La Medicina antroposófica como medicina del Yo humano (Parte 2)

La curación del ciego

El Greco (c 1570-1577)

(Mc 8:22-25)

A continuación presentamos la segunda parte del texto “La Medicina antroposófica como medicina del Yo humano”, escrita por el Dr. Med. Jorge Vega Bravo.

Próximamente haremos la publicación de la segunda parte del documento.

Indice

El Cristo como ser solar

La MA fundamentada por R. Steiner se comprendió y se comprende explícitamente como arte curativo crístico. Por otra parte, la MA, hasta la fecha, ha omitido trabajar con claridad los genuinos fundamentos crísticos de su arte terapéutico. En palabras de Peter Selg: “esto adquiere relevancia hoy día cuando el ‘arte de curar’ se ha distorsionado y reducido al paradigma científico-natural y técnico a la que se contraponen ejércitos de procedimientos terapéuticos alternativos, que en su enmarañada multiplicidad de formulaciones parecen prometerlo todo. ¿Cómo encontrar allí el camino del ser humano? El camino de un ser humano que intuye su destino individual de enfermedad que además de la atención física y anímica necesita conceptos espirituales que no le son ofrecidos”.[1]

“Desde siempre el encuentro con la enfermedad es una aproximación al misterio de la propia encarnación que presenta nuevos interrogantes, aunque ellos no siempre alcancen la plena claridad de la conciencia. Que la medicina antroposófica se plantee estas cuestiones de manera radical y abra un nuevo horizonte antropológico fundamental, la hace distintiva, lo cual es reconocido hasta por quienes la critican. Y muy a diferencia de lo que ampliamente se le imputa, la antropología que incorpora la antroposofía no proviene de la sabiduría oriental sino de una ciencia espiritual occidental de profunda orientación cristiana”[2].

La incorporación de Cristo en el cambio de los tiempos es el principio de una corriente sanadora en la evolución de la Tierra y del ser humano. Considerando este momento como la inversión de los tiempos en la historia del mundo, a principios del siglo 20 Rudolf Steiner e Ita Wegman fundaron la medicina antroposófica.

Sentir el dolor hacia la voluntad del Karma, como lo expone Steiner, es fundamentar la voluntad de curar crística en los médicos, en las enfermeras y en todos los terapeutas. Desde el espíritu del Evangelio de Lucas la intención terapéutica descrita por Steiner en una secuencia de niveles se refiere a todos los que trabajan en la medicina y de ningún modo se limita a la compasión empática con el enfermo, aunque este sea una base irremplazable que promueve el desarrollo de toda preocupación orientada hacia el cuidar y el sanar. Pero finalmente también se apela a la esfera del reconocimiento y de la voluntad del paciente de un modo existencial, proceso anímico espiritual que en la actualidad se despliega en medio de una vehemente lucha espiritual que en gran medida amenaza e intenta suprimir el ámbito del arte de curar.

El Cristo de los Evangelios vino como ‘Salvador’ a la Tierra. El nombre de Jesús[3], en un dialecto de Asia Menor, significa ‘médico espiritual’. Cristo sanó a la Tierra y a muchos seres humanos individuales que con sus dolencias se acercaron a Él. Cuando Cristo dijo ‘Yo soy la Luz del mundo’, pudo devolver la vista a los ciegos y como Logos encarnado, devolvió el habla a los sordomudos.

Cuando leemos los evangelios son notorias las sanaciones que acontecen. 

Se podría suponer que el Nuevo Testamento es la inauguración de un movimiento médico y médico-social. Alimentar a los pobres, sanar a los enfermos… Está inauguración médica bosquejada en los Evangelios fue continuada en parte por los cristianos de Occidente. Quienes poco a poco limitaron su labor a un cuidado espiritual más profundo de los enfermos. Hubo médicos excepcionales como Paracelso (1493-1541) que curaron y evangelizaron orando sobre la base de los Evangelios. Esta tradición se mantuvo en el camino espiritual de los rosacruces y sobrevivió por siglos más allá del medioevo, antes de que a finales del segundo milenio de la era cristiana el arte de curar antroposófico de Steiner e Ita Wegman brindara un proceso de renovación. Rudolf Steiner escribió: “El desarrollo de mi alma dependió enormemente de haber estado espiritualmente ante el misterio del Gólgota, en celebración de reconocimiento”[4]. Steiner habló luego del significado medular de esta experiencia crística para un arte de curar moderno en un ciclo de conferencias de Londres (Nov 1922), donde también encontramos indicaciones sobre los sutiles requisitos espirituales de la Escuela de Rafael, que, como escuela médica de los misterios del siglo XX, recién pudo ser fundada en septiembre de 1924 después de muchas reflexiones. “No es tan simple; tiene que ser deseado por el mundo espiritual y tiene que haber seres humanos que quieran recibirlo”[5].

El último ciclo de conferencias dadas por Steiner en septiembre de 1924 fue el curso de medicina pastoral para miembros del círculo de médicos antroposóficos y teólogos y sacerdotes de la recién inaugurada Comunidad de Cristianos[6]. El cierre del curso convergió en una formulación de un mantra sanador que dice:

Yo voy a recorrer el camino

Que disuelve a los elementos en su actividad,

Y me lleva al Padre

Quién envía la enfermedad para resolver el karma

Y me lleva al Espíritu

Quien guía al alma errante hacia la libertad.

El Cristo conduce hacia abajo y hacia arriba.

Creando el Hombre Espíritu en el hombre terrenal,

En armoniosa unión.[7]

“Entonces podemos decir que el camino por el cual el antiguo iniciado llegó a la iniciación podría describirse de esta manera: fui guiado a través de los elementos hacia los dioses inferiores y superiores. El iniciado moderno lo describiría de la siguiente manera: He sido guiado a través de lo que disuelve los elementos en sus procesos activos —los elementos son ahora los elementos químicos, ochenta de ellos[8], que se disuelven cuando entran en cualquier proceso— y me llevan más lejos, al Padre abajo y al Espíritu arriba. Percibo la actividad de Cristo en ambos caminos”.

Más tarde una oyente de este curso, la doctora Madeleine van Deventer escribió: “Irradió el carácter del misterio y culminó en la conferencia final sobre la renovación de los misterios en sentido profundamente cristiano”.

En este último tiempo de su labor, Steiner fundó el núcleo de esotérico de la sección médica y con éste, una verdadera escuela de Rafael cuyos miembros fueron acogidos festivamente ante la escultura del Representante de la Humanidad en el Taller de Dornach. Sus primeras y sus últimas conferencias para médicos estuvieron signadas por una profunda comprensión espiritual y una experiencia del obrar sanador del Cristo.

El obrar terapéutico del Cristo estaba en consonancia con la tradición de procesos curativos espiritualmente compenetrados de las antiguas culturas de vanguardia, pero Steiner los describió como un nuevo acontecer fundamental como un signo real de la Inversión de los Tiempos. Pues a diferencia de los sanadores de los antiguos misterios que curaban a partir de una especie de renuncia a su Yo, como instrumento de las fuerzas cósmico-espirituales, por lo que obraban de modo cuasi mágico sobre los enfermos, Cristo trabajaba de modo radical desde las fuerzas de su YO. Steiner lo dijo en Basilea. “Lo notorio de las sanaciones del Cristo no era ni es que sanara, sino que se presentase alguien que, sin haber estado en una escuela de misterios, podía sanar de ese modo”.  En Cristo las fuerzas cósmicas estaban individualizadas. Steiner describió este obrar sanador de Cristo como una fuerza que fluye del amor, un amor que se derrama y desborda desde el Yo. Él obraba desde su Yo en el yo de su prójimo enfermo. Pero estas sanaciones siempre implicaban la participación del yo del enfermo: ¿Quieres ser sanado? ¡Tu fe te ha salvado!

“Cuando los seres humanos en el futuro se apropien de la fuerza que puede salir del Yo del Cristo, entonces de los yoes humanos podrán emerger resultados tal como fueron irradiados por Cristo a la humanidad”.

La humanidad actual y el necesario arte de curar se dirigen hacia un fortalecimiento del Yo, cuyo resultado concomitante será el dominio del alma-espíritu sobre el organismo de vida (como era antes de la inversión de los tiempos) (y recordando que todo impulso sanador parte de las fuerzas del cuerpo vital).

El primer curso para médicos, inicio de la MA como una medicina individualizada en el siglo XX, comenzó el día de la primavera de 1920 en el taller de Steiner en Dornach, cerca de la figura del Cristo como Representante de la Humanidad y en otoño de 1923 entregó a Helene von Grunelius la Meditación del calor: ¿Cómo encuentro yo lo bueno?, un ejercicio que sería definido como el camino para encontrar a Cristo en lo etérico y poco después empezaría en el taller, cerca de la escultura del Cristo, el trabajo del manuscrito realizado junto a Ita Wegman de “Fundamentos para una ampliación del arte de curar”.

Los pasos centrales del devenir de la nueva medicina Antroposófica llevan impreso, un sello cristológico. Toda dicción, todo verso practicado en las consultas de Arlesheim y en los diferentes institutos terapéuticos promovían la individualidad del ser humano y la comprensión de su destino. El vínculo espiritual concreto del arte de curar, inaugurado por Steiner y Wegman se vela, por último, en la afirmación de los ejercicios meditativos que Steiner daba a los enfermos. En estos ejercicios, delicadamente confiados al enfermo entregados al ser en libertad, es decir, transmitidos a su actitud volitiva obraba la fuerza logos de Cristo presente. Señalemos dos meditaciones curativas que le regaló a un niño y a un moribundo.

El primer ejercicio lo recibió un niño de la Escuela de Stuttgart que tenía 10 años y se había lesionado un ojo. Steiner recetó preparados y compresas para los ojos y luego escribió sobre el recetario, mientras leía en voz alta, las siguientes palabras meditativas:

“Brillan las estrellas.

Es de noche.

La calma colma el espacio.

Todo calla.

Yo siento la calma.

Yo siento el silencio,

En mi corazón.

En mi cabeza.

Dios habla. Cristo habla”.

 

Stuttgart, 1924.

El segundo ejercicio se lo confió a una mujer que padecía una enfermedad terminal. 6 meses antes de morir, la mujer enferma de cáncer recibió la siguiente indicación de Steiner. Por la noche se debe representar que sube una alta montaña y que al llegar a la cima vería como Cristo salía a su encuentro desde el otro lado y le decía. ‘Recibe mi fuerza’. Le recomendó sentir estas palabras bien en su corazón y que por la mañana las recordara con ánimo meditativo.

Para el Niño en crecimiento iluminaban las nocturnas estrellas del Cosmos. Para la mujer moribunda y iluminaba la fuerza solar de Cristo. Así estaba empezando una nueva época de un arte de curar crístico en una escala humana.

 

La fuerza curativa como una fuerza de amor

Steiner demostró que la fuerza terapéutica del Cristo era una desbordante fuerza de amor. Cristo, el Logos universal encarnado tenía en si un amor que desbordaba, que inundaba de tal manera que llegaba a todos quienes en su entorno querían ser sanados. Y de estos primeros conceptos surgieron a modo de sutil diferenciación del tema principal -el amor terapéutico del Cristo- la formación de conceptos como sentir el sufrimiento del otro, el sentido de ayudar, la voluntad para sanar, el coraje para sanar y la voluntad para comprender el destino (karma) del enfermo. Estos conceptos aparecen en los cursos para médicos y terapeutas, expresados con suma delicadeza, obrando como telón de fondo y confiriéndole a sus disertaciones esta impronta oculta. Todos estos conceptos: sentir el sufrimiento del otro, el sentido de ayudar, la voluntad para sanar, el coraje para sanar y la voluntad para comprender el destino (karma) del enfermo señalan el camino anímico espiritual de la medicina crística y el camino del terapeuta que siente en sí la fuerza solar del Cristo. Son los conceptos básicos para un nuevo arte de curar y conducen hacia esa figura que desde 1914 Rudolf Steiner trabajó durante muchos años junto a Edith Marion y nos muestran de manera sorprendente el Rostro frente al cual fueron aceptados los primeros miembros de la nueva escuela de misterios médicos (los misterios de Rafael), en septiembre de 1924[9]

Notas al texto

[1] Peter Selg. Ibid.

[2] Peter Selg. Ibid

[3] Jesús es un nombre que proviene del arameo más antiguo. Allí se escribía ישוע, y se pronunciaba “Yeshu’a”. Su significado nunca cambió y siempre se mantuvo igual: “Dios es nuestro salvador” o “Dios nos ha salvado”.

[4] Steiner. El curso de mi vida. GA 28.

[5] En libro de Zeylmans Van Emmichoven, J.E. . ¿Quién fue Ita Wegman? Arlesheim 1992.

[6] “Por lo tanto, para toda la conciencia antigua, la educación del ser humano estaba relacionada con la curación. Todo el proceso educativo en tiempos muy antiguos de la evolución humana fue pensado principalmente desde un punto de vista médico. Conectado con esto estaba el reconocimiento de que los misterios unían las profesiones de médico y sacerdote, quienes deberían preocuparse por la curación de los seres humanos en la Tierra. Por lo general, en la antigüedad, médico y sacerdote se unían en una sola persona. Esto solo podría suceder a partir de la antigua conciencia instintiva; hoy no sería posible, al menos no como una costumbre aceptada”. Curso de medicina Pastoral. GA 318.

[7] R. Steiner. Curso de Medicina Pastoral. GA 318.

[8] En la época de Steiner habían descrito 80. Se han descubierto o sintetizado todos los elementos de número atómico del 1 (hidrógeno) al 118 (oganesón). Los primeros 94 existen naturalmente, aunque algunos solo se han encontrado en cantidades pequeñas y fueron sintetizados en laboratorio antes de ser encontrados en la naturaleza. Los elementos con números atómicos del 95 al 118 solo han sido sintetizados en laboratorios.

[9] Peter Selg. Reencontrar a Cristo en la Enfermedad. Ed. Dorothea. Buenos Aires.

Acerca del autor

Jorge Alberto Vega Bravo

Médico de la Universidad de Antioquia, con estudios de posgrado en Filosofía, Acupuntura. Es médico Antroposófico certificado con especialización en oncología antroposófica. Pionero de la Medicina Antroposófica en Colombia. Cuenta con amplia experiencia docente a nivel Universitario y en las formaciones de Medicina Antroposófica en Colombia.

Ha fomentado el trabajo de grupos multidisciplinarios a nivel terapéutico, en el centro médico Narabema en Medellín –Colombia en el cual labora como médico independente.

Columnista del periódico local VIVIR EN EL POBLADO en la ciudad de Medellín .

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