Rituales en la vida moderna

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Salir de terruño es una experiencia que, aunque fatiga el cuerpo, enriquece el alma y despliega el horizonte de la conciencia. Escribo desde Dornach-Suiza donde participo en la conferencia Anual de Medicina Antroposófica en el Goetheanum (Universidad libre de la Ciencia Espiritual).

Durante el viaje, hago conciencia de la importancia de los ritmos (perdidos temporalmente por el largo vuelo) y los rituales de la vida cotidiana. La vida del planeta y la salud humana dependen de los ritmos, de los hábitos. Este proceso se inicia en la infancia con la imitación de los ritmos que nos proponen los padres. Si estos ritmos tienen coherencia y orden elemental se acercan a los llamados ritmos circadianos (del latín circa-dies: cerca al día) y son la base de la vitalidad de todos los seres vivos. La vida está relacionada con el ritmo; en el sistema rítmico de humanos y animales (corazón y pulmón) se tejen los procesos de la salud. Levantarse y acostarse en relación con los ciclos de luz y oscuridad, comer a horas, estudiar o trabajar el tiempo justo y necesario, permite al organismo mantener sus ciclos diarios de producción de hormonas, de eliminación de desechos, de vigilia y reposo. Cuando nuestros ojos perciben la oscuridad se produce melatonina, que alcanza su máximo pico en la mitad de la noche y contribuye a la regulación del ciclo de sueño.

Los antiguos chinos decían que dormir una hora antes de la doce p.m. equivale a dormir dos horas después de las doce. Los procesos de regeneración y reparación de la vitalidad son especialmente intensos entre once p.m. y tres a.m. Los seres humanos que no duermen en este período no se recuperan adecuadamente y acumulan débito en sus fuerzas vitales.

Al lado de estos hábitos están los rituales y las ceremonias que permiten la formación del sentimiento religioso y de admiración en el niño. En el primer septenio se despierta el asombro y junto a él la certeza de un mundo más elevado. Nos sentimos pequeños frente a la inmensidad del mar. Allí nacen la devoción y el respeto y se cultiva la necesidad de unirse con la totalidad: eso es re-ligar, base del sentimiento religioso. El niño está contento cuando da gracias por los alimentos, cuando escucha un cuento de hadas y se conecta con su ángel antes de ir a dormir, cuando puede admirar a la naturaleza y a otros seres.

Los ritmos vitales presentes en los hábitos y en los pequeños rituales constituyen el soporte de una estrella de 5 puntas, imagen de nuestro cuerpo vital. En él fluyen 5 corrientes que mantienen la vida en el cuerpo físico. La primera corriente es la vida rítmica. La segunda la constituyen los rituales cotidianos. La tercera corriente se nutre de las actividades artísticas: un ser humano que pueda realizar algo creativo con sus manos, con la palabra, con el color o el sonido, será más vital. Las expresiones artísticas nutren nuestra alma y mantienen armónico nuestro sistema rítmico. El segundo septenio es un momento particularmente importante para el despliegue artístico: todo niño entre 7 y 14 años es un músico nato, es un artista plástico; es necesario despertarlo.

La cuarta corriente del cuerpo vital se desarrolla con la vivencia de totalidades: contemplar un bello paisaje en silencio y sin juicios. Escuchar música armoniosa, entrar un contacto con un ser humano desarrollado, sentir el cobijo de un adulto sano, permiten al niño sentirse parte del todo.

El nutriente más importante del cuerpo vital humano es la verdad: La mentira debilita las fuerzas vitales y el sentimiento de veracidad las fortalece. Vivimos en una cultura mentirosa, que utiliza el engaño, el eufemismo y la trampa para obtener beneficios personales. Unos padres coherentes, que llevan su pensar, su sentir y su actuar en la misma dirección, permiten un desarrollo sano del niño. La veracidad es la 5ª corriente vital; ésta envuelve y completa la estrella de 5 puntas del cuerpo vital humano.

 

Jorge Alberto Vega Bravo

Médico de la Universidad de Antioquia, con estudios de posgrado en Filosofía, Acupuntura. Es médico Antroposófico certificado con especialización en oncología antroposófica. Pionero de la Medicina Antroposófica en Colombia. Cuenta con amplia experiencia docente a nivel Universitario y en las formaciones de Medicina Antroposófica en Colombia.

Ha fomentado el trabajo de grupos multidisciplinarios a nivel terapéutico, en el centro médico Narabema en Medellín –Colombia en el cual labora como médico independente.

Columnista del periódico local VIVIR EN EL POBLADO en la ciudad de Medellín .

Esta entrada tiene un comentario

  1. Liliam Pérez

    Para nutrir la vida humana:
    1) Vida rítmica
    2) Rituales cotidianos
    3) Actividad artística
    4) Vivencia de totalidad
    5) Veracidad

    Gracias querido Jorge Vega por este otro regalo.

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