Luz y color (teoría de Goethe) – La mañana después del diluvio – Moisés escribiendo el Génesis
J.M. William Turner
(1843)
A continuación se presenta el texto correspondiente al quinto capítulo del libro de Otto Palmer, publicado en el año 1964, titulado: Rudolf Steiner sobre su libro «Filosofía de la Libertad».
De esta forma damos continuidad a nuestra serie de publicaciones sobre este texto, que amplía nuestra comprensión y nos invita a una vivencia de “La Filosofía de la Libertad” de Rudolf Steiner.
Pueden consultarse nuestras anteriores publicaciones sobre el tema en nuestro blog en los siguientes enlaces:
Ahora que se ha hecho evidente que la esfera de la libertad no debe buscarse en la voluntad, y menos aún en la acción, las preguntas sobre un nuevo tipo de voluntad pueden ponerse en la perspectiva correcta y darles el peso que les corresponde. Cuando el motivo como idea y el estímulo como idea coinciden, se alcanza una esfera en la que una persona puede guiarse completamente por los impulsos de su propia voluntad. Tiene una clara percepción tanto de lo que la impulsa —si es que el término aún puede usarse en tal contexto— como del objetivo que persigue. Su yo examina cada elemento del panorama. Ninguno de éstos elementos ejerce la menor compulsión sobre él. Su propio yo tiene que movilizarse y actuar. El mismo se proporciona su propia motivación. Así, nace en él una nueva voluntad purificada, forjada por el mismo. Al aplicarla, hace uso de la fantasía moral que se describirá en las citas que siguen.
Por solicitud de un grupo de jóvenes que buscaban su orientación, Rudolf Steiner dió el ciclo de conferencias tituladas “Curso de pedagogía para Jóvenes”. En esas conferencias se discute acerca de una variedad de temáticas sociales, como se puede deducir del subtítulo de la nueva edición de esta serie: “Fuerzas espirituales activas entre la vieja y la nueva generación” [1]. De una manera radical la atención de los jóvenes fue dirigida a un problema fundamental:
“Por otro lado, está la comprensión inmediata de que, con la pérdida de las intuiciones antiguas, nos hallamos frente a la Nada. ¿Que hacer? !Buscar en la Nada el Todo! Buscar, partiendo de esta Nada, algo que tengamos que lograr mediante esfuerzo, que no nos sea dado. Ya no era posible lograr entonces nada con las energías pasivas languidecientes. Se requerían las mas vigorosas fuerzas cognoscitivas de que disponía el hombre en esa época: las del pensar puro, ese pensar puro que transmigra directamente hacia la voluntad. Veamos la diferencia: observar y pensar es posible sin mayor esfuerzo volitivo; el experimentar y el pensar no entran en la voluntad; en cambio, para desplegar el pensar puro, actividad elemental y originaria, para eso si que se requiere energía. La chispa de la voluntad ha de hacer impacto inmediato en el pensar, y eso solo es posible si el rayo de la voluntad surge de la individualidad humana singularísima. Se necesitaba, pues, en ese trance peculiar, el valor de apelar a ese pensar puro que, a su vez, se convierte en voluntad pura. Esta voluntad pura, sin embargo, se convierte en una nueva facultad: la capacidad de extraer impulsos morales de la individualidad humana inmediata, impulsos que luego han de elaborarse, pues ya no son dados como los de antaño. Nuestra época da el nombre de “fantasía” a todo lo que el hombre logra por esfuerzo interno. En esta época, que ha convertido en una práctica el desalentar el esfuerzo interior, los impulsos morales tenían que nacer en adelante de la fantasía moral. En otras palabras, había que mostrar a la gente cómo ir más allá de la fantasía meramente poética y artística para llegar a la fantasía moral creativa. [2]
Así se describía a los jóvenes de aquella época el nuevo tipo de voluntad.
El mismo problema se abordó desde un ángulo similar en la octava conferencia de la serie Geschichtliche Notwendigkeit und Freiheit[3] :
“Algo que no tiene posibilidad de ser intelectual es la voluntad humana , tal como intenté caracterizarla en su relación con el impulso del amor en mi libro La filosofía de la libertad. La voluntad humana se expresa en la realidad subconsciente de los impulsos o apetitos que toman la forma de una variedad de impulsos egoístas, de ambiciones sociales o políticas. Todo en ésta categoría permanece inconsciente o subconsciente. Pero si la voluntad se eleva realmente a la conciencia, si lo que es propio de los impulsos volitivos y que suele desarrollarse en estado latente o en el mejor de los casos de forma soñante, se eleva a la esfera de la conciencia, ya no hay posibilidad de concebirlo materialistamente. Cualquiera que observe, con una genuina comprensión espiritual al mundo, encontrará un síntoma que demuestra como en nuestros tiempos no se entiende en absoluto que cosa es la voluntad. El síntoma al que me refiero es el hecho de que aquellos que se consideran los espíritus más brillantes de la época pueden incluso llegar a plantear la cuestión, como realmente lo hacen, de si existe algo así como la libertad humana.
El hecho de que se plantee esta cuestión es coherente con otras cuestiones relativas al hombre, como, por ejemplo, cómo debe verse a sí mismo y cuál es realmente su verdadero ser.
El hombre ahora debía ser guiado hacia el redescubrimiento de su verdadero ser. Intenté hacerlo en mi Filosofía de la Libertad. Tal era el contexto histórico del problema que enfrenté cuando me sentí impulsado a escribir La Filosofía de la Libertad . Este “animal más evolucionado” en el que el hombre está atrapado no puede ser libre, ni tampoco ese ser humano idealizado que es solo una idea, con sus trampas de “en sí”, “fuera de sí” y “para sí”, pues eso es solo una construcción de la necesidad lógica. Ninguno es libre. El único hombre libre es el ser humano real que mantiene el equilibrio entre los hechos materiales externos y las ideas que penetran la realidad del espíritu. Por eso en La filosofía de la libertad se intenta mostrar que la vida moral se basa en la experiencia interior de la moralidad, que yo llamo fantasía moral, y no en principios abstractos, sino en la capacidad del individuo como tal de recurrir a la intuición. A través de la filosofía moral, se llega a la espiritualidad por un camino tortuoso, y quizás ésta sería una forma para que la humanidad actual comprendiera el mundo espiritual; si esta humanidad examinara primero lo que después de todo no es tan difícil de comprender, a saber, que la moral carece de toda solidez si no se la entiende como parte de un elemento suprasensible, de un reino espiritual”.[4]
En la conferencia La armonización de ciencia, arte y religión a través de la antroposofía, dada en Berlín, 5 de marzo de 1922, el problema indicado en el título se plantea en relación con Goethe y Schiller[5]:
“El mejor estímulo para plantear la cuestión en los términos más correctos y apropiados puede extraerse de Goethe y Schiller. En una época que ya ha dejado atrás en gran medida la de Goethe y Schiller, difícilmente puede negarse que también nosotros debemos ser capaces de situarnos libremente ante lo que a estos espíritus les pareció una importante cuestión humana. Y así, como resultado de un estudio profundo y apasionado de éstos dos hombres -justo cuando estaba a punto de escribir mi Filosofía de la libertad-, llegué a ver como la cuestión de lo humano era la cuestión de la libertad. No podía, sin embargo, estar convencido de que el ser humano es un ser verdaderamente libre sólo cuando vive en el elemento artístico. La afirmación de Schiller de que, al comprender el mundo mediante actos de conocimiento, hay que dejarse dominar por la razón y, por tanto, se está bajo coacción mental, es sin duda válida. Pero eso no es lo que nos ocupa aquí. Si uno sigue esta necesidad de la razón, es decir, si uno se dedica a consideraciones científicas, entonces uno esta viviendo una experiencia de ideas acerca de la naturaleza, acerca de las leyes naturales y del mundo en general. Entonces uno vive en imágenes y uno siente que no se puede llegar al fondo de nada en la naturaleza a menos que se deje dominar por la actividad humana interior libre, y que aunque la necesidad natural nos obligue, no puede obligarnos a ser activos; la acción debe emprenderse libremente. Uno siente el carácter de imagen de la naturaleza y el mundo, y entonces experimenta la libertad inherente a la humanidad de la forma más patente en los actos de conocimiento. Esto es lo que he querido plasmar en mi Filosofía de la Libertad. Cuando uno se eleva a los verdaderos impulsos de la acción moral y si estos impulsos de la acción moral se convierten en pensamiento puro, entonces el hombre experimenta de nuevo en imágenes lo que le predispone a actuar. Nosotros sentimos el elemento pictórico en nuestro conocer y si dentro de éste elemento pictórico llevamos nuestra moralidad, entonces nos sentimos en la esfera de la libertad”. [6]
Aquí, pues, encontramos una referencia al elemento pictórico del pensamiento, que, como se mostró anteriormente, es el fundamento de la libertad humana. Este libre pensamiento, a su vez, da al hombre acceso al mundo espiritual al proporcionarle intuiciones, en particular intuiciones morales. Estas intuiciones no le obligan, pues surgen como creaciones propias. El hombre como “yo”, las obtiene del mundo espiritual. Basta con imaginar que se nutre de una fuente real, como un pozo o manantial, que en este caso es el mundo del espíritu. No es el mundo espiritual el que actúa desde su lado sobre el ser humano; este tiene que elevarse hasta éste y recurrir a éste para sus ideas morales, como una persona extrae agua de una fuente inagotable.
Los siguientes comentarios, hechos por Rudolf Steiner en Leipzig en 1922 sobre el tema Agnostizimus in der Wissenschaft und Anthroposophie[7] hablan del mismo punto:
“¿Qué fundamento podemos sentar para la teoría moral, y también para la ciencia espiritual y la sociología, en una época en la que reconocemos con toda propiedad que el fenomenalismo es el enfoque adecuado para la naturaleza exterior? Esa era la gran pregunta en mi mente mientras escribía mi Filosofía de la Libertad. Tomé mi postura completamente sobre la ciencia natural, sobre un enfoque fenomenalista de lo que se puede aprender acerca del mundo exterior sensible a través de un proceso cognoscitivo. Pero si uno es completamente honesto al extraer las últimas consecuencias de este enfoque, uno tiene que decir que sentar una base objetiva para la moralidad requiere un tipo de cognición diferente a la que conduce al fenomenalismo y, por consiguiente al agnosticismo. Me refiero a una forma de conocer que no utiliza el pensamiento para urdir mundos hipotéticos detrás de los fenómenos presentados por los sentidos; es decir, hay que fundar un conocimiento capaz de percibir directamente la realidad espiritual, abandonando la antigua forma de dar cabida a un elemento espiritual en un universo concebido matemáticamente.
Es precisamente el agnosticismo, en efecto, el que nos exige por una parte reconocerlo como enteramente legítimo allí donde se aplica, pero por otra parte despertar nuestros espíritus a la actividad necesaria para comprender un mundo espiritual en el que, a menos que nos contentemos con permanecer subjetivos, la observación espiritual objetiva es capaz de discernir los principios de la moralidad.
Por supuesto, había cierta justificación para llamar a mi Filosofía de la Libertad una obra sobre el individualismo ético, pero ese es solo un aspecto. Claro que debemos llegar al individualismo ético, porque los principios morales que contemplamos deben ser contemplados individualmente y en libertad.
Pero así como los problemas matemáticos se resuelven en un proceso interno activo como una cuestión de conocimiento puro, pero siguen siendo susceptibles de prueba objetiva, así también el contenido de los impulsos morales puede captarse en la experiencia puramente espiritual, no solo como una cuestión de creencia. Es por eso que uno tiene que decir, como lo hice en mi Filosofía de la Libertad , que una ciencia de la moral debe construirse sobre la intuición moral. Dije en ese momento que la única manera moderna en que llegamos a una verdadera concepción moral es ver que al igual que extraemos fenómenos naturales individuales de la generalidad de la naturaleza, así de un mundo espiritualmente contemplado, de un mundo espiritual suprasensible, debemos derivar principios morales que, aunque contemplados espiritualmente, sean completamente objetivos e independientes de nosotros.
Así que hablé primero de la intuición moral. Pero esto fue para indicar cierta dirección para el proceso cognitivo. Precisamente porque el proceso cognitivo debe ser genuinamente científico, se orienta a despertar la actividad del alma y a llevar esta activación hasta el punto en que sea posible la contemplación del mundo espiritual”.
Las dificultades encontradas en este esfuerzo se describen en la segunda conferencia de la serie, Anthroposophie, ihre Erkenntnis-wurzeln und Lebensfrüchte[8]:
“Es extraordinariamente difícil llegar por este camino, puramente filosófico, a comprender la actividad del pensamiento, por ésta razón comprendo plenamente cómo pensadores como Richard Wahle, quien reconoció que la percepción no nos ofrece más que un caos de impresiones, y otros pensadores que en realidad solo vieron lo que Johannes Volkelt llama acertadamente “una aglomeración de fragmentos de percepción externa que el pensamiento debe ordenar”, al adentrarse plenamente en la naturaleza de la percepción, no llegan a comprender la naturaleza del proceso de pensamiento también. Ellos no pueden hacer el esfuerzo necesario para reconocer que, cuando vivimos en la actividad de pensar, estamos plenamente involucrados en ésta y podemos conectarla plenamente con nuestra conciencia. Me imagino lo difícil que es para pensadores como estos comprender que alguien les diga, como resultado de experimentar plenamente esta actividad de pensar: «Al pensar, participamos realmente en el proceso del mundo», pues eso es lo que afirmé en mi Filosofía de la Libertad.
Que esto sea así, que participemos realmente en el proceso del mundo cuando pensamos, solo podría referirse en principio, a ese pensar que subyace a la acción y que entra en juego cuando reflejamos el mundo moral en la forma que nuestro pensar puro da a nuestras acciones. Pues en tales momentos nos vemos obligados a poner en juego el pensar puro, a desarrollar el pensamiento en su esencia pura y luego, mediante nuestro propia acción, a crear la percepción que le corresponde. Los propios hechos nos obligan a separar percepción y pensamiento, para luego reconectarlos en el actuar, en la acción moral. En mi Filosofía de la Libertad mostré cómo es que justamente en la búsqueda de la vida ética y social, se nos revela la verdadera esencia de la actividad pensante”.
La séptima conferencia de la misma serie[9] describe como debe entenderse concretamente esta “nueva” voluntad saturada de pensamiento, y qué fuerza creadora le es inherente:
“Los temas que presenta la ciencia espiritual antroposófica no son producto de un misticismo vago; cada paso que conduce a una comprensión particular puede rastrearse con precisión. El camino que sigue, lejos de ser externo, es interno de principio a fin, pero es de tal naturaleza que conduce a una experiencia de la realidad verdadera, objetiva y suprasensible. Pero al elevarse de esta manera a la cognición verdaderamente intuitiva, se llega por primera vez a una verdadera comprensión de lo que realmente es este pensamiento nuestro: esta vida conceptual que aplicamos en la vida cotidiana y con la que impregnamos lo que percibimos. Uno llega a la realidad plena y completa de aquello de lo que se puede formar una primera idea empírica, como intenté indicar en mi Filosofía de la Libertad. Intenté mostrar la naturaleza del pensamiento puro: aquel pensar que puede vivir en nosotros incluso antes de que éste aspecto particular del pensar llegue a unirse con un percepción exterior cualquiera y, de éste modo, llegue a formar la realidad completa. Señalé que este pensar puro puede percibirse como un contenido interno del alma, pero que su verdadera naturaleza solo puede conocerse cuando el alma alcanza la etapa de la verdadera intuición al recorrer el camino del conocimiento superior. Entonces, la persona llega a comprender realmente este pensar. Sólo ahora, mediante la intuición, uno se experimenta a sí mismo dentro de su propio pensar, pues la intuición consiste precisamente en que con el propio ser uno vive dentro de lo suprasensible, uno se sumerge en esto suprasensible.
Así, uno aprende algo que, como acabo de sugerir, es una experiencia de destino cognoscitivo. Uno experimenta algo extraordinario al vivir intuitivamente la naturaleza del proceso cognitivo. Entonces se llega a comprender cómo se está organizado materialmente como ser humano y qué propósito ésto cumple. Pero la intuición también le permite a uno comprender que ésta organización solo sirve como soporte, como terreno, para el desenvolvimiento del pensar, que los propios procesos materiales deben descomponerse, para que el verdadero pensar pueda darse. En la medida en la cual los procesos materiales se destruyen, el pensar, la representación, pueden ocupar el lugar que deja libre ésta destrucción material.
La intuición también nos permite comprender cómo la materia sustancial en el organismo humano se transporta rápidamente desde el metabolismo hasta el lugar donde debe ser descompuesta por la voluntad, que ahora toma su motivación a partir del pensar puro. El pensar, como tal, destruye; la voluntad, construye. Este proceso de construcción permanece latente en el organismo humano a lo largo de la vida, pero está ahí. En la medida en que nuestros motivos morales, entendidos en el sentido de mi Filosofía de la Libertad, son trazables a intuiciones verdaderamente libres y morales, vivimos una vida humana tal que coloca deliberadamente de la sustancia transformada allí donde la materia ha sido aniquilada. Tal persona se vuelve interiormente creativa, interiormente constructora. El hombre se vuelve interiormente creativo, interiormente constructivo. En otras palabras, vemos dentro del cosmos, dentro de la organización humana, la nada llenada por una nueva formación, en un sentido completamente material. Esto no significa otra cosa que, siguiendo consecuentemente el camino del conocimiento antroposófico, llegamos al punto en que los ideales puramente morales surgen en el ser humano como constructores del mundo incluso dentro de la substancia material.
En cierto sentido hemos descubierto así dónde el propio mundo moral se hace creador, dónde surge algo que, sobre la base de la moral humana, garantiza su propia realidad, porque la lleva en sí, porque ella misma la crea”.
Aquí la presentación de la nueva voluntad alcanza un punto culminante. El orden moral es producto de la creatividad humana, nacida en libertad desde el mundo espiritual. Esta fuerza moral creativa es capaz de formar sustancia.
* * *
Ahora, centremos nuestra atención en un aspecto muy diferente del problema. En junio de 1919, Steiner impartió una conferencia en Heidenheim titulada Algunas características de la actualidad[10] , en la que afirmó:
“En aquel entonces, intenté señalar algo en un área específica que representa una necesidad drástica del presente. Por supuesto, debido a la crudeza, el filisteísmo de la ciencia moderna, la monstruosidad que hoy en día se presenta como ciencia ortodoxa en las universidades, no se comprendió. Titulé un capítulo de mi Filosofía de la Libertad , publicada en 1894, “fantasía moral”. Desde la perspectiva científico- espiritual, también podría titularse “impulsos morales imaginativos“. Quería demostrar que el ámbito que antes solo abordaba el artista en la imaginación debe convertirse ahora en una preocupación seria de la raza humana, ya que representa la etapa que la humanidad debe alcanzar para comprender lo suprasensible que el cerebro es incapaz de captar. A principios de los noventa, quise demostrar que, al menos en lo que respecta a la comprensión de la moral, se estaba haciendo un intento serio por comprender lo suprasensible. Estas cosas deberían ser notadas hoy en día. Hay que darse cuenta de que los pensamientos e impulsos interiores del alma, que condujeron a la catástrofe de la guerra mundial y a las actuales convulsiones sociales, ya no son utilizables, que necesitamos nuevos impulsos”.
Aquí se nos muestra la nueva voluntad representada en el contexto de su misión social.
Cerramos esta sección con un extracto de una conferencia titulada El Conocimiento del Ser Espiritual del Universo[11] :
“Ya a principios de la década de 1890 mostré en mi Filosofía de la Libertad cómo una persona totalmente dedicada al punto de vista científico natural moderno puede encontrar una relación con el mundo moral. De hecho, se descubre que esta ciencia natural puede ir incluso más allá de lo que lo ha hecho en el pasado, aplicando todo su pensamiento exclusivamente a la comprensión y ordenación de los fenómenos externos, llegando así a leyes que pueden resumirse en forma de pensamiento. Se llega a comprender que este enfoque de la naturaleza no puede, por sí solo, acceder a lo suprasensible. Todo lo que logra en cuanto a la experiencia interior del alma es simplemente una representación del mundo sensorial exterior, y así necesariamente permanece.
Pero sólo cuando llevamos el pensamiento a la perfección a la que lo ha llevado la era científica natural, sólo cuando nuestra actitud científica no es amateur, sino que está en total acuerdo con los métodos rigurosos y exactos de la investigación moderna, logramos gradualmente una experiencia interna del pensamiento que, sin embargo, está libre de cualquier elemento físico o corporal.
Esto suele ser un poco difícil de comprender para la humanidad de los últimos tiempos. Pero solo quien ha profundizado en la ciencia moderna descubre finalmente que existe un elemento en su vida mental en el que el cuerpo no participa. En mi Filosofía de la Libertad , escrita a principios de los noventa, llamé a este elemento «vida de pensamiento puro» y a su funcionamiento «pensamiento puro». Intenté demostrar que solo cuando una persona aplica un pensamiento científicamente formado, despojado de todo instinto, capricho o fantasía personal, a la comprensión del mundo natural que escapa por completo a los límites de la moralidad y con el que no puede establecer ningún tipo de relación religiosa, cuando desarrolla un verdadero poder en su pensamiento sobre la naturaleza, los impulsos morales individuales y personales se abren paso desde lo más profundo de su ser hacia este pensamiento puro, científicamente desarrollado. Basta con mirar la naturaleza sin preconcepciones, sin detenernos allí, sino relacionándonos con nosotros mismos, para descubrir que cuanto más científicamente pensamos, cuanto más verdaderamente experimentamos este pensamiento científico, con mayor fuerza penetra en nuestro proceso de pensamiento puro el elemento que llamé intuición moral. Entonces, nuestra relación con el mundo es tal que podemos decir: «Sí, la naturaleza, tal como la vemos ahora, ha sido despojada de su divinidad; se ha convertido en un reino amoral. Pero en nuestro papel como pensadores de la naturaleza, los seres humanos percibimos que éste, el más puro pensamiento científico en el que nos involucramos, esta impregnado al final por intuiciones morales que provienen de nuestro interior, de la misma forma como percibimos la sangre fluyendo hacia nuestras cabezas físicas para proporcionarnos un instrumento físico para pensar»”.
Notas al texto
[1] Steiner, Rudolf. Curso de pedagogía para jóvenes. Las fuerzas espirituales activas en la convivencia de las generaciones. GA 217. Editorial Rudolf Steiner. Madrid, España.
[2] Steiner, Rudolf. Curso de pedagogía para jóvenes. Las fuerzas espirituales activas en la convivencia de las generaciones. GA 217. Capítulo 5. Editorial Rudolf Steiner. Madrid, España.
[3] Steiner, Rudolf. Necesidad histórica y libertad. Acciones del destino desde el mundo de los muertos. GA 179- No traducido al español
[4] Steiner, Rudolf. Los transfondos espirituales de la cuestión social. Vol 1: La cuestión social como cuestión de conciencia. GA 189. Octava conferencia.
[5] Die Harmonisierung von Wissenschaft, Kunst und Religion durch die Anthroposophie. Berlín, 5 de marzo de 1922. Archivo 4776, pp. 13-14.
[6] Nota del traductor a la versión italiana del texto:
Así como Schiller, refiriéndose a Goethe, dijo: «El poeta es el verdadero hombre», esta opinión -más sentida que claramente expresada- puede experimentarse hasta hoy, entre otros, en el eminente poeta suizo Albert Steffen.
Sin embargo, tras la obra de Steiner hay que decir: «El espíritu libre es el verdadero hombre». Puede expresarse como artista en todos los campos, como científico o religioso, como técnico o economista, como obrero o ama de casa, en definitiva en todas las actividades humanas.
Permítasenos una observación que hoy no puede pasarse por alto: Si se relata correctamente lo que Josef Vital Kopp escribió en su ensayo Entstehung und Zukunft des Menschen – Pierre Teilhard de Chardin und sein Weltbild (Origen y futuro del hombre – Pierre Teilhard de Chardin y su imagen del mundo – Rex-Verlag, Lucerna y Munich, 1962) – que fue muy discutido y recibió mucha atención, entonces la pregunta se desprende de la premisa: ¿Cómo están las cosas con respecto a la libertad humana? Pues de todo esto el ensayo en cuestión, a pesar de todos los esfuerzos por alcanzar el conocimiento del hombre, no hace mención alguna. Pero, ¿no es «el espiritu libre» el omega del desarrollo humano?
[7] Steiner, Rudolf. Agnosticismo en ciencia y antroposofía . Conferencia del 11 de Mayo de 1922. Archivo 4835, pág. 16.
[8] Steiner, Rudolf. Antroposofía, sus raíces de conocimiento y frutos de vida. GA 078. Conferencia 2: “Percepción y pensamiento”. No traducida al español.
[9] Steiner, Rudolf. Antroposofía, sus raíces de conocimiento y frutos de vida. GA 078. Conferencia 7: El abismo entre una explicación causal de la naturaleza y el orden moral mundial. No traducida al español.
[10] Steiner, Rudolf. Algunas características de la actualidad. GA 193. Conferencia impartida en Heidenheim el 12 de junio de 1919. No traducida al español.
[11] Conferencia pronunciada en La Haya el 3 de noviembre de 1922. Se puede encontrar en inglés en el Anthroposophical News Sheet, vol. 9, 1941, pág. 369.
Traducido de la versión en Inglés
Rudolf Steiner on his book The Philosophy of Freedom
Traducción: Carlos Andrés Guío
Acerca del autor
Otto Palmer
Médico de profesión, fue uno de los pioneros de la medicina antroposófica en Alemania. Siendo prisionero de guerra en Francia en 1919, en Albertville (Saboya), recibió su primer ejemplar de La Filosofía de la Libertad. En el campo de oficiales junto a otros soldados estudiaba las obras de Rudolf Steiner. Es Palmer quién introduce a Hermann Poppelbaum a la antroposofía, quién también fue hecho prisionero por los franceses.
Durante su estancia en la cárcel, comenzó su viaje de cuarenta y cinco años de estudio de las obras de Rudolf Steiner y la Antroposofía. Cuando publicó su libro Rudolf Steiner sobre su libro La filosofía de la libertad, había pasado muchos años estudiando y recopilando todas las referencias a La Filosofía de la Libertad que pudo encontrar en las obras y conferencias de Rudolf Steiner.
Autor de varios libros entre los que se encuentran: Rudolf Steiner über seine Philosophie der Freiheit; Rudolf Steiner und das Evangelium; Hat das Christentum noch eine Bedeutung für unsere Zeit ? Ein Wort an die, die glauben, diese Frage verneinen zu müssen, y Friedrich Rittelmeyer Versuch einer Würdigung