Psicoterapia antroposófica, la segunda vía de encarnación

  • Categoría de la entrada:Antroposofía

NOTA INTRODUCTORIA:

En Octubre de 1997, en Driebergen (Holanda), se realizó el Congreso Mundial de Psicoterapia y Antroposofía que contó con la participación de importantes representantes de la investigación antroposófica en el campo psicoterapéutico, médico,  médico-psiquiátrico y filosófico en Europa y América.  Entre ellos:  Ad Dekkers, Henriette Dekkers-Appel, Markus Treichler, Marko van Gerven, Valentin Wember, Cheryl Sanders-Sardello, William Bento, Rudy Vandercruysse, Michaela Glöecker y Jesaiah Ben-Aharon.

A continuación se reproduce la intervención realizada por el psicoterapeuta holandés Ad Dekkers.

Introducción

Comencemos con lo más obvio: lo más obvio de la psicoterapia es que en primera instancia uno mira dentro de sí mismo. Pero cuando miramos dentro de nosotros mismos vemos y vivenciamos muchas cosas que no comprendemos ni tenemos claras de inmediato. Mucho es confuso, mucho es incomprensible, muchas cosas se sustraen a nuestra influencia. Los pensamientos se entremezclan, los sentimientos no tienen contornos claros. Nos encontramos con instintos y pulsiones y como para complicar más las cosas, parece haber, además, un inconsciente.

Si tomamos en consideración este primer inicio, ¿qué es entonces psicoterapia? No se trata en primera instancia de curar algo o de tratar de encontrar una armonía, sino que la principal tarea de la psicoterapia consiste en hacer orden, orden en la multiplicidad de todas las cosas que aparecen frente a la introspección. La siguiente cuestión es la cuestión de los principios de ese orden. ¿Pueden todos los sucesos dividirse en determinados grupos? ¿Alcanza con hacer divisiones tales como pensar, sentir y voluntad?

El alma como punto de manifestación

Me parece que elegimos un comienzo fructífero si consideramos el alma como un punto de manifestación. El alma es el punto donde se anuncia todo lo que sucede en alguna parte. Pero no es sólo lo que surge en el alma sino también todo aquello que surge del cuerpo y del espíritu, pero recién se hace consciente en el alma.

Esto significa que muchos procedimientos que se denominan psicoterapia muchas veces no son ni siquiera psicoterapia, es decir, terapia del alma. Por supuesto que la psicoterapia no puede existir sin el alma Tan pronto como el alma se convierte en punto de manifestación es también el portal de entrada hacia el cuerpo y el espíritu. Pero debemos poner en duda la concepción de que psicoterapia sea psicoterapia del alma ya que ella tiene que ver con la constitución del cuerpo, del alma y el espíritu y sus relaciones, toda vez que éstas se pueden y quieren revelar en el alma..

Alma consciente

Durante este Congreso muchos de los oradores dijeron que vivimos en la época del alma consciente. ¿Qué significado tiene esto para la psicoterapia? ¿Tiene influencia sobre nuestra concepción de la psicoterapia?

Para poder contestar esta pregunta deberemos observar más atentamente el alma consciente. Ella es un escalón en un proceso de desarrollo del alma que se desenvuelve en etapas: alma sensible, alma racional efectiva y alma consciente.

Comencemos con la descripción del alma sensible. Ella da al ser humano la posibilidad de acumular impresiones y experiencias en su interior que lo hacen sentir enriquecido. Es interesante que en esta edad del desarrollo debe experimentar muchas cosas que le son en realidad ajenas a su esencia pero que cuando tiene la edad del alma sensible no le son perjudiciales. Simplemente le gusta acumular experiencias. Puede por ejemplo relacionarse con el yoga sin que esto le produzca algún daño aún cuando no tenga una predisposición hacia el yoga. Es fácil comprender que esto debe ser así dado que si sólo desarrollamos aquello que ya forma parte de la propia predisposición, el desarrollo de la personalidad quedará bastante limitado. Deben poder agregarse cosas nuevas.

Otro paso en el desarrollo es cuando entramos en la esfera del alma racional-afectiva. Aquí se modifica la relación con las experiencias de la vida. Pasado un tiempo las experiencias ya no son tan nuevas y necesitan una profundización. Llevan a una profundización del ánimo y de la comprensión. Comienza una primera forma de sabiduría de vida; a las experiencias vividas hasta el momento se les atribuye un valor personal. Éste proceso de adjudicarle conscientemente un valor a través del trabajo sobre el pensar y el sentir es la tarea del alma racional -afectiva.

A este desarrollo le sigue más tarde el desarrollo del alma consciente. Las experiencias hechas hasta ese momento en la vida tienden a tener o a querer tener una existencia que se pueda percibir en el mundo exterior, deben ser llevadas al mundo. Pasan de la profundización interior a la acción exterior. Si queremos entender lo que ello significa podemos mirar el punto que, si observamos bien, encontramos alrededor de los 35 años de edad. Ahí podemos escuchar que alguien diga: he tomado una doble resolución, por un lado he tomado sobre mí una tarea que tiene que ver con el mundo. Una verdadera tarea que no tiene que ver con mi desarrollo personal si no que ha de ser una contribución al avance de la humanidad. Su resultado lo pongo a disposición de la sociedad. El otro aspecto de resolución tiene un carácter más íntimo y en ella le ha dado lugar a mi convicción interior de querer profundizar en mí mismo y debo construir una relación conmigo mismo y con el aspecto espiritual de mí mismo. En la época del alma consciente uno se dirige tanto hacia el mundo físico como hacia el mundo espiritual.

Este es un punto que es necesario comprender correctamente. En la transición del alma racional-afectiva al alma conciente uno abandona su centro anímico, ella ya no está allí como solía estarlo en la época del alma racional -afectiva. A esa edad uno podía descansar en sí mismo, descansar en su alma pero eso ya no sucede. Uno tampoco quiere que siga sucediendo porque dado que uno se emancipa de este centro anímico, se hace posible una nueva libertad. El centro anímico es lo que ya ha sido. El hacer, es decir el futuro, porta en sí un nuevo elemento que no surge directamente del alma racional -afectiva la cual, a partir de los 35 años, nos niega su tranquilidad.

Si pensamos en la libertad psicológicamente nos damos cuenta de que en el alma consciente uno sólo se puede sentir libre cuando suelta el pasado o inclusive cuando destruye el pasado. Este es el aspecto del alma consciente que tan a menudo encontramos porque ella no ama la continuidad y le muestra al mundo su aspecto destructivo -el mundo se tiene que adecuar a las intenciones del alma consciente- por ejemplo, en la relación con el psicoterapeuta quien se da cuenta que la relación terapéutica corre peligro ante el más mínimo error o cualquier torpeza, pero también en relación a la propia biografía, es decir el propio desarrollo llevado adelante hasta aquí. En un cierto sentido uno se ha vuelto enemigo del propio desarrollo hasta ese momento, es decir de la propia biografía. El alma consciente tiene la tendencia de retroceder en el desarrollo alcanzado hasta ese momento, quiere romper las amarras con la propia biografía.

Antes dijimos que el alma era el punto de manifestación y esto se refiere a la edad del alma consciente. Ahí confluyen los contactos con el mundo exterior y con el mundo espiritual en el ámbito de lo personal y se construye la relación personal con estos hechos exteriores. Distinto es en el alma racional y afectiva: en ella el alma es el taller donde las experiencias de la vida son transformadas en la verdades sustentables para la vida. Y también es diferente en el alma sensible en tanto lugar de recepción en el que las impresiones, las experiencias y las sensaciones son bienvenidos.

Trabajo con la biografía

Vimos entonces que en el alma consciente nace una nueva libertad que no se lleva muy de acuerdo con el pasado personal. Hay una relación con el desarrollo social donde uno ya no acepta fácilmente la impronta de la propia corporalidad si no que uno se pone en el punto de vista de una nueva creación de la existencia física ¿pero cuál será entonces el lugar de la propia biografía en esta nueva libertad.? La única posibilidad de no perder la propia base consiste en que uno nuevamente elabore su biografía pero ahora de manera consciente. Hasta el momento el desarrollo se ha producido de alguna manera inconscientemente, pero en el alma consciente todo debe ser elaborado nuevamente. Si uno no la vive conscientemente fracasará de alguna manera.

El desarrollo inconsciente se desenvolvió desde el cuerpo físico pasando por el cuerpo etérico y por el cuerpo astral. La elaboración consciente debe tomar el camino inverso desde el cuerpo astral pasando por el cuerpo etérico hasta el cuerpo físico.
Me gustaría dar un ejemplo desde lo que son los recuerdos mostrando como el alma conscientes puede trabajar con ellos. ¿Qué son los recuerdos? Cómo se conforman? ¿Cómo nos podemos acercar a ellos?

Lo primero que llama la atención es que los recuerdos no son siempre iguales y que hay que observarlos de manera diferente según la edad en que han surgido. Hay una diferencia si un recuerdo ha sucedido cuando tuvimos 5, 8 o 30 años. Los hechos tienen una influencia diferentes y esto también significa que los recuerdos aparecerán de manera diferente. Una primera mirada sobre los recuerdos nos permite ver que ellos tienen un carácter de imagen y vemos inmediatamente que se refieren a sucesos, a hechos. Llevo una imagen de estos sucesos en mí. Tengo imágenes del secundario, de mi primer amor. Esto lo puedo ver todavía de alguna manera y a este tipo de recuerdos pertenecen también los olfativos que son de alguna manera imagen.

Este carácter de imagen lo podemos observar mejor en la edad de 14 a 21 años. Ahí la vivencia que habíamos tenido hasta entonces de una unidad con el entorno se ha disuelto y todas las impresiones se singularizan. Ya no son expresión de un mundo entero, completo, sino la expresión de mi mundo personal que se modifica diariamente. Es la edad en que se ha liberado el cuerpo astral y en esta edad el carácter de imagen se encuentra en primer plano.

Algo que sucedió en la edad de entre 7 y14 años conserva todavía el carácter de imagen, pero lo esencial es el carácter de fuerza. Todo lo que se vive en se convierte inmediatamente en costumbre, en ley. Los sucesos se graban en el cuerpo de las costumbres. Esto se puede ver en años posteriores cuando por ejemplo hay discusiones en el matrimonio y uno le dice al otro: “vos siempre haces tal o cual cosa” y el otro contesta “nunca hago eso”. Esas son discusiones que atañen al cuerpo de las costumbres y que tienen su origen en la edad que va de los 7 a los 14 años. Por supuesto que sabemos que el “siempre” y el “nunca” no pueden ser ciertos pero el sentimiento instintivo de que algo que antes había sucedido varias veces se ha vuelto una cosa permanente, es una característica del cuerpo etérico y es difícil de remover. Si uno lo quiere combatir debemos modificar nuestras costumbres, nuestro carácter, nuestras capacidades y estamos interviniendo en lo que llamamos y consideramos nuestra personalidad.

La tarea de autodesarrollo que surge del trabajo con el propio cuerpo etérico es la de un profundo cambio de características vivenciadas como determinantes. Este es otro tipo de auto desarrollo que el que propone el cuerpo astral. En éste se trata de encontrar un camino que atraviese la multiplicidad de ofertas del mundo externo.

Percibiendo cualidades

La siguiente pregunta es ¿qué ha sucedido con los sucesos que tuvieron lugar en los siete primeros años de vida? ¿Cómo podemos acceder a ellos? ¿De qué manera aparecen esos recuerdos? Para responder esta pregunta tenemos que tener presente que en los siete primeros años los cuatro sentidos inferiores son de la mayor importancia y que el niño recibe todo lo que recibe y lo incorpora pasando por los cuatro sentidos inferiores, es decir el sentido del tacto, el sentido vital, el del movimiento y el sentido del equilibrio. Lo que se incorpora son cualidades, no puede decirse que el niño incorpore objetos como por ejemplo su madre, o que desarrolle una relación con objetos, esto no es lo esencial. Lo esencial es que a través del sentido del tacto tiene una experiencia del amor. El niño incorpora el amor y así crece. Éstas fuerzas de crecimiento se las regalan los padres pero no hay que comprender este proceso de forma materialista, sino en un sentido espiritual. Los padres y los educadores deben saber que no transmiten nada material, sino algo espiritual.

A través del sentido del tacto transmiten amor, a través del sentido vital, alegría de vivir, a través del sentido del movimiento, la movilidad y a través del sentido del equilibrio, la armonía con el ambiente que los rodea. Si queremos descubrir lo que nos trajeron los primeros años de vida debemos mirar dentro nuestro haciéndonos la pregunta de si hemos desarrollado una capacidad para portar la vida, es decir, si hemos desarrollado capacidad de amar, capacidad de alegría, gusto por el movimiento y armonía interior.

Esto se evidencia como fortaleza interior y no son imágenes, tampoco son fuerzas, sino que se trata de la configuración de la constitución interior que es a la vez la base para la experiencia del yo. Lo que hemos descripto es la posibilidad del alma consciente de trabajar con conciencia con los cuerpos constitutivos siguiendo este orden: cuerpo astral, cuerpo etérico, cuerpo físico.

Ella podrá notar que para hacerlo hace uso de distintos caminos y distintas direcciones de acercamiento. Por su relación con los cuerpos constitutivos se le presentan al alma consciente distinto tipo de tareas. La tarea del cuerpo astral consiste en que uno debe buscarse un camino en la vida y también busca confrontarse con las imágenes de la vida, es decir, con las situaciones vividas. La tarea del cuerpo etérico consiste en que la atención se dirige a la propia personalidad tomando en las propias manos la autoeducación, del mismo modo que en la edad de 7 a 14 años se crea la base para las destrezas de la vida.

En la confrontación con el cuerpo físico vamos a poder aprender que se puede tener cierta influencia sobre él cuando uno desarrolla en sí mismo lo que durante los primeros años de vida hubieron de proporcionar los padres: amor, alegría de vivir, sentido para el movimiento y armonía. Esto significa que cuando uno trabaja con sus recuerdos no sólo está relacionándose con ellos sino también uno está asumiendo tareas en relación a su desarrollo. La relación con los miembros constitutivos se modifica pero los miembros constitutivos mismos también se modifican. Podemos tener una influencia directa sobre ellos es decir tenemos una influencia directa sobre nuestra constitución .

Influencia sobre la constitución

No es posible suponer que la psicoterapia puede hacer sólo una terapia biográfica. Esto quizá fue el caso en la época del alma racional y afectiva pero para la época del alma consciente ya no es correcto porque no es sólo trabajo biográfico sino también trabajo sobre la constitución. Así como se continuará desarrollando el alma consciente también se seguirá desarrollando la conciencia de que uno puede influenciar su propia constitución de manera consciente.

Lo que ahora pertenece al ámbito de la medicina irá sucediendo también, según mi opinión, cada vez más en el ámbito de la psicoterapia. La forma de actuar médica y la psicoterapéutica tienen una dirección contrapuesta: la psicoterapia ejerce su influencia de “arriba” hacia “abajo”, la medicina lo hace de “abajo” hacia “arriba”.

Desarrollo del yo

A través del alma consciente uno se ha modificado a si mismo tomando influencia directa sobre la constitución. En el futuro esto será cada vez más así porque esta posibilidad se hará cada vez más consciente. Entonces, por un lado, la constitución es re trabajada/modificada. Por otro lado, no sólo ha cambiado la constitución sino que también el yo está sujeto a un desarrollo. El Yo ha aprendido mucho a lo largo del proceso de transformación y se ha vuelto más sabio por medio de estas transformaciones constitucionales. Pero ¿qué es en realidad lo que el yo ha aprendido?

Cuando uno confronta con el cuerpo astral, o dicho de otra manera cuando uno se ha ocupado del karma, de las relaciones kármicas y las tareas kármicas, uno habrá encontrado su camino en la vida.

Cuando uno se ha confrontado con el cuerpo etérico es decir, cuando uno ha absorbido todo lo posible de la vida y luego lo ha elaborado racional y afectivamente, uno habrá aprendido qué cosas han sido fructíferas en la vida y cuáles no y uno se habrá apropiado de lo verdadero, de la verdad de la vida.

Cuando uno se ha confrontado con el cuerpo físico y uno ha percibido como el cuerpo puede crecer a partir de determinadas condiciones de las cuales la más importante es el amor, uno habrá comprendido lo que verdaderamente significa “vida”.
Lo que uno habrá aprendido entonces puede describirse, usando una expresión cristiana, como un camino, una verdad y la vida

Pequeños pasos hacia el futuro

Hemos hecho hasta aquí un largo recorrido: hemos llamado al alma un punto de manifestación y con ello un portal de entrada hacia lo espiritual y lo físico. Esto nos ha mostrado una tarea que consiste en la posibilidad de modificar, re trabajándola nuestra constitución. Al mismo tiempo nos hemos ocupado más intensamente de la vida cotidiana así como también nos hemos colocado a nosotros mismos en una posición más elevada/un punto de vista más elevado.

Aquí vemos nuevamente la doble naturaleza del alma consciente. Es importante darse cuenta de que esto no sucederá retirándose meditativamente de la vida, sino dirigiéndose a la vida. Si luego, nuevamente desde la posición más alta del desarrollo alcanzado, observamos los recuerdos, nos daremos cuenta de que una cualidad de los recuerdos es que ellos nos incitan, realmente nos incitan, a recorrer un camino de desarrollo. Los recuerdos obtienen un verdadero brillo y uno puede estar realmente agradecido de que ellos existan. Ellos representan principios espirituales que fueron implantados en el ser humano. En la propia sustancia, en la propia alma uno puede establecer una relación con seres espirituales, con hechos espirituales. En la estructura de la propia alma podemos alcanzar lo espiritual. Sería hermoso si esto tuviera fuerza de convicción tanto en el los terapeutas como en los pacientes.

Ello haría surgir nuevas posibilidades para la psicoterapia. Para nosotros los psicoterapeutas es importante alcanzar nosotros mismos estas posibilidades y encontrar caminos para transmitir estos conocimientos.

Pero no debemos olvidar que también los pacientes viven en la época del alma consciente y eso significa que habrá una vez más grandes cambios en la relación entre paciente y psicoterapeuta. Principalmente ya no es obvio que uno como psicoterapeuta tenga autoridad. Ya no se nos brindará confianza sólo porque hemos estudiado tanto y durante tanto tiempo. Cada uno quiere recorrer por sí mismo el camino de su desarrollo y esto puede ser vivido como un punto final de la psicoterapia tal como la conocemos. Esto tiene que ver con que todavía no hemos llegado a la cima del desarrollo del alma consciente, que la problemática no ha llegado a su máxima expresión, como tampoco su solución; esto todavía llevará siglos. Creo que nosotros hacemos un gran servicio si damos algunos pasos pequeños de los que puedan alegrarse las jerarquías.

El segundo proceso de encarnación

Para finalizar y resumiendo, quisiera llamar al desarrollo natural acorde a las edades, el primer proceso encarnación. Luego existe todavía un segundo proceso encarnación que tiene su comienzo en el alma consciente y atraviesa la historia personal a la inversa y con libertad auto-elegida. En este camino surge una comunicación más profunda con la propia biografía, con el propio entorno y con el mundo espiritual. Esta es la posibilidad esperanzada hacia el futur

Ad Dekkers

Psicólogo y psicoterapeuta. Práctica clínica privada en Holanda. Amplia labor internacional como formador de docentes en el campo de la psicología y la psicoterapia de orientación antroposófica. Coordinador del curso de formación holandés en psicoterapia de orientación antroposófica. Trabaja en el campo de la psiquiatría desde 1969. Entre 1990 y 2003 trabajó en el hospital psiquiátrico antroposófico Bernard Lievegoed Klinik. Experto en la metodología de los encuentros terapéuticos; especializado en el tratamiento de víctimas de culto. Es autor de varios libros sobre el tema de la psicoterapia de orientación antroposófica. Su libro «Psicoterapia de la dignidad humana» ha sido traducido al español, alemán, italiano, portugués y ruso.

Deja una respuesta