Autor desconocido [7]
A continuación se presenta el texto correspondiente al tercer capítulo del libro de Otto Palmer, publicado en el año 1964, titulado: Rudolf Steiner sobre su libro «Filosofía de la Libertad».
De esta forma damos continuidad a nuestra serie de publicaciones sobre este importante texto, que amplía nuestra comprensión y nos invita a una vivencia de “La Filosofía de la Libertad” de Rudolf Steiner.
Pueden consultarse nuestras anteriores publicaciones sobre el tema en nuestro blog en los siguientes enlaces:
El elemento artístico al que nos referimos al comienzo del apartado anterior no es en modo alguno una cuestión de composición, de forma en movimiento, de movimiento en la forma. Por el contrario, siempre lleva el sello de la creatividad, se muestra impulsado por la energía creativa, se expresa en todo momento como un acto creativo. Encontramos que todo esto es cierto para La Filosofía de la Libertad . En sus páginas la energía creativa del espíritu humano se ejercita en el pensamiento mismo, con el resultado de que el pensamiento se rejuvenece por completo. No es exagerado llamar a esto una re-creación, un renacimiento del pensamiento humano. La forma que esto adopte está, por supuesto, condicionada por la necesidad de llegar a un acuerdo con la epistemología del siglo XIX, pero dentro de esos límites se canaliza una nueva corriente de pensamiento hacia la humanidad. Steiner caracterizó este acto creativo en una charla dada a los trabajadores del Goetheanum[1]. Él siempre habló ante esta audiencia con una franqueza y una sencillez que por otra parte sólo se encuentran en cierta medida en las conferencias que dio en Inglaterra. Por qué este fue el caso en sus charlas a una audiencia de trabajadores, se puede deducir de los siguientes pasajes:[2]
“De eso que les he dicho, ustedes verán que aunque tengamos mente o espíritu, necesitamos un instrumento con el que trabajar, y ese es el cerebro. En este mundo físico tenemos que tener cerebros. El materialismo no tiene una razón para enorgullecerse al reconocer la necesidad de cerebros; por supuesto que los necesitamos. Pero afirmar esto no es declarar eso qué el espíritu es. Esto nos muestra además que el espíritu real de una persona es capaz de retirarse completamente, como ocurre en los casos de enfermedad mental. Es importante saber esto, porque es lo único que nos hace darnos cuenta de que los seres humanos modernos simplemente no pueden pensar. Realmente no pueden hacerlo. Les mostraré por qué ellos son incapaces de pensar”.
“Ustedes dirán: “Pero todas las personas van a la escuela primaria, y en la escuela aprenden a pensar maravillosamente”. Esto puede parecer absolutamente cierto. Sin embargo, la gente de hoy en día no puede pensar en absoluto. Simplemente parece que pueden hacerlo. Ahora, en nuestras escuelas primarias hay maestros, ¿no es así?, y ellos también tuvieron que aprender algo. Supuestamente aprendieron a pensar, entre otras cosas. Quienes les enseñaron eran lo que los habitantes de Stuttgart llaman “Grosskopfete”, “grandes cabezas”, en otras palabras, personas tremendamente sabias, vistas desde donde estamos hoy. Todos fueron a la universidad. Pero antes de eso fueron a la escuela secundaria y allí aprendieron latín. Ustedes pueden investigar un poco y encontrar justificado decir: “Pero mi profesor no sabía latín”. Sin embargo, estudió con alguien que lo sabía. Por lo tanto, lo que aprendió también se vió afectado por la lengua latina. Habrán notado que las prescripciones médicas que les dan están en latín. Eso es un vestigio de tiempos en que todo se escribía en latín. Las conferencias siempre se daban en ese idioma. El estudio de cualquier campo significaba una inmersión en éste, y en la Edad Media cada tema se presentaba exclusivamente en latín. Ustedes quizás digan: “¡Seguramente no en las escuelas primarias!” Pero sólo hemos tenido escuelas primarias desde el siglo XIX. Surgieron sólo gradualmente a medida que la lengua común comenzó a incluir términos científicos. De modo que todo nuestro pensamiento se ha visto afectado por el latín. Todos ustedes piensan como la lengua latina ha enseñado a las personas a pensar. Quizás ustedes quieran citar el hecho de que a los estadounidenses no se les enseña latín a una edad tan temprana. Pero los estadounidenses de hoy procedían originalmente de Europa. Todo ha llegado a verse afectado por la lengua latina”.
“Ahora bien, esta lengua latina tiene una marcada peculiaridad. El desarrollo al que fue sometida en la antigua Roma fue tal que la propia lengua piensa. Es interesante ver cómo se presenta el latín en las escuelas secundarias. Primero se estudia el latín y luego se enseña el pensamiento, el pensamiento preciso, a partir de oraciones latinas. El resultado es que todo el proceso de pensamiento llega a depender no de la actividad de una persona sino de la lengua latina”.
“¡Ahora por favor comprendan qué tremendamente importante es este hecho! Hoy en día, las personas que se supone que han seguido cursos de estudio no piensan por sí mismas; la lengua latina está pensando en ellos aunque nunca la hayan estudiado. Hoy en día, por extraño que parezca, sólo encontramos pensamiento independiente en personas que casi no han tenido educación”.
“Mi punto al decir esto no es sugerir que volvamos a un estado de analfabetismo; esa no es la solución. Nunca estoy a favor de retroceder bajo ninguna circunstancia. Pero sí tenemos que comprender los hechos que nos preocupan. Ésta es la razón por la que es tan importante poder recurrir en ocasiones a personas sencillas y sin educación en busca de información que aún puedan poseer en algún área”.
“Una persona que no puede pensar por sí misma nunca podrá ganar acceso al mundo espiritual. Aquí tenéis la explicación de por qué la erudición actual se alza en armas contra todo conocimiento de las cosas espirituales; la gente se ha visto reducida por su educación latinizada a una incapacidad de pensar. Entonces lo primero que uno debe aprender a hacer es pensar por sí mismo. Hoy en día las personas estan bastante justificadas al afirmar que el cerebro piensa. ¿Por qué este es el caso? Porque las oraciones latinizadas entran al cerebro y el cerebro del hombre moderno piensa automáticamente. Tenemos una colección de autómatas de la lengua latina en funcionamiento, incapaces de pensar por sí mismos”.
“Algo extraño sucedió recientemente. Lo mencioné la última vez que nos vimos, pero no les habrá llamado la atención porque no es algo fácil de observar. Algo muy especial ha sucedido en los últimos tiempos. Como ustedes saben, tenemos el cuerpo etérico así como el cuerpo físico (y otros miembros también, pero no necesitamos discutirlos ahora). El cerebro pertenece, por supuesto, al cuerpo físico, pero en éste también funciona el cuerpo etérico. Sólo podemos pensar por nosotros mismos con nuestros cuerpos etéricos; esto no puede hacerse con el cuerpo físico. Pero cuando se trata de utilizar el cerebro como una máquina pensante, como ocurre con el latín, entonces se puede pensar con el instrumento físico. Sin embargo, no se puede pensar espiritualmente mientras se piense sólo con el cerebro. Para ello, hay que empezar a pensar con el cuerpo etérico, algo que los enfermos mentales a menudo no utilizan durante largos períodos. Tiene que ser activado por un esfuerzo interior”.
“Esto es, en efecto, lo que más importa: ¡que aprendamos a realizar nuestro propio pensamiento independiente! No hay manera de entrar en el mundo espiritual sin desarrollar esa capacidad. El primer paso en esa dirección es, por supuesto, empezar a darnos cuenta de que, cuando éramos jóvenes, no nos enseñaron a pensar por nuestra cuenta. Sólo nos enseñaron a pensar como la gente ha estado pensando durante siglo tras siglo como resultado de usar el latín. Si realmente nos damos cuenta de esto, entonces también sabremos que el primer requisito para entrar al mundo espiritual es aprender a pensar completamente por nuestra cuenta”.
“Pero ahora, vamos a eso a lo que me refería cuando dije que algo extraordinario sucedió recientemente. Las personas cuyo pensamiento era más unilateralmente producto de la lengua latina fueron nuestros eruditos, y fueron los eruditos los padres de la física, entre otras cosas. Ellos pensaron la física, la pensaron con cerebros físicos como dicta el latín. Cuando éramos jóvenes, cuando yo tenía la edad del joven E. aquí, por ejemplo, la única física que teníamos era algo pensado con los cerebros latinizados de la gente… Pero han sucedido muchas cosas desde entonces. El teléfono apareció en escena cuando yo era un niño pequeño, y todos los demás grandes inventos que ahora damos por sentado siguieron su senda. Todos ellos son avances de los últimos tiempos, que atrajeron al campo científico a cada vez más reclutas que no habían tenido una educación latinizada. Es realmente un asunto extraño. Si ustedes observan los avances científicos de las últimas décadas, encontrarán cada vez más técnicos ingresando al campo de la ciencia. Estuvieron poco expuestos a la influencia latina y esto evitó que su pensamiento se volviera automático. Su pensamiento no-automático comenzó a hacerse sentir en círculos más amplios. Es por esto que los físicos hoy en día tienen pensamientos que se desmoronan tan fácilmente. Son muy interesantes estos pensamientos. Por ejemplo, hay un profesor Türler en Berna que hace dos años comentó sobre la nueva orientación de la física, diciendo que todos sus conceptos habían cambiado en los últimos años. ¡La única razón por la que esto no se ha notado es que a las personas que asisten a conferencias populares todavía se les ha transmitido la perspectiva de hace veinte años! Los conferencistas no pueden decir lo que se piensa hoy porque ellos mismos no pueden pensar. Tomar conceptos de hace treinta años y tratarlos como válidos es como agarrar trozos de hielo que se derriten en las manos. Las ideas se desvanecen; simplemente ya no están allí cuando uno empieza a someterlas al pensamiento exacto. Debemos darnos cuenta de que ésta es la situación. Una persona que estudió física hace treinta años y echa un vistazo a lo que ha sido de ella actualmente, probablemente querrá arrancarse los pelos, porque se enfrenta al hecho de que los conceptos que ha adquirido ya no son los adecuados. ¿A qué se debe este estado de cosas? La razón es que en los últimos años la evolución ha llevado a la humanidad al punto en que el cuerpo etérico debería llegar a ser el pensador en nosotros, y la gente no quiere eso; ellos quieren seguir pensando con el cuerpo físico. Pero en el cuerpo físico estos conceptos simplemente se desmoronan y la gente se niega a aprender a pensar con sus cuerpos etéricos. No quieren aprender a realizar su propio pensamiento”.
“Eso hizo necesario para mi, allá por 1893, escribir este libro, La filosofía de la libertad . Lo importante del libro no es tanto lo que dice (aunque su mensaje también era algo que quería transmitir al mundo); lo más importante de La filosofía de la libertad es que en sus páginas aparece por primera vez un pensamiento completamente independiente. Una persona incapaz de pensar libremente no puede entenderlo. Debe acostumbrarse, página tras página y desde el principio, a invocar su cuerpo etérico si quiere albergar pensamientos como los que presenta este libro. Por tanto, cumple una finalidad educativa y así es como debe considerarse. (Cf. Capítulo 10)”
“En los años noventa, cuando se publicó el libro, la gente no tenía la menor idea de qué hacer con éste. Era como si a los europeos les hubieran dado un libro en chino y no pudieran entender nada de lo que decía. Estaba escrito en alemán, por supuesto, pero con pensamientos a los que la gente no estaba acostumbrada, ya que se había eliminado deliberadamente todo rastro de influencia latina. Esa fue la primera vez que alguien se dedicó de manera totalmente consciente a evitar los pensamientos influenciados por el latín y a dejar constancia sólo de aquellos que eran fruto de un pensamiento totalmente independiente. Sólo el cerebro físico tiene afinidad con el latín; el cuerpo etérico del hombre no. Por eso hay que esforzarse en expresar los pensamientos que se originan en el cuerpo etérico de una manera acorde con su origen”.
Este “pensamiento independiente”, que es un requisito previo para “ver el mundo espiritual” y que fue el tema de esta conferencia a los trabajadores, es un pensamiento que es activo de principio a fin. No sólo abre la puerta al mundo espiritual. También protege a la humanidad del peligro muy presente de no tener más pensamientos, sino sólo palabras encadenadas que pueden pasar por cadenas de pensamientos pero que en realidad son el producto de un proceso puramente automático.
“La gente no tendrá ningún pensamiento en absoluto si simplemente dejan que sus cabezas tomen el control. Y eso es lo que ha sucedido. Lo vemos en el hecho de que la gente no quiere molestarse en pensar. El interés por pensar está en decadencia. Lo que la gente realmente quiere es que la naturaleza dicte sus pensamientos mientras lo único que hacen es llevar a cabo experimentos que les digan qué pensar… No quieren tener que pensar por sí mismos. No tienen confianza en su propio pensamiento. Porque no pueden ver ninguna realidad en lo que piensan. Podemos ver que el pensamiento – no nuestros pensamientos, sino el pensamiento como proceso- necesita ser energizado. Esta activación del pensamiento proviene de la participación del mundo espiritual en éste. Si uno empieza a pensar realmente activamente hoy, no hay otra manera de hacerlo que permitiendo que el mundo espiritual entre en uno. De lo contrario no se esta pensando; no se esta pensando más de lo que podríamos decir que piensan los investigadores cuando siguen su procedimiento favorito de permitir que los experimentos y la investigación les dicten los hechos, o de lo que piensan los científicos sociales cuando, en su falta de inclinación a ser activos, se enfrentan realmente a impulsos sociales que sólo las mentes activas pueden captar, ellos recurren a la investigación histórica, a las herencias del pasado… Una persona familiarizada con estas cuestiones lo sabe. Dondequiera que miremos encontramos cierto miedo al surgimiento de una conexión vitalmente necesaria con el mundo espiritual, un miedo al pensamiento realmente activo. Es por eso que cualquier cosa que requiera un pensamiento activo, como lo hace mi Filosofía de la Libertad , encuentra tan poca comprensión. Los pensamientos que contiene son diferentes de los pensamientos actuales, y los lectores a menudo dejan de leer el libro poco después de comenzarlo por la sencilla razón de que les gustaría leerlo como lo hacen con cualquier otro. Pero, como ustedes saben, otros libros, libros con el favor popular, se leen sentados, recostados en una tumbona, dejando pasar imágenes de pensamiento ante la mente. Muchas personas leen todo de esa manera… De vez en cuando surge alguna pequeña emoción o preocupación. Pero incluso los periódicos, leídos por la sensación que contienen, se leen de tal manera que las imágenes pasan rápidamente. Pero el tipo de cosas que trata La filosofía de la libertad no permite ese enfoque. El lector tiene que sacudirse constantemente para evitar que los pensamientos que él encuentra lo adormezcan. No están destinados a lectores que simplemente se sientan en una tumbona. Por supuesto, se puede leer sentado e incluso recostarse en la silla. Pero uno tiene que intentar con todas sus fuerzas humanas activar su ser anímico-espiritual interior, poner en movimiento todo su pensamiento, ayudado por la quietud misma de su cuerpo. No hay otra manera de seguir adelante; cualquier otro enfoque lo adormece. De hecho, muchos lectores se quedan dormidos, y no son los menos honestos. Los menos honestos son aquellos que leen La Filosofía de la Libertad como lo harían con cualquier otro libro y luego se jactan de haber asimilado realmente los pensamientos que contiene. No los han acogido; los han tomado como cáscaras vacías de palabras. Han seguido leyendo retahilas de palabras sin obtener nada que pueda compararse con el golpe del acero sobre el pedernal. Esto es lo que debe exigirse de ahora en adelante con respecto a todo lo que debe aplicarse a la evolución humana, porque ese será el medio por el cual la humanidad se elevará gradual y completamente al mundo espiritual. El pensamiento activo encenderá la relación interna del hombre con el mundo espiritual, y esto le permitirá ascender cada vez más alto”.[3]
La actividad en el pensamiento conduce, como consecuencia interior, a la “vitalidad del pensamiento”, una vitalidad que representa un paso más. Debe enfatizarse que esta vitalidad en el pensamiento es la antítesis exacta de la “muerte en el pensamiento”. Este último surge de pensar en cosas creadas en el pasado, cosas del mundo sensorial, especialmente aquellas que pertenecen al reino mineral, mientras que el primero sirve como un medio para entrar en el mundo etérico.
“Esta vitalidad en el pensamiento los lleva al final, a la experiencia que ustedes tendrán si leen La Filosofía de la Libertad como ésta debe ser leida. Para leerla correctamente, hay que saber cómo se siente vivir en pensamientos. La Filosofía de la Libertad es algo que nace enteramente de la experiencia real, pero también es enteramente producto del pensamiento genuino. Es por eso que encontrarán un cierto sentimiento básico que lo atraviesa. Concebí La Filosofía de la Libertad en los años ochenta (1880) y la escribí a principios de los noventa, y puedo decirles que no encontré ninguna comprensión para ésta entre aquellas personas cuyo trabajo era realmente, en ese momento, prestar al menos alguna atención a la premisa principal del libro. La razón fue precisamente que las personas, incluso los llamados pensadores de hoy en día, son realmente incapaces de hacer más que experimentar en su pensamiento sólo una reproducción del mundo sensible exterior, y luego dicen: puede ser que en el pensar esté presente algo de un mundo suprasensible, pero entonces éste también debería darse de la misma manera que la silla o la mesa en el exterior, mientras que se supone que el pensar está en el interior del hombre. Por consiguiente, este pensar interior también debería poder experimentar de algún modo lo suprasensible como algo que se puede captar fuera del hombre, del mismo modo que la mesa y la silla están fuera y como tales son experimentadas. – Así es como Eduard von Hartmann imaginó la tarea de pensar.
Luego él consiguió un ejemplar de La filosofía de la libertad . Allí, el pensamiento es experimentado de una manera que hace imposible para una persona involucrada en éste tener otra impresión que esta: cuando realmente se vive en el pensamiento, se está viviendo – no importa cuan poco claro sea en ese momento – en el cosmos. Esta relación con los misterios cósmicos, que uno tiene en una experiencia de pensamiento realmente interna, es el hilo rojo que atraviesa La Filosofía de la Libertad . Por eso se encuentra allí la frase: “no cabe duda de que con el pensar aprehendemos una parte de la actividad del mundo”[4].
“Ésta puede ser una forma sencilla de decirlo. Pero lo que significa es que es imposible, en una verdadera experiencia de pensar, seguir sintiendo que el misterio del mundo es inaccesible; uno está dentro de éste. Ya no nos sentimos fuera de lo divino, sino dentro de éste. Aferrarse al pensamiento en uno mismo es aferrarse a lo divino allí”.
“Este era el punto que la gente no podía entender. Porque si realmente lo captamos, si nos esforzamos por lograr la experiencia de pensar, ya no estamos en el mundo en el que habitamos antes; uno está en el mundo etérico . Estamos en un mundo sobre el cual sabemos que el ser físico espacial de la Tierra no tiene influencia; en cambio, un mundo gobernado por todo el universo. Uno está en el reino cósmico de lo etérico. Cuando uno comprende el pensamiento en el sentido de La Filosofía de la Libertad , no puede tener más dudas sobre el imperio de la ley en este reino cósmico. Así, uno llega a tener lo que podríamos llamar experiencias etéricas, y lograrlas le da la sensación de haber dado un paso excepcionalmente decisivo para toda vida de uno”.
“Permítanme caracterizar este paso. En un estado de conciencia ordinario, en una habitación como ésta, uno piensa en mesas, sillas y también en personas, por supuesto. Uno puede pensar también en otras cosas, pero todas son cosas externas al pensador. Digamos, entonces, que hay una variedad de objetos que nos rodean, y desde el centro mismo de nuestro ser los alcanzamos y abrazamos con nuestro pensamiento. Todo el mundo es consciente de hacer esto, de hacer un esfuerzo por abrazar con su pensamiento las cosas que le rodean”.
“Pero si uno llega al punto de tener la experiencia que acabamos de describir, no alcanza el mundo exterior ni concentra sus fuerzas en el centro del propio yo, sino que sucede algo del todo diferente. Uno tiene el sentimiento, la experiencia de sentimiento absolutamente justa, de que el propio pensar, que en realidad no está ubicado en ningún lugar, proyecta su poder de aprehensión desde adentro. Uno tiene la sensación de palpar el hombre interior. En el pensamiento ordinario, los tentáculos espirituales se extienden hacia el mundo. En el caso del pensamiento que tiene una experiencia interna de sí mismo, constantemente se busca dentro de uno mismo. Nos convertimos en objetos para nosotros mismos”.
“Esta es una experiencia importante que podemos tener: darnos cuenta de que nuestro pensamiento se utiliza normalmente para captar el mundo que nos rodea, pero que ahora lo estamos utilizando para aferrarnos a nosotros mismos. El resultado de este poderoso aferrarse sobre nosotros mismos es que traspasamos los límites de nuestros cuerpos.” [5]
Este acto creativo de pensamiento llevado a cabo en La Filosofía de la Libertad en respuesta a las necesidades de la época y concebido como un medio para llevar al alma humana a la “vitalidad en el pensamiento”, es puesto en la perspectiva adecuada entre los grandes eventos de la historia espiritual del hombre (en este caso la del escolasticismo) en los siguientes pasajes, que le dan a éste una nueva iluminación:
“La consecuencia de tener este pensamiento es que uno emprende el trabajo de rastrear el elemento anímico-espiritual hasta los detalles de la constitución corporal. La filosofía no hace esto, ni tampoco las ciencias naturales. Sólo puede lograrse mediante una ciencia espiritual que no rehuya traer a nuestro tiempo los grandes pensamientos concebidos en el curso del desarrollo de la humanidad (pensamientos como los producidos por el escolasticismo) y aplicarlos a lo que nuestro tiempo ha producido en la forma de ver la naturaleza. Por supuesto, tuvo que llegar a un acuerdo con Kant para darle prestigio científico a tal esfuerzo”.
“Este acercamiento con Kant se intentó en tres obras: en mi folleto Verdad y ciencia , que apareció hace muchos años; en mi breve Teoría del conocimiento basada en la concepción del mundo de Goethe, que apareció en los años ochenta; y por último, en mi Filosofía de la Libertad . Me gustaría repasar para ustedes, brevemente y a pesar de que un tratamiento breve hace que las cosas parezcan más difíciles de lo que realmente son, el pensamiento básico que habita en estos tres libros.
“Estos comienzan con el reconocimiento de que la verdad ciertamente no se encuentra directamente en el mundo que vemos esparcido a nuestro alrededor. Uno ve, en cierto modo, cómo el nominalismo se apodera del alma humana y cómo éste puede suscribir las conclusiones erróneas del kantismo, pero también que lo que se trata en estos libros es algo que Kant no vio en absoluto: el hecho, a saber , que un examen realmente profundo y objetivo del mundo percibido por nuestros sentidos nos hace darnos cuenta de que no es completo en sí mismo, sino algo a lo que otorgamos realidad”.
“¿Cuál fue la verdadera raíz de las dificultades del nominalismo? ¿A qué se debe todo el ascenso del kantismo? El problema radicaba en acercarse al mundo fenoménico y derivar de la vida interior del alma un mundo de ideas que sirviera para cubrirlo. La gente llegó a sostener la opinión de que este mundo de ideas que tenían dentro de ellos reflejaba de alguna manera fenómenos externos. Pero el mundo de las ideas es interior. ¿Qué podría tener que ver un contenido interior como el mundo de ideas del hombre con su entorno exterior? Kant no pudo encontrar otra manera de responder a ésto excepto decir: “Bien, entonces, revistamos el mundo fenoménico con el mundo de las ideas y creemos la realidad””.
“Pero esto no se ajusta a los hechos. La verdad es que cuando consideramos objetivamente el mundo fenoménico, lo encontramos en todas partes como algo parcial, algo incompleto. Intenté dar pruebas rigurosas de esto en mi libro Verdad y ciencia y nuevamente en mi Filosofía de la libertad. Lo que percibimos siempre debe aparecernos en forma incompleta. Por el mismo hecho de entrar en el mundo, de nacer en éste, lo escindimos. Aquí, digamos, [dice el Dr. Steiner, dibujando en la pizarra] está el contenido del mundo. Cuando entramos en el mundo, lo dividimos en percepciones, que nos llegan desde fuera de nosotros, e ideas, que nos llegan desde el interior de nuestra alma. Nuestra misma presencia en el mundo lo divide para nosotros en un mundo de percepciones y un mundo de ideas”.
“Cualquiera que acepte esta división como absoluta y diga: “Existe el mundo y aquí estoy yo”, nunca podrá penetrar con sus ideas en el mundo fenoménico. Pero los hechos son los siguientes. Miro el mundo fenoménico y lo veo por todas partes incompleto y carente de algo. Pero yo mismo, con toda mi existencia, salí una vez del mismo universo del que también forma parte el mundo de las percepciones. Ahora miro dentro de mí y lo que esto me permite ver es precisamente lo que falta en el mundo fenoménico. Debo recomponer con mi propio esfuerzo la totalidad que fue dividida en dos por la aparición de mi yo en escena. Mi esfuerzo restablece la realidad. El hecho de haber nacido crea la ilusión de que algo entero y completo en sí mismo se ha dividido en dos partes separadas: un reino perceptivo y un reino de ideas. Al vivir, crecer y desarrollarme, reúno estos dos aspectos de la realidad. Trabajo mi camino de regreso a la realidad en mi búsqueda por comprender. Nunca habría alcanzado la conciencia si no hubiera separado el mundo de las ideas del mundo externo de las percepciones al nacer en éste. Pero nunca encontraría el puente hacia la comprensión de ese mundo si no consiguiera restablecer la unión de éste con el mundo de ideas del que lo separé y sin el cual no tendría realidad”.
“Kant buscaba la realidad únicamente en el mundo exterior, fenoménico, y no tenía idea de que esta segunda mitad de la realidad sólo se encuentra en lo que llevamos dentro como contenido interior. Nosotros éramos los responsables de divorciar el mundo interior de las ideas, de la realidad exterior. Ahora el Nominalismo queda de esta forma resuelto, pues ya no vertemos – de algún modo formal – en el mundo perceptivo meros nombres como tiempo, espacio e ideas, sino que ahora devolvemos a la percepción, reconociéndola, lo que le quitamos con nuestro nacimiento en la existencia sensible”.
“Tal es la naturaleza de la relación del hombre con el mundo espiritual, considerada desde un punto de vista filosófico exclusivamente. Una persona que se abre al pensamiento básico de mi Filosofía de la Libertad, el pensamiento ya expresado en el título de Verdad y Ciencia, es decir, que el conocimiento genuino une los dos mundos de percepción e ideas y considera esta unión como algo real y no como un proceso ideal: tal persona participa en la superación del kantismo a través de su capacidad de reconocer algo en la naturaleza de un proceso cósmico que tiene lugar en una reunificación de los mundos perceptivo e ideal. También está involucrado en una solución definitiva y eficaz al problema que hemos visto crecer hasta tales proporciones en el desarrollo de Occidente, dando lugar al Nominalismo y, en el siglo XIII, arrojando mucha luz como Escolasticismo, pero impotente en último análisis para hacer algo respecto de la división entre el mundo de las ideas y el mundo perceptual.
“Este problema de la individualidad debe resolverse en el ámbito de la ética. Eso explica el que mi Filosofía de la Libertad se haya convertido en una filosofía de la realidad. Debido a que el conocimiento no es sólo un acto formal, sino que es en sí mismo un proceso en la realidad, la acción ética o moral llega a ser reconocida como el producto final de un proceso real que tiene lugar en el individuo cuya fantasía moral le ha proporcionado una intuición. Eso es lo que constituye lo que describo en mi Filosofía de la Libertad como individualismo ético, que, aunque el libro no lo dice así, en realidad se basa en el fundamento del impulso Crístico en el hombre. Este se basa en la consecución de la libertad por parte del ser humano a medida que transforma el pensamiento ordinario en lo que La Filosofía de la Libertad llama pensamiento puro , un pensamiento que se eleva al mundo espiritual y genera de la unión con éste, impulsos para la acción moral. Lo hace espiritualizando el impulso amoroso que de otro modo estaría ligado al cuerpo físico del hombre. En la medida en que los ideales morales son extraídos del mundo espiritual por la fantasía moral, conducen a actos tan vitales como su origen, convirtiéndose en la energía del amor espiritual”.[6]
Esto puede ser suficiente para caracterizar la naturaleza del acto creativo realizado por Rudolf Steiner como “artista del pensar”. Él hace de La Filosofía de la Libertad el acta de nacimiento de ese pensamiento que se piensa a si mismo, en el que ni la lengua latina ni el cerebro tienen participación alguna.
Notas al texto
[1] El impulso social de Steiner lo llevó a dar charlas durante las horas de trabajo a los trabajadores del Goetheanum. Él no eligió los temas. Las conversaciones se desarrollaron en forma de auténticos intercambios de conversación que surgieron de las preguntas que le formularon y que él luego respondió. Estas conversaciones se publicaron en el llamado Arbeiter-vorträge al que nos referimos anteriormente y en páginas posteriores.
[2] Steiner, Rudolf. Rhythmen im Kosmos und im Menschenwesen. Wie kommt man zum Schauen der geistigen Welt? GA 350. RS Nachlassverwaltung. (Ritmos en el Cosmos y en el Ser Humano. ¿Cómo se llega a ver el mundo espiritual?. No traducido al español)
[3] El goetheanismo, impulso de transformación y pensamiento de resurrección. GA 188. Tercera conferencia, 5 de Enero de 1919
[4] Steiner, Rudolf. Filosofía de la Libertad, Cap 3. Editorial Rudolf Steiner. Madrid, España.
[5] Steiner, Rudolf. Formaciones de los Misterios. GA 232. 14 confs. Dornach 23 nov. a 23 dic. 1923. No traducido al español.
[6] Steiner, Rudolf, La Filosofía de Tomás de Aquino de Rudolf Steiner. GA 074. Tres conferencias pronunciadas en Dornach, del 22 al 24 de mayo de 1920.
Traducido de la versión en Inglés
Rudolf Steiner on his book The Philosophy of Freedom
Traducción: Carlos Andrés Guío
Acerca del autor
Otto Palmer
Médico de profesión, fue uno de los pioneros de la medicina antroposófica en Alemania. Siendo prisionero de guerra en Francia en 1919, en Albertville (Saboya), recibió su primer ejemplar de La Filosofía de la Libertad. En el campo de oficiales junto a otros soldados estudiaba las obras de Rudolf Steiner. Es Palmer quién introduce a Hermann Poppelbaum a la antroposofía, quién también fue hecho prisionero por los franceses.
Durante su estancia en la cárcel, comenzó su viaje de cuarenta y cinco años de estudio de las obras de Rudolf Steiner y la Antroposofía. Cuando publicó su libro Rudolf Steiner sobre su libro La filosofía de la libertad, había pasado muchos años estudiando y recopilando todas las referencias a La Filosofía de la Libertad que pudo encontrar en las obras y conferencias de Rudolf Steiner.
Autor de varios libros entre los que se encuentran: Rudolf Steiner über seine Philosophie der Freiheit; Rudolf Steiner und das Evangelium; Hat das Christentum noch eine Bedeutung für unsere Zeit ? Ein Wort an die, die glauben, diese Frage verneinen zu müssen, y Friedrich Rittelmeyer Versuch einer Würdigung
¡Que la filosofía de la libertad palpite en mi vida!. Gracias por este aclarador escrito.