Cuarta semana de Adviento

La Natividad

Massimo Stanzione

Indicaciones de Rudolf Steiner a Herbert Hahn para la cuarta semana de Adviento:

El hombre ha encontrado el sendero y se prepara a caminarlo. Esto significa el dominio del cuerpo terrenal. Entonces puede despertarse el Hijo de Dios en el Hombre. La aspiración en esta época es hacer visible el Reino de Dios en el mundo a través de uno mismo, a través de su comportamiento y su obrar.

Nosotros somos portadores también de este Reino Espiritual eterno.

Las etapas del Adviento son grados de consciencia en el alma.


Reflexión por Kristina Kaine:

Durante la cuarta semana de Adviento nos acercamos al verdadero elemento humano, el elemento que nos aparta y pone por encima de cualquier otra cosa viviente: el “yo”, el sentido de uno mismo. Considerar que el hombre es un animal avanzado es sumamente engañoso y nos aleja de lo que significa ser humano. También nos impide conocernos a nosotros mismos, cual es nuestra tarea y propósito. Cuatro palabras en extremo fundamentales han resonado a lo largo de los siglos: “Conócete a ti mismo” (gnothi seauton) . En estas simples palabras se encuentra el misterio que se esconde tras el nacimiento de Jesús y la posterior presencia dentro de él del poderoso ser de Cristo.

¿Qué podemos hacer con estas palabras en este mundo empapado de psicología? Los consejos abundan, a menudo superficiales en el mejor de los casos. Obtener conocimiento de nosotros mismos no es una tarea fácil, ni está destinada a serlo. No es el conocimiento lo que es importante, es el viaje hacia el conocimiento lo que tiene verdadero valor. La palabra griega seauton significa mucho más que el yo al que nos referimos cuando decimos “yo”. Habla de nuestro potencial, que es mucho mayor de lo que sabemos. Además, el camino de conocernos a nosotros mismos no es un camino solitario, requiere interacción con los demás; nos convertimos en el espejo de los demás, teniendo cuidado de no confundir el comportamiento de los demás con el nuestro.

Los requisitos previos para conocernos a nosotros mismos son una autoobservación aguda, una conciencia astuta y una inmensa apertura. Puede parecer como un gran paso a tomar, pero lo hacemos a nuestro propio ritmo. En el centro de este trabajo está la aceptación. Somos quienes somos por una razón. Esta razón está arraigada en el propósito de nuestra vida. Si pudiéramos dejar de ser autocríticos, deseando ser diferentes (a menudo deseando ser como otra persona), y comenzáramos a aceptar nuestra propia singularidad, estaríamos viviendo el “Conócete a ti mismo”. Si esto causa conflictos con los demás, es muy probable que hayamos despertado un recuerdo de una conexión de una vida pasada. Mientras esos recuerdos permanezcan inconscientes, surgirá el antagonismo.

El antagonismo es nuestra señal para el  “conócete a ti mismo”. Jesús creó antagonismo desde el momento en que nació. La familia de Jesús descrito por Mateo, tuvo que ir a Egipto porque Herodes ordenó que todos los niños varones de dos años o menos fueran asesinados. Si asumimos la tarea del “conócete a ti mismo”, tendremos que lidiar con el rechazo (que en esencia es matar), y eso está bien. No es el asesinato lo que importa, es la forma en que lo manejamos lo que es importante. Estar bien con el rechazo nos da la oportunidad de ser abiertos, conscientes y observadores. A esto le sigue un sentimiento de inmensa gratitud por la persona que fue el catalizador para que superáramos nuestros sentimientos de duda sobre nosotros mismos, o de “no conocernos a nosotros mismos”.

Pronto dejamos de criticar el comportamiento humano cuando comprendemos que todos tenemos la misma tarea del “conócete a ti mismo”. Surge el amor, el nuevo tipo de amor que nació en Belén. Con este conocimiento, la Navidad ya no oscila entre el misticismo y el materialismo, sino que es un momento práctico en nuestras vidas para dar a luz (lo cual es doloroso) un nuevo aspecto de nosotros mismos. A través de la luz de la estrella de Cristo somos ayudados a “conocernos a nosotros mismos” un poco más y un poco mejor. Tal vez deberíamos tener dos árboles de Navidad, porque sólo cuando el Árbol de la Vida y el Árbol del Conocimiento se conviertan en uno dentro de nosotros, Cristo nacerá en nuestro pesebre interior que estamos preparando para Él.

Tomado del libro: “Secrets of the Christian Festivals” por Kristina Kaine. 

Traducción del inglés:  Carlos Andrés Guío

Publicado con el permiso de la autora.

Acerca del autor

Kristina Kaine

Kristina Kaine ha trabajado con personas toda su vida: durante sus primeros años de carrera en ventas médicas y contratación de personal, y desde 1987 en su propio negocio que pone en contacto a personas en asociaciones empresariales. A través de esta rica interacción con la gente, Kristina ha observado la lucha por la identidad propia desde muchos ángulos. Conoció las ideas de Rudolf Steiner gracias al reverendo Mario Schoenmaker, al que asistió a todas sus conferencias durante 14 años. Tras la muerte de Schoenmaker en 1997, Kristina se dio cuenta de la necesidad de explicar el conocimiento del ser humano tripartito en términos sencillos que pudieran aplicarse fácilmente en la vida cotidiana. Lo plasmó en su libro “I Connecting : the Soul’s Quest”, publicado en 2007 por Robert Sardello a través de Goldenstone Press. 

Desde 2003, Kristina escribe reflexiones semanales en las que aplica este conocimiento del ser humano tripartito a los textos bíblicos. Esto no se hace en el contexto de ninguna creencia religiosa en particular, sino desde una perspectiva más amplia que todas las religiones podrían aplicar.

(Tomado del blog https://esotericconnection.com)

 

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