La anunciación
Henry Ossawa Tanner (1859-1937)
Adviento es ad-venir, prepararse para la llegada de algo único, de un hecho trascendente… El tiempo de Adviento son cuatro semanas de preparación para la Navidad, que inicia para éste 2024, el próximo domingo 1ro de diciembre. Una época para irse adentrando en uno mismo, para encontrar la luz espiritual que cada ser humano alberga dentro de sí, hasta llegar al nacimiento de Jesús, quién representa el nacimiento de esa luz interior, el encuentro con la propia luz del Alma.
Durante las semanas que siguen hasta la Navidad, estaremos publicando las indicaciones dadas por Rudolf Steiner a Herbert Hahn como ejercitación interior para la época de Adviento, seguidas de una reflexión meditativa escrita por Kristina Kaine.
Indicaciones de Rudolf Steiner a Herbert Hahn
Para el buscador de la luz, en el tiempo de Adviento las resistencias que encuentra en la vida deben ser una piedra de toque especial. Él tiene siempre que esforzarse en conseguir desligar la persona de la cosa, pues el sufrimiento y las dificultades son enviadas como pruebas, y las personas a través de las cuales nos acontecen las dificultades, son sólo herramientas para ello.
Debemos involucrarnos en cada situación con tranquilidad y permanecer serenos, sin perdernos. El contenido del gran anhelo de este tiempo es incorporar lo Divino de hecho (estado de nacimiento), y no experimentar lo Divino sólo en condiciones excepcionales.
Todo lo que está unido con aquello que constituye la personalidad temporal (terrestre), debemos apartarlo. Tenemos que estar frente a los otros con la completa apertura del niño, completamente relajados (distendidos, despejados).
Tenemos que dejar fuera todo lo que es murmurado y opinado, discusión, enojo (irritación), todos estos lastres.
Antes de cada gran celebración existe la ocasión de vencer algo dentro de uno mismo. El Sacrificio.
Reflexión por kristina kaine:
¿Quién soy yo? – ¿Está esto en el lugar correcto?
Todo ser humano lleva en su interior una pregunta fundamental: ¿quién soy yo? Hemos construido un inmenso corpus científico en torno a la tarea de reconocer las cosas. Tal vez la motivación detrás de toda ciencia provenga de esta pregunta fundamental sobre nosotros mismos.
¿Cómo podemos reconocernos a nosotros mismos? Ya no resulta de utilidad a la mente evolucionada del ser humano actual el ejercicio oriental: “¿Quién soy yo? Soy un hombre, una mujer, un maestro, un escritor, una madre, un niño”, etc., hasta que se queda unicamente con “Yo soy”. La conciencia humana evoluciona continuamente y lo que nos sirvió bien en el pasado no puede aplicarse “tal cual” al presente y al futuro.
Aquí radica el problema. ¿Cómo podemos conocernos a nosotros mismos cuando estamos continuamente transformándonos? Los antiguos griegos conocían esta palabra como ginomai[1]. De la explicación de lo que significa ginomai podemos ver que significa muchas cosas. Cuando una palabra tiene tantos significados podemos asumir que su significado real no se puede poner en palabras.
La pregunta es cómo podemos darle sentido a esto en nuestras propias vidas. Es una buena pregunta para reflexionar a medida que nos acercamos a la Navidad, ya que la gestación es un devenir. Jesús, gestándose en el vientre de su madre, está en proceso de convertirse en un ser independiente que aprenderá a pensar, hablar y caminar.
Si contemplamos eso que esta llegando a ser en nuestro interior, en lugar de lo que es, abordaremos la Navidad de una manera muy diferente. Esto contrasta de forma marcada con el encontrar consuelo en la idea de que todos somos parte del Uno. Es en los detalles que somos conducidos al Uno, solo a través de los detalles nos encontraremos realmente a nosotros mismos y seremos capaces de responder a esta pregunta: “¿Quién soy yo?”. Sin embargo, es difícil observar los detalles cuando estamos intrincadamente involucrados con estos. Si estamos construyendo una casa, nunca sabremos cómo es realmente hasta que esté finalmente construida y estemos viviendo en ella. Esta es la idea detrás del ginomai. Entonces podríamos decir: “Bueno, nunca sabré quién soy porque siempre estoy trabajando dentro de mí mismo”.
Esto indicaría que para poder responder a la pregunta fundamental “¿Quién soy yo?” necesitamos una perspectiva diferente. Esta perspectiva es la que nace en Navidad. El nacimiento de Jesús en nosotros es el nacimiento de nuestro “yo”. Es esta parte de nuestro ser, nuestro edificio (templo), la que nos permite mirarnos a nosotros mismos desde fuera y ver cómo nuestra biografía es un proceso de devenir. Lo hacemos como el observador interesado – calidamente objetivo – al tomar cada vez más conciencia de nuestros sentimientos, pensamientos e intenciones.
Notas:
[1] https://bibliaparalela.com/greek/1096.htm
Tomado del libro: “Secrets of the Christian Festivals” por Kristina Kaine.
Traducción del inglés: Carlos Andrés Guío
Publicado con el permiso de la autora.
Kristina Kaine
Kristina Kaine ha trabajado con personas toda su vida: durante sus primeros años de carrera en ventas médicas y contratación de personal, y desde 1987 en su propio negocio que pone en contacto a personas en asociaciones empresariales. A través de esta rica interacción con la gente, Kristina ha observado la lucha por la identidad propia desde muchos ángulos. Conoció las ideas de Rudolf Steiner gracias al reverendo Mario Schoenmaker, al que asistió a todas sus conferencias durante 14 años. Tras la muerte de Schoenmaker en 1997, Kristina se dio cuenta de la necesidad de explicar el conocimiento del ser humano tripartito en términos sencillos que pudieran aplicarse fácilmente en la vida cotidiana. Lo plasmó en su libro “I Connecting : the Soul’s Quest”, publicado en 2007 por Robert Sardello a través de Goldenstone Press.
Desde 2003, Kristina escribe reflexiones semanales en las que aplica este conocimiento del ser humano tripartito a los textos bíblicos. Esto no se hace en el contexto de ninguna creencia religiosa en particular, sino desde una perspectiva más amplia que todas las religiones podrían aplicar.
(Tomado del blog https://esotericconnection.com)
Entonces, ¿seré yo un aprendiz de la vida?
Gracias de nuevo y por siempre.