Fuerzas en acción en la escena contemporanea

Primera guerra mundial

Autor desconocido

A continuación se presenta el texto correspondiente al noveno capítulo del libro de Otto Palmer, publicado en el año 1964, titulado:   Rudolf Steiner sobre su libro «Filosofía de la Libertad».

De esta forma damos continuidad a nuestra serie de publicaciones sobre este  texto, que amplía nuestra comprensión y nos invita a una vivencia de “La Filosofía de la Libertad” de Rudolf Steiner.

Pueden consultarse nuestras anteriores publicaciones sobre el tema en nuestro blog en los siguientes enlaces:

  1.  Introducción
  2. Capítulo 1
  3. Capítulo 2
  4. Capítulo 3
  5. Capítulo 4
  6. Capítulo 5
  7. Capítulo 6
  8. Capítulo 7
  9. Capítulo 8

La importancia de la siguiente sección y de las citas que en ella aparecen sólo puede valorarse adecuadamente estudiando la conferencia pronunciada por Steiner con motivo de la publicación en 1918 de la segunda edición de La Filosofía de la libertad. De esta conferencia ya se ha hablado en otro lugar, y en la Introducción se encuentran fragmentos significativos de la misma. Es necesario que volvamos a referirnos a ella al examinar las fuerzas que actúan en la escena contemporánea. Aquí sólo citaremos un breve pasaje.

“Ahora que, un cuarto de siglo después de su primera aparición, se publica de nuevo La filosofía de la libertad, quisiera subrayar que ésta nació de una intensa experiencia de la naturaleza de los tiempos, de sentirlos realmente, de un intento de discernir los impulsos que se esconden tras ellos. Ahora, veinticinco años después, tras la catástrofe que se ha abatido sobre la raza humana, veo que este libro fue realmente de su tiempo, aunque en el extraño sentido de que la gente de la época no ha desarrollado nada de lo que el libro propugna, y a menudo ni siquiera quiere oír hablar de ello”[1].

Si se puede decir que lo anterior tipifica el estado de ánimo predominante de Steiner, las sentencias que siguen parecen continuar en  conexión directa:

“¿Qué es, en efecto, este socialismo que vemos desarrollarse, sino el producto de algo que floreció durante los siglos conocidos como Edad Media, algo que la cultura de tiempos más recientes no ha erradicado de la mente de las masas? Aunque los partidarios del socialismo parezcan hostiles a las diversas confesiones religiosas, sus formas de pensamiento están totalmente en consonancia con ellas. El científico naturalista actual, el laico con su popularización de la perspectiva moderna, el socialista teórico, todos aplican las mismas formas de pensamiento a la indestructibilidad de la materia y la energía que el hombre de la Edad Media aplicaba a sus esfuerzos por comprender a un Dios sobrenatural. La nueva visión que tiene que ser desarrollada ha sido presentada desde hace ya muchos años …. Lo que tenemos que comprender es que el triple organismo social, que es el enfoque social que estamos fomentando, se deriva necesariamente del reconocimiento de la necesidad de una renovación del pensamiento, de un renacimiento del pensamiento a partir del mundo espiritual. Este renacimiento del pensamiento es lo único que puede enseñarnos a construir el puente que los últimos siglos, hasta el presente, han sido incapaces de construir. Hablo del puente entre el mundo de los hechos naturales, que la gente insiste en abordar desde el ángulo de la causalidad natural, y el mundo que tiene su fuente en el ser interior del hombre, el mundo de la moral, de la elevación religiosa, de una concepción religiosa del universo. Solamente si nos armamos de valor para pensar enérgicamente en la línea de este planteamiento podremos desarrollar alguna claridad en cuanto a cuáles son las necesidades del presente, tanto en lo que se refiere a una perspectiva sobre la vida como a una orientación social.

Tal es la compenetración con una cualidad de interioridad, debido a su origen en el conocimiento, de la existencia de un mundo divino-espiritual, de la cosmovisión espiritual-científica que he estado describiendo.  Esta reconoce el hecho de que lo divino está tan plenamente presente en la experiencia interior del pensamiento del hombre sobre el mundo y en el obrar individual o comunitario de su voluntad humana como lo está en el mundo natural exterior a él.

Eso es lo que quise expresar en mi Filosofía de la Libertad a principios de los años noventa, y lo que se vuelve a expresar con una nueva edición del libro. Fue escrito con el propósito de construir un verdadero puente entre la contemplación de la naturaleza y esos impulsos que habitan en la raza humana y que deben nacer de la libertad y no pueden dar lugar a una estructura social que dé sentido a otra cosa que no sea la libertad. Pero hay un requisito previo. Se trata del cultivo de un tipo de pensamiento más interior que el que tienen en común las almas dormidas del presente”.[2]

Aquí tenemos una amplia indicación de lo que los tiempos necesitan para hacer posible el progreso. Una gran variedad de aspectos fueron traidos a discusión. Al año siguiente[3] Steiner volvió a referirse a un momento crítico que le impulsaba a buscar soluciones a las necesidades de la época.

“Los efectos reales que el agnosticismo había tenido en toda la vida humana se hicieron notar con mayor agudeza en la época en que yo estaba logrando encontrar la manera de llegar a las raíces de lo que ahora llamo antroposofía. Mi primera búsqueda comenzó en la década de 1880. Quien esté interesado en rastrear esa búsqueda , encontrará pruebas de ella en los escritos preparados por mí como introducciones a las obras científicas de Goethe, a saber, la Teoría del conocimiento basada en la concepción goetheana del mundo, mi breve libro Verdad y Ciencia y La Filosofía de la Libertad, que aparecieron a principios de la década de 1890”.

En las conferencias El hombre a la luz del ocultismo, la teosofía y la filosofía[4] se aborda un aspecto muy diferente de la necesidad de la época:

“Las antiguas revelaciones que surgieron de las primeras formas de ocultismo se han perdido para la raza humana. El ocultismo desarrolló gradualmente nuevas formas que fueron poco comprendidas por el mundo exterior. En nuestra época debe crearse para éste una nueva comprensión, una época en la que debe reaparecer como teosofía.

Pero hubo un intervalo durante el cual la gente ya no admiraba las verdades ocultas que antaño se les habían proclamado, y no comprendían lo que hoy presentamos como teosofía. Se aferraban a los últimos vestigios de una trinidad superior: materia, alma y espíritu. De esta visión de las cosas, que sólo había perdido su orientación porque ya no tenía acceso a las antiguas revelaciones, surgió algo que apareció por primera vez en escena unos seis siglos antes de Cristo y que ha perdurado hasta nuestros días, a saber, la filosofía. En todos los casos, la filosofía sigue a la última revelación exterior de la gran trinidad, que permanece velada. La filosofía no percibe nada más que la escena material que la conciencia humana va consumiendo de a poco. No tiene entendimiento para la Palabra Inexpresable, pero tiene algún sentimiento para el elemento del alma en el mundo cuando ese elemento se revela en el alma humana como la Palabra hablada. Ésta no puede penetrar hasta la Luz No Revelada, pero tiene un sentido para ésta porque esa luz aparece en su manifestación más externa como la actividad del pensamiento humano, la función del espíritu humano que primero se orientó hacia el mundo exterior. Cuerpo, alma y espíritu, conocidos por los griegos como el hombre triple, han desempeñado un papel importante a lo largo de la era filosófica. Llegó un tiempo en el que todo lo oculto o teosófico se ocultaba al mundo exterior, y la gente daba su lealtad al aspecto más externo de la revelación, a lo que se conoce como cuerpo, alma y espíritu. Esta era ha continuado hasta nuestros días, pero ahora la filosofía ya ha cumplido su tiempo. Los filósofos han visto el final de su era. El único papel que la filosofía puede desempeñar hoy es la preservación de esa posesión humana, el yo, la conciencia de sí mismo, que el clarividente tiene que ser capaz de recordar en la primera etapa de su desarrollo. La filosofía tendrá que darse cuenta de esto. Traten de comprender mi Filosofía de la Libertad desde este ángulo. Ésta une sus fuerzas precisamente con aquellos elementos que tienen que llevar a la filosofía hacia adelante en la era venidera, una época en la que la teosofía -un reflejo más verdadero de la trinidad superior que la filosofía- debe volver a entrar en la evolución humana”.

Aquí se prevé el fin de la filosofía. Se le asigna una tarea determinada, a saber, la preservación de la conciencia del yo. Mirando un libro como Los enigmas de la filosofía[5] o Los enigmas del hombre[6] desde este ángulo, uno encuentra que ambos dan el paso mencionado. Ambos terminan con un anticipo de la antroposofía. Así, La filosofía de la libertad lleva a cabo esa gran misión de la raza humana: la reapertura de las puertas del mundo suprasensible que Aristóteles cerró con barrotes o, quizás más exactamente, con llave.

Hay una conferencia titulada “Ciencia espiritual, libertad de pensamiento y fuerzas sociales“, pronunciada por Steiner en Stuttgart el 19 de diciembre de 1919[7], que profundiza intensamente en aquello que se estaba moviendo en ese periodo de tiempo. También se adentra en lo que Steiner tenía que ofrecer en comparación con Woodrow Wilson y sus ideas:

“Y hay una estrecha conexión entre la ciencia espiritual que aquí se presenta y esa demanda de la época, que tiene más de un siglo y que debo describir como una demanda de libertad de pensamiento.  Lo que reclama es libertad social.

Es extraño que, hoy en día, cuando uno trata de comprender lo que el turbulento oceano del desafío social está sacando a la superficie, se enfrenta una y otra vez con la necesidad de examinar la cuestión de la libertad humana, de captar ese impulso que se muestra, de una forma u otra, como un impulso hacia la libertad. Que éste es un punto importante fue un hecho que impresionó incluso a Woodrow Wilson, el hombre al que considero la figura más desafortunada entre los llamados hombres prominentes de la época que han hecho sentir su influencia en el curso de los acontecimientos.

Voy a volver a hablar hoy de Woodrow Wilson exactamente de la misma manera que siempre lo hice en suelo neutral durante los años de la guerra, cuando era tan venerado por todo el mundo. Hay numerosos lugares en sus escritos en los que señala que los acontecimientos -y él es quien mejor conoce la situación estadounidense- sólo se pueden encauzar en una dirección saludable afrontando el reto de la lucha del hombre por la libertad. Sin embargo, ¿cómo ve Woodrow Wilson la libertad humana? Cuando abordamos esta cuestión, nos encontramos con una interesante tendencia en el pensamiento moderno, ya que el pensamiento de Woodrow Wilson es realmente representativo. Lo encontramos expresando la siguiente opinión en su libro sobre la libertad. Dice que uno se hace una idea de la libertad observando un engranaje de una máquina. Si encaja tan bien que la máquina funciona sin problemas, decimos que el engranaje “funciona libremente”. O, si tomamos el caso de un barco, debe estar construido de tal manera que sus motores se acomoden al movimiento de las olas, que se ajusten a él, que funcionen libremente en armonía con el elemento acuático. Compara el buen funcionamiento de un engranaje en una máquina o de un barco sobre las olas del océano con el ejercicio ideal de la voluntad humana hacia la libertad. Dice que una persona es libre cuando funciona tan libremente como un engranaje en una máquina que funciona suavemente, cuando se mueve sin causar ninguna detención, cuando encaja libremente en la escena externa con sus energías y se mueve como parte de ella sin sentir ninguna fricción. Es muy interesante que esta peculiar visión de la libertad humana pueda surgir de la actitud y el enfoque científicos modernos, porque ¿no es lo más opuesto a la libertad estar tan engranado en la forma en que son las cosas que uno sólo puede funcionar como ellas dictan? ¿No hay ocasiones en las que la libertad requiere que seamos capaces de oponernos a las circunstancias externas imperantes? ¿No debemos más bien equiparar la libertad a los elementos de un barco que le permiten ir a contracorriente de las olas y detenerlo si es necesario? ¿Cuál es la fuente de esta extraña perspectiva wilsoniana, que, lejos de contener la promesa de una sana lucidez de estadista, sólo pudo engendrar los catorce puntos abstractos de la proclamación de Wilson, que por desgracia fueron objeto de cierta veneración durante un tiempo, incluso aquí en este país?

Por eso nuestro tiempo no ve que debemos recurrir al pensamiento humano como tal, al pensamiento que se capta en su naturaleza de pensamiento, y que, si hablamos de verdadera libertad, es la única fuente de la que la vida humana puede derivar impulsos verdaderamente libres. Eso es lo que intentaba mostrar, hace más de treinta años, en mi Filosofía de la libertad, que ha reaparecido recientemente con, pertinentes adiciones. Por supuesto, en ella intenté concebir el impulso a la libertad de un modo algo diferente al que está de moda actualmente. Intenté mostrar lo errónea que es la manera de plantear las cuestiones sobre la libertad. La gente pregunta: “¿Es el hombre libre o no? ¿Es un ser libre con capacidad para tomar sus propias decisiones responsables, o está atado a una necesidad natural o espiritual, como las criaturas de la naturaleza?”…. La libertad es tanto hija del pensamiento, de pensamientos concebidos no bajo la coacción de ninguna fuente externa, sino en la percepción espiritual clarividente, como es hija del amor genuino y devoto, del amor por el objeto de la propia acción. Lo que la vida espiritual alemana buscaba en Schiller cuando se opuso a Kant y tuvo una premonición de tal concepto de libertad es lo que nos corresponde desarrollar más en nuestros días. Pero entonces descubrí que sólo se puede hablar de la base de las acciones morales, de algo que está presente en el hombre aunque permanezca en un nivel inconsciente, algo que debe denominarse intuición. Así que en mi Filosofía de la Libertad hablé de intuición moral. Ese fue el punto de partida para todo lo que traté de lograr más tarde en el área de la ciencia espiritual. Ciertamente sé que esta Filosofía de la Libertad, que fue concebida hace más de treinta años, cuando yo era joven, lleva todas las marcas de las enfermedades infantiles que afligieron la vida del pensamiento tal como se desarrolló en el curso del siglo XIX. Pero también sé que algo surgió de esa experiencia del espíritu que elevó esta vida de pensamiento a un ámbito verdaderamente del espíritu. De modo que puedo decir que cuando una persona se eleva al nivel de los impulsos éticos en la intuición moral y demuestra que es verdaderamente libre, ya es “clarividente” con respecto a esas intuiciones. Toda motivación ética pertenece a un reino que ocupa un lugar muy superior al de los sentidos. En realidad, los auténticos mandamientos éticos son siempre productos de la clarividencia. Así, un camino recto conduce de La Filosofía de la Libertad a lo que hoy presento como ciencia espiritual. La libertad sólo se alcanza como resultado del desarrollo de uno mismo. Pero una persona puede seguir desarrollándose, de modo que lo que ya forma la base de su libertad se lleva a una etapa posterior, una etapa en la que se independiza del mundo de los sentidos y se eleva libre a las regiones del espíritu.

Así es como la libertad se relaciona con el desarrollo del pensamiento humano. En el fondo, la libertad siempre significa libertad de pensamiento. Mirando a hombres representativos como Woodrow Wilson, tenemos que decir que pueden inventar definiciones paradójicas como la que Wilson inventó en el caso de la libertad sólo porque nunca han comprendido qué realidades espirituales son los pensamientos, y que los pensamientos, para ser cualquier cosa menos abstractos, deben tener raíces espirituales. Este es justamente el tipo de cosas que nos muestra lo que le falta a la vida intelectual de nuestro tiempo, lo que la hace incapaz, en su ignorancia de la naturaleza espiritual del hombre, de proporcionar con su vida anímica una base real para la libertad de pensamiento tan vitalmente necesaria, e incapaz de cumplir con el requisito principal:   afrontar el desafío de las fuerzas sociales convirtiendo esta vida de pensamiento en un instrumento, que en el futuro estará a la altura de las tres grandes demandas que se hacen sentir en la escena actual”.

Volvamos ahora a la conferencia que Steiner pronunció cuando apareció la segunda edición de La filosofía de la libertad, conferencia que ya hemos citado en la Introducción y al principio de esta sección. Hay en ella un pasaje que no puede sino augurar una profunda tragedia para el género humano. La guerra llegaba a su fin y la paz estaba por llegar. Imaginémonos en esa situación, escuchando las siguientes palabras:

“Lo que realmente yo intentaba hacer en La filosofía de la libertad era situar la libertad empíricamente y, de este modo, asentarla sobre una base sólidamente científica. La palabra libertad es la única que puede sonar bien en esta época en la que vivimos, y si la libertad se entendiera en el sentido que yo le doy, las conversaciones que se mantienen hoy en día en todo el mundo sobre cómo organizar las cosas tendrían un tono muy distinto. Hoy se habla de todo tipo de cosas. Hablamos de paz basada en los derechos o en la justicia, de paz basada en la fuerza, etc. Pero sólo utilizamos eslóganes, porque derechos y fuerza son palabras que ya no tienen ninguna relación con su significado original. “Derechos” es un concepto completamente confuso hoy en día. La libertad es la única causa que, de haberla adoptado nuestros contemporáneos, podría haberles dado una motivación básica y cierta comprensión de los hechos. Si, en lugar de recurrir a eslóganes como paz con justicia y paz impuesta, habláramos de paz basada en la libertad, entonces oiríamos resonar por todo el mundo la palabra que podría dar a la gente alguna certeza en este periodo del alma consciente”[8].

¿Cómo están las cosas ahora, medio siglo después? La “libertad” también se ha convertido en un eslogan, al igual que la “paz”. Tanto Oriente como Occidente hacen un mal uso de los términos, incluso aunque les atribuyen significados diferentes. Llegará el momento en que tengamos que decir que no pudieron alcanzar la paz por falta de comprensión de la libertad.

Así lo afirma con justicia cualquiera que pueda reconocer la verdad del “primer axioma de la vida social” de Steiner: “No se necesitan ideas para las guerras y las revoluciones, pero las ideas son esenciales para lograr la paz”.

Las ideas de Occidente quedan ilustradas arriba con ejemplos del pensamiento de Wilson. Están basadas en la opinión no expresada de que el ser humano es una criatura de alma y cuerpo. Las pseudo-ideas a las que Marx ha conducido a Oriente, y que allí se están poniendo en práctica, poseen un poder imperioso, y este se aplica con férrea consecuencia. Desde ese ángulo, el ser humano no es más que un cuerpo.

Y en 1918, en el preciso momento en que estos dos mundos de ideas se encontraban frente a frente y en que la falta de un mínimo recurso de ideas en Europa Central era espantosamente evidente, ¡apareció la segunda edición de La filosofía de la libertad! Ésta abrió la puerta que podría haber permitido a la humanidad de Europa Central adquirir ideas creativas en todos los ámbitos de la vida. Eso habría sido una bendición tanto para Oriente como para Occidente.

Un año más tarde, el libro Los puntos centrales de la cuestión social[9] siguió a la nueva edición de La filosofía de la libertad.  El libro pretendía poner remedio al caos social en el que aún vive la humanidad. Pero sólo un pensamiento como el que pretendía inculcar La Filosofía de la Libertad podría haberlo comprendido.

 Notas al texto

[1] Steiner, Rudolf.  Sintomatología histórica.  GA 185.  Sexta conferencia:  Reflexión episódica sobre la publicación de la nueva edición de «La filosofía de la libertad».  No traducida al español

[2] Steiner, Rudolf.  La crisis del presente y el camino a un pensamiento sano.  Título original:  Die Krisis der Gegenwart und der Weg zu gesundem Denken.  GA 335.  Conferencia impartida en Stuttgart. 10 de junio de 1920.

[3] Steiner, Rudolf.  Antroposofia, sus raíces cognoscitivas y sus frutos para la vida.  Título original:  Anthroposophie, ihre Erkenntniswurzeln und Lebensfrüchte.  Conferencia 2.  GA 78

[4]  Steiner, Rudolf.  El hombre a la luz del ocultismo, la teosofía y la filosofía. GA 137.   Diez conferencias impartidas en Christiania, del 2 al 12 de junio de 1912.

[5] Steiner, Rudolf.  Los enigmas de la filosofía, presentados en su devenir histórico.  GA 18.  Editorial Rudolf Steiner.  Madrid, España.

[6] Steiner, Rudolf.  En torno a los enigmas del hombre.  Titulo original:  Vom Menschenrätsel.  GA 20.  No traducido al español.

[7] Steiner, Rudolf.  Libertad de pensamiento y fuerzas sociales. Las exigencias sociales del presente y su realización práctica. GA 333. 

[8] Steiner, Rudolf.  Bases histórico-evolutivas para la formación de un juicio social. GA. 185 a. 8 conferencias dadas en Dornach del 9 al 24 de noviembre de 1918. Título original en alemán:  Entwicklungsgeschichtliche Unterlagen zurBildung eines sozialen Urteils

[9] Steiner, Rudolf.  Los puntos centrales de la cuestión social.  GA 23.  Un escrito del año 1919. 

Traducido de la versión en Inglés

Rudolf Steiner on his book The Philosophy of Freedom

Traducción:  Carlos Andrés Guío

Acerca del autor

Otto Palmer

Médico de profesión, fue uno de los pioneros de la medicina antroposófica en Alemania.  Siendo prisionero de guerra en Francia en 1919, en Albertville (Saboya), recibió su primer ejemplar de La Filosofía de la Libertad. En el campo de oficiales junto a otros soldados estudiaba las obras de Rudolf Steiner.  Es Palmer quién introduce a Hermann Poppelbaum a la antroposofía, quién también fue hecho prisionero por los franceses.

Durante su estancia en la cárcel, comenzó su viaje de cuarenta y cinco años de estudio de las obras de Rudolf Steiner y la Antroposofía. Cuando publicó su libro Rudolf Steiner sobre su libro La filosofía de la libertad, había pasado muchos años estudiando y recopilando todas las referencias a La Filosofía de la Libertad que pudo encontrar en las obras y conferencias de Rudolf Steiner.

Autor de varios libros entre los que se encuentran:  Rudolf Steiner über seine Philosophie der Freiheit; Rudolf Steiner und das Evangelium;  Hat das Christentum noch eine Bedeutung für unsere Zeit ? Ein Wort an die, die glauben, diese Frage verneinen zu müssen, y Friedrich Rittelmeyer Versuch einer Würdigung

Deja una respuesta