La muerte asistida y las consecuencias espirituales del suicidio

El suicidio

Louis Léopold Robert

Hay un viejo chiste escocés sobre un pecador que, al verse frente a la condenación eterna, protesta:
—¡Ay, Señor! ¡Ay, Señor! ¡Yo no sabía, no sabía!
Y el Todopoderoso, implacable, tras una breve pausa, le dice:
—Bueno… pues ahora ya sabes

Esto me viene a la mente con el debate actual acerca de si a las personas que padecen una enfermedad terminal se les debe ayudar a suicidarse, sin consecuencias legales para quienes participan en lo que eufemísticamente se denomina “muerte asistida”. Este debate parece desarrollarse en un vacío de conocimiento sobre las deudas kármicas que inevitablemente contraerán los involucrados, no solo la persona moribunda, sino también quienes facilitan su muerte.

Este es otro ejemplo de las dificultades que los seres humanos nos creamos a nosotros mismos debido a nuestra ignorancia y negación de quienes somos realmente (de nuestra verdadera naturaleza): es decir, seres que habitamos simultáneamente en cuerpos físicos y espirituales, y que a lo largo de muchas vidas transitamos entre la encarnación en el mundo físico y la excarnación en los mundos espirituales. Existen leyes espirituales que rigen nuestras vidas, tan reales como las leyes físicas universales que todos reconocemos, como la ley de causa y efecto.

Deberíamos prestar más atención a esas personas que poseen un conocimiento real y profundo sobre estos temas y que hacen su mejor esfuerzo por concienciarnos sobre lo que implican.

Acabo de leer un libro escrito por una de éstas personas, Iris Paxino[1]. Siguiendo el camino de desarrollo interior antroposófico de Rudolf Steiner, ella cultivó las capacidades espirituales, latentes en todos nosotros, que le permiten percibir e interactuar con los difuntos y con los mundos que ellos habitan desués de la muerte. Ofrece una visión detallada del más allá y describe las distintas etapas por las que atraviesa el alma en su viaje después de la muerte. Entre la extensa información que ella comparte, escribe sobre las dificultades que experimentan quienes se quitan la vida.

Detrás de cada caso de suicidio se esconde un destino muy individual, que habla de dolor y pérdida, soledad y desesperación, miedo y desesperanza. El suicidio es un acto existencial de desesperación y, como tal, lleva la impronta de una trágica decisión vital. Quienes lo padecen encuentran su situación desesperada e insoportable y no ven otra salida que poner fin a su existencia. Sin embargo, como Iris Paxino ha constatado en su experiencia asesorando almas que se han quitado la vida, se horrorizan al descubrir que, lejos de acabar con su conciencia, el suicidio no ha puesto fin ni a su existencia ni a su sufrimiento. Para su consternación, descubren que lo único que han hecho es destruir su cuerpo físico, pero los problemas que querían borrar, junto con los sentimientos que los oprimían, siguen formando parte de su existencia. Lo peor de todo es que, privados de su instrumento físico, ya no pueden intervenir en su desarrollo terrenal para cambiarlo y transformarlo.

Es una gran lástima que la realidad de las consecuencias del suicidio no sea más conocida. ¿Acaso Dame Esther Rantzen[2], por ejemplo, quien padece cáncer en etapa 4 y actualmente lidera una eficaz campaña en el Reino Unido para legalizar la eutanasia, logra comprender que no se trata simplemente de ampliar a los seres humanos lo que ya hacemos, con las mejores intenciones, para nuestras mascotas cuando son ancianas y enfermas? ¿Por qué  ella ignora que tomar la decisión de acabar con nuestra vida es una evasión que no solo retrasa nuestro aprendizaje y desarrollo, sino que también tendrá profundas consecuencias kármicas para nosotros mismos y para quienes facilitaron el suicidio?

Paxino afirma: “El trabajo espiritual con personas que se han suicidado demuestra que la proporción de quienes deben recorrer un camino difícil después de la muerte predomina. Nunca he presenciado un suicidio que haya sido “fácil” en el más allá. La persona afectada siempre debe soportar estados mentales estresantes y difíciles (…) Nuestro ser interior siempre experimenta dolor con este tipo de muerte. Solo difiere la calidad del dolor”.

Otra perspectiva sobre este tema la ofrece el Dr. Zoltan Schermann[3], médico general  en los Países Bajos. (Agradezco a Annie Blampied-Radojcin, directora del curso Quietude en el Emerson College del Reino Unido, el texto de la conferencia del Dr. Schermann, impartida en el Goetheanum como parte del congreso médico en noviembre de 2014). En los Países Bajos, la muerte asistida goza de amplia aceptación social y está regulada por una ley aprobada en 2002. Desde entonces, Bélgica y Suiza también la han legalizado, y en ambos países se considera simplemente parte del ámbito de trabajo del médico general.

Como médico general con enfoque antroposófico y 20 años de experiencia en medicina general, el Dr. Schermann siempre ha brindado cuidados paliativos intensivos y apoyo constante, permitiendo que los pacientes eviten la muerte asistida, dándoles así la oportunidad de vivir su destino. Sin embargo, comenta que, en el caso de una paciente, nada de lo que intentó funcionó; jamás había presenciado un sufrimiento tan intenso a causa de una enfermedad. No existía ninguna manera efectiva de aliviar su sufrimiento, ni siquiera un poco. La mujer solicitó que se le ayudara a morir.

El Dr. Schermann dijo: “Entonces me debatí mucho conmigo mismo sobre su petición. ¿Por qué no quise recurrir a la muerte asistida en su caso? ¿Simplemente porque los médicos antroposóficos no hacemos eso? ¿O porque temía que no muriera en el momento adecuado? ¿O porque temía interferir en su karma? Pero, ¿qué podía saber yo realmente de eso? ¿Acaso no estaba simplemente rechazando su petición, con la que ahora claramente empatizaba, y escudándome en una racionalización? ¿Tenía miedo de hacer lo que la paciente me pedía? ¿Era, en el fondo, un cobarde?

Finalmente, presionado por la necesidad y aún reacio, el médico accedió, para gran alivio de su paciente. Se fijó una fecha.  El médico, la paciente y su esposo se prepararon minuciosamente, la pareja se despidió y hablaron de todo lo necesario. En Holanda, el procedimiento que debe seguir el médico está prescrito con precisión: se deben emplear dos medicamentos que en otras circunstancias se utilizan para anestesia y cirugía. El primero es una dosis muy alta de un barbitúrico, tiopental, que induce la anestesia. Luego se inyecta por vía intravenosa una dosis muy alta de rocuronio (curare), un relajante muscular, tras lo cual la paciente fallece.

El Dr. Schermann ha hablado sobre su percepción del proceso de morir y, en particular, sobre la separación del cuerpo etérico[4] de la persona moribunda. El libro de Iris Paxino —vea los detalles más abajo— es particularmente útil en su descripción de lo que nos sucede después de la muerte).

El Dr. Schermann afirma que, durante su trabajo como médico de cabecera, ha podido presenciar la muerte de una persona en varias ocasiones, principalmente tras una enfermedad terminal:

Cuando observo el cuerpo etérico, percibo que es igual de grande, o quizás ligeramente mayor, que el cuerpo físico. El cuerpo físico y el etérico, a mi parecer, tienen casi el mismo tamaño. Esto se mantiene a lo largo de la vida. Siempre he podido observar que el cuerpo etérico cambia de una manera particular en el momento de la muerte. En el instante en que el alma abandona el cuerpo, el cuerpo etérico se transforma. Se expande hasta cierto punto, extendiéndose más allá del cuerpo físico, pero la forma de este permanece. Aproximadamente a la altura del ombligo, el cuerpo etérico comienza a contraerse, a elevarse y a extenderse como un hilo. El cuerpo etérico se desprende como un hilo fino y desaparece en algún lugar de las alturas. Este proceso de contracción, extensión y separación del cuerpo etérico del cuerpo físico dura unos tres días, hasta que no queda más sustancia etérica y cesa la separación.

La paciente del Dr. Schermann y su esposo estaban convencidos de que la muerte asistida era lo correcto y de que era el momento adecuado para que se llevara a cabo el procedimiento:

“Llegué a la hora acordada y la encontré en su lecho de muerte. Solo la acompañaba su esposo. Le pregunté de nuevo si todo estaba como ella quería. Dijo que sí y me pidió que realizara el procedimiento. Así que primero le inyecté el barbitúrico y luego el curare. Esperé el momento de la muerte para ver qué sucedería. Entonces ocurrió algo completamente inesperado. En lugar de la suave retracción del cuerpo etérico, como describí antes, este se hinchó. Se hinchó con fuerza y explotó en innumerables pedazos. La habitación se llenó de fragmentos brillantes y revoloteantes. El proceso duró poco tiempo, menos de un minuto, y luego todo se disolvió y desapareció. La luz de la habitación se atenuó como antes y su esposo pareció no haber notado nada”.

“Y allí me quedé, con la jeringa aún en la mano. Estaba muy, muy impactado. De repente, muchas cosas me quedaron claras. Enseguida me quedó claro dónde reside la mentira. No se trata solo de una muerte prematura, ni tampoco del proceso completo de la enfermedad. Va mucho, mucho más allá, mucho más allá.”

(…) “La gente cree que actúa con misericordia cuando ayuda a alguien. Ayudar a alguien que ya no puede soportar el sufrimiento de una enfermedad. Y se supone que después todos quedan satisfechos. El marido de esa mujer lo sigue estando hasta el día de hoy. Pero en realidad ha ocurrido algo muy distinto. Uno hace algo que, visto desde fuera, parece útil y humano. ¿Pero qué sucede? Este ser humano es catapultado al cosmos sin una experiencia post mortem de recuerdo, sin una visión post mortem del panorama de su vida, y sin luz espiritual, porque su cuerpo etérico explota.”

Tenemos aquí un claro ejemplo de cómo el elemento ahrimánico opera en nuestra sociedad para socavar los verdaderos intereses de los seres humanos. Tras una campaña de personas bienintencionadas que creen estar abogando por un sistema más humano, la sociedad desarrolla un procedimiento para la muerte asistida. Existe un procedimiento meticulosamente establecido, diseñado para aliviar el sufrimiento inextinguible y proteger a quienes están muriendo de la explotación por parte de personas sin escrúpulos. Esto se convierte en ley; es eficaz, fiable y elegante, además de inteligente, razonable e higiénico. ¿Quién podría oponerse?

La mayoría de nosotros, sin embargo, no poseemos una conciencia lo suficientemente desarrollada como para comprender lo que realmente sucede. Lo que parece ocurrir es que las personas que se someten a la muerte asistida se ven excluidas del proceso natural de la muerte y del recuerdo de sus vidas[5], perdiendo así toda orientación en el mundo post mortem. El elemento ahrimánico funciona con mayor eficacia porque el procedimiento prescribe con precisión los medios que deben utilizarse y que provocarán la ruptura del cuerpo etérico. El Dr. Schermann está convencido de que los medicamentos especificados en el procedimiento están directamente relacionados con la explosión del cuerpo etérico. Afirma no haber visto nunca nada parecido con los medicamentos convencionales utilizados en las etapas finales de la enfermedad, como la morfina, los sedantes fuertes, los tranquilizantes, etc. (Aunque cabe mencionar que Iris Paxino ha observado que un estado de conciencia disminuido o debilitado en el momento de la muerte, por ejemplo, como resultado de los efectos de los analgésicos, puede llevar a que la persona fallecida apenas perciba el cruce del umbral).

Pero hay más aspectos a considerar, como el efecto de la muerte asistida en el profesional sanitario. El Dr. Schermann continúa su relato de lo sucedido:

“Debido al impacto que experimenté, tal vez quedé un poco más abierto y pude percibir más. De repente, me di cuenta de una figura angelical. Estaba a la izquierda de la mujer muerta. Una figura alta y seria, aterradora y poderosa. Pude sentir cómo su poder y su fuerza trascendían el poder humano y no se podían comparar con él. (…) Me quedó claro que había estado esperando a que lo notara. Pero no dijo nada, solo me miró con seriedad. Comprendí entonces que había interferido con su trabajo.”

“El se acercó a mí, extendió la mano y me señaló. Y escribió en mí. Sentí que escribía en mis huesos. Me miró, imprimió algo en mis huesos y luego desapareció. En ese momento no entendí en absoluto lo que había escrito en mis huesos. Pero sentí cierto alivio por lo que había hecho. Sentí, literalmente, hasta lo más profundo de mi ser, que algún día tendría la oportunidad de enmendar esto. Los hilos ya están tejidos. Él nos reunirá de nuevo.”

Desde aquella experiencia, el Dr. Schermann ha contado su historia a varios pacientes que se plantean la muerte asistida: “Sin excepción, todos se alegraron y sus dudas desaparecieron. A partir de entonces, han sobrellevado su sufrimiento de otra manera, con más valentía, diría yo”. Pero también está convencido de que la visión materialista del mundo jamás comprenderá lo que está sucediendo y que otros países seguirán el ejemplo de Holanda, Bélgica y Suiza legalizando la eutanasia.

Esto forma parte, por supuesto, del dilema al que se enfrentan los antropósofos en esta era del alma consciente, que viven en sociedades en las que muchas personas no solo carecen de los conceptos que les permitirían comprender los temas en cuestión, sino que además desprecian la perspectiva espiritual más amplia y consideran la experiencia del Dr. Schermann como una ilusión fantasiosa.

Entonces, dadas estas limitaciones, ¿hay algo que se pueda hacer? ¿Acaso todos necesitamos estar en la misma situación que el pecador escocés que no se dio cuenta hasta que fue demasiado tarde? (Por supuesto, Dios no es implacable, y existen muchas maneras no dañinas de ayudar a quienes se enfrentan a un final doloroso y angustioso). ¿Podemos considerar la muerte asistida no como un medio legalizado para provocar una muerte prematura, sino como una oportunidad para acompañar a alguien para que pueda dejar atrás su cuerpo físico con confianza, en el momento adecuado y, si es posible, con plena consciencia? Esta no es, en absoluto, solo una cuestión médica o ética: exige la atención de todos y nuestra participación en el debate.

Notas al texto

[1] Paxino, Iris.  Puentes entre la vida y la muerte. Encuentros con los difuntos. Editorial Dorothea.

[2] Dame Esther Rantzen (nacida en 1940) es una destacada periodista, presentadora de televisión y activista inglesa, famosa por conducir el programa de la BBC That’s Life! (1973-1994). Es una figura pública reconocida por fundar la línea de ayuda infantil Childline (1986) y la organización contra la soledad en ancianos The Silver Line (2012).  (Wilkipedia)

A sus 83 años, ha reabierto el debate sobre la muerte asistida en el Reino Unido. Aquejada con un avanzado cáncer de pulmón, planea acudir una clínica de Dignitas en Zúrich si la enfermedad no remite.  “Tengo un cáncer de pulmón en fase cuatro y estoy en tratamiento con una cura “milagrosa”… Si el próximo escáner demuestra que no funciona, puede que acabe dando el salto a Zúrich”.  Por “el salto a Zúrich” se entiende una visita a la clínica suiza de Dignitas, que facilita la muerte asistida a las personas que “padecen enfermedades terminales y que sufren un dolor o una discapacidad insoportable”, siempre y cuando hagan una solicitud “razonada y respaldada” por un diagnóstico médico.  “Yo no quiero que los últimos recuerdos de mi familia sean dolorosos, porque una mala muerte puede borrar de la memoria todos los momentos felices”, ha declarado Esther Rantzen a la radio de la BBC. “Sé que mi decisión pone en una situación difícil a mi familia y a mis amigos, porque si quisieran venir conmigo, eso significará que la policía podría procesarles”. 

https://www.elmundo.es/internacional/2023/12/24/65844946e4d4d82e338b45b4.html

[3] Zoltán Schermann.  Nació en 1960, médico de profesión. En 1996, se trasladó a Leeuwarden (Países Bajos), donde ejerció la medicina general antroposófica. Realizó estudios complementarios en medicina oriental. Desde 2008, se dedica a la auscultación cardíaca avanzada siguiendo el método Appenzeller y, desde 2011, ejerce la práctica privada, especializándose en la auscultación cardíaca avanzada. Colabora con su esposa en la investigación conjunta sobre la relación entre los acontecimientos biográficos y la sintomatología de las enfermedades.

La experiencia que se describe en éste artículo fue publicada en la Revista The Present Age, Vol 3, No 7 de Octubre de 2017, bajo el título “Destiny and the process of dying”

[4] N.T.:   Para una comprensión de los miembros constitutivos del ser humano ver el libro Teosofía por Rudolf Steiner, donde se hace una descripción detallada de la constitución humana.  También en éste libro el autor realiza una descripción de las experiencias del alma, una vez ésta se cruza el umbral de la muerte. 

El autor del texto, Jeremy Smith, comparte el siguiente enlace al artículo “Four times twelve human beings” donde se hace una breve descripción de los miembros constitutivos del ser humano:  https://anthropopper.com/2021/05/16/four-times-twelve-human-beings/

[5] La vivencia que tiene el alma que parte durante los tres días siguientes a la muerte física en el que contempla el panorama de su vida

Título original: Assisted Dying and the spiritual consequences of suicide.

Para ir al artículo original, hacer click aquí

Traducción al español:  Carlos Andrés Guío

Acerca del autor

Jeremy Smith

Actualmente es el director registrado de Tablehurst Farm Cottage, una pequeña residencia para adultos con discapacidad intelectual. La residencia forma parte integral de Tablehurst Farm, una granja biodinámica y orgánica de propiedad comunitaria ubicada en Forest Row, East Sussex, donde es el director ejecutivo.

Durante más de 30 años  trabajó en diversos ámbitos de la educación tanto como empleado y como autónomo.

Fue responsable de artes y entretenimiento en uno de los distritos de Londres.   Realizó formación como actor en la Mountview Theatre School.

Durante años ha cultivado un gran interés en la obra de Rudolf Steiner , trabajando como facilitador educativo en una escuela Steiner y como miembro del consejo de administración de otra.  Ha sido miembro del grupo ejecutivo de la Steiner Waldorf Schools Fellowship y se ha desempeñado como inspector no profesional para las inspecciones de Ofsted en escuelas Steiner.

La agricultura biodinámica es otro de sus campos de interés, siendo accionista de la cooperativa Tablehurst & Plaw Hatch Farms. Es fideicomisario de dos organizaciones benéficas antroposóficas: Hermes Trust y St Anthony’s Trust.

Publica sus escritos y reflexiones en el blog Anthropopper:  https://anthropopper.com/

Esta entrada tiene un comentario

  1. Esther Medel

    Un gran artículo, tema e invitación a la reflexión. El libro de Iris Paxino es una maravilla para mi. Es una psicóloga europea, que plantea y describe de manera muy precisa , la posibilidad y necesidad de incorporar a la Comunidad de Difuntos, en nuestra realidad terrena, y también, para los que trabajamos con y para el Alma Humana, los psicoterapeutas, una dimensión a ir explorando. Muuuuchas gracias Carlos (por la traducción), ADMAC ( por la divulgación) y al autor por el abordaje de esta dimensión anímica – espiritual.

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