El borracho
Autor desconocido
Escuela flamenca, Siglo XIX
Droga es una palabra de origen incierto derivada del vocablo celta ‘droug’ que significa malo, algo en lo que no podemos confiar. Droga se usó para sustancias curativas químicas o vegetales y desplazó a la palabra remedio, emparentada con ‘med’: que significa mediar, curar y de donde provienen médico y medicamento. Colombia se convirtió en la segunda mitad del siglo XX en productor y exportador de drogas ilícitas. Esta circunstancia empeoró la situación de corrupción, violencia y desigualdad y como negocio ilícito generó viudas, huérfanos, desplazados y seres sin esperanza, en una espiral que parece sin retorno. Y además de enquistarse en el tejido social, nos convirtió en un país consumidor de drogas ilícitas y de sustancias ‘lícitas’ en busca de un calmante para el dolor del alma.
Si contextualizamos estos fenómenos, vemos que están ubicados en una época donde la humanidad empezó a replantear una serie de valores que hasta la segunda posguerra mundial parecían inamovibles. El Concilio Vaticano II en 1962, la revolución de la Primavera (Francia, mayo del 68), el movimiento hippie y el nacimiento de la música rock marcaron -desde distintos ángulos- un intento de superación de la visión materialista y consumista del mundo. El ser humano quiso retornar por diversos caminos a su mundo interior. El descubrimiento del LSD (1938) y el inicio de experiencias con psicofármacos fueron intentos de amplificar la conciencia, por un camino artificial.
El uso de plantas alucinógenas formó parte de la experiencia humana desde hace miles de años en rituales religiosos y curativos. Ahora, por fuera del contexto cultural y mágico-religioso el ser humano escapa de la realidad: consume sustancias y repite comportamientos que conducen a dos tipos de adicciones: tóxicas y no tóxicas (ludopatía, adicción al trabajo, al sexo, al internet, adicción al poder y a la acumulación de dinero). Ron Dunselman dice que las adicciones en la época actual son un acontecimiento donde el hombre moderno se busca a sí mismo y a su patria espiritual. Y en apariencia esto lo proporcionan ciertas drogas o comportamientos compulsivos; pero la personalidad humana se ve condenada a que ellos ocupen el lugar del Yo; las experiencias anímicas y espirituales se sumergen en una esfera de esclavitud.
Los principales factores de protección y riesgo de las adicciones están en la familia y en la escuela. Los principales factores que desestructuran el proceso de maduración del cuerpo para albergar la individualidad, impidiendo un proceso de sana encarnación del Yo, son: violencia o maltrato físico; violencia sexual; abandono físico o afectivo y exceso de afecto -falta de límites-. Estas conductas obturan el desarrollo evolutivo sano, impiden al Yo apropiarse del cuerpo, crean las condiciones para buscar escapes y hacen que una conducta recreativa o de consumo se transforme en conducta adictiva o dependencia. Es necesario trabajar con decisión en los procesos preventivos al interior de la familia y de la escuela.
Cuando el deseo es más fuerte que nuestra individualidad, estamos “enganchados” y nos convertimos en adictos. “Verslaving”, la palabra holandesa para denominar adicción, contiene el concepto de esclavitud (Dunselman).
Bibiiografía:
Dunselman, Ron. En lugar del Yo: efectos tóxicos de las drogas. Editorial Freis Geistesleban. Se encuentra en versión digital.
Publicado originalmente en la Revista digital «Vivir en el Poblado»
https://vivirenelpoblado.com
Acerca del autor
Jorge Alberto Vega Bravo
Médico de la Universidad de Antioquia, con estudios de posgrado en Filosofía, Acupuntura. Es médico Antroposófico certificado con especialización en oncología antroposófica. Pionero de la Medicina Antroposófica en Colombia. Cuenta con amplia experiencia docente a nivel Universitario y en las formaciones de Medicina Antroposófica en Colombia.
Ha fomentado el trabajo de grupos multidisciplinarios a nivel terapéutico, en el centro médico Narabema en Medellín –Colombia en el cual labora como médico independente.
Columnista del periódico local VIVIR EN EL POBLADO en la ciudad de Medellín .
Una dolorosa realidad que nos invita a promover/acompañar transformaciones profundas, individuales y sociales. Gracias