La sexualidad y la constitución del Ser Humano (Parte 3)

Caín matando a Abel - Peter Paul Rubens

Caín matando a Abel

Peter Paul Rubens

1600

A continuación se presentan las secciones cinco, seis y siete,  del texto:  “La sexualidad y la constitución del Ser Humano:  un esfuerzo de comprensión desde una mirada antroposófica”, del médico y antropósofo norteamericano Paul W. Scharff.

A lo largo del año estaremos presentando avances de la traducción de éste texto, que constituye un esfuerzo por parte del autor, de presentar perspectivas y comprensiones sobre la sexualidad en nuestra sociedad contemporanea, desde una mirada ampliada por la antroposofía de Rudolf Steiner.

En los siguientes enlaces se puede acceder a las publicaciones previas sobre el tema:

1.  La sexualidad y la constitución del ser humano (Parte 1)

2.  La sexualidad y la constitución del ser humano (Parte 2)

5 – Tiempo, Hombre, Mujer, Masculino y Femenino


Armados con las consideraciones precedentes, podemos, por así decirlo, abrirnos camino hacia otra dualidad. Se trata de una dualidad que tampoco tiene manifestación exterior y que no puede considerarse separada de la constitución sexual del ser humano. Esta dualidad es la de lo masculino y lo femenino. Pero antes de abordar lo femenino o lo masculino desde una perspectiva científico-espiritual, es necesario hablar del hombre y de la mujer. Esto puede hacerse a la luz de lo que Rudolf Steiner ha aportado con sus investigaciones sobre la evolución cósmica y humana, y que ahora aparece como el motivo de las contemplaciones temporales que han precedido a esta sección.

Retomemos los pasos evolutivos que tienen que ver con el ser humano. Para ello podemos remontarnos hasta la evolución del Antiguo Saturno[1]. La Ciencia Espiritual nos indica que en el Antiguo Saturno el reino del Ser Humano vino a la existencia. En el Antiguo Sol, nació el reino Animal. En la Antigua Luna, el reino Vegetal y en la Tierra, el reino Mineral  (ver nota 1).

Ahora, si volvemos a la evolución de la Tierra, de nuevo las etapas o pasos evolutivos han sido identificados por la Ciencia Espiritual, así como por el Antiguo Testamento (en el Génesis). Las descripciones tanto de la Ciencia Espiritual como del Antiguo Testamento son las que se utilizarán en este próximo paso.

Según la Ciencia Espiritual, se pueden ver tres pasos recapituladores al principio de la evolución de la Tierra. Estos tres pasos o fases recapituladoras eclipsan tres épocas que han sido llamadas “épocas raciales”. Las fases recapituladoras pueden verse como un tipo de sombra que permanece y trabaja en el nivel etérico, mientras que un nivel ligeramente más físico evoluciona con las épocas raciales. Durante largas, largas eras, estas épocas raciales pasan de raza a cultura a medida que el futuro de la humanidad se desarrolla desde el principio de la evolución de la Tierra. Las épocas raciales dan paso a períodos culturales. Las épocas raciales y los períodos culturales son:

Ciclo cultural o Raza raíz

Época cultural o “Épocas”

Polar

 

Hiperbórea

 

Lemúrica

 

Atlante

 

Post-atlante

1.      Período cultural indio

2.      Período cultural persa

3.      Período cultural egipcio

4.      Período cultural griego[2]

5.      Período cultural europeo[3]

6.      Período cultural eslavo

7.      Período cultural americano

Sexta época cultural-racial

 

Séptima época cultural-racial

 

Actualmente nos encontramos en la época post-atlante viviendo el periodo cultural europeo. Avanzamos hacia épocas en las que la cultura pasará a ser determinante para las razas . Esto significa que los impulsos raciales puramente hereditarios se desvanecerán gradualmente, y las actividades culturales con vida moral determinarán las relaciones humanas en el futuro. En este panorama, de racial a cultural, podemos situar lo sexual, que se origina más o menos durante la época Lemuriana y pasará a medida que los períodos culturales penetren y transformen al ser humano que se hizo sexual durante la época de Lemuria-Atlántida. Con esta perspectiva histórica, que es cósmica, terrenal-racial y anímico-espiritual-cultural progresiva, podemos retomar al hombre y a la mujer, a lo femenino y a lo masculino.

Preguntémonos dónde estaba el ser humano en el momento en que surgió el reino humano. Como ya se ha dicho, esta pregunta se remonta a la evolución del Antiguo Saturno. En aquella época, el ser humano se encontraba en el regazo del mundo espiritual en lo que se refiere a la existencia del Yo. El yo humano nació del dominio de los Exusiai, pero sólo mucho más tarde. En el Antiguo Saturno lo que pertenece al ser humano, lo que se trajo al mundo fue un cuerpo físico. Este cuerpo físico era el derivado de lo que los Tronos sacrificaron como sustancia astral al mundo para una mayor evolución. En el Antiguo Saturno, el cuerpo físico del ser humano estaba en una condición astral, y la egoidad del ser humano estaba totalmente dentro del seno de los Exusiai. Durante esta encarnación evolutiva de la Tierra, el cuerpo físico fue trabajado por todas las jerarquías, de modo que se formó un Hombre-espíritu para el ser humano, anticipando el futuro.

A continuación, en la Evolución solar, se añadió al ser humano un elemento etérico, un elemento de vida. El alma y el elemento individual aún no formaban parte del ser humano. Este elemento vivo, este cuerpo de vida, era tal que fue trabajado por los seres espirituales para que llegara a existir una forma superior del cuerpo de vida, el Espíritu de vida.

La Evolución lunar vio a los Espíritus del Movimiento, los Dynamis, hacer surgir de la renuncia el principio, el elemento, el miembro que llamamos cuerpo astral. Al final de éste periodo evolutivo, el cuerpo astral fue penetrado y trabajado, de modo que surgió un “yo-espíritu”. Todavía no había individualidad, ningún yo estaba presente, de modo que en ese momento el ser humano consistía solamente de un cuerpo físico, un cuerpo vital y un cuerpo astral al final de la evolución lunar. Un potencial para estados superiores de evolución de estos miembros, es decir, el hombre-espíritu, el espíritu-vida y el yo-espíritu, se cernía ante el ser humano para el futuro. Sin embargo, primero el ser humano necesitaba un yo.

Con el advenimiento de la Evolución terrestre, las tres evoluciones volvieron a salir del sueño cósmico, durante el cual los miembros superiores pudieron evolucionar; en particular, el etérico evolucionó de la luz, al tono, a la vida. Esto se abordará más adelante con mucho más detalle. Como ya se ha señalado, estas tres evoluciones se situaron como una sombra detrás de los períodos evolutivos raciales de la evolución terrestre primitiva, la encarnación terrestre de la tierra.

Con la primera época evolutiva terrestre, la época racial polar, con la evolución de Saturno situándose de trasfondo, surgió un cuerpo físico que era todo calor, calor físico, que había progresado desde el calor más anímico de Saturno, a viviente, y luego al calor de fuego anímico de la Tierra-Polar. Este calor era más parecido al fuego, por así decirlo. En esta fase de desenvolvimiento, el yo todavía estaba dentro de los seres espirituales, dentro del mundo jerárquico. En esta fase de la evolución terrestre, el ser humano era a la vez terrestre y humano. Un potencial para una existencia “totalmente humana” impregnaba la evolución.

La siguiente época, la época racial hiperbórea, con la evolución solar detrás, trajo consigo condiciones que permitieron añadir un cuerpo de vida al cuerpo físico. Al mismo tiempo, surgió una especie de reino vegetal auxiliar junto con el reino físico humano. Este reino vegetal fue exhalado del ser humano, e inhalados fueron los principios superiores, los principios espirituales, es decir, el Hombre-Espíritu, el Espíritu-Vida y el Yo-Espíritu. Fueron insuflados en el ser humano por Dios, por Jehová, junto con la sustancia ardiente y caliente que luego se condensó en aire. Los elementales nacieron en este aire caliente insuflado al ser humano. Sin embargo, el ser humano no tenía un yo individual. El “Todo-humano” de la época Polar se convirtió cada vez más en un ser humano cuya cualidad de ser le fue conferida por lo etérico del sol. En esta etapa evolutiva vivía un potencial de “ser humano”.

Con el advenimiento de la época racial lemuriana, con la evolución lunar de trasfondo, el animal fue excretado de la organización humana, que ganó un cuerpo astral. El aliento adquirió una especie de elemento anímico, pues ya había en éste principios superiores que actuaban en la respiración. El aliento adquirió un elemento “anímico viviente” que podía empezar a mediar entre el cuerpo y el espíritu. La constitución del “todo-humano” potencial y del “ser humano” potencial era en gran medida etérica, con la materialidad todavía en una condición etéreo-astral. Es en este momento cuando el “Todo-humano”  y el “ser-humano” potenciales llegaron a ser el “hombre andrógino”. Llegó a existir una especie de Hombre-Mujer. Todavía no había nada que pudiera llamarse sexo.

Podríamos considerar que la “toma de la costilla del costado de Adán” para crear a Eva puede ser entendida como si el mundo espiritual tomara una parte de la constitución física de Adán para crear a Eva. El proceso se realiza desde el lado cercano al corazón. Podríamos considerar que esta toma de la costilla tuvo lugar en la época de Lemuria. No se indica nada de reproducción, y el proceso de separar al hombre y la mujer es una actividad espiritual de los Dioses, por así decirlo. El hombre de aquella época era más físico-espiritual, mientras que la mujer era más de contitución anímico-vital (etérica). Aun así, el yo estaba dentro del seno de los Dioses, el mundo espiritual jerárquico. Puede pensarse que el reino humano fue traído a la existencia mediante el aliento, que el reino vegetal fue secretado en la existencia con el aliento, y que el reino animal fue excretado en la existencia por medio del aliento. Lo que era “Todo-humano” potencial de la época Polar, y “ser-humano” potencial en la época Hiperbórea, ahora durante Lemuria se convirtió en potencial “masculino y femenino”. La verdadera división en sexos aún no existía y sólo llegó hacia el final de la época racial lemuriana.

Ahora llega la Atlántida, o la época de la Edad del Hielo. Es en este momento cuando podemos hablar de la separación de los sexos, de modo que el “todo-humano” potencial, el “ser humano” en potencia y lo “masculino y femenino” potenciales se convirtieron en hombre y mujer, quedando el “todo-humano”, el “ser humano” y lo “masculino y femenino” como gérmenes para el futuro. Lo masculino y lo femenino pueden concebirse como una evolución a partir de la tendencia hombre–mujer, pero primero tuvieron que aparecer el hombre y la mujer. Por primera vez en la historia del mundo, se establece lo sexual. Al mismo tiempo, el yo individual en potencia estaba siendo otorgado por la Jerarquía de los Elohim, los Exusiai. El potencial para que el individuo singular pudiera dominar las polaridades de hombre y mujer, de masculino y femenino, así como de la masculinidad y la femineidad, nació con este regalo de los Elohim al engendrar el yo humano.

El primer “hombre” que nació en la tierra como varón fue llamado Adán, como nos dice el Génesis. Pero este nacimiento no fue un asunto simple. Con el nacimiento del primer hombre, Adan, una contraparte de Adan fue dejada en el mundo espiritual. Esta contraparte ha sido conocida como Adam Kadmon. Con el nacimiento de la mujer, asi como del hombre, parecen haber quedado contrapartes en el mundo espiritual.

Aquellos que vieron más profundamente en la existencia llegaron a dirigirse a esta contraparte en el mundo espiritual, esta ” alma-hermana” de Adán. Uno podría reconocer este aspecto más cósmico de Adán o Adam Kadmon del que nació Adán. De mi propia investigación he llegado  a la conclusión que el Adam Kadmon se hace evidente en la vida humana con la estructuración de las membranas embrionarias. Así como el feto actualmente nada en las aguas del amnios, dentro de las membranas embrionarias, así el primer Hombre, Adán, puede ser pensado como un ser etéreo nadando en las aguas de la existencia, para gradualmente nacer en tierra sólida (cuando el Arca descansaba en tierra sólida por así decirlo). Adán o la tierra no estaban rodeados de membranas, sino de Adam Kadmon. Por lo tanto, el periodo embrionario puede verse como un espejo de esa época, la época de Lemuria a Atlántida antes de la Caída y la llegada al reposo del Arca que es en realidad el hombre.

Así pues, Adán era todavía bastante etéreo en el comienzo de la Atlántida. Poco a poco lo sólido fue cobrando existencia. Así como la época Polar dio a luz al reino Humano, la época Hiperbórea dio a luz al reino Vegetal, y la época de Lemuria dio a luz al reino Animal, y la Atlántida dio a luz al reino Mineral. El nacimiento del yo en el ser humano en ese momento trajo un núcleo al ser humano en evolución. Fueron los Exusiai quienes dieron a luz al yo para el ser humano cuando se convirtió en hombre y mujer. Así pues, muchas cosas ocurrieron antes de que surgieran el hombre y la mujer, y hay dentro del ser humano mucho que no es sexual si no pensamos que todo lo que ha precedido a la etapa sexual del despliegue humano se ha perdido.

Todavía se puede llevar la imagen de Dios tomando una costilla de Adán para formar a Eva como verdadera reproducción, pero sin que tengan lugar procesos sexuales. Los procesos sexuales evolucionaron lentamente. La reproducción sexual, como se ha señalado anteriormente, tuvo lugar cuando la pareja, Adán y Eva, vieron que estaban desnudos, es decir, que podían experimentarse a sí mismos como seres físicos de diferente constitución sexual, pero también experimentaron el mundo espiritual como elevado, estando muy por encima de ellos, y por consiguiente su sentimiento de vergüenza. Tenían que ocultar sus órganos reproductores, ya que aún eran llevados a la actividad reproductora por seres espirituales. Mi impresión es que la actividad sexual tal y como la conocemos hoy en día no tenía lugar con conciencia y con los placeres que forman parte de la actividad sexual en nuestros días. Todo, entonces, seguía estando mucho más en manos de los dioses. La grandeza de los seres espirituales activos en el proceso reproductivo hizo que Adán y Eva sintieran su bajeza, y por ello experimentaron vergüenza.  Yo interpretaría su vergüenza como el resultado de su propia actividad frente a la actividad de los seres espirituales más elevados, que actúan en el proceso reproductivo, ya sea en la actividad espiritual o en la actividad procreativa física.  Pudieron comenzar a experimentar su pequeñez en comparación con la actividad del mundo espiritual superior, en primer lugar dentro del proceso de reproducción.  Podemos aprender que la vergüenza surge de la experiencia del ser humano al encontrarse frente a la grandeza del mundo espiritual, a menos que se haya llegado allí por medio de la iniciación o por gracia.  El sentido del yo, fue, y sigue siendo, mucho más modesto que la vivencia de estar ante los seres de las jerarquías.  Por primera vez, lo mineral y lo vegetal (el árbol de manzano) aparecen en forma mineral, en forma sólida, en el momento en que el ser humano, Adán y Eva, pudo experimentar vergüenza.
Por primera vez, pudieron experimentar su existencia fuera del ámbito de las jerarquías.

Desde una perspectiva espiritual, la vergüenza es un reconocimiento importante para el ser humano, un reconocimiento de que la grandeza de su creación corporal supera con creces su propia capacidad, especialmente en el caso de la reproducción. Hoy en día hay un ligero eco de esta vergüenza en la vida de algunos seres humanos, pero no saben de dónde procede. Yo sugeriría que proviene de la sensación de que el proceso de reproducción abre la puerta a la actividad de los mundos superiores (no estoy incluyendo ahora las experiencias anímicas más bajas de la vida sexual sensual).

La expulsión del Paraíso puede verse como el ser humano convirtiéndose en un ser físico real que antes de la expulsión era más bien un ser etérico. Sólo en este paso llega a existir lo sexual, si se sigue esta línea de contemplación, y la vergüenza podría aparecer en la evolución humana a fuerza del regalo del yo por parte de los Elohim, que se elevan por encima de la condición humana. Esto puede esbozarse de la siguiente forma:

Polar:

El potencial “todo-humano” – nacido de la creatividad del fuego espiritual – una condición astral

Hiperbórea:

El potencial del “ser humano”, exhalado por los dioses, una condición astral y etérica.

Lemuria:

El potencial para el hombre y la mujer como masculino y femenino secretado-excretado por el mundo espiritual – una condición etérica

Atlántida:

El hombre-mujer convertidos en masculino y femenino transpirados por el mundo espiritual – una condición etérica a física.

 

6 – El Nacimiento Del Yo Y El Reino Mineral


Si seguimos esta línea de pensamiento, llegamos al hecho de que el reino Mineral fue el último reino en nacer en la tierra. Al mismo tiempo, el yo se convirtió en el núcleo del ser humano Según Rudolf Steiner, el nacimiento del yo se da como una “muerte” a partir de la jerarquía de los Elohim. Esta es la imagen que transmite en el ciclo de conferencias titulado “La evolución desde el punto de vista de lo verdadero[4].  A medida que el yo nace en los cuerpos astral, etérico y físico, se producen cambios en cada uno de estos cuerpos. El cuerpo físico se vuelve sólido, o una porción se vuelve sólida con el advenimiento de la Atlántida. El etérico se condensa de una organización de luz a un elemento de calor. El éter de calor no está presente hasta la Atlántida. El éter de calor se produce por una condensación que es el resultado de la actividad de Jehová Elohim, es decir, un Elohim específico. (Hay otros Elohim – no todos son del mismo rango y capacidad.) El astral pasa por una evolución compleja. Durante las primeras fases de la evolución terrestre, el astral, que recibe un yo, adquiere un impulso hacia lo “todo-humano”, hacia el “ser humano”, hacia el “hombre-mujer”, “masculino-femenino”, y finalmente “masculino y femenino”. La división masculino-femenino del cuerpo astral podría entonces provocar la diferenciación física masculina y femenina al trabajar a través de la organización etérica.

Una posible perspectiva es que el sol se separó durante la época hiperbórea, proceso que fue llevado a cabo por los Elohim Pleurómicos, es decir, aquellos Elohim que quedaron rezagados en la evolución del Antiguo Saturno. La salida del sol de la tierra generó el aspecto más masculino del ser humano. La tierra-luna conservó la cualidad más femenina de la evolución cósmica. Con la salida de la luna, entró en acción Jehová, lo cual condujo a la capacidad de condensar el éter de luz en éter de calor. Con esta condensación del éter, los Elohim que habían separado la luna de la tierra se convirtieron en los Elohim que llegaron a ser conocidos como el Dios Jehová. Es a partir de otros Elohim que el yo humano fue introducido a la existencia a través de la muerte. Esto significa que el yo fue completamente separado de su fuente de origen. También implica que el elemento de la muerte —una separación total de la fuente— es inherente al yo, lo cual lo obliga a plantearse como objetivo una reunificación. Esta reunificación puede denominarse re-ligare, es decir, volver a unir. Esta meta de reunificación es un propósito del yo. El yo fue separado al venir a la existencia, trayendo consigo un impulso hacia la muerte, pero también uno hacia la reunificación. Esto puede considerarse como una fuente originaria de la religión.

Podemos considerar que el yo humano se encarnó en los cuerpos físico, etérico y astral en evolución gracias a que el éter calórico había sido traido a la existencia. A través del éter-calórico, el yo pudo penetrar lentamente en los cuerpos o principios organizativos existentes. Estos cuerpos eran el cuerpo astral dual (masculino y femenino), el cuerpo etérico cuádruple (éter-calórico, éter deluz, éter-tonal y éter de vida) y el cuerpo físico, que existía con los cuatro estados de la materia. Con el advenimiento del yo, la dualidad de lo masculino y lo femenino pudo llegar a penetrar en el cuerpo físico para dar lugar a las estructuras físicas características de los dos sexos. Lo físico se convirtió en dual sexualmente hablando. Sin embargo, a medida que lo físico se dualizaba, el yo seguía siendo una entidad única. El yo mismo permaneció por encima de la dualidad masculino y femenino, trabajando desde el espíritu para dar lugar a la triplicidad del alma, es decir, pensar, sentir y querer.

Dos detalles adicionales necesitan ser abordados. El primero es que, a medida que lo físico se fue volviendo mineral y lentamente se fue solidificando, fue penetrado por fuerzas subterráneas. Estas fuerzas subterráneas surgieron como resultado de que los éteres fueron apartados del dominio de lo divino. Durante la época lemúrica, algunos de los éteres fueron extraídos del dominio de lo divino por el Ser conocido como Ahriman. Estas fuerzas penetraron entonces en lo físico, que existía en los cuatro estados de la materia. Esto significa que la constitución cuatrimembrada de los éteres se polarizó y una parte de ella “cayó” en la existencia. Esto dio lugar a las fuerzas de gravedad, magnetismo, electricidad y actividad informacional, que entonces penetraron la materia. Con la “Caída de lo Etérico”, lo físico, a su vez, “cayó”, dando origen a la “Caída de la Materia”. Así, con la evolución hasta los tiempos atlantes, se produjo: 1) la Caída de lo Etérico, y 2) la Caída de la Materia. (Estas dos caídas siguieron a la “Caída de los Ángeles” o caída de lo astral durante la época lemúrica, un reflejo de la evolución de la Antigua Luna).

El segundo detalle es que Jehová se apoderó de un segmento de lo etérico, el eter calórico  y el eter de luz, para moldear un proceso hereditario para el ser humano. La herencia se convirtió entonces por primera vez en el principio directivo para la evolución del cuerpo físico del ser humano que recibió su yo en el momento de la Caída. El yo, por así decirlo, cayó en la materia en el momento en que fue “muerto” a la existencia con un cuerpo físico. En realidad, el yo comenzó primero una existencia mientras el cuerpo físico era aún más etéreo, y este estado de existencia se llamó “Paraíso”.

Con la caída del Paraíso, con el nacimiento en un cuerpo físico, el alma humana, el yo, se hundió en un cuerpo físico que estaba determinado por la herencia. Este cuerpo hereditario también estaba penetrado por un Doble caído, un Doble etérico del cuerpo, que estaba y está muy determinado por la geografía de la tierra y del cosmos. En aquella época, las condiciones geográficas y geológicas venían a determinar una parte esencial del cuerpo físico, pero el cosmos también lo hacía. Para la época del Misterio del Gólgota, el funcionamiento del Doble se hizo cada vez más importante y, por así decirlo, amenazó con sacar la condición humana de la evolución. Por esta razón fue necesario el Misterio del Gólgota.

Esta constitución del cuerpo, con un Doble y una configuración hereditaria, implicaba —y sigue implicando— que el alma que se encarna, el yo, debe penetrar ambas configuraciones que actúan en el organismo. Al mismo tiempo, el yo trajo consigo las condiciones del mundo espiritual del que había nacido, el dominio de los Exusiai o los Elohim. Este nacimiento del yo desde lo espiritual creó y sigue creando la posibilidad de que el yo se encarne en lo caído de lo etérico y lo físico, que a su vez había sido polarizado en masculino y femenino.  La “Caída del Hombre”, entonces, está asociada con la caída de los ángeles o la caída de lo astral, la caída de lo etérico y la caída de la materia. Con la Caída del Hombre vino la división en masculino y femenino.

Como ya se ha señalado, la salida del sol y la luna de la tierra pueden ser vistas como el impulso original para la división entre el hombre y la mujer en la etapa de potencial para lo “Todo-humano”, lo “masculino y lo femenino” en la etapa potencial para el “ser-humano”, y la “madre y el padre” con el potencial para la división en masculino y femenino. Los acontecimientos cósmicos han sido responsables de la división en sexos.  Estos acontecimientos cósmicos se producen a través de la actividad de los seres espirituales.

He aquí otro esquema:

Polaria

 Potencial “Todo-humano”  con el hombre y la mujer

Hiperbórea

Potencial “ser humano” con masculino y femenino

Lemuria

Potencial “ser humano”,  con la división en sexos

Atlántida

Potencial “ser humano”   con capacidad de reproducción

Post-Atlante

Potencial “masculino-femenino” con capacidad para la creatividad y  la responsabilidad cósmica

 

7 – Lo dual


Ya hemos señalado una serie de hechos de naturaleza polar. Hombre y mujer es una dualidad, masculino y femenino es una dualidad, y los dos sexos son una dualidad. Hemos señalado la dualidad entre la cabeza y el tronco, y hemos señalado dualidades con respecto a los sentidos y los órganos internos. Una dualidad mucho menos conspicua es la que se da entre la estancia terrenal del yo y su viaje después de la muerte en el mundo espiritual. Esta última dualidad, ya lo hemos señalado, da lugar a la encarnación con un impulso dentro del yo para reunirse con lo divino desde el cual éste (el yo) “murió” para llegar a la existencia. El reencuentro puede denominarse re-ligere, que en latín designa este proceso. La religión, entonces, es un impulso fundamental en el yo, que tiene su hogar entre los Exusiai. Desde esta perspectiva, la religión es también una superación de la muerte, que no es sólo un asunto corporal. Es también un asunto del núcleo espiritual del ser humano, que encuentra un camino de regreso al dominio espiritual del cual surgió.

En la historia judía y en la leyenda oculta relacionada con esta historia nos encontramos con otra dualidad que hay que resolver. Se trata de la dualidad que trata de lo astral y lo etérico en el mundo. Esta dualidad tiene que ver con la dualidad del tiempo, pero ahora el elemento tiempo tiene que ser incorporado a la constitución humana. La “Leyenda del Templo” aborda esta dualidad de lo etérico y lo astral a medida que se convierte en parte operativa de la condición humana. Con la ayuda de Rudolf Steiner podemos obtener cierta visión y perspectiva si retomamos esta leyenda.

Lo que Rudolf Steiner nos aporta es que Caín es de constitución más astral (predomina lo astral) y Abel de constitución más etérica. Ambos tienen una relación hereditaria con Jehová, pero es la corriente Abel-etérica la que es favorecida por Jehová. Como sabemos, Caín mató a Abel, pero la corriente etérica de Jehová fue continuada por Set, que nació después del asesinato de Abel. La corriente de Seth se propagó mientras que la corriente de Caín fue desterrada, por así decirlo. Sin embargo, la corriente de Caín sí apareció en la evolución, descendiendo lentamente desde las alturas astrales para aparecer en la corriente de la cultura humana, donde la creatividad es central. Todo el impulso cultural de la humanidad, con la creatividad y también el exoterismo, puede verse como procedente de la corriente de Caín de la existencia. El problema con la corriente de Caín y la corriente de Abel es que el astral tiene que venir a vivir en el etérico para que el etérico no sea destruido en el proceso. El asesinato original de Abel por Caín aborda esta cuestión. Debido a que Caín fue desterrado de la tierra, por así decirlo, la corriente de Caín vino a cargar con la responsabilidad de traer lo creativo sin quitar la vida. El elemento creativo tiene que ser traído de tal manera que la vida, lo etérico, no se consuma en el proceso y el resultado no se convierta en muerte o asesinato.

Tras el destierro de Caín, el aspecto Caín de la evolución puede, como se acaba de indicar, verse como aquello que se apoderó de lo etérico para convertirse en creativo. La resolución del potencial asesino inherente al astral fue que el astral diera origen a las artes y oficios, como encontramos con el maestro constructor Hiram apoyado por Tubal-Caín, el pariente de Caín en la evolución posterior. Uno de los poderosos actos creativos de la evolución astral es reunir al yo con su fuente espiritual de forma consciente, un resultado directo de la línea llevada por Caín. La reunión directa y consciente del yo con su fuente se conoce como “Iniciación”. La corriente de Abel, por otra parte, produjo una reunión del yo con el mundo espiritual a través de lo que fue dado por Jehová y asumido por los sacerdotes-rabinos en forma de culto. La vida religiosa pasó a ser responsabilidad del sacerdote-rabínico, mientras que la iniciación pasó a ser responsabilidad de aquellos que llevaban el impulso a la creatividad individual, es decir, el impulso de la corriente de Caín. Con lo sacerdotal hay una reunión que permite al yo, al individuo, un grado de pasividad. Esta acción sacerdotal pertenece a la línea de Abel. Con la línea de Caín tuvo que producirse otra forma de unión del yo con su fuente. La vía creadora, la vía forjada por Caín a raíz de su destierro, se llama Iniciación, como acabamos de indicar.

Uno de los métodos de reunificación es, pues, el método del pan y el vino, el método del sumo sacerdote Melquisedec. Este es el camino de la religión. El otro método es el de la Iniciación, el que fue traído por Caín. Enoch es uno de los primeros grandes iniciados judíos. Se dice que Enoch fue despreciado por sus contemporáneos porque fue llevado al Cielo, por así decirlo. Al mismo tiempo, el Cielo fue llevado a otros en forma del culto del “pan y el vino”. Así puede considerarse que la Iniciación surgió de la línea evolutiva de Caín y se unió a las prácticas iniciáticas de otras partes del mundo, que estaban más o menos determinadas por el nacimiento, por la sangre. La práctica iniciática que surgió de Caín estaba mucho más determinada por el esfuerzo individual, mientras que, en el pasado, como en la línea de Abel, era la herencia la que determinaba la relación del individuo con la Divinidad en un camino espiritual.

He aquí, pues, otra dualidad, la que se da entre  la Religión y la Iniciación. Una no niega la otra, y cada una aportará sus experiencias. En ambos casos, el yo vuelve a casa. Sin embargo, hay un elemento más activo con la iniciación y una pasividad con la religión, ya que fluye de la corriente del “pan y el vino”. La iniciación culmina en la religión, por así decirlo, y comparte así la tendencia fundamental de la religión practicada por el culto formal. He aquí una tendencia muy esencial de una dualidad que desafía el núcleo, el núcleo espiritual, del ser humano que tiene la tarea de volverse activo para hacer frente a las muchas dualidades que acosan a la condición humana. En este sentido, la dualidad se convierte en el desafío a la actividad en el nivel más profundo de la existencia, la del yo como espíritu. La religión, entonces, es la resolución del impulso de lo astral traído por Caín y la tendencia llevada por Abel. La resolución de otra dualidad, esa  que tiene que ver con la sexualidad, tiene como fundamento encontrar una relación adecuada con la vida religiosa. Es el individuo, el núcleo espiritual, el que tiene que resolver la diferencia entre la dualidad de los sexos traída en última instancia por el sol y la luna de la evolución cósmica.

Otro aspecto de la dualidad de Caín y Abel es que lo masculino es más el elemento de lo astral en actividad y en lo femenino es más el etérico. La base de la rivalidad y la tensión entre lo masculino y lo femenino, así como entre el hombre y la mujer, encuentra su origen en estos dos aspectos de la condición humana. Dado que el  impulso de la línea de Abel estuvo más ligado con lo etérico, lo femenino se convirtió en un factor importante en el desarrollo del pueblo hebreo. La memoria y la herencia también fueron y son importantes hasta el día de hoy en esta línea de sangre, en este pueblo basado en la herencia. La memoria ancestral y el culto a las fiestas parecen ser en gran medida la base de la religión judía.

La línea astral, la línea de desarrollo de Caín, llegó a ser el secreto de las hermandades. Al principio las hermandades estaban abiertas sólo a los hombres, ya que los hombres llevaban el impulso astral, mientras que las mujeres llevaban la fuerza para dirigir un pueblo a través de la herencia. En la Leyenda del Templo es el Rey Salomón quien lleva la corriente de Abel, la corriente etérica. Salomón llevaba la corriente responsable de la evolución más general de un pueblo, mientras que la corriente de Caín se dirigía a lo más individual. La dualidad de Caín y Abel, el Iniciado y el Sacerdote, el individuo creador y el siervo, podría verse como una revelación de lo masculino y lo femenino. Juntas, estas dos corrientes pueden construir un templo, un templo físico al principio, el Templo de Salomón. El templo más difícil de construir está en proceso, y es el templo del proceso social. Hoy en día está en marcha y requiere tanto del Sacerdote como del Iniciado para tener éxito.

El nacimiento del templo del proceso social se produce de forma tal que la creación del proceso social pueda considerarse una consecuencia de lo masculino y lo femenino de la constitución humana. La creación de lo masculino y lo femenino es otro ser humano, un niño para empezar. La creación potencial a partir de lo masculino y lo femenino puede ser el proceso social. Estas dos formas de creación nos ayudan a apreciar una diferencia significativa entre lo masculino y lo femenino, y lo sexual de lo masculino y lo femenino. El impulso masónico es frecuentemente visto como íntimamente relacionado con la Leyenda del Templo y el impulso de Caín.  La religión judía, por otra parte,  es vista en relación con el impulso Abel-Salomónico.

Es más lo astral lo que está de la mano del hombre, y más lo etérico lo que está de la mano de la mujer. El asesinato de Abel (más mujer) a manos de Caín (más hombre) indica cómo lo astral puede vencer a lo etérico (y así parece que lo animal-astral consume a lo vegetal-etérico en la nutrición). Entiendo que la dualidad, el hombre con su astral y la mujer con lo más etérico, tiene asociados dos impulsos básicos y fundamentales: la prorrogación del conocimiento y la propagación de la humanidad. Se puede considerar que Caín es la base de la sabiduría iniciática en la línea judía, mientras que Abel es la base de la devoción y de la vida religiosa a través del sacerdote, también en la misma línea de sangre. Este impulso hereditario se convirtió en un impulso plenamente humano gracias al Misterio del Gólgota, como lo revela la investigación de Rudolf Steiner.

Es posible considerar que la leyenda de Caín y Abel apunta a una época anterior a esa en la que el ser humano se diferenció definitivamente en masculino y femenino. Se puede pensar que el astral más cósmico de Caín sirvió de base para la ciencia, mientras que el etérico cósmico de Abel sirvió más como una base para el arte. Los dos juntos se unen para servir a la religión. Los Misterios Hiberniano-Hiperbóreos apuntaban en esta dirección, como nos revela Rudolf Steiner. Con esta perspectiva, lo científico y lo artístico son predecesores de la religión. Por la unión de ambos se produce un nuevo nacimiento, y esto constituye una religión en la que el hombre y la mujer, lo astral y lo etérico, dan lugar a un hijo, un hijo espiritual. Si se está familiarizado con la unión de Isis y Osiris, se puede comprender este nacimiento como proveniente de un hombre y una mujer que, al mismo tiempo, son hermano y hermana. La sexualidad no tiene nada que ver, desde esta perspectiva, con la generación de un hijo como Horus.

En nuestros tiempos más modernos, la unión del arte y la ciencia, según Goethe, da nacimiento a la religión, pero se trata de una cuestión esotérica y no del arte exotérico y la ciencia exotérica habituales. Aquí se hace referencia a dimensiones totalmente nuevas en el arte y la ciencia, tal como señaló Goethe y sostuvo Rudolf Steiner. Es a partir del antiguo misterio de Hibernia que este impulso religioso puede considerarse como el nacimiento de lo cósmico de la ciencia y lo cósmico del arte.

Anteriormente señalamos los tiempos desde Lemuria hasta la Atlántida, tal como se abordan en el Génesis del Antiguo Testamento; ahora, con la orientación del antiguo Egipto, los tiempos desde Hiperbórea hasta Lemuria entran más en foco a través de los misterios de Isis y Osiris. Sin embargo, según mi investigación, parecería que Osiris portaba una configuración más etérica, e Isis una configuración más astral, aunque ambos principios parecen estar operativos en estos dos tiempos pre-adámicos.

El hombre de los tiempos Hiperbóreos se hizo mucho más masculino con la evolución de la tierra, mientras que la mujer se hizo más femenina. Cada uno alcanzó la madurez sexual sólo más tarde, a finales de los tiempos lemurianos y atlantes. El astral nacido en el cosmos vino después de que el etérico se diera a la existencia y era femenino al principio. Con la evolución posterior parece que se volvió masculino a medida que se acercaba la división de los sexos. Lo mismo ocurrió con el etérico. Es decir, el etérico fue primero masculino y sólo con la aproximación de la división de los sexos se volvió femenino. Como el hombre de los tiempos atlantes se hizo masculino y la mujer femenina, el astral activo pudo matar al etérico, de modo que fue necesario en la evolución humana proteger al etérico en aras de la vida, la reproducción y el servicio divino. Caín, con su trabajo, tuvo que ser apartado un poco de la evolución para que la línea de Abel pudiera desarrollarse sin destrucción continua. Si la evolución se ve de esta manera, entonces se puede contemplar que el mundo espiritual tiene que trabajar y “experimentar” a fin de encontrar su camino. Un plan para toda la existencia no viene de lo más alto, por así decirlo, sino que pide actividad y creatividad por parte de todos los seres espirituales, humanos y también de otros.

Lo que podría considerarse, sin embargo, y que concuerda con algunas indicaciones de Rudolf Steiner, es que lo creativo inherente al astral dio lugar a cultos de sacrificio (o cultos de asesinato), con el fin de que el éter —más pasivo— fuera llevado al dominio del astral para servir a este astral activo. Esto generó nuevos impulsos culturales y una nueva vida para la humanidad. Rudolf Steiner indica que en el pasado se libraron guerras por este motivo. De este modo se eliminaban culturas, y los conquistados podían tomar las fuerzas etéricas que quedaban de las vidas que no se habían agotado, por así decirlo. La actividad de los conquistadores se apoyaba en el éter dado por los muertos. Desde esta perspectiva, estos cultos tenían un significado muy diferente del que tienen hoy en día. Hoy en día, las guerras y los cultos de sacrificio necesitan ser sustituidos por esfuerzos creativos, y estos esfuerzos necesitan una fuente en el amor, no en la toma de la vida de una forma u otra. Desde la época del Misterio del Gólgota, lo que era cierto para la guerra y los cultos de sacrificio ha sido reemplazado a través de las Acciones del Cristo, de modo que nuevas fuerzas etéricas están disponibles para la creatividad. Fueron las Obras de Amor las que iniciaron este cambio en el potencial creativo. Lo que se denomina el “Asesinato de los Inocentes” podría verse desde esta perspectiva como una expresión de antiguas formas de renovación de la humanidad.

Antes del Misterio del Gólgota, antes de las Acciones de Cristo, tuvo que nacer todo un pueblo, toda una cultura, para que el impulso de Caín no matara al impulso de Abel. Toda la historia del pueblo judío se ve entonces desde esta perspectiva a la luz de la Leyenda del Templo. El pueblo judío tenía que aportar el potencial de influencia hereditaria a la humanidad, es decir, había que preservar el impulso de Abel. Esto ha significado para la humanidad que el alma encarnante puede confiar en que se le ha dado una copia del organismo humano como vehículo para la encarnación. Si no fuera así, cada alma encarnada tendría que empezar de cero. Como sabemos por la genética, la herencia es más fuerte, más dominante, llevada por la mujer que se convierte en hembra. Durante mucho tiempo esta verdad tuvo que mantenerse en secreto, y esto podríamos considerarlo como la marca de nacimiento de lo oculto, de lo esotérico. La propagación del cuerpo físico pasó a ser una cuestión de conocimiento exotérico, y se convirtió en una base importante de las leyes judías que rigen la vida de los seres humanos. Esta es la indicación que nos da Rudolf Steiner.

Uno puede preguntarse cuándo surgió el impulso de la herencia en la evolución. Como se ha señalado, podemos hablar del momento en que Jehová penetró en lo etérico, el cual fue tomado por el alma encarnante.

Sin embargo, una base aún más temprana para ésto surgió con la evolución de la Antigua Luna. Lo que ocurrió allí fue que los espíritus luciféricos se apoderaron de las fuerzas etéricas traídas de la evolución del Sol. Estos espíritus tomaron fuerzas etéricas para sí mismos para individualizar de alguna manera lo etérico. Este éter fue entonces tomado por los Elohim que dieron nacimiento al yo, la individualidad humana, mientras Jehová tejía el impulso hereditario en este éter. Esta actividad de los espíritus lucifericos apoderándose del éter, que luego se convirtió en posesión de Jehová, es llamado los “Pecados de los Padres.” Este éter fue tomado por los Elohim para dar nacimiento a la individualidad humana en un cuerpo físico. Esto fue considerado como un profundo secreto y constituía un aspecto muy esotérico del Judaísmo, hasta donde he podido determinar. Algunas de las leyes judias, entiendo, tienen su origen en este proceso. Se sabía que debido a este origen de la herencia, la herencia podría llegar a convertirse en la base de la enfermedad con el paso del tiempo, y ésto se produjo por la Caída de los Ángeles o los Pecados de los Padres. Los actos de Lucifer condujeron a la Caída de los Ángeles. Con el paso del tiempo, se vio que era necesaria una mezcla de sangre, para que la Caída de los Ángeles, los Pecados de los Padres, no llegaran a ser determinantes absolutos. La mezcla de sangre se menciona en el Nuevo Testamento en relación con el Buen Samaritano.

La perpetuación del puro proceso hereditario se contrarresta con la Encarnación del Cristo. Con la Encarnación la perspectiva se ha convertido en que el cristiano tiene que dejar al padre y a la madre para seguir al Cristo. No se trata, pues, de un dogma, visto desde el aspecto del proceso hereditario. Es una dirección para que las almas transformen el proceso hereditario, que tiene asociadas importantes enfermedades. Las almas ahora pueden encontrarse con en un nivel espiritual del alma, y esto puede reemplazar a la herencia, que se está volviendo progresivamente enferma como estamos descubriendo hoy.  De nuevo este es un secreto significativo no conocido por muchos pero señalado por Rudolf Steiner y trabajado en sus indicaciones educativas para la vida de los primeros años.

Que un ser humano pueda hacer una copia, una copia individual a partir del modelo de herencia dado por los padres, esto es bastante nuevo a partir de las indicaciones dadas por Rudolf Steiner. Su indicación es que en los primeros siete años de vida, el individuo encarnado tiene el potencial de construir su propio sistema de fuerza hereditaria a partir del modelo ofrecido por los padres. Esto tiene lugar a partir de la capacidad del niño de imitar el comportamiento, no sólo de asumir las cualidades heredadas del cuerpo. Rudolf Steiner da la imagen del niño artista que hace una copia de la forma heredada como un artista que hace una copia de la Madonna de Dresde. A través de la propagación sexual, las fuerzas hereditarias se transmiten de una generación a otra. Sin embargo, la individualidad se ha hecho progresivamente más fuerte y más capaz de alterar esta influencia hereditaria, de modo que ahora se da una independencia de lo puramente hereditario, lo cual es posible gracias al Misterio del Gólgota. Lo sexual propaga lo hereditario de la existencia humana; esto puede alterarse, según lo expresa una Ciencia Espiritual de orientación antroposófica.

Notas al texto

[1] El autor se refiere a las esferas evolutivas o estados planetarios descritas por Rudolf Steiner.   Las siete etapas planetarias de la evolución del planeta corresponden a siete encarnaciones planetarias sucesivas que forman nuestra cadena planetaria. El principio de la reencarnación es universal y se aplica no solo a los individuos, sino también a mundos enteros. Tres encarnaciones planetarias pertenecen al pasado. Rudolf Steiner las denomina Antiguo Saturno, Antiguo Sol y Antigua Luna. A continuación, sigue nuestra Tierra actual como cuarta etapa. En el futuro se producirán tres encarnaciones más: el Nuevo Júpiter, el Nuevo Venus y el llamado Vulcano.

[2] Epoca greco-latina

[3] Epoca anglo-germana o germano-anglosajona.  También llamada época del Alma Cosciente

[4] Steiner, Rudolf.  La evolución desde el punto de vista de lo verdadero.  Berlín, 31 de oct. a 5 de dic. 1911

Título del artículo original: “Sexuality And The Human Makeup.   An Effort At An Anthroposophical View”.

Puede ser consultado en su versión original en el siguiente enlace:  https://www.paulwscharffarchive.com/sexuality-and-the-human-makeup/

El texto se encuentra bajo Creative Commons License CCBY-NC-ND 4.0

La traducción se hizo con la autorización expresa de Ann Scharff y Harold Bush, administradores del legado de Paul W. Scharff.

Traducción al español:  Carlos Andrés Guío

Acerca del autor

Paul W. Scharff

Paul W. Scharff (1930-2014) fue un médico norteamericano especializado en medicina antroposófica. Se formó en la Universidad de Harvard y en la Facultad de Medicina de Columbia, y posteriormente realizó estudios de especialización en medicina antroposófica. Fundó el Instituto de Investigación Médica Arlesheim y cofundó Mercury Press, enfocándose en la integración de la medicina convencional con enfoques espirituales. También desarrolló importantes contribuciones en medicina organizativa y comunitaria dentro del movimiento antroposófico.

Uno de sus principales aportes fue el desarrollo de una visión orgánica y social de las organizaciones, especialmente en el ámbito de la medicina comunitaria. Aplicando principios antroposóficos, propuso que las clínicas, hospitales y comunidades médicas debían funcionar como organismos vivos, donde las relaciones humanas, la estructura organizativa y la práctica médica se integraran de manera consciente y ética. Además, trabajó para adaptar la medicina antroposófica a las necesidades culturales y sociales de Norteamérica, enfocándose en el desarrollo individual y en la salud comunitaria como procesos interrelacionados.

Algunos de sus libros son:  “Organizational Integrity: How to Apply the Wisdom of the Body to Develop Healthy Organizations”y “Healing the Social Organism: Essays on Social Health”.

Es igualmente autor de numerosos artículos, lo cuales pueden consultarse en la página web:  https://www.paulwscharffarchive.com

Deja una respuesta