertido como la Espada en la Cruz es el nuevo Cristóforo. Ahora que Lucifer y Ahriman están bajo control, el rayo divino impacta la Torre, destruyendo todo lo que aún es impermanente y revelando así la Plenitud de Dios (la Estrella Sirio, Arcano XVII), la conciencia edénica recuperada de la Reintegración, con la fidelidad del León, cuya boca es abierta por la Fuerza (Arcano IX), y que se encuentra rodeado por un halo en el último Arcano del Mundo. Tanto la Estrella como la Fuerza son la Sofía. La Virtud de Leo es la Compasión, en la que reside la verdadera Fuerza, que, al ser practicada, conduce a la Libertad, la realización de la propia misión de vida en el Mundo.

El 31 de diciembre a medianoche es el momento en que el Espíritu del Tiempo (Archai) del año pasado pasa la posta al ángel del año futuro; hay un momento en que uno atraviesa un no-tiempo: ese es el momento en el que anhelar la conexión con el Yo Superior, formulando un propósito creativo:

Es especialmente importante que nos comprometamos en la víspera de Año Nuevo (San Silvestre). En esta noche, liberamos el Espíritu del Pueblo, por un momento, y lo que creemos será recogido por las Jerarquías Superiores y devuelto (a lo largo del año) como una fuerza para la realización.

– Rudolf Steiner

Adam Kadmon: Leo

En primer lugar, resulta interesante observar que esta noche, junto con la Navidad (Día de San Juan, Segunda Noche Santa, 25-26 de diciembre), son las únicas en las que los signos zodiacales coinciden entre las secuencias de Herbet Hahn y Sergei Prokofiev. En cierto sentido, podríamos interpretar esta coincidencia como un indicio de que, para alcanzar la Era de Acuario, es necesario penetrar el Misterio Solar de Leo, el mismo que el del Arcángel Mikael, asociado al fuego leonino, así como el de Marcos Evangelista, quien posibilitó la conversión de los Misterios Egipcios de Ormus al cristianismo.

Los Espíritus de la Voluntad, los Tronos, obtienen su fuerza de la Región de Leo. Son los regentes de la evolución del Antiguo Saturno. Los Tronos tomaron parte de su sustancia de Hombre Espíritu y formaron un «huevo de calor» que dio origen a la semilla del cuerpo físico de los primeros humanos. El hombre del Antiguo Saturno estaba compuesto de huevos de éter de calor; su individualización y su reunificación al principio, a la mitad y al final de la evolución de Saturno siempre fueron determinadas por la acción de la Región de Leo.

Fueron los Querubines quienes aceptaron este “hacer sagrado”, y el sacrificio fue el ímpetu para toda la evolución solar y lunar posterior. En el cuerpo humano, es de la Región de Leo de donde se forma el Corazón, el receptáculo capaz de albergar a Cristo. Jesús, el Mesías, fue el León de la Tribu de Judá. Una aclaración con respecto al corazón y su formación en el Antiguo Saturno: a diferencia de la circulación sanguínea, que comenzó solo en el antiguo Sol y, por lo tanto, sigue la función del corazón como centro circulatorio, el corazón se origina en el antiguo Saturno como un órgano sensorial, es decir, el sentido del calor anímico interior. El Coraje brota de la Región de Leo, de donde se tejen los Tronos mismos: la sustancia de su sacrificio contenía el coraje para todo lo que aún se manifestaría en la evolución. Los Tronos son, por lo tanto, Espíritus del Coraje, cuya sustancia, vertida en el Cosmos, dio origen al Mar del Coraje.

Esta es, de hecho, la noche que disipa el terror y nos da el valor para comenzar el nuevo año. La humanidad se nutre del valor de la región de Leo, cuya actitud valiente es la correcta ante las pruebas del destino (Karma). Sin embargo, el coraje de la lucha es también compasión (la Virtud de Leo). Cada verano, cuando la energía terrestre alcanza su punto máximo, la radiación solar disminuye y el calor aumenta. El Día de la Canícula[18] coincide con la elevación helíaca de Sirio, la Estrella del Perro, que aparece en el horizonte, precisamente en el signo de Leo (he aquí otra faceta de la conexión entre el perro obediente y Leo): este calor omnipresente es el recuerdo de la explosión de coraje de los Tronos sobre el Antiguo Saturno.

Notas al texto

[1] En el artículo original el autor aclara que la traducción de las instrucciones al italiano fue realizada por Laura Zanutto y revisada por Mark Willan, adicionalmente fueron tenidas en cuenta importantes aportaciones de un hablante nativo de alemán que prefiere permanecer en el anonimato. Las traducciones al italiano fueron revisadas posteriormente por el autor.

[2] Tiziano Bellucci, nacido en Castelfranco Emilia (Italia) en mayo de 1962. Es profesor de música en la escuela «La Bottega delle 8 arti». Escribe libros, ensayos y artículos, y da conferencias y seminarios. Investigador y divulgador científico espiritual, ingeniero de sonido, escritor, conferenciante, autor de textos y compositor musical.  Su página web:  https://www.unicornos.com/

[3] Citado de una conferencia impartida en Hannover el 31 de diciembre de 1911, publicada en el ciclo «La masonería y el trabajo ritual»

[4] Cristo el verdadero Lucifer. “En los primeros tiempos del cristianismo existía un dicho: «Christus verus Lucifer», Cristo es el verdadero portador de luz, porque Lucifer significa portador de luz. ¿Por qué se le llama a Cristo el verdadero portador de luz? Porque ahora, a través de él, se ha justificado lo que antes era injustificado”  Rudolf Steiner, GA 104.

[5] La Befana es una figura legendaria del folclore italiano, una anciana que vuela en una escoba la noche del 5 al 6 de enero (víspera de la Epifanía) para dejar regalos (dulces, juguetes) a los niños buenos y carbón a los traviesos, llenando calcetines que cuelgan cerca de la chimenea, marcando el fin de la Navidad con un aire de bruja buena que busca al Niño Jesús

[6]  Adam Kadmon (también Adam Qadmon, «hombre original, hombre cósmico»; griego: οὐράνιος ἄνθρωπος uranios anthropos «hombre celestial») se entiende como el arquetipo del hombre según las afirmaciones de la Cábala y la Hagadá. Su imagen es el hombre terrenal.

[7] Melotesia(del griego melothesia) es un concepto antiguo, central en la astrología médica o iatromatemática, que se refiere a la asignación de partes del cuerpo, enfermedades y sustancias a la influencia de los planetas, signos zodiacales y elementos cósmicos, relacionando el macrocosmos (universo) con el microcosmos (el cuerpo humano) para fines de diagnóstico y tratamiento, como asociar a Aries con la cabeza y Piscis con los pies.

[8] Rudolf Steiner pronunció por primera vez la meditación de la Piedra Fundamental en la Conferencia de Navidad del 25 de diciembre de 1923, en Dornach, Suiza. Caracterizó para sus oyentes las palabras de este mantra como “la esencia de lo que puede presentarse ante vuestras almas como los descubrimientos más importantes de los últimos años. . . dejemos que nuestros oídos sean tocados por ellas [las palabras], para que de los signos del tiempo presente podamos renovar, de acuerdo con nuestra manera de pensar, la antigua palabra de los Misterios: ‘Conócete a ti mismo’.

[9] La evolución del mundo se desarrolla desde el punto de vista antroposófico en siete etapas planetarias. Cada etapa cósmico-planetaria de la evolución comprende una era mundial.   Las siete etapas planetarias de la evolución del mundo  corresponden a siete encarnaciones planetarias sucesivas que forman nuestra cadena planetaria.   El principio de la reencarnación es universal y se aplica no solo a los individuos, sino también a mundos enteros. Tres encarnaciones planetarias ya pertenecen al pasado. Rudolf Steiner llama a éstas antiguas encarnaciones del planeta Antiguo Saturno, Antiguo Sol y Antigua Luna. A continuación de éstos viene nuestra Tierra actual como cuarta etapa. En el futuro seguirán tres encarnaciones más denominadas: el Nuevo Júpiter, la Nueva Venus y el llamado Vulcano.

[10] En el texto original italiano utiliza el término Noche de San Silvestre, que corresponde  con la celebración popular de la víspera de Año Nuevo, el 31 de diciembre, conmemorando la muerte de San Silvestre I, un Papa del siglo IV.

[11] Sagrada Biblia, versión directa de los textos hebreo y griego por Monseñor Juan Straubinger.

[12]  La raíz etimológica de sacrificar viene del latín sacrificare, que se compone de sacer (sagrado) y facere (hacer), significando literalmente “hacer algo sagrado”, es decir, honrar, consagrar o dedicar algo a una divinidad o propósito mayor, no solo como una pérdida, sino como un acto de homenaje o expiación

[13] Sagrada Biblia.  Traducción Monseñor Juan Straubinger.

[14] En la mitología griega, los dioscuros o dióscuros (en griego antiguo y moderno, Διόσκουροι, Dióskouroi; en latín, Dioscuri, «hijos de Zeus»), llamados Cástor y Pólux, eran dos famosos héroes mellizos, hijos de Leda y hermanos de Helena de Troya y de Clitemnestra. En latín también eran conocidos como Gemini («gemelos») y a veces como Castores.​ Dares Frigio los describe como «semejantes el uno al otro, de cabello rubio, de ojos grandes, de rostro sin defecto, bien formados, de cuerpo delgado».  «Cástor era mortal, y el destino de la muerte le estaba determinado. En cambio era inmortal Pólux, vástago de Ares»

[15] Sagrada Biblia.  Traducción Monseñor Straubinger

[16] En el catolicismo, el Paráclito es el Espíritu Santo, un término griego que significa “el que es llamado al lado” para interceder, consolar, defender y guiar a los fieles.

[17] Sagrada Biblia.  Trducción Monseñor Straubinger.

[18] La canícula es un periodo de calor intenso y sequía que ocurre en verano (julio y agosto en el hemisferio norte), caracterizado por altas temperaturas, cielos despejados y baja precipitación, durando aproximadamente 40 días, aunque su duración y fechas varían, y su nombre viene de la constelación Canis Major (Can Mayor) y la estrella Sirio (“la abrasadora”).

Traducido del texto original  en italiano con el permiso expreso del autor, Giorgio Tarditi Spagnoli

Le 13 Notti Santi.  Prima Parte: 24–31 dicembre

(Hacer click sobre el título para ir al artículo original)

Traductor:  Carlos Andrés Guío

Acerca del autor

Giorgio Tarditi Spagnoli

Es un investigador independiente que trabaja en el campo de la antroposofía. Nació en 1982 en Sestri Levante, Italia. Se graduó en Ciencias Naturales en la Universidad de Génova, y obtuvo un máster en Paleobiología en la Universidad de Milán y en Biología Evolutiva en el Imperial College de Londres. Realizó un doctorado en Ciencias de la Educación en la Universidad de Milán-Bicocca y se graduó en Naturopatía y Counselling en la Asociación Europea de Medicina Tradicional de Turín. Trabaja como naturópata, terapeuta floral y asesor biográfico, y da charlas sobre antroposofía y esoterismo occidental.

Entre los aspectos centrales de su trabajo esotérico se encuentran el Servicio de Misraim, con sus rituales y su historia; la Rosacruz; las jerarquías espirituales; la sanación esotérica; y el trabajo biográfico..

Es el fundador del proyecto «Pleroma Antroposofia», con el que realiza difusión de los conocimientos esotéricos de diversas formas.

Entre sus libros se encuentran: Cabala e antroposofía, Il libro di Gaia, Le Tredici Notti Sante e il Natale Antroposofico, Indicazioni per la meditazione del Padre Nostro, Viatico della meditazione, Diario del discepolo, L’Osservazione Goethiana.

www.pleroma.uno

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