Ilustraciones de las Conferencias sobre la actividad del Corazón,
dadas por Dr. Med. Ehrenfried Pfeiffer en 1950.
Publicadas postumamente
A continuación presentamos la primera parte del texto “La Medicina antroposófica como medicina del Yo humano”, escrita por el Dr. Med. Jorge Vega Bravo.
Próximamente haremos la publicación de la segunda parte del documento.
Indice
La medicina Antroposófica (MA) es una medicina integrativa que está dirigida, en especial, a fortalecer la Organización del Yo del ser humano; por eso puede ser definida como un Medicina del Calor. El Yo se encarna en todo nuestro organismo -en la organización del Yo- y lo hace a través del sistema inmune en lo físico/etérico y a través del corazón y la sangre el binomio superior (cuerpo anímico y Yo).
El centro de nuestro trabajo como médicos y terapeutas antroposóficos, se ubica en la perspectiva de despertar las fuerzas del calor, las fuerzas del corazón y por ende actuar sobre la organización del Yo del paciente para inducir desde allí procesos regenerativos y salutogénicos. Vamos a explorar el papel que tiene el corazón como órgano central de la economía corporal y a comprender el corazón como encarnación de las fuerzas del sol en nuestro organismo; el corazón es el sol interior y las fuerzas solares son una manifestación y una expresión de la fuerza crística/solar en nosotros.
“Durante una enfermedad grave un paciente tuvo la suerte de tener a la doctora Helene von Grunelius como su médica. Estando el paciente más que semi inconsciente, ella se acercó muchas veces a su lecho. Se sentaba a su lado y lo observaba tranquila, sin preguntar y sin hablar. A él su presencia lo confortaba profundamente. Nueva voluntad de vida atizaba su vaga conciencia. Se hacía una claridad luminosa en él y un profundo sosiego refrenaba la fiebre. En presencia de Helene el paciente se sentía fortalecido en cuerpo y alma. Era como si ella le prodigara delicadísimos alimentos y bebidas que él podía vivenciar como una reanimación física. Aunque el estado del paciente era delicado, en su ser no había lugar para el miedo paralizante. Todo en la médica era voluntad de servicio. Cómo podía vivenciar el paciente con cuánta voluntad de sacrificio ella asumía la enfermedad del hermano humano para superarla. Ella amaba de manera sobria con plena fraternidad objetiva al ser humano en el hombre en quien practicaba y perfundía de una luz crística el arte de su profesión de curar.
En la Dra. Helene von Grunelius se manifestó el principio de una nueva ciencia médica que podía crear su fuerza de ayuda no sólo desde el adecuado conocimiento médico sino también se acompañaba de fuerzas espirituales que ella manejaba de manera consciente en entrega cristiana”. Como paciente, esto se percibía de una manera especialmente intensa. El dolor por su muerte es grande, pero saber que nos hemos encontrado con un ser humano del futuro, transforma el dolor en fuerza que afirma la vida”.
Escrito de un paciente que le fue entregado a la familia de la doctora Helene después de su muerte. La Dra. von Grunelius (14.08.1897- 17.12.1936) hizo parte del grupo de médicos jóvenes a quienes dio Steiner el curso de 1924. (GA 316) y recibió directamente de Rudolf Steiner la Meditación del calor, a la que nos vamos a referir más adelante. [1]
El corazón, como sol interior: Apuntes para una fisiología espiritual del corazón.
Inicialmente debemos destacar su papel como órgano central de la economía corporal y debemos insistir en que el corazón no es una bomba que impulsa la sangre. En palabras de Steiner adaptadas por Fintelmann: el corazón no late, el corazón es pulsado. El auténtico movimiento parte de la sangre. Y este fenómeno lo observamos ya desde la embriología donde los islotes y los vasos sanguíneos aparecen antes que el primordio del corazón. De acuerdo con la fisiopatología antroposófica el corazón es el órgano central de la circulación sanguínea regulando la circulación de toda la periferia corporal y de los órganos y actuando como centro de todo el organismo calórico.
Su auténtica función es retener la sangre. El corazón es un órgano de retención que interrumpe el movimiento constante de la sangre en un instante que llamamos diástole. La nueva aceleración de la sangre -en la sístole- se logra por un impulso de la organización del Yo a través del cuerpo astral, rector del movimiento. Como órgano mercurial central transforma las fuerzas polares de la organización superior (SNS) y de la inferior (SMM) desde las fuerzas del medio (SR) superando sus tendencias enfermantes: salinas/esclerosantes arriba y sulfúricas/inflamatorias abajo. El unifica y equilibra estos principios a través de los ritmos corporales.
El segundo aspecto es el del corazón como órgano sensorial. Steiner describió la función sensorial del corazón como el gran circuito de regulación de todas las actividades del metabolismo por un lado y de las actividades neuro-sensoriales por el otro. El percibe constantemente los antagonismos de los polos localizados en la parte superior y en la parte inferior del ser humano, sobre todo cuando hay tendencias patológicas.
Pero no solamente es un órgano circulatorio y de percepción, sino que es también el centro, el equilibrio orgánico. Es el órgano que sirve a la salud, concebida ésta como un estado inestable. En principio, el corazón es un órgano muy sano que trabaja a lo largo de toda la vida sin fatigarse. Su estado de equilibrio depende del sistema rítmico general y de su relación con el pulmón. En el estado ideal debemos tener un cociente pulso/respiración de 4:1.
Como órgano de percepción es también un órgano que percibe el otro yo. Tiene un papel central en el desarrollo del sentido del Yo ajeno. Pero también es un órgano de percepción social. En el lenguaje corriente escuchamos expresiones como: Duro de corazón, sin corazón o de todo corazón. El Principito nos lo cuenta cuando el zorro le revela su secreto: “Lo esencial es invisible a los ojos, tan solo vemos con el corazón”. Y esto se refiere a una capa profunda de la percepción del otro. Steiner dice: “Un órgano de los sentidos es una parcela del mundo exterior en el organismo, pero los órganos de los sentidos están abiertos y se introducen como golfos en el organismo”. “El Hígado está completamente cerrado…y está dotado de una gran sensibilidad para valorar nutritivamente las diversas substancias que absorbemos…Y el corazón es otro órgano sensorial; pero mientras el hígado se confronta con las substancias exteriores…, el corazón es un órgano de percepción en el interior…El movimiento de la sangre procede del Yo y del cuerpo astral y el corazón es un órgano de los sentidos que percibe la circulación, especialmente la que asciende desde el ser humano inferior hacia el superior…El corazón es un órgano de los sentidos espiritual y el hígado …totalmente material”.[2]
Corazón y Calor:
La metamorfosis de las fuerzas de vida en fuerzas de luz pasa por el portal del calor. Estamos habituados a contemplar el calor según sus características físicas y no en su esencia cualitativa. Esta última nos muestra una polaridad esencial. La vida es consumida en el calor de la combustión. Y de allí se desprende luz. Esta cualidad catabolizante del calor se encuentra en el hombre superior, en su organización nerviosa donde nuestro pensar es luz transformada, reflejada.
En este proceso juega un papel central el Sílice. Ya desde el octavo día de gestación el embrión es cubierto por una fina membrana protectora rica en Sílice, llamada Amnios, lo que muestra la tendencia del Sílice de ir hacia la periferia: luego se concentrara en la gelatina del cordón umbilical y en el lanugo que cubre la piel del feto. Los impulsos cósmicos recibidos a través de la antena del sílice dirigen la construcción del ser humano desde la periferia hacia el centro, lo cual explica la aparición de la mano antes que el brazo y el hombro. La forma va siendo rellenada mediante el proceso de actuación del calcio, desde el centro hacia afuera.
Y este calor catabólico se opone de manera polar al calor de nido, al calor de incubación que posee una cualidad mucho más tranquila y que introduce lo espiritual en los procesos de la vida. Este calor se encuentra en los procesos formativos anabolizantes, característicos del hombre inferior. Este calor es portado por la sangre y se apoya en el elemento Hierro, corazón de la hemoglobina, que está soportada en la estructura proteica de la porfirina: la luz no puede combinarse con la materia sin la ayuda de la porfirina que da cobijo al hierro para formar la hemoglobina y da cobijo al magnesio para formar la clorofila. Por eso en el momento de ser dado a luz el feto tiene la máxima concentración de hierro, lo que le permite pasar del medio líquido, nutrido por la placenta, al medio aéreo y lumínico. El hierro como instrumento de luz permite no sólo la encarnación, sino la actividad consciente del espíritu sobre la Tierra.[3]
El corazón tiene estrecha relación con el calor, así como el pulmón lo tiene con lo que es firme y frío. El hígado con el organismo líquido. Y la organización renal con el elemento aéreo. Desde el punto de vista del calor las enfermedades cardíacas dominadas por la esclerosis pueden ser vistas como enfermedades relacionadas con el frío.
Corazón y Sol
Desde tiempos inmemoriales, el sol ha sido considerado como un objeto sagrado que ha influenciado muchas de las culturas del mundo a lo largo de la historia. En diferentes culturas antiguas el sol tenía un papel fundamental en su religión y concepción del mundo. Surya es mencionado en el texto sagrado Rig-veda como el rey del sol, de la aurora y del ocaso. A través del culto al dios Ra, una de las divinidades más importantes del panteón egipcio, la civilización egipcia mantuvo una adoración por el sol e influenció muchos aspectos de su vida cotidiana. Ra era representado como un hombre con cabeza de halcón y un disco solar en la cabeza. Freyr es el dios nórdico asociado con la luz solar, la fertilidad y la prosperidad. Tonatiuh: es el Dios sol de los aztecas. En la mitología griega, el Dios Apolo, que toca la lira, se asoció con el sol. Y Eos o Aurora era la diosa del amanecer en la religión japonesa del sintoísmo, una de las deidades más importantes es Amaterasu Omikami, cuyo nombre significa “la Gran Divinidad que Ilumina el Cielo”. Amaterasu era la diosa del sol y era venerada como tal. La mitología romana adoraba a Helios como Sol, y el Imperio Romano posterior incluso creó un culto a ese dios, llamándolo Sol Invictus. Los dioses del sol incluyen al maya Kinich Ahau, que también tenía poder sobre la enfermedad, y al sumerio Utu, que también tenía poder sobre la justicia.
En el ser humano la acción de las fuerzas planetarias se manifiesta en la aparición física de aquellas estructuras complejas llamadas ‘órganos’. “Nuestros órganos son planetas interiorizados”. R. Steiner.
EL ORO, metal solar.
Si la plata y el cobre atraen simpatía, el Oro suscita admiración y asombro. ¡Oh! Oro, con doble O nos recuerda la oración en su doble acepción de rezo y de sentencia. Aurum en latín nos recuerda el AUM de los antiguos hindúes. El oro es el metal del Verbo, del Espíritu.
Es un metal incorruptible y unos de los pocos que aparece en la naturaleza en estado puro. Ya dijimos que el Oro es una substancia mercurial que equilibra las fuerzas salinas y sulfúricas de una manera única, ya que retiene las cualidades de calor y de luz (principio sulfúrico) y las condensa en la gravedad (principio salino). El Oro tiene la gravedad específica más alta entre los 7 metales planetarios (Pb tiene 11.3 lbs/cm3 y un punto de ebullición de 327°C contra el Oro: 19,3 lbs/cm3 y punto de ebullición de 1.063°C. Sólo los metales del grupo del platino (Osmio, Paladio. Iridio…) superan al oro en gravedad específica; platino: 21.4 lbs/cm3 y punto eb. 1.174°C.
Como sustancia de la naturaleza el oro revela su relación con las fuerzas unificadoras e individualizantes del corazón. Como metal noble que es, tiene la tendencia a resistir todo tipo de influencias físicas y químicas. Si lo expresamos de una manera antropomórfica el oro se comporta aristocráticamente siempre muy bien centrado y como un noble solitario.
Cuando el oro se libera -por la potenciación- de su condición terrestre congelada, puede ayudar a superar procesos patológicos oro en el corazón y en la circulación. Estos procesos individualizados y concentrados están especialmente activos en el corazón izquierdo y necesitan ser reconectados con los procesos diastólicos de expansión del corazón derecho y con los procesos de luz y de calor que se expanden hacia la periferia.
Y así como el Oro está tan conectado con los procesos de la sangre arterial, es también la base física de la matriz del tejido conectivo y sus procesos líquidos asociados (LEC). Por las cualidades terapéuticas del Oro, la Organización del Yo es dirigida hacia el SR y se convierte en el verdadero terapeuta para una rectitud debilitada en el sistema rítmico, actuando también en la columna vertebral. “Oh ser humano, mantente erguido y noble”[4]
En el nivel anímico el oro ayuda en las situaciones difíciles de la vida asociadas con golpes del destino, pérdidas afectivas, cuando se usa en potencias más altas. No sobra recordar que en la farmacia antroposófica, los minerales y metales tienen una relación directa con la organización del Yo del ser humano.
“Más radiante que el Sol
Más puro que la nieve
Más fino que el éter
Es el Yo
El Espíritu en mi corazón.
Este soy Yo
Yo soy este Yo”.
Rudolf Steiner. GA 267.
Notas al texto
[1] Peter Selg. Encontrar a Cristo en la enfermedad. Medicina antroposófica, como arte de curar crístico, Ed. Dorothea. Buenos Aires. 2013.
[2] Rudolf Steiner. GA 316 Ciclo de Navidad y Pascua para médicos jóvenes.
[3] Jorge Rodríguez. La Circulación de la Luz. Ed. Narabema. 2025.
[4] …Verso meditativo del domingo
Acerca del autor
Jorge Alberto Vega Bravo
Médico de la Universidad de Antioquia, con estudios de posgrado en Filosofía, Acupuntura. Es médico Antroposófico certificado con especialización en oncología antroposófica. Pionero de la Medicina Antroposófica en Colombia. Cuenta con amplia experiencia docente a nivel Universitario y en las formaciones de Medicina Antroposófica en Colombia.
Ha fomentado el trabajo de grupos multidisciplinarios a nivel terapéutico, en el centro médico Narabema en Medellín –Colombia en el cual labora como médico independente.
Columnista del periódico local VIVIR EN EL POBLADO en la ciudad de Medellín .
Excelente artículo!