La gratitud como terapia

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«Leyendo oraciones al abuelo», 1893, por Albert Anker. Óleo sobre lienzo

El extracto a continuación esta tomado del libro “Guarire con il pensiero” de Massimo Scaligero, páginas 173 a 177

En la dirección del tipo de terapia antes mencionado, se debe indicar un sentimiento humano,  que trae un impulso esencial para liberar el pensamiento de la influencia luciférica. Tal sentimiento es la gratitud. La ausencia de este sentimiento esta en la base de todas las enfermedades del sistema nervioso. De hecho, la gratitud es en efecto, en sí misma, esencialmente pensamiento puro, que trae la concordancia del pensar con las fuerzas profundas del sentir y del querer.

El reexaminar la historia de la propia vida y darse cuenta de cuánto se debe a los demás por lo que uno es ahora, recordar a determinados seres de los cuales uno ha recibido ayuda moral o práctica, el restablecer a través de la memoria la relación de gratitud con aquellos que han estado en el origen de cambios decisivos en nuestra vida: significa restablecer un estado de verdad del alma que se había necesariamente deteriorado. Significa conectar el alma con las propias fuerzas originarias: es decir, conectar con el contenido beneficioso del karma y solicitar su continuidad.

El sentimiento de  gratitud tiene virtud terapéutica, porque a través de la memoria despierta las fuerzas extrasubjetivas del alma: que son las fuerzas de profundidad del Yo, normalmente actuantes mediante el karma. El ejercicio de la gratitud, como meditación, libera el alma de las sutiles limitaciones de la maldad, en cuanto realiza la conexión con el elemento de perenidad de las otras almas: en realidad lo Divino busca lo Divino de alma a alma.

Descubrir el elemento oculto de la ingratitud hacia quienes nos han ayudado o iluminado, significa abrir la puerta a la más íntima potencia de Luz. La ingratitud es, en efecto, la aversión oculta de la entidad ahrimánica hacia aquellos que han cooperado en el despertar de la vida interior. Desbloquear el sentimiento de gratitud es una operación esencialmente lógica, porque restablece la conexión interrumpida entre la conciencia y su fundamento suprasensible. La conexión restablecida es la fuerza de la curación.

El ejercicio de la gratitud se vuelve particularmente regenerador de la vida del alma cuando, respecto de una misma persona, se debe luchar contra sentimientos de acusación o de rencor. Estos sentimientos deben eliminarse porque no responden a la verdadera naturaleza del alma, pero sobre todo porque no responden a la realidad interior de la persona en cuestión: una realidad hacia la cual el único vehículo del alma es la gratitud. Eso que de bueno nos ha llegado de otro ser nos conecta con su verdad: no ocurre lo contrario. En este sentido, es necesario revisar las relaciones humanas pasadas, para descubrir estados de mentira que nos impiden encontrar la conexión de la verdad con los demás: la verdadera socialidad, semilla de la curación. No existe ningún individuo al que no se le deba gratitud por un regalo, aunque sea mínimo, recibido. La verdadera relación con el otro es ésto. El problema social tiene, en la base de sus soluciones técnicas, este sentimiento.

Pero, además de los seres humanos hacia las cuales se puede restaurar la gratitud, existen acontecimientos u ocasiones del destino, a las que se deben los cambios beneficiosos en la vida: respecto de las cuales se puede suscitar el más eficiente sentimiento de gratitud: aquel que esencialmente postula en lo humano lo Superhumano. Aquí se encuentra la fuente misma de las fuerzas curativas, porque solicita la conexión del Yo con el Yo superior. En tal dirección, el sentimiento de gratitud puede extenderse a todo lo que cotidianamente nos viene al encuentro para facilitarnos la tarea de la existencia: a todos los medios necesarios para el transcurrir de la vida, que encontramos a nuestra disposición y en los que la humanidad anterior ha trabajado. De todo lo que disfrutamos durante el día para continuar la experiencia humana, debemos estar agradecidos a quienes han trabajado antes que nosotros, así como a quienes trabajan en el presente a diario. La ausencia de un sentimiento de gratitud hacia los hombres y hacia la creación -el mundo mineral, vegetal, animal- que está a nuestra disposición, es en efecto un estado de falsedad, del que es esencial curar.

La gratitud tiene que ver principalmente con el pasado, es decir, con la conexión kármica. Toda conexión kármica tiene lugar para nuestro camino interior, es decir, según el sacrificio de los demás para nosotros y nuestro sacrificio para los demás: solamente el conocimiento, sin embargo, da el modo de penetrar en el secreto de tal conexión. El conocimiento se convierte en reconocimiento. El reconocimiento, como gratitud, es fuente de curación, porque es el sentimiento de la verdad: la condición en la cual el sentimiento se libera de la influencia subjetiva que es inevitable y que está en el origen de la insensibilidad del cuerpo etérico respecto a su propia función ritmizante. El sentimiento de gratitud, como reconocimiento del sacrificio en función de la fraternidad humana, no sólo reanima de vida ritmica al cuerpo etérico, sino que irradia hacia el Macrocosmos, desde donde es retomado y devuelto como fuerza modificadora del destino humano según su secreto núcleo divino.

Contrarrestar, con respecto al otro, el propio sentimiento de condena o de acusación, encontrar justificaciones concretas, originarias, de su actuar, descubrir motivos de gratitud hacia él, significa actuar según la actitud real del Yo: abrir el paso a las fuerzas de la verdad edificadoras de la vida. Naturalmente, aquí nos referimos a un nivel puramente interior, independiente de aquel necesario a las leyes humanas para la protección jurídicamente acordada de la relación social, respecto de quienes la contravienen: estos niveles no deben confundirse.

Se convierten en terapeutas místicos, capaces de realizar curaciones prodigiosas en nombre del Logos, quienes alcanzan tal transparencia interior, para experimentar la secreta gratitud hacia todo y poder responder con un acto de conocimiento, y por tanto de amor, a los ataques del espíritu de la maldad, así como a cualquier forma de amenaza del Espíritu de la Mentira.

La enfermedad es siempre un desacuerdo entre el Yo, el cuerpo astral, el cuerpo etérico y el cuerpo físico: la curación es la restitución del acuerdo. Esto siempre lo logra el Yo, es decir, la entidad más fuerte, aunque sea la menos encarnada. La actitud del Yo se expresa en la penetración cognoscitiva de cualquier tipo de evento -desafortunado o auspicioso- y de cualquier ser: que en definitiva es la actitud de la relación superior del pensamiento con todo, la asunción sacrificial de la vida, gracias a la cual el astral, el etérico y el físico pueden expresar su verdadera naturaleza originaria. El Yo, de hecho, es su principio originario.

Traducido del italiano por:  Carlos Andrés Guío

Traducción revisada y corregida por:  Veeraj Giovanni Gullo

Acerca del autor

Massimo Scaligero

Massimo Scaligero  (1906 – 1980), seudónimo de Antonio Massimo Scabelloni.  

Se formó en estudios humanísticos, los cuales integró con un conocimiento lógico-matemático y filosófico, y con una práctica empírica de la física.

Fue periodista, poeta, escritor, estudioso y profundo conocedor del esoterismo y de las filosofías orientales.  Fue redactor jefe desde 1950 hasta el año 1978 de la prestigiosa revista «East and West«, publicada por el Instituto para el Medio y Lejano Oriente (ISMeO, hoy IsIAO), fundado por el académico Giuseppe Tucci y el filósofo Giovanni Gentile.

Entre sus influencias se encuentra la obra de Julius Evola, a quién conoce en 1930,  y  las ideas del filósofo Giovanni Gentile.  De éste último toma la distinción entre «pensamiento pensante» y «pensamiento pensado» y  el «idealismo actual» gentiliano como «puro acto de pensamiento que piensa».

A través del yoga y el estudio de las doctrinas orientales llegó a una síntesis personal en la que el pensamiento, el «acto de pensar» y el «yo» se sitúan como base de una epistemología esotérica.

A pesar de que el tradicionalismo de Evola era muy crítico respecto a las enseñanzas de Rudolf Steiner fue éste quien lo presentó con Giovanni Colazza (discípulo directo de Steiner)  y con la antroposofía.

Se vincula a la Sociedad Antroposófica a partir de 1945 bajo la guia de Colazza, y colabora activamente en la creación de la “Primera Clase de la Escuela Esotérica” en Italia. 

En los últimos veinte años de su vida celebró regularmente reuniones en su estudio en Roma, además de sostener innumerables encuentros personales.  Dedicó su existencia a todos aquellos que buscaban un camino espiritual en la Italia de los años 60 y 70, hasta su muerte en enero de 1980.

Escribió numerosos libros, principalmente dedicados a la transformación del pensamiento humano en un verdadero instrumento de experiencia espiritual, un camino desarrollado directamente a partir de la ciencia espiritual de Rudolf Steiner.

En español se encuentran traducidos sus libros:  Tratado del Pensamiento Viviente, Manual práctico de meditación, El hombre interior.

Esta entrada tiene un comentario

  1. Liliam Pérez

    *Gracias* querido Carlos Guio por tu dedicación a los artículos que invitan a lo saludable.

    ¡Si que lo disfruté y fortaleceré mi sentimiento de gratitud, desde mi biografia.!☆

    «[…]En este sentido, es necesario revisar las relaciones humanas pasadas, para descubrir estados de mentira que nos impiden encontrar la conexión de la verdad con los demás: la verdadera socialidad, semilla de la curación […]»♡

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