A continuación, un fragmento tomado del libro de Guenther Waschmuth titulado Rudolf Steiners Erdenleben und Wirken. Von der Jahrhundertwende bis zum Tode, Die Geburt der Geistewissenschaft[1] En español: La vida y obra de Rudolf Steiner en la Tierra. Después del cambio del siglo hasta su muerte, el nacimiento de la ciencia espiritual.
Rudolf Steiner, 1918
Debemos ser conscientes de lo extraordinariamente multifacético y enormemente ocupado que siempre fue el día de Rudolf Steiner. De hecho, además de su actividad como conferenciante, que debido a la riqueza de los temas habría absorbido enteramente a cualquier persona en la preparación, investigación y elaboración de los contenidos, Rudolf Steiner recibía desde la mañana hasta la noche, una serie ininterrumpida de visitantes necesitados de consejo, que acudían a él con sus problemas personales o científicos. Con estas personas se le presentaban progresivamente y sin interrupción todos los problemas de la vida y de la ciencia, unas veces relacionados con el destino personal de un hombre, otras con el desarrollo de la investigación científica, otras con una nueva iniciativa de grandes proporciones. Sin embargo, siempre encontró también el tiempo y la concentración necesarios para aconsejar a sus discípulos sobre su desarrollo esotérico ulterior. Pero hablaremos de esto con más detalle más adelante.
A todo ello se sumaba, año tras año, el trabajo científico y literario para la publicación de sus escritos. Rudolf Steiner, sin embargo, también encontró el tiempo y la fuerza (que a menudo parecían incomprensibles para quienes vivían a su lado) para informarse, a través de la lectura, sobre el contenido de cada libro científico, artístico, histórico y literario, así como sobre las más variadas manifestaciones del pasado o de su tiempo; por lo que resultaba asombroso comprobar, que cuando alguien citaba un libro cualquiera en una conversación, Rudolf Steiner generalmente entraba inmediatamente en el tema de manera concreta y con total competencia. Soy muy consciente de que aquellos que no han experimentado estas cosas tal vez se queden incrédulos ante tales afirmaciones, precisamente porque el carácter extraordinario de estos fenómenos no encaja en absoluto en el marco de las experiencias normales de hoy. Sin embargo, muchas personas han experimentado personalmente esta increíble multiformidad del conocimiento de Rudolf Steiner y luego han expresado su asombro, ofreciendo así testimonio suficiente al respecto. Un simple hecho que yo mismo he podido observar ampliamente, es que en los momentos de libertad durante sus viajes, Rudolf Steiner nunca perdía la oportunidad de visitar librerías, comprando allí obras antiguas, raras y novedades. Cuando después de la guerra pude acompañarlo en muchos de sus viajes, a veces ocurría que, cuando el flujo de visitantes se detenía un poco, me invitaba a dar un paseo que normalmente terminaba rápidamente y sin dudarlo en una librería. Era uno de esos hombres que no necesitan buscar durante mucho tiempo, sino que con decidida seguridad extraen rápidamente lo importante y esencial de la enorme masa de lo no esencial. Inmediatamente se podía ver que los libreros, aun sin conocerlo, lo respetaban siempre y lo atendían bien, porque sentían inmediatamente que había entrado en su entorno alguien que se movía con confianza en todo ese mar de libros. Y esto no ocurría solamente en el terreno de las novedades, sino también en el inexplorado campo de las antigüedades. Todavía recuerdo vívidamente uno de esos paseos por Praga. Después de caminar rápidamente por callejones y calles, llegamos a una de esas tiendas de antigüedades que, a pesar del gran desorden de cosas inútiles, siempre representan para el conocedor el descubrimiento de una mina de tesoros preciosos. Y poco después, Rudolf Steiner tenía ante sí tal montón de obras interesantes, valiosas y a menudo únicas, que para volver al hotel había que tomar un taxi y llenarlo todo con estos tesoros. Cuando después él leyese estos libros, entre viajes, conferencias y charlas y su actividad de escritor, si no quizás de noche (cuando muchas veces su lámpara permanecía encendida hasta la madrugada), sigue siendo un enigma para mí. Porque es cierto que Rudolf Steiner no los llevaba todos a casa, sino que los regalaba. Sobre la base de una observación exacta y continuada durante mucho tiempo, debo decir que la fuente que yo mismo puedo sondear, no basta para explicar el fenómeno de su extraordinaria orientación en la literatura mundial de todos los campos científicos. Su enorme conocimiento de los libros abarcaba una esfera incomparablemente más amplia que su propia biblioteca; y, cuando se descubría algo que se suponía inusual o desconocido y se le traía o mencionaba, uno siempre experimentaba algo cercano a la desilusión al descubrir que estaba familiarizado con ello. Y una y otra vez sucedió que muchas personas especializadas en los campos de las matemáticas, la historia, la teología, la química, el arte, la biología, la literatura moderna, medieval y antigua se preguntaban: ¿cómo podía saber esto Rudolf Steiner? ¡Cuántas veces hemos escuchado esta pregunta, sobre todo de parte de gente especializada! Por lo tanto, sobre la base de estas múltiples observaciones, debo expresar mi convicción personal, aunque esto sea rechazado por el pensamiento habitual de la actualidad, de que Rudolf Steiner, debido a sus extraordinarias capacidades clarividentes, tenía posibilidades de orientación en tales asuntos de una manera negada a la persona común. Los hechos permanecen; que cada cual descubra una explicación por sí mismo. Para quien haya observado realmente estos fenómenos, será tanto más difícil de explicar en cuanto que la extraordinaria y enigmática cosecha de conocimientos se le presentaba como una realidad concreta.
Biblioteca persona del Rudolf Steiner[2]
Notas
[1] Hay traducción al inglés con el título: “Life and work of Rudolf Steiner from the turn of the century to his death”. New York, Whittier Books, 1955. El fragmento citado corresponde a las paginas 339-341 de ésta versión.
[2] De acuerdo a un estudio realizado por John Paull, Steiner reunió una biblioteca sustancial, de aproximadamente 9.000 libros, que se ha conservado intacta desde su muerte. La mayoría de los libros de Rudolf Steiner están en Alemán, su lengua materna, sin embargo, hay libros en otros idiomas, incluidos inglés, francés, italiano, sueco, sánscrito y latín. Quién este interesado en conocer detalles sobre los hallazgos de John Paull puede consultar el artículo en el siguiente enlace: https://hal.archives-ouvertes.fr/hal-01900137/document
Traducción al español: Carlos Andrés Guío
Acerca del autor
Guenther Wachsmuth
Nació en Dresde el 4 de octubre de 1893, siendo segundo de cuatro hijos. Su padre era pediatra y una madre de carácter amante del progreso. El padre muere cuando él tenía siete años.
Tras sus primeros años escolares en Dresde, Wachsmuth fue enviado en 1908 al reformatorio de Glarisegg, en Suiza, y posteriormente al colegio rural de Wickersdorf, en Saalfeld. En otoño de 1912 aprobó el bachillerato en Langensalza. A continuación estudió Derecho en Oxford y Múnich.
En agosto de 1914 se alistó como voluntario de guerra y resultó herido de gravedad en el brazo izquierdo en Rusia; no obstante, permaneció en la contienda como oficial de ordenanza. Tras la guerra, reanudó sus estudios en Múnich y se doctoró en 1919 en Würzburg. Ese mismo año tuvo su primer encuentro personal con Rudolf Steiner.
Dentro del movimiento antroposófico participa en actividades para el desarrollo de la trimembración social junto con Karl Heyer. En 1921, junto con Ehrenfried Pfeiffer inaugura el laboratorio de investigación en el Goetheanum. Empieza a ocuparse de trabajos relacionados con las fuerzas formativas etéricas en el cosmos, la tierra y el ser humano. Un año después Steiner les da a Pfeiffer y Wachsmuth la tarea de hacer los primeros experimentos con los Preparados biodinámicos.
Tras el incendio del primer Goetheanum en la nochevieja de 1922, Wachsmuth se acerca mucho más a Rudolf Steiner, y se convierte en una especie de asistente personal. Le consigue los libros, organiza sus viajes y lo acompaña, preocupándose a la vez de su seguridad. En 1923 se involucra muy intensamente en la reconstrucción del Goetheanum. Steiner apreció las facultades y la energía de Wachsmuth, y en el congreso de Navidad de 1923-24 lo propuso como miembro del Vorstand o Junta Directiva de la Sociedad Antroposófica, secretario y tesorero. Uno de sus principales intereses fue la ciencia natural en su relación con la ciencia espiritual.
Con 70 años fallece el 2 de marzo de 1963 unos meses antes que Albert Steffen.